Dos resoluciones. Una del Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados. La otra de los obreros (400 hombres) de la sección de mecánica de la fábrica de vagones Ruso-Báltica. La primera apoya el llamado “Empréstito de la libertad”. La segunda está en contra. La primera acepta sin objeción alguna el “Empréstito de la libertad” como tal, como un empréstito en favor de la libertad. La segunda define el “Empréstito de la libertad” como un empréstito contra la libertad, pues “se concierta con vistas a continuar la matanza fratricida, beneficiosa únicamente para la burguesía imperialista”. La primera está inspirada por las dudas de gentes que han perdido la cabeza: ¿y el aprovisionamiento del ejército?, ¿no será perjudicar ese aprovisionamiento negarse a apoyar el empréstito? La segunda está libre de esas dudas, pues ve una salida: “reconoce que el aprovisionamiento del ejército de todo lo necesario exige fondos, e indica al Soviet de Diputados Obreros y Soldados que esos fondos deben ser extraídos de los bolsillos de la burguesía que inició y continúa esta matanza y que amasa en esta orgía sangrienta millones y más millones”. Los autores de la primera resolución deben de estar contentos, pues “han cumplido con su deber”. Los autores de la segunda resolución protestan, estimando que los primeros, con su actitud hacia la causa del proletariado, “traicionan a la Internacional”. ¡Certero golpe! En pro y en contra del “Empréstito de la libertad”, dirigido contra la libertad. ¿Quién tiene, razón? Decididlo vosotros mismos camaradas obreros.

Publicado con la firma de K. Stalin el 11 de abril de 1917 en el núm. 29 de “Pravda”.