Los acontecimientos se precipitan. Después de la Conferencia de Moscú, la entrega de Riga y las demandas de medidas represivas. Después de la fracasada campaña de azuzamiento contra los soldados en el frente, los rumores provocativos a propósito del “complot de los bolcheviques” y nuevas demandas de medidas represivas. Después del desenmascaramiento de los rumores provocativos, la intentona de Kornílov, quien reclama la destitución del Gobierno Provisional y la instauración de una dictadura militar. El partido de Miliukov, el partido de la libertad popular, abandona el gobierno como en los días de julio, apoyando así abiertamente el complot contrarrevolucionario de Kornílov. El resultado ha sido la marcha de los regimientos kornilovianos sobre Petrogrado, a fin de implantar la dictadura militar, la destitución de Kornílov por el Gobierno Provisional, el anuncio de crisis hecho por Kerenski, la salida de Kishkin, del partido demócrata constitucionalista, comprometido en el complot, la formación del llamado directorio revolucionario. Así, pues: Es un hecho que la contrarrevolución necesitaba el «complot bolchevique” a fin de desbrozar el camino a Kornílov, que marcha sobre Petrogrado con el pretexto de “reprimir a los bolcheviques”.

Es un hecho que toda la prensa burguesa, desde “Rússkaia Volia” y “Birzhovka” hasta “Kóvoe Vremia” y “Riech”, ha ayudado a Kornílov, propagando intensamente estos días rumores sobre el “complot de los bolcheviques”. Es un hecho que la intentona actual de Kornílov no es sino la continuación de los conocidos manejos de los altos mandos contrarrevolucionarios, que entregaron Tarnópol en julio y Riga en agosto a fin de aprovechar los “reveses” en el frente para el triunfo “definitivo” de la contrarrevolución. Es un hecho que el partido demócrata constitucionalista se ha encontrado ahora, igual que en julio, en el mismo campo que los traidores en el frente y los contrarrevolucionarios jurados en la retaguardia. Nuestro Partido llevaba razón al presentar a los demócratas constitucionalistas como los inspiradores de la contrarrevolución burguesa. Nuestro Partido llevaba razón al exigir que se combatiera resueltamente a la contrarrevolución y se detuviese a las personas “comprometidas” (Kaledin y demás) ya en las primeras fechas de junio. El comienzo de la contrarrevolución no data de ayer ni tiene por origen el complot de Kornílov.

Se remonta, por lo menos, a junio, cuando el gobierno, al pasar a la ofensiva en el frente, empezó a aplicar la política de medidas represivas; cuando los generales contrarrevolucionarios, después de entregar Tarnópol y de echar toda la culpa a los soldados, consiguieron la implantación de la pena de muerte en el frente; cuando los demócratas constitucionalistas, saboteando al gobierno ya en julio y respaldándose en el apoyo del capital aliado, consiguieron la hegemonía en el Gobierno Provisional; cuando, en fin, los jefes del Comité Ejecutivo Central, los mencheviques y los eseristas, en lugar de romper con los demócratas constitucionalistas y de unirse a los manifestantes de julio, volvieron sus armas contra los obreros y los soldados. Esto es un hecho, y sería ridículo negarlo. En el pugilato actual entre el gobierno de coalición y el partido de Kornílov, no pelean la revolución y la contrarrevolución, sino dos métodos distintos de la política contrarrevolucionaria, siendo de notar que el partido de Kornílov, enemigo jurado de la revolución, no vacila, después de entregar Riga, en emprender la marcha sobre Petrogrado a fin de preparar las condiciones para la restauración del viejo régimen.

Los obreros y los soldados adoptarán todas las medidas necesarias para dar una réplica enérgica a las bandas contrarrevolucionarias de Kornílov, si aparecen en el Petrogrado revolucionario. Los obreros y los soldados no tolerarán que las manos enlodadas de los enemigos de la revolución profanen la capital de Rusia. Los obreros y los soldados defenderán con su pecho la bandera de combate de la revolución. Mas, defenderán la bandera de la revolución, no para que una dictadura, ajena a ellos por su espíritu, sea suplantada por otra dictadura no menos ajena, sino para despejar el camino al triunfo completo de la revolución rusa. Ahora, cuando el país se asfixia en las garras del desbarajuste y de la guerra, y los cuervos de la contrarrevolución le preparan una muerte segura, la revolución debe encontrar en sí las fuerzas y los recursos necesarios para salvarlo del caos y de la descomposición. Lo que ahora se necesita no es la sustitución de unos grupos “gobernantes” por otros, ni el juego a la dictadura, sino el total aniquilamiento de la contrarrevolución burguesa y medidas resueltas en interés de la mayoría de cada uno de los pueblos de Rusia. A este fin el Partido Bolchevique exige: 1) Destitución inmediata de los generales

contrarrevolucionarios en la retaguardia y en el frente, reemplazándoseles con hombres elegidos por los soldados y los oficiales, y, en general, democratización completa del ejército, de abajo arriba. 2) Restauración de las organizaciones revolucionarias de los soldados, únicas capaces de establecer una disciplina democrática en el ejército. 3) Supresión de todas las medidas represivas y, en primer término, de la pena de muerte. 4) Puesta inmediata de todas las tierras de los terratenientes a disposición de los Comités campesinos y suministro de aperos a los campesinos pobres. 5) Implantación legislativa de la jornada de 8 horas y organización de un control democrático de las fábricas y los Bancos, con representación predominante en él de los obreros. 6) Plena democratización de las finanzas y, en primer término, gravamen implacable sobre los capitales y sobre los bienes de los capitalistas y confiscación de las escandalosas ganancias de guerra. 7) Organización de un intercambio adecuado entre la ciudad y el campo, para que la ciudad reciba los víveres necesarios y la aldea los artículos industriales necesarios. 8) Proclamación inmediata del derecho de los pueblos de Rusia a la autodeterminación. 9) Restablecimiento de las libertades proclamación de la república democrática y convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente. 10) Denuncia de los tratados secretos con los aliados y proposición de condiciones para una paz democrática general. El Partido declara que sin la realización de estas reivindicaciones es imposible salvar la revolución, que desde hace medio año viene asfixiándose en las garras de la guerra y del desbarajuste general. El Partido declara que el único camino, el camino imprescindible para llevar a cabo estas reivindicaciones, es la ruptura con los capitalistas, la liquidación completa de la contrarrevolución burguesa y el paso del Poder en el país a los obreros, los campesinos y los soldados revolucionarios. Tal es la única salida capaz de salvar del desastre al país y a la revolución.

Editorial publicado el 28 de agosto de 1917 en el núm. 4 de “Rabochi”.