Hace unos días se inauguró en Moscú el segundo congreso de comerciantes e industriales de toda Rusia. El congreso se abrió con el discurso programático del líder de los nacionalistas, el millonario Riabushinski.

¿De qué habló Riabushinski?

¿Cuál es el programa de los capitalistas?

Esto deben saberlo los obreros, especialmente ahora, cuando los capitalistas mandan en el poder, y los mencheviques y eseristas coquetean con ellos como con "fuerzas vivas".

Pues los capitalistas son enemigos jurados de los obreros, y para vencer a los enemigos hay que conocerlos ante todo. Entonces, ¿qué quieren los capitalistas?

¿En manos de quién está el poder?

Los capitalistas no son charlatanes vacíos. Son hombres de acción. Saben que la cuestión fundamental de la revolución y la contrarrevolución es la cuestión del poder. No es de extrañar, pues, que su discurso lo comience Riabushinski por esta cuestión fundamental.

"Nuestro Gobierno Provisional —dice— que representaba una especie de apariencia de poder, estaba bajo la presión de personas ajenas. De hecho, entre nosotros se ha entronizado una banda de charlatanes políticos. Los falsos dirigentes soviéticos del pueblo lo han encaminado por la senda de la perdición, y he aquí que todo el reino ruso se encuentra ante un abismo" ("Rech").

Que "de hecho se ha entronizado entre nosotros una banda de charlatanes políticos" es, por supuesto, cierto. Pero no menos cierto es que a esos "charlatanes" hay que buscarlos no entre los "dirigentes soviéticos", sino entre los propios Riabushinski, entre esos amigos de Riabushinski que el 2 de julio salieron del Gobierno Provisional, durante semanas regatearon por las carteras ministeriales, chantajearon a los ingenuos eseristas-mencheviques con la amenaza de dejar al gobierno sin crédito y, finalmente, lograron su objetivo, obligándolos a bailar al son de su flauta.

Pues fueron ellos, esos "charlatanes", y no los "dirigentes soviéticos", quienes dictaron al gobierno los arrestos y asaltos, los fusilamientos y la pena de muerte.

Pues son ellos, esos "charlatanes", quienes "presionan" al gobierno, convirtiéndolo en un biombo que los protege de la ira popular.

Pues son ellos, esos "charlatanes", y no los "dirigentes" soviéticos impotentes, quienes "se han entronizado de hecho" en Rusia.

Pero el asunto, por supuesto, no está en esto. El asunto está en que los Sóviets, ante los cuales ayer todavía se arrastraban los capitalistas y que ahora están derrotados, aún conservan una migaja de poder, y ahora los capitalistas quieren arrebatar a los Sóviets hasta estas últimas migajas para consolidar más sólidamente su propio poder.

He aquí de qué habla, ante todo, el señor Riabushinski.

¿Quieren saber qué quieren los capitalistas?

Todo el poder para los capitalistas: eso es lo que quieren.

¿Quién arruina a Rusia?

Riabushinski no habla solo del presente. No le importa "echar una mirada a los meses anteriores". ¿Y qué? "Haciendo balance", ve, entre otras cosas, que "hemos llegado a un callejón sin salida del que no podemos salir... la cuestión alimentaria se ha estropeado definitivamente, la vida económica y financiera de Rusia se ha desorganizado, etc.".

Los culpables de esto son, resulta, los mismos "camaradas" de los Sóviets, esos "derrochadores" a quienes hay que "poner bajo tutela".

"Gime la tierra rusa bajo sus abrazos de camarada; por ahora el pueblo no los comprende, pero en cuanto comprenda, dirá: '¡estafadores del pueblo!'".

Que Rusia está metida en un callejón sin salida, que atraviesa una profunda crisis, que se encuentra al borde de la perdición, es, por supuesto, cierto.

Pero ¿no es extraño que:

1) En Rusia, antes de la guerra, había excedente de trigo; lo exportábamos anualmente en cantidad de 400-500 millones de puds, y ahora, durante la guerra, nos falta trigo y nos vemos obligados a pasar hambre.

2) En Rusia, antes de la guerra, la deuda del Estado ascendía a 9.000 millones, y para el pago de los intereses se necesitaban tan solo 400 millones de rublos al año, mientras que en tres años de guerra la deuda alcanza los 60.000 millones, exigiendo solo para intereses 3.000 millones de rublos anuales.

¿No está claro que Rusia ha sido llevada al callejón sin salida por la guerra y solo por la guerra?

Pero ¿quién empujó a Rusia al camino de la guerra, quién la empuja ahora al camino de la continuación de la guerra, sino los mismos Riabushinski y Konoválov, Miliukov y Vináver?

"Derrochadores" en Rusia hay muchos y están arruinando a Rusia; de eso no cabe duda. Pero hay que buscarlos no entre los "camaradas", sino entre los mismos Riabushinski y Konoválov, capitalistas y banqueros que ganan millones con los suministros de guerra y los empréstitos del Estado.

Y si el pueblo ruso llega a comprenderlos algún día, dará cuenta de ellos sin contemplaciones; de eso pueden estar seguros.

Pero el asunto, por supuesto, no está en esto. El asunto está en que los capitalistas ansían la guerra "hasta el final", provechosa para ellos, pero temen responder por sus consecuencias; por eso se esfuerzan en echar la culpa a los "camaradas" para más fácilmente ahogar la revolución en las olas de la guerra.

He aquí adónde apunta el señor Riabushinski.

¿Quieren saber qué quieren los capitalistas?

La guerra hasta la victoria completa sobre la revolución: eso es lo que quieren.

¿Quién traiciona a Rusia?

Tras describir la situación crítica de Rusia, Riabushinski ofrece también una "salida". Pero escuchen qué "salida" es:

"El Estado no ha dado a la población ni pan, ni carbón, ni tela... quizá para salir de la situación se necesite la mano descarnada del hambre, la miseria popular, que agarre por el cuello a los falsos amigos del pueblo, los Sóviets y comités democráticos".

¿Oyen? "Se necesite la mano descarnada del hambre, la miseria popular"...

Los señores Riabushinski no tienen inconveniente, resulta, en obsequiar a Rusia con el "hambre" y la "miseria" para "agarrar por el cuello" a los "Sóviets y comités democráticos".

No tienen inconveniente, resulta, en cerrar fábricas y talleres, crear desempleo y hambre para provocar un combate prematuro del pueblo y aplastar con más éxito a los obreros y campesinos.

He aquí las "fuerzas vivas" del país, según los califica la "Rabóchaya Gazeta" y "Delo Naróda".

He aquí dónde están los verdaderos traidores y desertores de Rusia.

En Rusia se habla mucho ahora de traición. Antiguos gendarmes y actuales agentes de contraespionaje, mercenarios incapaces y proxenetas depravados, todos escriben ahora sobre traición, señalando hacia los "Sóviets y comités democráticos". ¡Que sepan los obreros que los discursos mentirosos sobre traidores solo encubren a los verdaderos traidores de la sufrida Rusia!

¿Quieren saber qué quieren los capitalistas?

El triunfo de los intereses de su bolsillo, aunque sea a costa de la perdición de Rusia: eso es lo que quieren.

"Rabochi i Soldát" núm. 13,

6 de agosto de 1917

Editorial