Mientras los charlatanes de la conciliación hablan por los codos del anteparlamento, y sus acólitos combaten a los bolcheviques, falsamente acusados de sabotear las elecciones a la Asamblea Constituyente, los manipuladores de la contrarrevolución prueban ya las fuerzas para sabotear de hecho las elecciones a la Asamblea Constituyente. Hace sólo una semana, los jefes de los “cosacos del Don” propusieron que se aplazasen las elecciones a la Asamblea Constituyente, en vista de que “la población no está preparada”. Dos días después, el periódico “Dien”, cercano colaborador del periódico demócrata constitucionalista “Riech”, se fue de la lengua al decir que “la oleada de disturbios agrarios... puede aplazar las elecciones a la Asamblea Constituyente”. Y ayer el telégrafo nos trajo la noticia de que las “personalidades públicas” de Moscú, las mismas que orientan ahora al Gobierno Provisional, también “consideran imposibles” las elecciones a la Asamblea Constituyente. “El miembro de la Duma de Estado N. N. Lvov señaló que, por consideraciones técnicas y políticas, en la actualidad es imposible celebrar elecciones, dada la anarquía reinante en el país. Y Kuzmín-Karaváev añadió que el Poder no está preparado para la Asamblea Constituyente, que no se ha confeccionado ningún proyecto de ley”. Es evidente que la burguesía se propone sabotear las elecciones a la Asamblea Constituyente. Es evidente que ahora, cuando se ha afianzado en el Gobierno Provisional, creándose con el anteparlamento contrarrevolucionario una pantalla “democrática”, la burguesía se considera lo bastante fuerte para “aplazar” una vez más la Asamblea Constituyente. ¿Qué pueden oponer a este peligro los señores de la conciliación que escriben en “Izvestia” y en “Dielo Naroda”?

¿Qué pueden oponer al Gobierno Provisional, si, “atendiendo la voz del país” y siguiendo las huellas de las “personalidades públicas”, aplaza las elecciones a la Asamblea Constituyente? ¿Quizá el famoso anteparlamento? Pero a éste, creado según el plan de Kornílov y llamado a cubrir las lacras del gobierno Kerenski, se le ha dado vida precisamente para suplir a la Asamblea Constituyente, si es aplazada. ¿Qué puede dar este aborto korniloviano en la lucha por la Asamblea Constituyente? ¿Quizá el senil Comité Ejecutivo Central? Pero ¿de qué prestigio puede gozar esta institución apartada de las masas y que no hace más que dar coces ora a los ferroviarios, ora á los Soviets? ¿Quizá la “gran revolución rusa”, de la que “Dielo Naroda” perora con voz tan desagradablemente falsa? Pero los mismos sabihondos de “Dielo Naroda” dicen que la revolución es incompatible con la Asamblea Constituyente (¡“o la revolución, o la Asamblea Constituyente”!). ¿Qué fuerza pueden tener las frases vacías sobre la “pujanza de la revolución” en la lucha por la Asamblea Constituyente? ¿Dónde está la fuerza capaz de hacer frente a los intentos contrarrevolucionarios de la burguesía? Esa fuerza es la creciente revolución rusa. Los conciliadores no creen en ella. Pero eso no le impide crecer, ganándose al campo y barriendo los puntales del Poder terrateniente. Al luchar contra el Congreso de los Soviets y al fortalecer el anteparlamento korniloviano, los mencheviques y los eseristas ayudan a la burguesía a sabotear las elecciones a la Asamblea Constituyente. Pero sepan ellos que, de seguir por ese camino, tendrán que vérselas con la creciente revolución.

Editorial publicado el 5 de octubre de 1917 en el núm. 28 de “Rabochi Put”.