Cada día nos traerá ahora nuevos elementos de juicio para responder a esta pregunta. Y cada día demostrará toda la infamia, toda la vileza de la actuación de quienes han procurado descargar sobre los bolcheviques la responsabilidad de las derrotas de julio en el frente. En el órgano oficial de los Soviets -“Izvestia”, núm. 147- ha aparecido un artículo titulado: “La verdad acerca del regimiento de Mlínov”. Este artículo es un documento de primordial importancia política. El 7 de julio, entre el estrépito de los acontecimientos de Petrogrado, en la prensa aparece, con gran sorpresa para todo el mundo, un telegrama del Cuartel General anunciando que el regimiento de Mlínov. Nº 607 “ha abandonado sin autorización las trincheras”, lo que ha permitido a los alemanes penetrar en nuestro territorio, y que toda esta desgracia “se explica en grado considerable por la influencia de la agitación de los bolcheviques...”. Sobre los bolcheviques, ya sin eso calumniados, se hace llover acusación tras acusación. El odio a los bolcheviques no conoce límites. Cada día toda la prensa “patriótica” echa leña al fuego. La calumnia es cada día más exuberante. Así ha ocurrido hace bien poco. ¿Y de qué nos enteramos ahora?

Resulta que el primer comunicado detallado del Cuartel General -que ha servido de punto de arranque a toda la campaña de calumnias- era totalmente falso. El Comité del regimiento de Mlínov Nº 607 ha publicado ahora una declaración dirigida a los calumniadores, en la que dice: - “¿Estuvisteis en el combate del 6 de julio? ¿Sabéis que él regimiento, con 798 soldados y 54 oficiales, defendió una línea de dos verstas y media? ¿Sabéis que del combate salieron con vida 12 oficiales y 114 soldados, y que los demás sucumbieron por la patria (el 75% de bajas)? ¿Sabéis que el regimiento Nº 607 aguantó 7 horas bajo un inusitado huracán de fuego infernal y, a pesar de la orden de replegarse a las 8'30 a los puntos de apoyo, supo resistir hasta las 11 de la mañana (desde las 3'30 de la madrugada)? ¿Acaso sabéis qué trincheras teníamos, de qué recursos técnicos disponíamos para la defensa?..”. Mas esto no es todo. “Izvestia” publica los documentos de la investigación oficial, firmados por los generales mayores Goshtoft y Gavrílov, por Koliésnikov, que desempeña las funciones de jefe de Estado Mayor, y por otros, y en estos documentos leemos: “Según los resultados de la investigación..., no se puede acusar al 607 regimiento de infantería de Mlínov, ni a toda la 6ª división de Granaderos, de traición y de abandono de las posiciones.

El 6 de julio la división combatió sin regatear las vidas de sus hombres... La división fue barrida por el fuego enemigo de más de 200 piezas de artillería, disponiendo ella sólo de 16”. Y ni una palabra acerca de la perniciosa agitación bolchevique. Tales son los hechos. E incluso “lzvestia” -periódico dispuesto a ahogar en una cucharada de agua a los bolcheviques- escribe a este propósito: - “Naturalmente, el culpable de la derrota no es la estructura revolucionaria del ejército. Pero calumniándolo, se podía achacar toda la responsabilidad de la derrota a la propaganda bolchevique y a los comités que la favorecían”. ¡Conque esas tenemos, señores de “Izvestia”! Y, permítasenos preguntarles, ¿no hacían ustedes igual? ¿No publicaban ustedes mismos, siguiendo a toda la canalla cien-negrista, abominables calumnias e infames denuncias contra los bolcheviques? ¿No pedían ustedes a voz en grito: crucificad, crucificad a los bolcheviques, culpables de todo?... Pero seguid escuchando: - “Y esta calumnia (fabricada en el Cuartel General) no es fortuita, ¡obedece a un sistema! - continúa el órgano oficial “Izvestia”-. De igual modo hablaban los partes oficiales del Cuartel General de la traición del Cuerpo de la Guardia... Hemos visto las tentativas de ineptos generales contrarrevolucionarios de descargar la responsabilidad de su ineptitud, que ha costado millares de vidas humanas, en las organizaciones del ejército... Así ocurrió, en pequeña escala, a orillas del Stojod; así se repite ahora en enorme escala... Cursando denuncias calumniosas, los Estados Mayores contrarrevolucionarios podían exigir la disolución de los regimientos, la supresión de los comités. Valiéndose de la calumnia, podían fusilar a centenares de hombres, llenar de nuevo las cárceles vacías. Aniquilando las organizaciones revolucionarias del ejército, podían convertirlo de nuevo en un instrumento propio, hubieran podido lanzarlo contra la revolución”. ¡A lo que hemos llegado! Hasta nuestros desbocados enemigos de “Izvestia” han debido reconocer que los generales contrarrevolucionarios, valiéndose de la calumnia, han llenado de nuevo las

Las causas de la derrota de julio en el frente

cárceles vacías. Ahora bien, ¿con quiénes las han llenado, señores? ¡Con bolcheviques, con internacionalistas! Y ustedes, señores de “Izvestia”, ¿qué hacían mientras se llenaba las cárceles con nuestros camaradas? Del brazo de los generales contrarrevolucionarios, gritabais: ¡a ellos, a ellos! Del brazo de los peores enemigos de la revolución, crucificabais a viejos revolucionarios que con decenas de años de lucha abnegada han sellado su fidelidad a la revolución. Del brazo de los Kaledin, los Aléxinski, los Karinski, los Pereviérzev, los Miliukov y los Búrtsev, habéis arrojado a la cárcel a los bolcheviques y habéis permitido propagar calumnias ¡acerca del “dinero alemán recibido por los bolcheviques”!... En un arranque de franqueza, “Izvestia” prosigue: - “Naturalmente, ellos (los generales contrarrevolucionarios) sabían que las noticias falsas, relativas a que un regimiento tras otro abandonaba las posiciones, engendraban la incertidumbre en todas las unidades: ¿serían apoyados por los vecinos y la retaguardia?, ¿no se habrían ido ya los vecinos?, ¿no caerían, sencillamente, en manos del enemigo si continuaban en las posiciones? Sabían todo esto, pero el odio a la revolución les ofuscaba. Y entonces es natural que los regimientos abandonaran las posiciones, que los regimientos prestaran oídos a los que les aconsejaban así, que discutieran en los mítines si se debía cumplir o no las órdenes. Cundía el pánico. El ejército se transformaba en una muchedumbre enloquecida... Y después comenzaron las represalias. Los soldados sabían cuál era su culpa y cuál la del mando. En centenares de cartas protestan cada día: ¡nos traicionaban bajo el zarismo, nos han traicionado también ahora y encima nosotros sufrimos el castigo!” (“Izvestia”, núm. 147).

¿Comprende “Izvestia” lo que reconoce con estas palabras? ¿Comprende que estas palabras son la justificación completa de la táctica de los bolcheviques y la condena completa de toda la posición de los eseristas y de los mencheviques? ¡Cómo! Ustedes mismos reconocen que se traiciona a los soldados igual que bajo el zarismo, ustedes mismos reconocen que hay un ensañamiento vil con los soldados, ¿y aprueban ese ensañamiento (votan en favor de la pena de muerte), lo bendicen, contribuyen a él? ¡¿Qué palabra hay para condenar a tales gentes?! ¡Cómo! Ustedes mismos reconocen que los generales, de quienes depende la vida de centenares de miles de soldados nuestros, se guían en sus actos por el odio a la revolución. ¿Y ustedes mismos ponen en manos de esos generales la vida de millones de soldados, ustedes mismos bendicen la ofensiva, ustedes mismos fraternizan con esos generales en la Conferencia de Moscú? Mas, de tal forma, señores, ¡firman ustedes su propia sentencia! ¿Pueden caer más bajo aún? Hemos escuchado las declaraciones testificales de los señores de “Izvestia”. Y preguntamos: si el Cuartel General -tales son las palabras de “Izvestia”- ha calumniado al regimiento de Mlínov, si se permitió un juego sucio con lo del Stojod, si no se guía por consideraciones de defensa de la patria, sino por consideraciones de lucha contra la revolución, si todo esto es así, ¿qué garantías tenemos de que no hayan sido tergiversados también los informes actuales sobre los acontecimientos en el frente de Rumania? ¿Qué garantías tenemos de que la reacción no trame premeditada y conscientemente una derrota tras otra en el frente?

Folleto ¿Quién es el culpable de la derrota en el frente?, ed. “Pribói”, Petersburgo, 1917.