La revolución rusa no es algo aislado. Está íntimamente ligada al movimiento revolucionario de Occidente. Más aún: es parte del gran movimiento de los proletarios de todos los países, llamado a demoler las bases mismas del capitalismo mundial. Nada más comprensible que cada paso de nuestra revolución suscite inevitablemente una oleada de respuesta en los países occidentales, que cada victoria suya suscite la animación y el ascenso del movimiento revolucionario mundial, impulsando a los obreros de todos los países a la lucha contra el capital. Este hecho no pueden ignorarlo los tiburones del imperialismo de la Europa Occidental. Por eso han decidido declarar una guerra a muerte a la revolución rusa. Ya al principio de nuestra revolución, los capitalistas anglo-franceses iniciaron una campaña contra ella. Sus órganos “The Tímes” y “Le Matin” difamaban ya entonces a los Soviets y a los Comités revolucionarios, instigando a dispersarlos. Dos meses después, en una conferencia secreta celebrada en Suiza, los imperialistas se plantearon una vez más el problema de las medidas para combatir “la revolución que se propaga”, dirigiendo sus golpes, ante todo, contra la revolución rusa. Ahora pasan al ataque abierto.

Como pretexto toman la derrota de Riga. Y, echando la culpa de todo a los soldados, exhortan a intensificar aún más la contrarrevolución en Rusia. Escuchad estos telegramas de “Bírzhevíe Viédomosti”. Telegrama de París: “La retirada o, mejor dicho, la fuga sin combate del Segundo Ejército y la caída de Riga suscitan aquí estremecimientos de dolor, de cólera y de repulsión. - “Le Matin” afirma que los pacifistas rusos, culpables de esta catástrofe, han resultado ser tan ineptos como los malos consejeros del ex emperador y más perjudiciales aún que éstos. El periódico dice que no comprende la obstinación del Soviet de Diputados Obreros y Soldados, que, a despecho de lecciones prácticas tan trágicas, sigue defendiendo instituciones tan absurdas como los comités de las unidades militares”. Así escribe el órgano de los capitalistas franceses. Y he aquí un telegrama de Londres: El “Daily Chronicle” dice: “Ante todo, es necesario restablecer la disciplina en el ejército. Los alemanes deben esta rápida y tan importante victoria a las mismas causas que les permitieron ocupar Galitzia y Bukovina, a saber: al incumplimiento de las órdenes y a la traición que se observan en las tropas rusas”.

Así hablan los imperialistas de Inglaterra. “...Fuga sin combate”... “Absurdos comités de las unidades militares”... “Restablecimiento de la disciplina” (¡no les basta la pena de muerte!)... “Traición en las tropas rusas”... ¡Tales son los cumplidos con que obsequian esos dueños de la bolsa de oro a los soldados rusos, que derraman su sangre! ¡¡¡Y esto después del reconocimiento general de los testigos presenciales de que “el ejército, al retroceder, lucha en todo momento con honor contra el enemigo”, de que “las tropas de la zona de la ruptura cumplen incondicionalmente y con honor las misiones encomendadas”!!! Mas, por supuesto, aquí no se trata sólo de la campaña de azuzamiento y de la abyecta calumnia contra los soldados. Se trata de que, al calumniar a los soldados, los capitalistas anglo-franceses quieren utilizar los reveses militares para suprimir definitivamente las organizaciones revolucionarias de Rusia, para hacer triunfar definitivamente la dictadura del imperialismo. En esto reside el quid de la cuestión.

Cuando Purishkiévich y Miliukov derraman lágrimas de cocodrilo con ocasión de la caída de Riga, calumnian a los soldados y, al mismo tiempo, vituperan a los Soviets, y a los Comités, ello significa que se congratulan de la oportunidad de reclamar nuevas medidas de represión para conseguir el triunfo definitivo de los terratenientes y de los capitalistas. Cuando los imperialistas de Occidente peroran acerca de los “estremecimientos de dolor” con motivo de la caída de Riga, achacan la culpa de todo a los soldados y, al mismo tiempo, difaman a los “absurdos comités de las unidades militares”, ello significa que se congratulan de la oportunidad de dar fin a los últimos restos de las organizaciones revolucionarias de Rusia. En esto, y sólo en esto, reside el sentido político de la campaña unificada de mentiras y de calumnias contra los soldados rusos, que pierden su vida en el frente septentrional. Alianza de los imperialistas rusos y europeos para utilizar los reveses militares de Riga, calumniando a los soldados, contra la revolución rusa, que derrama su sangre: tal es, hoy día, la situación. ¡Ténganlo presente los obreros y los soldados! ¡Sepan ellos que sólo en alianza con los obreros de Occidente, sólo sacudiendo las bases del capitalismo en Occidente se puede contar con el triunfo de la revolución en Rusia! Sepan esto y consagren todos los esfuerzos a oponer a la alianza amarilla de los imperialistas la alianza roja de los obreros y los soldados revolucionarios de todos los países.

Editorial publicado el 25 de agosto de 1917 en el núm. 1 de “Rabochi”.