(Crisis de la revolución) Antes de salir del Gobierno Provisional, Guchkov y Miliukov presentaron tres exigencias: 1) restablecer la disciplina, 2) proclamar la ofensiva, 3) sujetar a los internacionalistas revolucionarios. El ejército se descompone, en él ya no hay ningún orden; restableced la disciplina, reprimid la propaganda de paz, pues, de lo contrario, dimitiremos, “informó” Guchkov al Comité Ejecutivo en la conocida Conferencia celebrada en el Palacio de Mariinski (el 20 de abril). Tenemos un compromiso con nuestros aliados, que exigen nuestro apoyo en interés de la unidad del frente; exhortad al ejército a la ofensiva, sujetad a los enemigos de la guerra, pues, de lo contrario, dimitiremos. Así “informó” Miliukov en la misma Conferencia. Eso fue en los días de la “crisis de Poder”. Los mencheviques y los eseristas del Comité Ejecutivo aparentaron que no estaban dispuestos a hacer concesiones. Después Miliukov publicó el documento “aclaratorio” a su “nota”; los oradores del Comité Ejecutivo proclamaron este hecho como una “victoria” de la “democracia revolucionaria”, y... las “pasiones se calmaron”. Pero la “victoria” resultó ficticia.

Unos días después fue anunciada una nueva “crisis”, y Guchkov y Miliukov “tuvieron” que dimitir; empezaron reuniones sin fin del Comité Ejecutivo con los ministros, y “la crisis fue resuelta” con la entrada de representantes del Comité Ejecutivo en el Gobierno Provisional. Los espectadores crédulos respiraron con alivio. ¡Por fin, Guchkov y Miliukov habían sido “vencidos”! ¡Por fin, llegaría la paz, una paz “sin anexiones ni contribuciones”! ¡La guerra fratricida iba a terminar! Y ¿qué sucedió? Apenas si se había hecho el balance de las “victorias” de la llamada “democracia”, apenas si se había “sepultado” a los ministros retirados, cuando los nuevos ministros, los ministros “socialistas”, empezaron a hablar en un tono que sirvió de consuelo a Guchkov y a Miliukov. Realmente, “los muertos se agarraron a los vivos”. Juzgad vosotros mismos. Ya en su primer discurso, en el Congreso Campesino, el nuevo ministro de la Guerra, el ciudadano Kerenski, declaró que estaba dispuesto a restablecer en el ejército una “disciplina de hierro”. Qué clase de disciplina es ésa, lo dice con toda claridad la “Declaración de los derechos del soldado”, firmada por Kerenski.

Según esa “Declaración”, “en operaciones” se concede a los mandos “el derecho de hacer uso de la fuerza armada... contra los subalternos que se nieguen a cumplir las órdenes” (v. el punto 14 de la “Declaración”). Aquello en que tanto soñara Guchkov, aunque sin atreverse a convertirlo en realidad, lo ha “realizado” de un golpe Kerenski, encubriéndose con frases altisonantes sobre la libertad, la igualdad y la justicia. ¿Para qué se necesita esa disciplina? El ministro que nos lo ha esclarecido primero ha sido Tsereteli. “Queremos poner fin a la guerra -ha dicho a los empleados de la Oficina Central de Correos-, pero, no mediante una paz por separado, sino mediante una victoria conjunta con nuestros aliados sobre los enemigos de la libertad” (v. “Viechérnaia Birzhovka” del 8 de mayo). Si descartamos las palabras acerca de la libertad, agregadas aquí sin venir a cuento, si traducimos este nebuloso discurso ministerial a un lenguaje sencillo, resulta una sola cosa: en interés de la paz debemos, aliados con Inglaterra y Francia, aplastar a Alemania, y para ello, a su vez, es necesaria una ofensiva.

Para preparar una ofensiva en interés de la unidad del frente, para la victoria conjunta sobre Alemania: he ahí para qué es necesaria la “disciplina de hierro”. Lo que Miliukov trataba de conseguir tan tímida, pero infatigablemente, el ministro Tsereteli lo ha proclamado su propio programa. Eso fue en los primeros días que siguieron a la “solución” de la crisis. Pero después, los ministros “socialistas” se han hecho más audaces y más concretos. A esto siguió el 12 de mayo una “orden del día” de Kerenski dirigida a los oficiales, soldados y marinos: “...Marcharéis adelante, a donde os lleven los jefes y el Gobierno... Marcharéis… fundidos por la disciplina del deber... Por voluntad del pueblo, vosotros libraréis la Patria y el mundo de opresores y de invasores. Esa es la hazaña que os exhorto a realizar” (v. “Riech” del 14 de mayo). ¿No es cierto que la orden de Kerenski se distingue muy poco, en el fondo, de las conocidas órdenes imperialistas del gobierno del zar, como aquella que decía: “Debemos combatir hasta la victoria final, debemos arrojar de nuestra Patria al insolente enemigo, debemos librar al mundo del yugo del militarismo alemán...”, etc., etc.? Y como es más fácil hablar de la ofensiva que

llevarla a cabo; como algunos regimientos, por ejemplo, del Séptimo Ejército (cuatro regimientos), no han creído conveniente subordinarse a la orden de “ofensiva”, el Gobierno Provisional, con Kerenski, ha pasado de las palabras a los “hechos”, ordenando disolver inmediatamente los regimientos “insubordinados” y amenazando a los culpables con “la deportación a trabajos forzados y la privación de todos los derechos, cargos y honores” (v. “Viechérneie Vremia” del 1º de junio). Pero como todo eso ha resultado insuficiente, Kerenski ha volcado toda su furia en una nueva “orden”, dirigida expresamente a combatir la fraternización, amenazando a los “culpables” con entregarlos “a los tribunales para que sean castigados con todo el rigor de la ley”, es decir, les ha amenazado también con los trabajos forzados (v. “Nóvaia Zhizn” del 1º de junio). En pocas palabras: atacad inmediatamente, atacad a toda costa, pues, de lo contrario, recurriremos a los trabajos forzados y al fusilamiento; tal es el sentido de las “órdenes” de Kerenski. ¡Y eso cuando los tratados zaristas con la burguesía anglo-francesa continúan en vigor, cuando sobre la base de esos tratados se “nos” obliga, sin dejar lugar a dudas, a apoyar activamente la política anexionista de Inglaterra y Francia en Mesopotamia, en Grecia, en Alsacia-Lorena!

Bien, pero ¿y la paz sin anexiones ni contribuciones?, ¿y el compromiso del nuevo Gobierno Provisional de conseguir la paz tomando toda clase de “medidas enérgicas”?, ¿qué se ha hecho de todas esas promesas, prodigadas en los días de la “crisis de Poder”? ¡Oh, nuestros ministros no se olvidan de la paz, de la paz sin anexiones ni contribuciones! Hablan de ella sin cesar, hablan y escriben, escriben y hablan. Y no sólo nuestros ministros. Hace unos días, respondiendo al Gobierno Provisional, que les requería a manifestarse sobre los fines que se persiguen en la guerra, los gobiernos inglés y francés anunciaron que también ellos son enemigos de las anexiones, pero... siempre y cuando ello no contradiga a la anexión de Alsacia-Lorena, de Mesopotamia, etc. Y el Gobierno Provisional, en su nota del 31 de mayo contestando a esta declaración, dejó sentado a su vez que, “permaneciendo inconmoviblemente fiel a la causa común de los aliados”, propone “una conferencia de representantes de las potencias aliadas, para revisar el acuerdo acerca de los fines de la guerra, que podrá celebrarse en tiempo próximo, cuando se creen condiciones favorables para ello” (v. “Rabóchaia Gazieta”, núm. 72). Pero como nadie sabe aún cuándo “se van a crear estas condiciones favorables para ello”, como, en cualquier caso, ese “tiempo próximo” no llegará pronto, resulta que, de hecho, la “lucha decidida” por una paz sin anexiones se aplaza indefinidamente y degenera en vacíos e hipócritas pugilatos verbales acerca de la paz.

En cambio, no se puede, por lo que se ve, demorar ni un segundo la ofensiva, que es preparada tomando toda clase de “medidas enérgicas”, llegando incluso a amenazar con los trabajos forzados y el fusilamiento... No hay lugar a dudas. La guerra ha sido y es una guerra imperialista. La palabrería acerca de la paz sin anexiones, cuando de hecho se está preparando la ofensiva, no hace sino encubrir el carácter bandidesco de la guerra. El Gobierno Provisional ha tomado claramente el camino del imperialismo activo. Lo que ayer parecía imposible, ha sido posible hoy en virtud de la entrada de los “socialistas” en el Gobierno Provisional. Encubriendo con frases socialistas la esencia imperialista del Gobierno Provisional, esos “socialistas” han consolidado y extendido las posiciones de la contrarrevolución en ascenso. Los ministros “socialistas” son utilizados provechosamente por la burguesía imperialista para lograr sus propósitos contrarrevolucionarios: tal es hoy día la situación. No son los ingenuos “demócratas revolucionarios” quienes han vencido, sino Guchkov y Miliukov viejos zorros imperialistas. Pero la alineación derecha en la política exterior debía conducir inevitablemente a un viraje idéntico en la política interior, pues en las condiciones creadas por una guerra mundial, la política exterior es la base de toda otra política, el eje de toda la vida del Estado.

Y, en efecto, el Gobierno Provisional está tomando, cada vez más claramente, el camino de una “lucha resuelta” contra la revolución. No hace mucho, desencadenó una ofensiva contra los marinos de Cronstadt, y al mismo tiempo impidió que los campesinos del distrito de Petrogrado y los de las provincias de Penza, Vorónezh y otras pusieran en práctica los principios elementales de la democracia. Por añadidura, días atrás, Skóbelév y Tseretéli se han cubierto de gloria (¡a la manera de Eróstrato!) expulsando de Rusia a Robert Grimm; por cierto, sin juicio ni formación de causa, simplemente al estilo de los gendarmes, pero con gran contento de los imperialistas rusos. Pero quien con más claridad ha reflejado la nueva orientación de la política interior del Gobierno Provisional es el ministro Pereviérzev (¡socialista “también”!). Exige, ni más ni menos, “que se promulgue urgentemente la ley relativa a los delitos contra la tranquilidad del Estado”. Según esta ley (artículo 129)... “las personas culpables de incitar públicamente por vía oral o con cartas, materiales gráficos o impresos distribuidos o expuestos públicamente: 1) a la comisión de un delito grave, 2) a la comisión de actos de violencia de una parte de la población contra otra, 3) a la desobediencia o a la resistencia a la ley -o a cualquier disposición

prescriptiva o decisión con fuerza de ley de las autoridades-, deberán ser confinadas en un correccional por un plazo no superior a tres años”, y “en tiempos de guerra... condenadas a distintas penas de trabajos forzados” (v. “Riech” del 4 de junio ). Tal es la obra legislativa presidiaria de esté ministro “socialista”, con perdón sea dicho. Es evidente que el Gobierno Provisional se desliza inconteniblemente hacia los brazos de la contrarrevolución. Eso lo evidencia también el hecho de que el viejo zorro contrarrevolucionario de Miliukov saborea ya los frutos de otra victoria. “Si el Gobierno Provisional -dice- comprende, después de largas demoras, que el Poder, aparte de la persuasión, tiene en sus manos otros medios, esos mismos medios que ya ha empezado a utilizar, si sigue ese camino, las conquistas de la revolución rusa (¡no es cosa de broma!) se verán consolidadas”... “Nuestro Gobierno Provisional ha detenido a Kolishko y ha expulsado a Grimm. Pero Lenin, Trotski y sus camaradas se pasean en libertad... Nuestro deseo es que Lenin y sus camaradas sean enviados, algún día, al mismo lugar...” (v. “Riech” del 4 de junio). Tales son los “deseos” del señor Miliukov, ese viejo zorro de la burguesía rusa. Si el Gobierno Provisional va a satisfacer estos y otros “deseos” análogos de Miliukov, a cuya voz presta tanta atención, y si esos “deseos” pueden ser satisfechos ahora, es cosa que veremos en un futuro próximo.

Pero una cosa queda fuera de toda duda: la política interior del Gobierno Provisional está toda ella subordinada a las exigencias de su activa política imperialista. Conclusión única: El desarrollo de nuestra revolución ha entrado en una fase de crisis. La nueva etapa de la revolución - ésta penetra en todas las esferas de la vida económica, revolucionándolas de abajo arriba- pone en pie a todas las fuerzas del viejo, mundo y del mundo nuevo. La guerra y el desbarajuste económico, que de ella deriva, agravan al extremo las contradicciones de clase. La política de componendas con la burguesía, la política de maniobras entre la revolución y la contrarrevolución, se va haciendo claramente insostenible. Una de dos: O se va hacia adelante, contra la burguesía, por el paso del Poder a manos de los trabajadores, por el fin de la guerra y del desbarajuste económico, por la organización de la producción y de la distribución; O se va hacia atrás, por la burguesía, por una ofensiva y por la prolongación de la guerra, contra las medidas decisivas para eliminar el desbarajuste económico, por la anarquía en la producción, por una política francamente contrarrevolucionaria. El Gobierno Provisional está tomando claramente el camino de la contrarrevolución descarada. El deber de los revolucionarios es cerrar más estrechamente sus filas y seguir impulsando adelante la revolución.

Publicado con la firma de K. Stalin el 13 de junio de 1917 en el núm. 42 de “Soldálskaia Pravda”.