3/X ¡Camarada Ilich! Ante todo, salud, y luego permítame comunicarle algo sobre los asuntos de nuestro frente y sobre las órdenes de Trotski. El documento adjunto le dará una imagen del conflictivo extremadamente desagradable entre los trabajadores del Frente Sur y Trotski. El hecho es que Trotski, en general, no puede prescindir de gestos estridentes. En Brest asestó un golpe a la causa con su gesto desmesuradamente “izquierdista”.

En la cuestión de los checoslovacos también perjudicó la causa con su gesto estridente-diplomático ya en el mes de mayo. Ahora asesta un nuevo golpe con su gesto sobre la disciplina, y toda esta disciplina trotskista consiste, en realidad, en que los más destacados dirigentes del frente contemplen la retaguardia de los especialistas militares del campo de los contrarrevolucionarios "sin partido" y no impidan a estos últimos arruinar el frente (esto es lo que Trotski llama no injerencia en los asuntos operativos). En general, la situación es tal que Trotski no puede cantar sin falsete, actuar sin gestos estridentes, y yo no tendría nada en contra de los gestos, si con ello no sufrieran los intereses de la causa común a todos nosotros. Por eso pido, oportunamente, antes de que sea tarde, contener a Trotski y ponerlo dentro de ciertos límites, pues temo que las órdenes insensatas de Trotski, si se repiten, entregando toda la causa del frente en manos de los llamados especialistas militares de la burguesía, que merecen una total desconfianza, siembren la discordia entre el ejército y el personal de mando y arruinen definitivamente el frente.

Nuestro nuevo ejército se construye gracias a que, junto a los nuevos soldados, nacen nuevos mandos revolucionarios. Imponerles a sabiendas traidores como Sytin o Chernavin significa desbaratar todo el frente. Ya no digo que Trotsky, que ayer mismo ingresó en el partido, trata de enseñarme disciplina de partido, olvidando, por lo visto, que la disciplina de partido no se expresa en órdenes formales, sino, ante todo, en los intereses de clase del proletariado. No soy amante del ruido ni de los escándalos, pero siento que, si no ponemos ahora mismo un freno a Trotsky, nos echará a perder todo el ejército en aras de una disciplina "izquierdista" y "roja" que repugna hasta a los camaradas más disciplinados. Por eso es necesario ahora mismo, antes de que sea tarde, refrenar a Trotsky, llamándolo al orden. Estrecho la mano. La dirección bolchevique. Correspondencia. 1912–1927. Págs. 52–53. RGASPI. F. 558. Op. 1. D. 1812. L. 1–3. Suyo Stalin. Tsaritsyn, 3 de octubre de 1918.