Declaraciones a un colaborador de “Pravda”. Con motivo de la discusión surgida en los últimos días en las páginas de la prensa soviética a propósito de los principios y de los procedimientos de estructuración de la Federación Rusa, uno de nuestros colaboradores ha solicitado la opinión del camarada Stalin, Comisario del Pueblo de las Nacionalidades. A las preguntas de nuestro compañero, el camarada Stalin ha dado las siguientes respuestas.

Las federaciones democrático-burguesas. De todas las uniones federativas existentes, las más características del régimen democrático-burgués son las federaciones norteamericana y suiza. Históricamente se han formado de Estados independientes, a través de la confederación a la federación, con la particularidad de que, en la práctica, se han convertido en Estados unitarios, conservando sólo la forma del federalismo. Todo este proceso de desarrollo -de la independencia al unitarismo- ha pasado por una serie de actos de violencia, de opresión y de guerras nacionales. Baste recordar la guerra de los Estados norteamericanos del Sur contra los del Norte y la guerra del Sonderbund contra los demás cantones de Suiza. No se puede dejar de señalar que los cantones de Suiza y los Estados de Norteamérica no se estructuraron según el principio nacional, y ni siquiera según el económico, sino de modo enteramente fortuito, en virtud de la ocupación casual de unos territorios u otros por los emigrantes colonos o las comunidades agrícolas.

En qué se diferencia de ellas la federación rusa en proceso de estructuración. La federación que se estructura ahora en Rusia ofrece, debe ofrecer, un cuadro completamente distinto. En primer lugar, las regiones que se han perfilado en Rusia son unidades plenamente definidas en el sentido de su modo de vida y de la composición nacional. Ucrania, Crimea, Polonia, la Transcaucasia, el Turkestán, la Región Central del Volga, el territorio de Kirguizia se distinguen del centro, no sólo por su ubicación geográfica (¡la periferia!), sino también como territorios económicos íntegros, con un determinado modo de vida y determinada composición nacional. En segundo lugar, estas regiones no son territorios libres e independientes, sino unidades incrustadas por la fuerza en un organismo político común a toda Rusia, unidades que ahora aspiran a obtener la libertad de acción necesaria, bajo la forma de relaciones federativas o de independencia completa. La historia de la “unión” de estos territorios es una sucesión ininterrumpida de actos de violencia y de opresión por parte de las antiguas autoridades de Rusia. El establecimiento, en Rusia, de un régimen federativo significará liberar del viejo yugo imperialista a estos territorios y a los pueblos que los habitan. ¡Del unitarismo al federalismo! En tercer lugar, allí -en las federaciones occidentales-, la burguesía imperialista es la que dirige la estructuración de la vida del Estado. No hay nada de asombroso en que la “unión” no pudiera prescindir de la violencia. Aquí, en Rusia, por el contrario, es el proletariado, enemigo acérrimo del imperialismo, quien dirige la estructuración política. Por eso en Rusia se puede y se debe establecer el régimen federativo sobre la base de la libre unión de los pueblos. Tal es la diferencia esencial entre la federación en Rusia y las federaciones en el Occidente.

Los principios de estructuración de la Federación Rusa. Está claro, pues -prosigue el camarada Stalin-, que la Federación Rusa no es una unión de ciudades independientes (como piensan los caricaturistas de la prensa burguesa) o simplemente de regiones (como suponen algunos de nuestros camaradas), sino una unión de determinados territorios, formados históricamente y que se distinguen tanto por su modo de vida particular como por su composición nacional. No se trata en absoluto de la ubicación geográfica de unas u otras regiones, y ni siquiera de que estas o aquellas zonas estén separadas del centro por extensiones de agua (el Turkestán), cordilleras (Siberia) o estepas (el mismo Turkestán). Tal federalismo geográfico, pregonado por Lacis, no tiene nada que ver con el federalismo proclamado por el III Congreso de los Soviets. Polonia y Ucrania no están separadas del centro por cordilleras o extensiones de agua. No obstante, a nadie se le ocurre afirmar que la ausencia de estos accidentes geográficos excluya el derecho de las indicadas regiones a la libre determinación. Por otra parte, es indudable -dice el camarada Stalin- que el original federalismo de los regionalista de Moscú, que tratan de agrupar artificialmente alrededor de Moscú a catorce provincias, tampoco tiene nada que ver con la conocida disposición del III Congreso de los Soviets relativa a la federación. No

cabe duda de que la zona textil central, que engloba sólo unas pocas provincias, constituye, en cierto aspecto, una entidad económica íntegra y, como tal, es indudable que dispondrá de su órgano regional administrativo, como parte autónoma del Consejo Supremo de la Economía Nacional. Pero la razón no alcanza a comprender qué puede haber de común entre la anquilosada Kaluga y el industrial Ivánovo- Vosnesensk y a título de qué los “une” el actual Consejo de Comisarios del Pueblo de la región.

La composición de la República Federativa de Rusia. Evidentemente, no todas las zonas y entidades ni todo territorio geográfico deben ni pueden federarse, sino sólo determinadas regiones, que de forma natural reúnen en sí las particularidades de su modo de vida, la peculiaridad de la composición nacional y cierta integridad mínima de territorio económico. Tales son Polonia, Ucrania, Finlandia, Crimea, la Transcaucasia (y no está excluida la posibilidad de que la Transcaucasia se divida en varias unidades territoriales nacionales, como la georgiana, la armenia, la azerbaidzhano-tártara y otras), el Turkestán, el territorio de Kirguizia, el territorio tártaro-bashkir, Siberia, etc.

Los derechos de las regiones que se federan. Los derechos de las minorías nacionales. Los límites de los derechos de estas regiones que se federan serán trazados con todo detalle conforme vaya estructurándose la Federación Soviética, en su conjunto, pero ya ahora se pueden perfilar las líneas generales de estos derechos. Los asuntos militares y de la Marina de Guerra, las relaciones exteriores, los ferrocarriles, correos y telégrafos, la moneda, los convenios comerciales, la política general económica, financiera y bancaria, todo esto será, probablemente, de la competencia del Consejo de Comisarios del Pueblo central. Todos los demás asuntos y, en primer término, la forma de aplicación de los decretos generales, la escuela, el procedimiento judicial, la administración, etc. pasarán a los Consejos regionales de Comisarios del Pueblo. ¡Ningún idioma “oficial” obligatorio ni en el procedimiento judicial ni en la escuela! Cada región elige el idioma o los idiomas que correspondan a la composición de su población, y existe plena igualdad de los idiomas, tanto de las minorías como de las mayorías, en todos los establecimientos sociales y políticos.

La estructura del poder central. La estructura del Poder central, los procedimientos de su organización quedan determinados por las particularidades de la Federación Rusa. En Norteamérica y en Suiza, el federalismo ha conducido, en la práctica, al sistema bicameral: de un lado, el Parlamento, elegido en elecciones generales; de otro lado, el Consejo Federal, formado por los Estados o los cantones. Es el sistema de dos cámaras, que conduce, en la práctica, a los habituales y engorrosos trámites legislativos burgueses. Ni que decir tiene que las masas trabajadoras de Rusia no tolerarían tal sistema bicameral. No hablamos ya de la absoluta discordancia de tal sistema con los requisitos elementales del socialismo. Creemos -prosigue el camarada Stalin- que el órgano supremo de Poder de la Federación Rusa será el Congreso de los Soviets, elegido por todas las masas trabajadoras de Rusia, o el Comité Ejecutivo Central en funciones de aquél. Habrá, además, que despedirse del prejuicio burgués de la infalibilidad del “principio” del sufragio universal. Se concederá, probablemente, el derecho electoral sólo a los sectores explotados de la población o, en todo caso, a los que no explotan el trabajo ajeno. Esto es un resultado natural del hecho de la dictadura del proletariado y de los pobres del campo.

El órgano ejecutivo del poder. En cuanto al órgano del Poder Ejecutivo de la Federación Rusa, es decir, el Consejo de Comisarios del Pueblo Central, éste será elegido por los congresos de los Soviets y, como suponemos, de entre los candidatos presentados por el centro y por las regiones que se federan. De tal modo, entre el Comité Ejecutivo Central y el Consejo de Comisarios del Pueblo no existirá ni deberá existir la llamada segunda cámara. No cabe duda de que la práctica puede conducir, y seguramente conducirá, a otras formas más apropiadas y elásticas de armonización de los intereses de las regiones y del centro en la estructuración del Poder. Pero una cosa es indudable: las formas que ofrezca la práctica, cualesquiera que sean, no resucitarán el caduco sistema bicameral, enterrado por nuestra revolución.

El papel transitorio del federalismo. Tales son, a mi entender -continúa nuestro interlocutor-, los contornos generales de la Federación Rusa, a cuya formación asistimos. Muchos se inclinan a considerar el régimen federativo como el más estable e incluso como el sistema ideal, invocando frecuentemente el ejemplo de Norteamérica, del Canadá, de Suiza. Pero la historia no justifica esa atracción por el federalismo. En primer lugar, Norteamérica, como Suiza, no son ya federaciones: lo fueron en los años del 60 del siglo pasado; de hecho, se han convertido en Estados unitarios desde las postrimerías del siglo XIX, cuando todo el Poder fue transferido de los Estados y cantones al gobierno federal central. La historia ha demostrado que el federalismo de Norteamérica y de Suiza es un escalón de paso de la independencia de los Estados y cantones a su unión completa. El federalismo ha resultado una forma

plenamente adecuada como escalón de paso de la independencia al unitarismo imperialista, pero fue superado y desechado en cuanto maduraron las condiciones para la unificación de los Estados y de los cantones en una unidad estatal.

El proceso de estructuración política de la Federación Rusa. El federalismo en Rusia es un escalón de paso hacia el unitarismo socialista. La estructuración política en Rusia va en sentido inverso. Aquí el forzoso unitarismo zarista es sustituido por el federalismo voluntario para que, con el transcurso del tiempo, éste ceda su puesto a una agrupación, análogamente voluntaria y fraternal, de las masas trabajadoras de todas las naciones y pueblos de Rusia. Como en Norteamérica y en Suiza -dice el camarada Stalin al concluir sus declaraciones-, el federalismo en Rusia está llamado a desempeñar un papel de transición hacia el futuro unitarismo socialista.

Publicado el 3 y el 4 de abril de 1918 en los núms. 62 y 63 de “Pravda”.