10-16 de mayo de 1918 1. Discurso de apertura de la conferencia. 10 de mayo. Camaradas: La Conferencia ha sido convocada por iniciativa del Comisariado de las Nacionalidades de acuerdo con el Consejo de Comisarios del Pueblo, en la persona de su presidente. El propósito de la Conferencia es formar una comisión de convocatoria del Congreso Constituyente de los Soviets de la región indicada. La misión del futuro Congreso será determinar los límites y el carácter de la autonomía tártaro-bashkir. La idea de la autonomía emana de la naturaleza misma de la Revolución de Octubre, que ha dado la libertad a las nacionalidades. La Declaración de los derechos de los pueblos de Rusia, hecha pública por el Consejo de Comisarios del Pueblo en los días de Octubre, y la conocida decisión del III Congreso de los Soviets que proclama a Rusia federación de regiones autónomas que se distinguen por su particular modo de vida y por la composición de la población, no son sino expresión formal de la esencia de la Revolución de Octubre.

El III Congreso de los Soviets ha señalado los principios generales de la Constitución de la República Soviética y ha invitado a los elementos trabajadores de los pueblos de Rusia a expresar su opinión acerca de las formas políticas concretas en que quisieran constituirse en sus regiones y acerca de las relaciones en que quisieran hallarse respecto al centro. Creo que de todas las regiones sólo Finlandia y Ucrania se han pronunciado de un modo definido... se han pronunciado por la independencia. Y una vez que el Consejo de Comisarios del Pueblo se ha cerciorado de que no sólo la burguesía de estos países reclama la independencia, sino también los elementos proletarios, esos países han obtenido sin cortapisa alguna lo que exigían. Por lo que atañe a otras regiones, sus elementos trabajadores han dado muestras de cierta inercia en las cuestiones del movimiento nacional. Y cuanto mayor era su inercia, mayor era la actividad manifestada por la burguesía. En casi todas partes, en todas las regiones se han formado agrupaciones autonomistas burguesas, que han organizado “consejos nacionales”, han dividido sus regiones en curias nacionales separadas, con regimientos nacionales, un presupuestos nacional, etc., convirtiendo, en consecuencia, su país en arena de la lucha nacional y de chovinismo.

Estas agrupaciones autonomistas (me, refiero a los “consejos nacionales” tártaros, bashkires, kirguises, georgianos, armenios y otros), todos estos “consejos nacionales” perseguían lo mismo: obtener la autonomía para que el Poder central no se inmiscuyera en sus asuntos, no los controlara. “Dadnos la autonomía, y reconoceremos al Poder Soviético central; pero no podemos reconocer a los Soviets locales, éstos no deben entrometerse en nuestros asuntos; nosotros nos organizamos como queremos, a nuestro entender; procederemos con los obreros y los campesinos de nuestra nacionalidad como nos dé la gana”. Tal es la autonomía -por su naturaleza, burguesa- que persiguen los burgueses, al reclamar para sí la plenitud del Poder sobre “sus” trabajadores dentro de la autonomía. Cae por su peso que el Poder Soviético no puede sancionar tal autonomía. Conceder la autonomía para que dentro de ella todo el Poder pertenezca a la burguesía nacional, que exige la no ingerencia de los Soviets; entregar a los obreros tártaros, bashkires, georgianos, kirguises, armenios, etc. a la voracidad de los burgueses tártaros, georgianos, armenios y otros es cosa a la que no puede acceder el Poder Soviético. La autonomía es una forma.

Toda la cuestión consiste en el contenido de clase que se encierre en esta forma. El Poder Soviético no es contrario, ni mucho menos, a la autonomía. Es partidario de la autonomía, pero de una autonomía donde todo el Poder se halle en manos de los obreros y de los campesinos, donde los burgueses de todas las nacionalidades sean eliminados no sólo del Poder, sino también de la participación en las elecciones a los órganos de gobierno. Tal autonomía sería, precisamente, una autonomía a tenor con los principios soviéticos. Existen dos tipos de autonomía. El primero es de neta factura nacionalista. Es la autonomía erigida extraterritorialmente y basada en los principios del nacionalismo. Los “consejos nacionales”, los regimientos nacionales alrededor de estos consejos, el deslindamiento de la población por curias nacionales, las querellas nacionales que indefectiblemente siguen: tales son los frutos de este tipo de autonomía. Este tipo de autonomía conduce a la muerte inevitable de los Soviets de Diputados Obreros y Campesinos. Es el tipo de autonomía que buscaba la Rada burguesa. Por supuesto, para medrar y desarrollarse, la Rada tenía que hacer la guerra a los Soviets Obreros y Campesinos. A idéntico resultado ha conducido en la Transcaucasia la

Intervenciones en la conferencia de convocatoria del congreso constituyente de la R.S Tártaro-Bashkir

existencia de consejos nacionales armenios, georgianos y tártaros. Gueguechkori tenía razón al decir a los Soviets de Diputados y al Comisariado de la Transcaucasia: “¿Sabéis que el Comisariado y los Soviets de Diputados se han convertido en una ficción, pues todo el Poder ha pasado prácticamente a manos de los consejos nacionales que disponen de sus propios regimientos nacionales?”. Por principio, rechazamos este tipo de autonomía. Nosotros ofrecemos otro tipo de autonomía, un tipo de autonomía de las regiones con predominio de una o varias nacionalidades. ¡Nada de curias nacionales, nada de barreras nacionales! La autonomía debe ser soviética, debe descansar en los Soviets de Diputados. Esto significa que el deslindamiento de los habitantes de una región dada no debe guiarse por el principio nacional, sino por un principio clasista. Soviets de Diputados de clase como base de la autonomía, la autonomía como forma de expresión de la voluntad de estos Soviets de Diputados: tal es el carácter de la autonomía soviética que proponemos. El mundo burgués ha gestado una forma determinada de relaciones de las autonomías regionales con el centro. Me refiero a Norteamérica, al Canadá, a Suiza.

En estos países, el Poder central se compone del Parlamento de toda la nación, elegido por la totalidad de la población de los Estados (o cantones), y del Consejo Federal, elegido por los gobiernos de los Estados (o cantones) paralelamente. De este modo, se crea el sistema bicameral con sus engorrosos trámites legislativos y su asfixia de toda obra revolucionaria. Nosotros somos contrarios a tal sistema de estructuración del Poder en el país. Y somos contrarios, no sólo porque el socialismo niega de raíz ese sistema bicameral, sino también por consideraciones prácticas del momento en que vivimos. Se trata de que en el actual momento de transición, cuando la burguesía ha sido quebrantada, pero no aplastada todavía; cuando el desbarajuste económico y del abastecimiento, agravado por las maquinaciones de la burguesía, aun no ha sido eliminado; cuando el viejo mundo capitalista ha sido destruido, pero el nuevo, el socialista, todavía no ha sido edificado por completo; en tal momento, el país necesita un fuerte Poder central, capaz de aplastar definitivamente a los enemigos del socialismo y de organizar una economía nueva, la economía comunista.

En pocas palabras: necesitamos lo que se acostumbra a llamar dictadura del proletariado urbano y rural. En tal momento, la creación de órganos soberanos de Poder locales y regionales paralelamente al Poder central significaría, en la práctica, el hundimiento de todo Poder y la regresión al capitalismo. Precisamente por eso es necesario dejar en manos del Poder central todas las funciones importantes para el país en su conjunto, conceder a los órganos regionales principalmente funciones administrativas, políticas y culturales de estricto carácter regional. Tales son: la escuela, la justicia, la administración, las medidas políticas necesarias, las formas y los medios de aplicación de los decretos generales a tenor con las condiciones nacionales y con el modo de vida, y todo ello en el idioma materno, comprensible para la población. Por eso, el tipo generalmente reconocido de agrupaciones regionales, encabezadas por un Comité Ejecutivo Central regional, es la forma más adecuada de esta autonomía. Ese es el tipo de autonomía, dictada, en el presente momento de transición, tanto por la necesidad de fortalecer la dictadura del proletariado, como por la lucha general de los proletarios de todas las naciones de Rusia contra el nacionalismo burgués, contra este último reducto del imperialismo.

Todo esto determina con harta claridad las tareas de nuestra Conferencia. La Conferencia escuchará informes de las localidades, para tener una visión de conjunto de las reivindicaciones que presentan las masas trabajadoras de las nacionalidades de la región. Después trazará el esquema previo general del territorio cuya población trabajadora participará en las elecciones al Congreso Constituyente de los Soviets de la región, concediéndose el sufragio a las masas trabajadoras organizadas en los Soviets; no sólo del territorio autónomo en cuestión, sino también de las zonas adyacentes. En fin, la Conferencia elegirá una comisión encargada de convocar el Congreso Constituyente de los Soviets de la región. Al Congreso Constituyente incumbirá decidir en la cuestión de la autonomía, determinar la competencia de ésta y el establecimiento definitivo de los límites de la región. Tales son las tareas de la presente Conferencia. Al inaugurarla, me permito expresar la seguridad de que sabrá cumplir dignamente la misión encomendada.

2. Discurso de clausura de la conferencia. 16 de mayo. Permitidme que declare, en nombre del Poder Soviético central, que el Consejo de Comisarios del Pueblo ha considerado siempre y sigue considerando su deber sagrado ir al encuentro del movimiento de liberación de las masas oprimidas y explotadas de los pueblos de Oriente y, ante todo, del Oriente musulmán, el más desamparado. Todo el carácter de nuestra revolución, la naturaleza misma del Poder Soviético, toda la situación internacional, en fin, incluso el enclavamiento geográfico de Rusia entre la Europa imperialista y el Asia oprimida, todos estos factores dictan, indudablemente, al Poder Soviético una política de apoyo fraternal a los pueblos oprimidos de Oriente en su lucha por la liberación. De todas las formas de opresión existentes ahora, la más sutil y peligrosa es la opresión nacional. Es sutil, ya que encubre cómodamente el rostro rapaz de

la burguesía. Es peligrosa, ya que, al provocar colisiones nacionales, sirve de excelente pararrayos a la burguesía. Si los buitres europeos han logrado lanzar a los obreros unos contra otros, llevándolos a una carnicería mundial, si hasta ahora consiguen prolongar esta carnicería, se debe, entre otras cosas, a que todavía no se ha extinguido la fuerza del nacionalismo burgués, que ofusca a los obreros de Europa. El nacionalismo es la última posición de la cual hay que desalojar a la burguesía para derrotarla definitivamente. Ahora bien, pasar de largo ante la cuestión nacional, querer ignorada y negada, como hacen ciertos camaradas, no presupone haber destrozado al nacionalismo. ¡Ni mucho menos! El nihilismo nacional no hace sino perjudicar al socialismo, llevando el agua al molino de los nacionalistas burgueses. Para destrozar el nacionalismo, es preciso, ante todo, plantear y resolver la cuestión nacional. Mas, para solucionar la cuestión nacional de un modo franco, de forma socialista, es preciso planteada en los términos soviéticos, subordinándola total y definitivamente a los intereses de las masas trabajadoras organizadas en los Soviets. Así, y sólo así, se puede arrancar a la burguesía su última arma moral. La República Autónoma Tártaro-Bashkir, que se está constituyendo ahora, es la solución práctica de este problema general e importante de toda nuestra revolución. Que esta República Autónoma sirva de vivo faro a los pueblos musulmanes de Oriente y les alumbre el camino para liberarse de la opresión. Permitidme que declare clausurada la Conferencia de convocatoria del Congreso Constituyente de los Soviets de la República Tártaro-Bashkir, deseándoos éxito en la organización de vuestra República Autónoma.

Publicado el 18 y el 24 de mayo de 1918 en los núms. 96 y 101 de “Pravda”.