(Hechos y maquinaciones) La delegación ucraniana en Kiev ha dicho, en la primera reunión de la Conferencia de la Paz, que obran en su poder declaraciones de los “gobiernos” del Don, del Cáucaso del Norte y otros proclamando su separación de Rusia y estableciendo relaciones amistosas con el gobierno ucraniano-alemán. “No estamos en contra de las negociaciones con representantes del Poder Soviético -ha dicho el señor Shelujin, presidente de la delegación ucraniana-, pero querríamos saber a qué regiones se extiende, en rigor, el Poder de la Federación Rusa, ya que obran en mi poder declaraciones de diversos gobiernos (del Don, del Cáucaso del Norte, etc.), que no desean seguir formando parte de Rusia”. Los turcos y los alemanes, lejos de oponer objeción alguna a estas manifestaciones de los ucranianos, por el contrario, confirman en diversas declaraciones oficiales las pretensiones de los mencionados “gobiernos” semilegales, aferrándose a ellas, como medio formal para los fines de la “autodeterminación” (es decir, de la anexión) de nuevos territorios... Ahora bien, ¿quiénes son esos enigmáticos “gobiernos”?, ¿de dónde proceden?

Ante todo, es extraño que de protector de estos “gobiernos” y de iniciador oficial de toda esta campaña actúe el gobierno del hetman de Ucrania, nacido ayer mismo por la gracia..., en todo caso no del pueblo. ¿En virtud de qué derecho, propiamente dicho, se atreve la delegación ucraniana a hablar así con el Poder Soviético, elegido libremente por decenas de millones de habitantes de la Federación Rusa y que agrupa a su alrededor, entre otros, a los vastos Soviets regionales del Don, del Kubán, del litoral del Mar Negro y del Térek, elegidos por millones de habitantes de estas regiones? ¿Qué autoridad puede tener, a la vista de todo esto, el actual gobierno ucraniano, que, lejos de haber sido elegido por el pueblo, no lo respalda siquiera una Dieta amañada mediante un censo electoral restringido, algo así, por lo menos, como un landtag de las altas capas sociales? Además, puede tenerse por seguro que si la Conferencia de la Paz no transcurriera en Kiev, sino dondequiera que fuese en terreno neutral, la Rada ucraniana, derrocada hace poco, no dejaría de presentarse con una declaración demostrando que un tratado con el gobierno del hetman no puede obligar al pueblo ucraniano, que no reconoce a ese gobierno.

Y entonces surgirían las cuestiones: 1) ¿qué credenciales se debería reconocer, en tal caso, más válidas: las del gobierno del hetman o las de la Rada ucraniana? 2) ¿qué podría decir entonces en su descargo la actual delegación ucraniana, que tanto valor concede a las “declaraciones” de todo género?... En segundo lugar, no es menos extraño que Alemania -que apoya la declaración de la delegación ucraniana y que coquetea a todo trapo con los aventureros “gobiernos” del Don y del Cáucaso del Norte en interés de la “autodeterminación”- no haya dicho ni una palabra a propósito de la autodeterminación de la Posnania polaca, del Schleswig-Holstein danés, de la Alsacia-Lorena francesa. ¿Es preciso demostrar aún que, ante las protestas en masa de los daneses, polacos y franceses de las regiones mencionadas, las aventureras declaraciones de los “gobiernos” del Sur de Rusia, hilvanados a toda prisa y no reconocidos por nadie, pierden todo peso, todo valor, todo decoro?... Pero todo eso son “pequeñeces”. Pasemos a lo principal.

Así, pues, ¿cuál es el origen de los míticos “gobiernos” del Sur de Rusia? “El 21 de octubre de 1917-dice el “gobierno” del Don en su “nota”-, en la ciudad de Vladikavkaz fue suscrito un tratado relativo a la formación de un nuevo Estado federativo, la Unión del Sudeste, del que pasaron a formar parte la población de los territorios de las tropas cosacas del Don, del Kubán y de Astrajan, los montañeses del Cáucaso del Norte y del litoral del Mar Negro y los pueblos libres del Sudeste de Rusia”. Poco más o menos dice el radiograma de los representantes de “gobierno” del Cáucaso del Norte, Chermóev y Bammátov, que ha llegado a nuestro poder el 16 de mayo: “Los pueblos del Cáucaso han elegido, con arreglo a la ley, una asamblea nacional que, reunida en mayo y en septiembre de 1917, ha declarado la formación de la Unión de los Montañeses del Cáucaso”, la cual “Unión de los Montañeses del Cáucaso decide separarse de Rusia y formar un Estado independiente, cuyo territorio tendrá como fronteras del Norte las mismas fronteras geográficas que tenían las regiones y provincias del Daguestán, del Térek, de Stávropol y del Kubán y Mar Negro en el antiguo Imperio Ruso; por el Oeste, el Mar Negro; por el Este, el Mar Caspio”. Así, pues, en vísperas de la victoria de la Revolución de Octubre, que derrocó al gobierno Kerenski, unos grupos de aventureros, vinculados a

este gobierno, se reunieron, por lo que se ve, en Vladikavkaz, se erigieron en gobiernos “con plenos poderes” y declararon al Sur de Rusia separado de ésta, con la agravante de que ni siquiera se molestaron en pedir el asentimiento a la población. Naturalmente, en un país libre, como Rusia, no se prohíbe a nadie entregarse a sueños separatistas, y no cuesta trabajo comprender que el Poder Soviético no podía ni debía correr en pos de las declaraciones aventureras de los soñadores con quienes los pueblos del Sur de Rusia no tienen que ver lo más mínimo. No dudamos de que si Alemania concediera a los ciudadanos la libertad de que se disfruta en Rusia ahora, Posnania, Alsacia-Lorena, Polonia, Curlandia, Estlandia y otras regiones se cubrirían de una red de gobiernos nacionales, con muchos más fundamentos para llamarse gobiernos que los Bogaievski y los Krasnov, los Bammátov y los Chermóev, expulsados por sus propios pueblos y emigrados en la actualidad... Tal es el panorama del surgimiento de los míticos “gobiernos” del Sur de Rusia. La “nota” del “gobierno” del Don y el radiograma de Chermóev hablan del pasado, de septiembre y octubre de 1917, y de Vladikavkaz como refugio de generales retirados. Pero desde entonces ha pasado casi un año.

En este tiempo se han formado los Soviets populares regionales del Don, del Rubán-Mar Negro y del Térek, Soviets que agrupan a su alrededor a millones de habitantes, de cosacos y de foráneos*, de abjasianos y rusos, de chechenos e ingushos, de osetinos y kabardinos, de georgianos y armenios. La población de estas regiones hace ya mucho que reconoció al Poder Soviético y disfruta ampliamente del derecho a la autodeterminación que se le ha concedido. Y Vladikavkaz, la ex residencia de los Karaúlov y los Bogaievski, de los Chermóev y los Bammátov, hace ya mucho que se ha declarado residencia del Soviet popular del Térek. Ante hechos tan notorios, ¿qué importancia pueden tener los fosilizados generales y sus irresponsables declaraciones del verano de 1917? En septiembre y en octubre todavía existía en Rusia el gobierno Kerenski, que fulminaba rayos y centellas contra el Partido Bolchevique, entonces sometido a la clandestinidad y hoy en el Poder. Si para la delegación ucraniana y para el gobierno alemán los meses de septiembre y octubre de 1917 tienen una importancia tan sacramental, ¿por qué no invitan a la Conferencia de la Paz a los restos del gobierno Kerenski, que entonces aun vivía y coleaba, lo mismo que hacen ahora con los restos del “gobierno” de los Chermóev y los Karaúlov, que también vivían y coleaban en septiembre y en octubre de 1917? O bien, ¿por qué se prefiere, en rigor, septiembre

* Nombre que daban los cosacos a todos los que vivían en las regiones cosacas, pero no pertenecían al estamento cosaco. (N. de la T.) de 1917 a abril de 1918, cuando la Rada ucraniana, que estaba a punto de enviar una delegación para sostener negociaciones con el Poder Soviético, fue arrojada en un instante a la inexistencia política “sobre la base” de la “interpretación” alemana del principio de la autodeterminación de los pueblos?... O, en fin, ¿por qué se considera la declaración del general cosaco Krasnov, expulsado por los cosacos, hecho prisionero por las tropas soviéticas cerca de Gátchina a fines de 1917 y puesto luego en libertad por el Poder Soviético bajo palabra de honor, por qué se considera esta declaración “un acto político de gran importancia”, y se considera que no tiene valor político la declaración, por ejemplo, del Consejo de Comisarios del Pueblo de Crimea, que agrupaba a su alrededor a centenares de miles de habitantes rusos y tártaros y que proclamó tres veces por radio los vínculos indestructibles de Crimea con la Federación Rusa? ¿Por qué el general Krasnov, expulsado por los cosacos, goza de particular protección de los gobernantes ucraniano-alemanes, y el Consejo de Comisarios del Pueblo de Crimea, elegido libremente por la población, es bandidescamente fusilado?... Evidentemente, aquí no se trata de la autenticidad de las “declaraciones” ni de las masas que respaldan esas “declaraciones”.

Menos aún se trata del concepto de “autodeterminación”, bárbaramente maltratado y tergiversado por los bandidos con cargos oficiales. Se trata, simplemente, de que las “declaraciones” son muy ventajosas para los aficionados ucraniano-alemanes a las maquinaciones imperialistas, ya que encubren con toda comodidad sus afanes de anexión y de sojuzgamiento de nuevos territorios. Es significativo que de toda una serie de delegaciones del llamado gobierno del Don, tan “legitimas” como la delegación del general Krasnov, los ucraniano-alemanes hayan preferido la última, puesto que las demás no se atenían a la “orientación” alemana. Además, el carácter ficticio y artificial del “gobierno” Krasnov-Bogaievski es hasta tal punto evidente, que varios ministros nombrados por Krasnov (Paramónov, ministro de Instrucción Pública y Semiónov, ministro de Agricultura) han declinado oficialmente el nombramiento, alegando que “el general Krasnov les había designado ministros en su ausencia”. Pero a los autodeterminadores ucraniano-alemanes, evidentemente, eso no les conturba en absoluto, ya que Krasnov les conviene como pantalla. No menos significativo es que la llamada Unión del Sudeste, que dormía ya el sueño de los justos en enero, resucite de pronto en mayo en algún lugar de Ucrania, o incluso en Constantinopla, y, por si fuera poco, no todos los pueblos del Cáucaso del Norte saben aún que los “gobiernos” que ellos enterraran hace tiempo continúan “existiendo” ilegalmente, no

se sabe si en Constantinopla o en Kiev, desde donde se disponen a escribir leyes para ellos A los autodeterminadores ucraniano-alemanes, evidentemente, no les conturba tampoco esta torpe maquinación, ya que les permite sacar partido. Tales son los “hechos”, por una parte, de los aventureros del Sur de Rusia ansiosos de Poder y, por otra, de los autores de maquinaciones políticas. ¿Cuál es, pues, la actitud de los propios pueblos del Sur de Rusia ante la cuestión de la independencia, con cuyo nombre (el de los pueblos) se encubren los señores de la autodeterminación? Comencemos por el Don. Existe ya desde febrero la República Soviética Autónoma del Don, que agrupa en torno suyo a la inmensa mayoría de los habitantes de la región. Para nadie es un secreto que en el Congreso regional, celebrado en abril con asistencia de más de setecientos delegados, se reiteró públicamente el vínculo indestructible con Rusia, parte autónoma de la cual es la República del Don. He aquí lo que dice el Comité Ejecutivo Central de la República del Don, a propósito de las pretensiones del flamante “gobierno” Krasnov- Bogaievski, en su resolución del 28 de mayo: “El Comité Ejecutivo Central de la República Soviética del Don pone en conocimiento del Consejo de Comisarios del Pueblo y de la Conferencia de la Paz, reunida en Kiev, que en el Don no existe más Poder que el del Comité Ejecutivo Central y de su Presídium.

Todo otro gobierno que pudiera haberse proclamado o se proclame él mismo, estaría formado por reos de alta traición que, como tales, serán entregados al tribunal del pueblo. En el momento presente se nos ha comunicado que en la Conferencia de la Paz hay una delegación que actúa en nombre del gobierno del Don. Como Poder del Estado declaramos al Consejo de Comisarios del Pueblo y a la Conferencia de la Paz, reunida en Kiev, que sin la documentación acreditativa del Poder Soviético de la República del Don no debe admitirse a ningún delegado para mantener negociaciones de paz y que, si tales existieran, los declaramos ilegales e impostores y serán entregados a los tribunales por delito de alta traición. El Comité Ejecutivo Central exige de la Conferencia de la Paz que elimine a la impostora delegación “del gobierno del Don”, ya que es ilegal y no puede ser admitida para sostener negociaciones de paz. El presidente del Comité Ejecutivo Central V. Kovaliov El secretario V. Puzhílev (Aprobada el 28 de mayo) Tsaritsin”. Pasemos al Kubán. Todos conocen la República Soviética Autónoma del Kubán-Mar Negro, que agrupa en torno suyo al 90% de la población de todos los departamentos y circunscripciones de la región.

Todos conocen el gran Congreso de la región del Kubán-Mar Negro, celebrado en abril de este año con la participación de chechenos e ingushos y bajo la presidencia del cosaco Y. Poluián, Congreso que ha confirmado solemnemente el vínculo indestructible entre la región y Rusia y que con la misma solemnidad ha declarado fuera de la ley a los aficionados a las aventuras, a los Filimónov y los Krasnov de todo género. Digamos de paso que las decenas de millares de habitantes del Kubán bajo las armas, hombres que defienden con su pecho a la Rusia Soviética desde Sujum hasta Bataisk, hablan con harta elocuencia del sentir y de las simpatías del Kubán y de la región del Mar Negro. No hablamos ya de la flota, cuyo hundimiento esperan con impaciencia los protectores de los Krasnov y los Filimónov... Por último, la región del Térek. Para nadie es un secreto que allí existe el Soviet popular regional del Térek, en torno al cual se agrupan todos o casi todos (el 95%) los aúles y stanitsas, aldeas y pueblos, sin hablar ya de las ciudades. En el I Congreso regional, celebrado en enero de este año, todos los delegados, sin excepción, se pronunciaron ya en favor del Poder Soviético y por el vínculo indestructible con Rusia. El II Congreso, celebrado en abril, más amplio y numeroso que el primero, ratificó solemnemente el vínculo con Rusia y declaró a la región República Soviética Autónoma de la Federación Rusa.

El III Congreso regional, que se celebra ahora, va más allá; pasa de las palabras a los hechos y llama a los ciudadanos a las armas, para defender el Térek -y no sólo el Térek- contra los atentados de los intrusos. La titulada nota del titulado gobierno del Don habla mucho de los “pueblos libres del Sudeste”, que pretendidamente desean separarse de Rusia. Estimando que los hechos son la mejor refutación de las “declaraciones”, cedemos la palabra a los hechos. Ante todo, escuchemos la resolución del Soviet Popular del Térek. "Por diversos telegramas, el Soviet popular del Térek ha sabido que delegados del Cáucaso del Norte, que se encuentran en Constantinopla, han declarado la independencia del Cáucaso del Norte y lo han notificado así al gobierno imperial turco y a otras potencias. El Soviet popular del Térek, integrado por las minorías chechena, kabardina, osetína, ingusha, cosaca y foránea, atestigua que los pueblos del territorio del Térek jamás han delegado a nadie a parte alguna para el fin arriba indicado y que, si ciertos individuos, ahora en Constantinopla, se hacen pasar por delegados de los pueblos del territorio del Térek y actúan en nombre de estos pueblos, no son más que impostores y aventureros. El Soviet popular del Térek expresa su asombro ante la miopía y la ingenuidad políticas del gobierno turco, al que han podido engañar unos aventureros.

El Soviet popular del Térek, integrado por las minorías indicadas, declara que los pueblos del territorio del Térek son parte inseparable de la República Federativa de Rusia. El Soviet popular del Térek protesta contra la implicación del Cáucaso del Norte por el gobierno transcaucásico en el acto de declaración de la independencia de la Transcaucasia" (v. "Naródnaia Vlast", órgano del Soviet popular del Térek). (La resolución ha sido aprobada por unanimidad. 9 de mayo.) Oigamos ahora a los chechenos e ingushos, calumniados por los usurpadores y sus protectores. He aquí la resolución de su minoría, en torno a la cual se agrupan todos o casi todos los ingushos y chechenos. "La sesión extraordinaria de la minoría checheno-ingusha del Soviet popular del Térek, después de examinar la noticia relativa a la proclamación de la independencia del Cáucaso del Norte, adoptó por unanimidad la siguiente resolución: la declaración de la independencia del Cáucaso del Norte es un acto de excepcional importancia, que debe realizarse con el conocimiento y el acuerdo de toda la población interesada. La minoría checheno-ingusha hace constar que el pueblo checheno-ingusho no ha enviado a ningún delegado para sostener negociación alguna con la delegación otomana en Trebizonda o con el gobierno otomano en Constantinopla, que la cuestión de la independencia no se ha examinado jamás en ningún órgano o asamblea que expresaran la voluntad del pueblo checheno- ingusho.

Por eso, la minoría checheno-ingusha considera impostores y enemigos del pueblo a los individuos que se atreven a hablar en nombre de un pueblo que no los ha elegido. La minoría checheno-ingusha declara que la única salvación para todos los montañeses del Cáucaso del Norte y para las libertades conquistadas por la revolución, consiste en la estrecha unidad con la democracia revolucionaria de Rusia. Así se lo dicta no sólo el amor natural a la libertad, sino también las relaciones económicas que en los últimos decenios han fundido estrechamente el Cáucaso del Norte con la Rusia central en un todo único e indestructible". (Aprobada el 9 de mayo. Véase "Naródnaia Vlast", órgano del Soviet popular del Térek.) Veamos ahora un fragmento del fogoso discurso del camarada Sherípov, orador de los ingushos y chechenos en la sesión del Soviet popular del Térek, lo suficiente claro para acabar con todos los reproches a los daguestanos: "Gracias a la gran revolución rusa, hemos obtenido la espléndida libertad por la que combatieron durante siglos nuestros antecesores, por la que se arrojaban contra las bayonetas los vencidos.

Ahora, cuando tenemos garantizado el derecho a la autodeterminación, el pueblo no entregará jamás este derecho a nadie. Ahora hablan de la independencia del Cáucaso del Norte los terratenientes, los príncipes, los provocadores y los espías y todos los que Shamil combatió a muerte durante cincuenta años. Estos enemigos del pueblo han hecho algunos intentos de proclamar la independencia del Cáucaso y declararlo un imanato. Pero yo afirmo que Shamil decapitaba a los antepasados de todos esos príncipes y que así procedería ahora. Nuestra minoría, que representa al pueblo ingusho y checheno, ha expresado en la conocida resolución adoptada en la sesión extraordinaria su punto de vista en cuanto a la proclamación de la independencia del Cáucaso del Norte". (V. más arriba. Tomado de "Naródnaia Vlast".) Tales son los hechos. ¿Conocen todo esto los autodeterminadores alemanes, ucranianos y turcos? ¡Naturalmente que sí! Los Soviets regionales del Sur de Rusia actúan absolutamente en público, a la vista de todos, y los agentes de esos señores leen nuestros periódicos con la suficiente atención para haber reparado en hechos del dominio público.

¿A qué se reduce, pues, la citada declaración de la delegación ucraniana sobre los míticos "gobiernos", declaración que los alemanes y los turcos apoyan de palabra y de hecho? A una sola cosa: a utilizarlos "gobiernos" de pacotilla a guisa de tapadera para la anexión y el sojuzgamiento de nuevas tierras. Encubriéndose con la Rada ucraniana, los alemanes han avanzado "sobre la base del tratado de Brest-Litovsk" (¡oh, naturalmente!) y han ocupado Ucrania. Pero ahora Ucrania se ha gastado ya, por lo visto, como tapadera, como pantalla, en tanto que los alemanes necesitan realizar un nuevo avance. De ahí la demanda de una nueva tapadera, de una nueva pantalla. Y como la demanda engendra la oferta, a los Krasnov y a los Bogaievski, a los Chermóev y los Bammátov les ha faltado tiempo para personarse y ofrecer sus servicios. Y no tiene nada de inverosímil que en un próximo futuro los Krasnov y los Bogaievski, dirigidos y equipados por los alemanes, avancen sobre Rusia, a "liberar" el Don, mientras los alemanes jurarán una vez más fidelidad al tratado de Brest-Litovsk. Lo mismo cabe decir del Kubán, del Térek, etc. ¡En esto reside todo el quid! El Poder Soviético se enterraría en vida si no movilizara todas las fuerzas, sin excepción, para repeler a los invasores y sojuzgadores.

Y las movilizará. J. Stalin, Comisario del Pueblo

Publicado el 1 de junio de 1918 en el núm. 108 de “Pravda”.