I. Transcaucasia

La situación en Transcaucasia se vuelve cada vez más amenazante. La declaración de independencia de Transcaucasia por parte de la Seima (22 de abril), que debía dar plena libertad de acción al "gobierno" de Tiflis, en realidad lo arrojó a la trampa de los depredadores internacionales. Lo que depare el futuro inmediato de las llamadas "negociaciones de paz" en Batumi[18] está por verse. Una cosa es indudable: la independencia de los mencheviques de Tiflis y de su gobierno respecto a la revolución rusa se convertirá inevitablemente en su esclavitud ante los "civilizados" depredadores turco-germanos. Esto será una alianza de los mencheviques de Tiflis en el poder con los imperialistas turco-germanos contra la revolución rusa. El menchevique Chkhenkeli en el papel del futuro Golubovich caucásico... ¿verdad que es una imagen instructiva, señores Mártov y Dan?

El miembro de la Seima Karchikián comunica desde Tiflis:

"Tiflis está agitado, los armenios han abandonado el ministerio; obreros y campesinos organizan manifestaciones callejeras contra el gobierno a raíz de la declaración de independencia de Transcaucasia. En Kutaisi, en Khoni, en Lechkhumi, en Gori, en Dusheti se producen manifestaciones exigiendo un referéndum sobre la cuestión de la independencia."

Toda Armenia protesta contra la usurpación del autoproclamado "gobierno" de Tiflis, exigiendo la renuncia de los diputados de la Seima. Y el centro del mundo musulmán, Bakú, bastión del poder soviético en Transcaucasia, habiendo aglutinado en torno a sí a toda la Transcaucasia oriental, desde Lenkoran y Kuba hasta Elisavetpol, afirma con las armas en la mano los derechos de los pueblos de Transcaucasia, que con todas sus fuerzas tratan de mantener el vínculo con la Rusia Soviética. No hablemos ya de la heroica Abjasia [19], en la orilla del Mar Negro, que se levantó unánimemente contra las bandas negras del "gobierno" de Tiflis y defiende con las armas Sujumi frente a ellas. "Toda Abjasia —jóvenes y viejos— se ha levantado contra una banda de dos mil ocupantes llegados del sur, defendiendo los accesos a Sujumi a 20 verstas al sur de la ciudad, y lleva ya 8 días haciéndolo", nos escribe el presidente del Comité Militar Revolucionario Eshba. Según ciertos datos, el avance de los destacamentos transcaucásicos recibe apoyo desde el mar por una flotilla de transportes armados y un grupo de destructores. Y sin embargo, según el Tratado de Brest-Litovsk y la interpretación alemana del mismo, resulta que no solo no debemos avanzar desde el mar en defensa de Sujumi, sino que ni siquiera tenemos derecho a defendernos. Tal es el apoyo real que los "pacificadores" alemanes prestan a los ocupantes transcaucásicos. Ante tal situación no es difícil comprender que la suerte de Sujumi está casi decidida de antemano. La población transcaucásica está contra el "gobierno" de Tiflis. La población transcaucásica está contra la separación de Rusia. Los obreros y campesinos transcaucásicos son partidarios del referéndum, a pesar de la camarilla de los miembros de la Seima, pues nadie, absolutamente nadie, autorizó a la Seima a separar Transcaucasia de Rusia.

Tal es el cuadro.

No en vano los más escrupulosos de los mencheviques —Zhordania, Tsereteli e incluso (¡incluso!) Gegechkori— se lavaron las manos, dejando este sucio trabajo a los más desaprensivos de entre ellos.

Nos comunican desde Tiflis que el comandante de cuerpo turco ante Kars, al producirse la rendición de Kars por los armenios, declaró que consideraba inevitable el envío de tropas turcas para ocupar Bakú y salvar a los musulmanes del distrito de Bakú, si el gobierno transcaucásico no lograba hacerlo en breve tiempo, y que paralelamente "en la carta del pachá Vehib dirigida al presidente del gobierno transcaucásico se daba a entender que esto era inevitable."

No tenemos posibilidad de verificar documentalmente estas informaciones, pero una cosa es indudable: si los "salvadores" turcos marchan de verdad sobre Bakú, encontrarán una poderosa resistencia por parte de amplias capas de la población y, ante todo, de los obreros y campesinos musulmanes.

Huelga decir que en tal caso el poder soviético defenderá con todas sus fuerzas los derechos inalienables de las masas trabajadoras de Transcaucasia frente a las tentativas de ocupación.

II. El Cáucaso del Norte

Ya en 1917, un puñado de generales retirados del Cáucaso del Norte, como los Filimonov, los Karáulov, los Chermoev y los Bammatov, que se declararon a sí mismos la unión de los montañeses, se arrogaron el nombre de gobierno del Cáucaso del Norte desde el Mar Negro hasta el Caspio y en secreto se preparaban para salir a la palestra junto con Kaledín. En noviembre de 1917, tras la victoria del poder soviético en el centro de Rusia, este, con permiso de la expresión, "gobierno" coqueteaba con las misiones militares anglofrancesas, saboteando el armisticio en el frente ruso-alemán. A comienzos de 1918, tras el fracaso de la aventura kaledinista, este misterioso "gobierno" desapareció del horizonte político, limitándose a organizar salteadores ataques a los trenes y pérfidas agresiones contra los pacíficos habitantes de ciudades y aldeas. Para la primavera de este año todos lo habían olvidado, pues en el Cáucaso del Norte, en las regiones del Kubán y del Terek, se habían consolidado unos Soviets de Diputados verdaderamente populares, que habían agrupado en torno a sí a amplias capas de todas las tribus y pueblos del Cáucaso del Norte sin excepción. Cabardinos y cosacos, osetinos y georgianos, rusos y ucranianos se unieron en un amplio círculo en torno al Soviet de Diputados del Terek. Chechenos e ingushes, cosacos y ucranianos, obreros y campesinos llenaron, a través de sus representantes, los numerosos Soviets de la región del Kubán. Las amplias capas trabajadoras de todas estas tribus y pueblos proclamaron en voz alta en sus congresos el vínculo indisoluble con la Rusia Soviética. Todo esto no podía dejar de hacer que el autoproclamado "gobierno" de los Chermoev y Bammatov se borrara del escenario político. Todos creían que ese asombroso "gobierno" estaba enterrado para siempre. Es verdad que el amigo íntimo de los Bammatov, el llamado imán de Daguestán, ya en el mes de marzo dio señales de vida organizando asaltos a la vía férrea en Petrovsk y Derbent. Pero ya a mediados de abril la aventura del imán fue liquidada por destacamentos soviéticos de obreros bakuenses y por los propios daguestanos, que expulsaron al imán con su séquito de oficiales rusos hacia las montañas de Daguestán.

Pero el imperialismo no sería imperialismo si no supiera invocar del "más allá" las sombras de los muertos para sus fines terrenales. No hace más de una semana nos transmitieron la declaración oficial firmada por los resucitados de entre los muertos Chermoev y Bammatov, en la que se habla de la formación de un Estado (¡no es broma!) independiente del Cáucaso del Norte, desde el Mar Negro hasta el Caspio (¡ni más ni menos!).

"La Unión de los Montañeses del Cáucaso —se dice en la proclama de este gobierno autoproclamado— decide separarse de Rusia y formar un Estado independiente."

"El territorio del nuevo Estado tendrá como límites al norte las mismas fronteras geográficas que tenían las regiones y provincias de Daguestán, Terek, Stávropol, Kubán y el Mar Negro en el antiguo Imperio Ruso; al oeste, el Mar Negro; al este, el Mar Caspio; al sur, una frontera cuyos detalles se determinarán de acuerdo con el gobierno transcaucásico."

Así pues, el "gobierno" transcaucásico establece "relaciones" con los "liberadores" turco-germanos, y el "gobierno" del Cáucaso del Norte, con el transcaucásico. La cosa está clara. Los aventureros del Cáucaso del Norte, desengañados de los anglofranceses, cuentan ahora con los enemigos de estos últimos. Y como el celo de los turco-germanos por las conquistas no conoce límites, cabe pensar que no está excluida la posibilidad de un "acuerdo" entre los buscadores de aventuras del Cáucaso del Norte y los "liberadores" turco-germanos.

No dudamos de que por parte de estos últimos habrá declaraciones sobre su fidelidad al tratado germano, sobre su disposición a mantener relaciones amistosas, etc. Pero como en nuestros tiempos es costumbre juzgar por los hechos y no por las palabras, y los hechos de estos señores son más que elocuentes, el poder soviético tendrá que movilizar todas sus fuerzas para defender a los pueblos del Cáucaso del Norte de posibles tentativas de ocupación.

Narkom I. Stalin

Pravda, n.º 100,

23 de mayo de 1918