Declaraciones a un redactor de “Pravda”. El Comisario del Pueblo Stalin, llegado recientemente después de haber estado fuera en comisión de servicio, ha hablado a uno de nuestros redactores de sus impresiones acerca del estado del Frente del Sur.

La importancia del frente del sur. Ya de por sí la situación estratégica entre la contrarrevolución del Don y las bandas de Astrajan, del Ural y de checoslovacos testimonia la importancia del Frente del Sur. La proximidad de la esfera de influencia inglesa (Enzeli, Krasnovodsk) no hace sino acentuar esta importancia. Las riquezas del Sur de Rusia (cereales, petróleo, carbón, ganado, pescado) estimulan por sí solas los codiciosos apetitos de las aves de rapiña del imperialismo, empeñadas en arrebatar a Rusia este importante rincón. Además, es indudable que, con la entrada del otoño y la liquidación de la aventura de Samara, el centro de las operaciones militares se trasladará al Sur. Esto explica, en rigor, la “febril” actividad que desarrollan ahora los contrarrevolucionarios del Sur al amalgamar a toda prisa un nuevo "(¡completamente nuevo!) “gobierno de toda Rusia”, formado por lacayos zaristas. -Shipov, Sazénov y Lukomski-, al agrupar a las bandas de Krasnov, de Denikin y de Skoropadski en un solo ejército, al requerir la ayuda de Inglaterra, etc.

Tsaritsin como centro del golpe. El punto más hostilizado por el enemigo es Tsaritsin. Y se comprende, puesto que la toma de Tsaritsin y el corte de las comunicaciones con el Sur permitirían realizar todos sus propósitos al enemigo, pues, unirían a los contrarrevolucionarios del Don con la aristocracia cosaca de las tropas de Astrajan y del Ural, formando un frente único de la contrarrevolución, desde el Don hasta los checoslovacos; asegurarían a los contrarrevolucionarios, interiores y exteriores, el Sur y el Caspio; pondrían en una situación de impotencia a las tropas soviéticas del Cáucaso del Norte... A esto obedece, principalmente, la tenacidad con que procuran los guardias blancos del Sur tomar Tsaritsin. Ya en agosto, Krasnov dio la orden de “Tomar Tsaritsin”. Las bandas de Krasnov se lanzaron con furia contra nuestro frente y trataron de arrollarlo, pero nuestro Ejército Rojo les derrotó y arrojó al otro lado del Don. A principios de octubre fue dada una nueva orden de tomar Tsaritsin, en esta ocasión ya por la asamblea cosaca contrarrevolucionaria de Rostov. El enemigo concentró, por lo menos, cuarenta regimientos reclutados en el Don, en Kiev (¡los regimientos de oficiales de Skoropadski!), en el Kubán (¡los “voluntarios” de Alexéiev!). Pero el puño de acero de nuestro Ejército Rojo repelió también en esta ocasión a las bandas de Krasnov, siendo de notar que nuestras tropas cercaron y aniquilaron a diversos regimientos del enemigo, quien dejó en nuestro poder cañones, ametralladoras y fusiles. Los generales Mámontov, Antónov, Popov, Tolkushkin y toda una traílla de coroneles hubieron de salvarse dándose a la fuga.

¿En que reside la fuerza de nuestro ejército? Los éxitos de nuestro ejército se deben, ante todo, a su conciencia y a su disciplina. Los soldados de Kasnov se distinguen por su asombrosa cerrazón mental y su ignorancia, por su absoluto aislamiento del mundo exterior. No saben por qué combaten. “Nos lo han ordenado, y estamos obligados a combatir”, dicen en los interrogatorios al ser hechos prisioneros. Nuestro soldado rojo es bien distinto. Se llama con orgullo soldado de la revolución, sabe que no se bate por las ganancias de los capitalistas, sino por la liberación de Rusia, y, por saberlo, va audazmente al combate con los ojos abiertos. El ansia de orden y de disciplina entre los soldados rojos llega hasta tal punto, que con frecuencia ellos mismos imponen castigos a sus camaradas “desobedientes” y poco disciplinados. No menos importancia tiene la aparición de todo un cuerpo de oficiales rojos, salidos de entre los soldados que han recibido el bautismo de fuego en diversas batallas. Estos oficiales rojos constituyen la argamasa fundamental de nuestro ejército, cementándolo en un organismo único y disciplinado. Pero la fuerza del ejército no reside sólo en sus cualidades intrínsecas. Un ejército no puede existir mucho tiempo sin una sólida retaguardia. Para la firmeza del frente, es necesario que el ejército reciba con regularidad refuerzos, municiones y comestibles de la retaguardia. En este aspecto, ha desempeñado un gran papel la aparición, en la retaguardia, de administradores expertos y competentes, surgidos en su mayoría de entre los obreros de vanguardia, administradores que trabajan escrupulosa e infatigablemente en la movilización y el abastecimiento. Puede decirse con seguridad que Tsaritsin no habría podido salvarse sin tales

administradores. Todo esto hace de nuestro ejército una fuerza temible, capaz de romper cualquier resistencia del enemigo. Todo concurre a que en el Sur se esté formando un nuevo nudo internacional. La aparición, en Ekaterinodar, de un “nuevo” “gobierno de toda Rusia”, integrado por testaferros de Inglaterra; el agrupamiento de los tres ejércitos contrarrevolucionarios (el de Alexéiev, el de Skoropadski y el de Kasnov), derrotados ya en una ocasión por nuestras tropas a las puertas de Tsaritsin; los rumores acerca de una presunta ingerencia de Inglaterra; el abastecimiento por Inglaterra a los contrarrevolucionarios del Térek desde Erizeli y Krasnovodsk: nada de esto son casualidades. Se trata de reanudar ahora en el Sur la aventura fracasada en Samara. Pero no tendrán -es seguro que no tendrán- el elemento sin el cual es inconcebible la victoria, es decir, no tendrán un ejército con fe en la negra causa de la contrarrevolución y capaz de luchar hasta el final. Bastará un embate poderoso para que el castillo de naipes de los aventureros contrarrevolucionarios se derrumbe. Así lo garantizan el heroísmo de nuestro ejército, la disgregación en las filas de las “tropas” de Krasnov y Alexéiev, la creciente efervescencia en Ucrania, el ascendente poderío de la Rusia Soviética y, en fin, el movimiento revolucionario en el Occidente, que no cesa de intensificarse. La aventura del Sur terminará lo mismo que terminó la aventura de Samara.

Publicado el 30 de octubre de 1918 en el núm. 235 de “Pravda”.