Antes de su regreso al Frente Sur, el comisario del pueblo para las nacionalidades, camarada Stalin, compartió con nuestro colaborador sus impresiones sobre la situación en el frente de Tsaritsin.

— Ante todo —dijo el camarada Stalin— hay que señalar dos fenómenos alentadores: primero, la aparición en la retaguardia del frente de administradores salidos de las filas obreras, que saben no solo agitar a favor del poder soviético, sino también construir el Estado sobre nuevos principios comunistas; y segundo, la aparición de un nuevo mando surgido de entre los oficiales que salieron de la tropa y adquirieron experiencia práctica en la guerra imperialista, al que los soldados del Ejército Rojo confían plenamente.

Gracias al cambio operado en el estado de ánimo de la población, que ha comprendido la necesidad de empuñar las armas contra las bandas de contrarrevolucionarios, la movilización se desarrolla de manera brillante.

En todas nuestras unidades existe una disciplina firme. Las relaciones entre los combatientes del Ejército Rojo y el mando no dejan nada que desear.

— ¿Cómo está la cuestión alimentaria en el ejército?

— Hablando con propiedad, en nuestro ejército tal cuestión no existe. Gracias al sistema bien organizado de puntos de base, establecidos por los propios sectores de combate, el frente no padece escasez de alimentos. En la actualidad, la ración diaria del combatiente del Ejército Rojo consta de 2 libras de pan, carne, patatas y col.

Todo el abastecimiento alimentario en el frente está a cargo de la comisión militar-alimentaria del Consejo Militar Revolucionario Supremo de la República, que ha organizado un abastecimiento regular de las unidades del frente.

La agitación en el frente se realiza, según palabras del camarada Stalin, mediante la distribución de los periódicos «Soldát Revoliutsii» y «Borbá», folletos, hojas volantes, etc. El estado de ánimo entre las tropas es animado y confiado.

Un gran defecto en el equipamiento de nuestro ejército es la falta de un uniforme determinado para los soldados. Sería deseable elaborar cuanto antes un nuevo uniforme para los soldados e introducirlo de inmediato en el frente.

El último decreto del Comité Ejecutivo Central sobre la premiación de las acciones heroicas de combatientes individuales del Ejército Rojo y de unidades enteras mediante la entrega a los primeros de insignias distintivas y a las segundas de estandartes tiene, según palabras del camarada Stalin, una importancia enorme.

Ya antes, antes de la publicación de este decreto, las unidades que recibían estandartes revolucionarios luchaban después como leones.

En cuanto al estado de las unidades enemigas que se nos enfrentan, el 90% de ellas está compuesto por los llamados forasteros, en su mayoría ucranianos, y oficiales voluntarios. Los cosacos no pasan del 10%. La ventaja del enemigo consiste en que dispone de caballería móvil, que entre nosotros se encuentra todavía en estado embrionario.

En conclusión, debo decir que mientras entre nosotros se produce la consolidación y cohesión de las unidades de combate, en el adversario se da una completa descomposición.

«Izvestia» n.o 205,

21 de septiembre de 1918