No cabe duda de que el envío de unidades está mejor organizado ahora que hace unos tres meses, pero también es evidente para mí que ni el Comandante en Jefe ni su Jefe de Estado Mayor, conocen las unidades enviadas a Petrogrado. De ahí vienen sorpresas como la de mandar bajo el rótulo de regimientos de la 2a brigada, o de la brigada de caballería de Kazán unidades casi en cuadro. En todo caso, Petrogrado ha recibido hasta ahora un total de seiscientos alumnos de las escuelas militares verdaderamente aptos para el combate. Pero no se trata, claro está, del número, sino de la calidad de las unidades. Necesitamos, en resumidas cuentas, tres regimientos de infantería, aptos, naturalmente, para combatir, y uno, por lo menos, de caballería, para echar a toda la jauría al otro lado del Narva. Si hubiera podido usted cumplir oportunamente este pequeño ruego, los estonianos ya habrían sido expulsados ayer. Por lo demás, no hay motivo para inquietarse, pues la situación en el frente es ahora firme, se ha reforzado la línea, y nuestras tropas avanzan ya en algunos sectores. Hoy he visto nuestras fortificaciones de Carelia y me parece que, en general, la situación es soportable. Los finlandeses guardan obstinadamente silencio, y es extraño que no hayan aprovechado la ocasión, aunque esto debe atribuirse a que su situación en el interior es cada vez más inestable, según nos aseguran camaradas finlandeses bien informados. Hoy me han mostrado la proposición del Comandante en Jefe de reducir la flota en vista de la crisis de combustible.

Con este motivo, me he reunido con todos nuestros cuadros marinos dirigentes y he llegado al convencimiento de que la proposición del Comandante en Jefe es totalmente desacertada. Razones: primero, en caso de ser convertidas en balsas flotantes, las grandes unidades de la flota no podrán utilizar las piezas de tiro, es decir, éstas simplemente no harán fuego, pues hay una relación directa entre el movimiento de los barcos y la acción de sus cañones; segundo, no es cierto que carezcamos de proyectiles de grueso calibre, pues en estos días se han “descubierto” doce barcazas de proyectiles; tercero, la crisis de combustible cede, pues ya hemos conseguido reunir cuatrocientos veinte mil puds de carbón, sin contar el mazut, y recibimos un tren diario de carbón; cuarto, me he convencido de que nuestra flota va transformándose en una verdadera flota, con marinos disciplinados y dispuestos a defender Petrogrado con todas sus fuerzas. No quiero citar aquí el número de unidades preparadas ya para combatir, pero considero mi deber decir que con las fuerzas navales existentes podríamos defender con honor Petrogrado de cualquier ataque desde el mar. En vista de todo ello, insisto, lo mismo que todos los camaradas de Petrogrado, en que sean rechazadas las proposiciones del Comandante en Jefe. Considero, además, absolutamente necesario elevar el suministro de carbón a dos trenes diarios, durante tres o cuatro semanas. Esto permitirá, a juicio de nuestros cuadros marinos dirigentes, el total resurgimiento de nuestra flota de superficie y submarina. Stalin

Escrito el 25 de mayo de 1919. Publicado por primera vez en la recopilación “Documentos de la heroica defensa de Petrogrado en 1919”, Moscú. 1941.