Considero necesario llamar su atención acerca de las siguientes cuestiones. Primero. Kolchak es el enemigo más serio, pues tiene bastante espacio para retroceder, bastante material humano para el ejército y una retaguardia rica en cereales. En comparación con Kolchak, el general Rodzianko es una mosca, porque no tiene ni cereales en la retaguardia, ni espacio para retroceder, ni suficiente material humano. La movilización de veinte quintas, que por esta última causa tiene que realizar ahora en sus dos o tres distritos, está llamada a ser su tumba, pues los campesinos no podrán soportar tal movilización y volverán irremisiblemente la espalda a Rodzianko. Por eso no se debe, de ninguna de las maneras, sacar del Frente del Este para el Frente de Petrogrado un número de unidades que pueda obligamos a detener la ofensiva en el Frente del Este. Para rechazar a Rodzianko hasta la frontera de Estlandia (no tenemos por qué ir más allá), basta con sacar una división, cosa que no implicaría la detención de la ofensiva en el Frente del Este. Le ruego que preste a lo dicho, particular atención. Segundo. Se ha descubierto un vasto complot en la zona de Cronstadt. Están complicados en él los jefes de batería de todos los fuertes del sector fortificado de Cronstadt. El objetivo del complot era apoderarse de la fortaleza, hacerse con la flota, abrir fuego contra la retaguardia de nuestras tropas y despejar a Rodzianko el camino de Petrogrado. Los documentos correspondientes obran en nuestro poder.

Ahora comprendo por qué Rodzianko avanzaba con tanta desfachatez sobre Petrogrado con fuerzas relativamente pequeñas. También se comprende la insolencia de los finlandeses. Se comprende la deserción en masa de nuestros oficiales con mando. Se comprende también el extraño hecho de que los buques ingleses desapareciesen con rumbo desconocido en el momento en que se producía la traición de Krásnaia Gorka; por lo visto, los ingleses no estimaban “conveniente” mezclarse de manera directa en el asunto (¡intervención!) y preferían presentarse luego, una vez que la fortaleza y la flota estuviesen en manos de los blancos, para “ayudar al pueblo ruso” a organizar el nuevo “régimen democrático”. Es evidente que Rodzianko y Yudénich (a este último llevan todos los hilos del complot, financiado por Inglaterra a través de las embajadas italiana, suiza y danesa) basaban todo su plan en el éxito del complot, que, así lo espero, hemos aplastado en germen (todos los complicados han sido detenidos y la investigación continúa). Ruego que no se guarden miramientos con los empleados de las embajadas detenidos y se les mantenga rigurosamente confinados hasta el fin de la investigación, que está descubriendo numerosos hilos nuevos. Le daré más detalles dentro de tres o cuatro días, pues pienso ir a Moscú por veinticuatro horas, si usted no tiene nada que oponer a este viaje. Le envío el mapa. No he podido hacerlo antes, porque todo el tiempo he estado fuera, ocupado en asuntos relacionados con el frente, en la mayoría de los casos en el frente mismo. Stalin 18 de junio de 1919, a las 3 de la madrugada.

Publicado por primera vez el 23 de febrero de 1941 en el núm. 53 de “Pravda”.