Al camarada Lenin La situación en el Frente del Oeste es cada día más peligrosa. Las viejas unidades del XVI Ejército, maltrechas y cansadas, a las que acosa el enemigo más activo del Frente del Oeste -los polacos-, además de no resistir la embestida y de ser impotentes para defenderse, han perdido la capacidad de proteger las baterías en retirada, que, naturalmente, caen en manos del enemigo. Temo que, con sus unidades en tal estado, el XVI Ejército pueda quedarse, en el proceso de la retirada al Bereziná, sin cañones y sin cuerpo de tren. Existe también el peligro de que los maltrechos y absolutamente desmoralizados cuadros de la mayoría de los regimientos sean pronto incapaces de asimilar los refuerzos, que -debo decirlo- llegan con un retraso espantoso. El enemigo empuja hacia el Bereziná siguiendo dos líneas fundamentales: en dirección a Borísov y en dirección a Slutsk-Bobruisk. Empuja con éxito, porque ya ha avanzado unas treinta verstas hacia Borísov, y en el Sur, después de haber tomado Slutsk, se ha hecho con la llave de Bobruisk, una magnífica carretera, la única de esta zona. En caso de que Borísov sea tomado y, debido a ello, tenga probablemente que replegarse la 17a división del XVI Ejército, completamente deshecha, el XV Ejército se verá en peligro, y Pólotsk y Dvirisk, bajo una amenaza directa. En caso de que el enemigo tome Bobruisk y descargue su golpe sobre Réchitsa (éste es su objetivo inmediato), todo el grupo del XVI Ejército en el Prípiat, es decir, la 8a división, sufrirá automáticamente un desastre, Gómel se verá amenazado de un modo directo, y el flanco del XII Ejército quedará desguarnecido.

Resumiendo: si dejamos que el enemigo machaque a nuestro XVI Ejército, cosa que ya está haciendo, pondremos en situación difícil a los Ejércitos XV y XII, y entonces tendremos que recomponer, no ya el XVI Ejército, sino todo el frente, y a un precio mucho mayor. Evidentemente, nos encontramos más o menos en la misma situación en que se hallaba el Frente del Este el año pasado, cuando Vacietis y Kostiáev dejaron que Kolchak machacara primero al III Ejército, después al II y, finalmente, al V, con lo que, sin ninguna necesidad, echaron a perder la situación de todo el frente por seis meses largos. Esta perspectiva tiene todas las probabilidades de convertirse en realidad en el Frente del Oeste. Ya he escrito antes que el Frente del Oeste parece un vestido hecho de retazos, imposible de remendar si no se tienen preparadas reservas, y que basta un solo golpe serio del enemigo en un punto importante para que todo el frente vacile, mejor dicho, se tambalee. Desgraciadamente, esos temores míos ya empiezan a confirmarse. Entretanto, el enemigo en el Oeste, que está unido bajo un mando único, aun no ha lanzado al combate los cuerpos de ejército rusos que tiene ya dispuestos, o casi dispuestos, en Riga, Varsovia y Kishiniov. Hace unas tres semanas, yo consideraba suficiente una división para desarrollar una ofensiva y ocupar los nudos de Molodiechno y Baránovichi. Ahora, una división quizá no baste siquiera para sostenerse en la línea Borísov-Bobruisk-Mózir. Ni soñar se puede con una ofensiva victoriosa, porque para ello harían falta hoy (11 de agosto) dos o tres divisiones, por lo menos. Ahora, resuelvan ustedes mismos si pueden darnos una división, aunque sea por brigadas, o si van a dejar que el enemigo destruya el XVI Ejército, que ya está desmoronado. Pero resuelvan ustedes sin dilación, porque cada hora es preciosa. Suyo, J. Stalin

P.S. Esta carta ha sido leída y aprobada por todos los miembros del Consejo Militar Revolucionario del Frente del Oeste, incluido el jefe del frente. Una comunicación idéntica será enviada dentro de unos días al Consejo Militar Revolucionario de la República. J. St. Srnoliensk, 11 de agosto de 1919.

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