22 de noviembre de 1919 Camaradas: El Comité Central del Partido Comunista me ha encomendado inaugurar el II Congreso de representantes de las organizaciones comunistas musulmanas del Oriente. Ha pasado un año desde que se celebró el I Congreso. En ese tiempo han ocurrido dos importantes acontecimientos en la historia del socialismo. El primero es la revolucionarización de la Europa Occidental y de América y el nacimiento de Partidos Comunistas allí, en el Occidente; el segundo acontecimiento es el despertar de los pueblos orientales, el desarrollo del movimiento revolucionario en el Oriente, entre los pueblos oprimidos del Oriente. Allí, en el Occidente, los proletarios amenazan con aplastar la vanguardia de las potencias imperialistas y con tomar el Poder en sus manos. Aquí, los proletarios amenazan con destruir la retaguardia del imperialismo, el Oriente, manantial de riquezas, porque el Oriente es la base sobre la que el imperialismo erige su riqueza; de aquí saca fuerzas y aquí se propone retirarse si es derrotado en la Europa Occidental. Hace un año, en el Occidente, el imperialismo mundial amenazaba con establecer un estrecho cerco en torno de la Rusia Soviética. Ahora resulta que el propio imperialismo está cercado, porque le golpean en los flancos y en la retaguardia. Hace un año, cuando los delegados al I Congreso Musulmán de los Pueblos del Oriente se disponían a regresar a los lugares de procedencia, juraron que harían todo lo posible para sacar de su letargo a los pueblos del Oriente y para tender un puente entre la revolución en el Occidente y los pueblos oprimidos del Oriente.

Ahora, al analizar este trabajo, podemos comprobar con satisfacción que esa labor revolucionaria no ha sido vana, que el puente contra quienes estrangulan la libertad, de todos los pueblos oprimidos se ha tendido. Finalmente, en el impetuoso avance de nuestras fuerzas, de nuestras tropas rojas hacia el Este, vuestro trabajo, camaradas delegados, ha desempeñado, naturalmente, un papel de no poca importancia. Si el camino del Este lo tenemos hoy abierto, eso también lo debe la revolución a los inmensos esfuerzos de los camaradas delegados, a la labor que ellos han venido desplegando en los últimos tiempos. Sólo la cohesión de las organizaciones comunistas musulmanas de los pueblos del Oriente -en primer lugar, de los tártaros, de los bashkires, de los kirguises y de los pueblos del Turkestán- puede explicar el rápido desarrollo de los acontecimientos que observamos en el Oriente. No dudo, camaradas, de que este II Congreso, superior al I Congreso cuantitativa y cualitativamente, sabrá proseguir la labor iniciada, la labor de despertar a los pueblos del Oriente, la labor de afianzar el puente tendido entre el Occidente y el Oriente, la labor de emancipar a las masas trabajadoras del yugo secular del imperialismo. Confiemos en que la bandera enarbolada por el I Congreso, la bandera de la liberación de las masas trabajadoras del Oriente, la bandera de la destrucción del imperialismo, será llevada con honor hasta la meta por los militantes de las organizaciones comunistas musulmanas. (Aplausos.)

Publicado el 7 de diciembre de 1919 en el núm. 46 de “Zhizn Natsionálnostei”.