1918.

Cuadro general del desastre. La inevitabilidad del desastre se hizo patente ya a fines de noviembre, cuando el enemigo, después de rodear en semicírculo al Tercer Ejército, siguiendo la línea Nadiézlidinski-Verioturie-Baránchinski- Rozhdiéstvenski-margen izquierda del Kama y realizando fuertes demostraciones con su ala derecha, desarrolló una furiosa ofensiva sobre Kushva. El Tercer Ejército constaba en ese momento de la 30ª división, la 5ª división, una brigada especial, un destacamento especial y la 29ª división, con un total aproximado de 35.000 bayonetas y sables, 571 ametralladoras y 115 piezas de artillería (v. el "Estadillo de personal, armamento y servicios de retaguardia"). La moral y la capacidad combativa del ejército eran lamentables, debido al cansancio de las unidades después de 6 meses de combates sin relevo. No había reservas en absoluto. La retaguardia estaba por completo desguarnecida (la vía férrea había sido volada en varios puntos de la zona de retaguardia del ejército). El aprovisionamiento del ejército era ocasional e inseguro (en el momento más difícil del impetuoso empuje contra la 29ª división, las unidades de ésta se batieron durante cinco días materialmente sin pan y sin víveres de ninguna clase).

No obstante ocupar una posición de flanco, el Tercer Ejército carecía de protección contra un posible envolvimiento por el Norte (no habían sido tomadas medidas para destacar un grupo especial de unidades al extremo flanco izquierdo del ejército, a fin de prevenir el envolvimiento). En cuanto al extremo flanco derecho, el Segundo Ejército vecino, inmovilizado por una vaga directiva del Comandante en Jefe (la de no hacer entrar en combate, al Segundo Ejército después de la torna de Izhevsk y Vótkinsk, ya que había de recibir nuevo destino) y forzado a permanecer sin moverse del sitio durante diez días, en el momento más crítico (finales de noviembre), cuando la entrega de Kushva era inminente, no pudo avanzar para prestar ayuda a tiempo al Tercer Ejército. Así, pues, el Tercer Ejército, abandonado a su suerte (en el Sur) y sin protección contra las operaciones envolventes del enemigo (en el Norte), cansado y maltrecho, sin reservas y sin una retaguardia más o menos asegurada, mal abastecido (29ª división) y mal calzado (30ª división), con un frío de 35 grados bajo cero, extendido en un inmenso frente, entre Nadíézhdinski y la margen izquierda del Kama, al Sur de Osá (más de 400 verstas), con un Estado Mayor débil y poco experto, no pudo, naturalmente, resistir el empuje de fuerzas frescas y superiores del enemigo (cinco divisiones), que disponía, además, de mandos expertos.

El 30 de noviembre, el enemigo ocupa la estación de Víya y, después de aislar a nuestro flanco izquierdo del centro, aniquila casi por entero, a la 3ª brigada de la 29ª división (se salvaron solamente el jefe de la brigada, el jefe del E. M. y el comisario; el tren blindado Nº 9 cayó en poder del enemigo). El 1 de diciembre, el enemigo ocupa la estación de Krutói Log en el sector de Lisva y se apodera de nuestro tren blindado Nº 2. El 3 de diciembre, el enemigo toma Kúslivinski Zavod (Verjoturie y toda la zona Norte, aislados del centro, son abandonados por nuestras unidades). El 7 de diciembre, el enemigo ocupa Bíser; el 9 de diciembre, Lisva; entro el 12 y el 15 de diciembre, las estaciones de Chusovskaia, Kálino y Selianka, pasándose al enemigo el batallón soviético de reclutas Nº 1. El 20 de diciembre, el enemigo ocupa la estación de Valiézhnaia; el 21 de diciembre, Gorí y Mostovaia, pasándose al enemigo el regimiento soviético de cazadores Nº 1. En plena retirada de nuestras unidades, el enemigo se acerca a Motovílija. En la noche del 24 al 25, el enemigo ocupa Perm sin combate.

La sedicente defensa artillería de la ciudad resultó ser pura fantasía y dejó en poder del enemigo 29 piezas. Así, pues, retirándose desordenadamente, el ejército recorrió en 20 días más de 300 verstas, desde Verjoturie hasta Perm, perdiendo en ese tiempo 18.000 hombres, decenas de piezas de artillería y centenares de ametralladoras. (Después de la caída de Perm, el Tercer Ejército constaba ya de dos divisiones, con 17.000 bayonetas y sables, en lugar de 35.000; con 323 ametralladoras, en lugar de 571, y con 78 piezas de artillería, en lugar de 115. (Véase el "Estadillo de personal, armamento y servicios de retaguardia"). Esto no ha sido, propiamente hablando, una retirada; menos todavía se le puede llamar repliegue organizado de las unidades a nuevas posiciones. Ha sido una verdadera desbandada de un ejército en plena derrota, completamente desmoralizado, con un Estado Mayor incapaz de comprender la situación y de prever, más o menos, el inevitable desastre, incapaz de tornar a tiempo medidas para salvar el ejército, replegándose a posiciones preparadas de antemano, aun a costa de perder territorio. Las

jeremiadas del Consejo Militar Revolucionario y del Estado Mayor del Tercer Ejército sobre lo "inesperado" de la catástrofe demuestran únicamente la falta de ligazón de esos organismos con el ejército, la incomprensión de los fatales acontecimientos que se han desarrollado en las zonas de Kushva y Lisva y su ineptitud para dirigir las operaciones del ejército. Todas estas circunstancias han motivado la confusión y el desbarajuste inauditos que caracterizan la evacuación completamente desordenada de varias ciudades y lugares en la zona del Tercer Ejército, el vergonzoso asunto de la voladura del puente y de la destrucción del material abandonado y, por último, la protección de la ciudad y la sedicente defensa artillería de la misma. Aunque ya en el mes de agosto comenzó a hablarse de evacuación, no se hizo nada o casi nada para organizarla en la práctica. Nadie, ni una sola organización, intentó llamar al orden a la Junta Central, que entorpecía la labor de los distintos organismos y debatía interminablemente el plan de evacuación, pero que no hizo nada, absolutamente nada, para organizarla (ni siquiera el inventario de "su propia impedimenta"). Nadie, ni un solo organismo, trató de establecer un verdadero control sobre la Dirección de Ferrocarriles de la Zona de los Urales, que manifestó una sospechosa ineptitud en la lucha contra el sabotaje hábilmente organizado por los empleados ferroviarios.

El que Stógov, jefe de comunicaciones militares, fuese nombrado el 12 de diciembre jefe de la evacuación, no mejoró las cosas en lo más mínimo, pues, pese a su solemne compromiso de evacuar Perm sin demora alguna ("respondo con la cabeza de que evacuaré todo"), resultó que no tenía ni plan de evacuación, ni personal para llevarla a cabo, ni tropas para cortar los intentos de "evacuación" espontánea y desordenada hechos por algunos organismos y unidades militares desorganizadas (incautación de locomotoras y vagones, etc.). Resultados: se evacuó toda clase de menudencias, sillas rotas y otros trastos viejos, mientras quedaron sin evacuar trenes cargados con maquinaria y piezas de la fábrica de Motovílija y de la Flotilla del Kama, trenes con heridos, depósitos de ejes americanos deficitarios, centenares de locomotoras en buen estado y otros valiosos materiales. El Comité Regional del Partido, el Soviet Regional, el Consejo Militar Revolucionario y el Estado Mayor del ejército no podían desconocer todo esto; pero, por lo visto, "no se inmiscuían" en el asunto, pues la investigación practicada demuestra que no controlaron de un modo sistemático la actividad de los organismos encargados de la evacuación. Las aseveraciones del Estado Mayor del ejército acerca de la defensa artillería de Perm, hechas ya en el mes de octubre, no eran más que palabras vacías, pues 26 piezas (y tres más, algo averiadas) con todos sus aperos y animales de tiro fueron abandonadas al enemigo sin haber hecho un solo disparo.

La investigación practicada demuestra que si el Estado Mayor se hubiera molestado en comprobar lo hecho por el jefe de brigada en cuanto al emplazamiento de las piezas, hubiese visto que, en la situación de retirada en desorden de las unidades militares y de desorganización general, la víspera de la caída de Perm (23 de diciembre), cuando el jefe de brigada, desobedeciendo la orden recibida, difirió el emplazamiento de las piezas hasta el 24 de diciembre (este jefe de brigada desertó al enemigo ese mismo día), se podía pensar únicamente en salvar las propias piezas, retirándolas o, por lo menos, inutilizándolas, pero de ningún modo en la defensa artillería. Sólo la incuria y el desbarajuste reinantes en el E. M. pueden explicar que no se hiciera ni una cosa ni otra. Ese mismo desbarajuste y esa misma falta de organización se manifiestan en la cuestión de la voladura del puente del Kama y en la destrucción del material abandonado en Perm. El puente había sido minado varios meses antes de la caída de Perm, sin que nadie comprobara después el estado del dispositivo y de la carga (nadie se atreve a afirmar que el dispositivo y la carga se hallaran en buenas condiciones en vísperas de la proyectada voladura).

Se encargó de volar el puente a un camarada "de toda confianza" (Medviédev), pero nadie se atreve a afirmar que la guardia del puente fuera de toda confianza, que no abandonara a Medviédev hasta el momento mismo de la proyectada voladura ni que la seguridad personal de Medvíédev estuviera completamente garantizada por la guardia contra cualquier atentado de los agentes de los guardias blancos. A causa de ello no es posible establecer: 1) si, en efecto, Medviédev fue muerto por los agentes de los guardias blancos momentos antes de la voladura, cuando la guardia del puente huyó "no se sabe a dónde" (como suponen algunos); 2) si el propio Medviédev huyó, sin haber querido volar el puente; 3) o si, Medviédev hizo todo cuanto pudo para volar el puente, pero éste no voló por haber sido averiados los cables y las cargas, a consecuencia, tal vez, del fuego artillero con que el enemigo batió el puente, o quizá antes, y tal vez Medviédev fuera muerto después, al irrumpir el enemigo. Además, ni el Consejo Militar Revolucionario ni el Estado Mayor del ejército se preocuparon de responsabilizar concreta y exactamente de la inutilización del material no evacuado a ningún organismo o persona determinada. Es más: los organismos indicados no han podido presentar la orden formal (por escrito) para la voladura o inutilización obligatoria de las instalaciones y material abandonados. Ello explica la inutilización (quema), por iniciativa propia, de material, en su mayor parte de escaso valor (vagones, por ejemplo),

mientras se dejaba intacto material de la mayor importancia (tejidos, vestuario y demás). Por cierto que algunas personas con cargos públicos (estas personas no han sido localizadas) prohibieron quemar y volar lo que no se evacuaba, con objeto de "evitar el pánico". A este cuadro de caos y de desorganización general del ejército y de la retaguardia, de desbarajuste y de irresponsabilidad en los organismos del ejército, del Partido y de los Soviets, hay que añadir la inaudita deserción de funcionarios responsables, que se han pasado al enemigo casi en bloque. Entre los que se quedaron en Perm, desertando al enemigo, figuran: el ingeniero Banin, jefe de fortificaciones, con todo su personal; el ingeniero de ferrocarriles Adriánovski con toda la plantilla de especialistas de la Dirección de Ferrocarriles de la Zona; Sujorski, jefe de la sección de comunicaciones militares, y su personal; Bukin, jefe de la sección de movilización del Comisariado Militar de la Zona, y su personal; Ufímtsev, comandante del batallón de guardia; Valíuzhénich, comandante de la brigada de artillería; Eskin, jefe de la sección organizadora de unidades especiales; el comandante del batallón de ingenieros, con su ayudante; los comandantes militares de las estaciones de Perm I y Perm II; la sección de estadística de la Dirección, de Aprovisionamiento del Ejército en pleno; la mitad de los miembros de la Junta Central, y muchos otros.

Todo eso no podía por menos de agravar el pánico general, que no sólo se apoderó de las unidades en retirada, sino también del Comité Revolucionario, formado en vísperas de la caída de Perm y que fue incapaz de mantener en la ciudad el orden revolucionario, y del Comisariado Militar Provincial, que perdió el enlace con las diferentes partes de la ciudad, lo que tuvo por consecuencia el abandono, en Perm, de dos compañías del batallón de guardia, pasadas después a cuchillo por los blancos, y la pérdida de un batallón de esquiadores, que corrió la misma suerte. El tiroteo hábilmente organizado con fines de provocación por los agentes de los blancos en distintas partes de la ciudad (el 23 y el 24 de diciembre), exacerbó e hizo cundir el pánico general.

El tercer ejército y las reservas. El cansancio del Tercer Ejército (incesantes combates sin relevo durante seis meses) y la falta de reservas un tanto seguras fueron la causa directa de la derrota. Extendido en delgado cordón en un frente de 400 verstas y expuesto a ser envuelto por el Norte -lo que lo obligaba a estirarse aun más en dicha dirección-, el Tercer Ejército representaba para el enemigo el objetivo más propicio para romper el frente por cualquier sitio. El Consejo Militar Revolucionario del Frente del Este y el de la República estaban ya al tanto, en el mes de septiembre, de esta situación y de la falta de reservas (v. en el "Anexo" los telegramas de personas responsables del Tercer Ejército, pidiendo "relevo" y "reservas" e informando del cansancio de las unidades del Tercer Ejército y demás), pero el Centro Militar no enviaba reservas o enviaba una menudencia inservible. A primeros de diciembre, después de la pérdida de Kushva, son mucho más frecuentes las peticiones de relevo y las referencias al cansancio del ejército. El 6 de diciembre, Lashévich (jefe del ejército) se dirige al Frente del Este, solicitando el envío de reservas, en vista de lo desesperado de la situación, pero Smilga (Frente del Este) responde que, "por desgracia, no habrá refuerzos". El 11 de diciembre, Trífonov, miembro del Consejo Militar Revolucionario del Tercer Ejército, comunica a Smilga (Frente del Este) por hilo directo: "Es muy probable que en los días próximos nos veamos obligados a abandonar Perm. Nos bastaría con dos o tres regimientos fuertes. Trate de sacarlos de Viatka o del punto más próximo". Respuesta de Smilga (Frente del Este): "No habrá refuerzos. El Comandante en Jefe se ha negado a prestar ayuda". (V. el "Anexo".)

De agosto a diciembre llegaron, para reforzar al Tercer Ejercito, por orden del Centro, 13.153 hombres en total, con 3.388 bayonetas, 134 ametralladoras, 22 piezas de artillería y 977 caballos. De estos efectivos, el 1º regimiento de marina de Cronstadt (1.248 hombres) se rindió al enemigo, el 11º batallón especial de infantería de marina (834 hombres) se dispersó, la 5ª batería de campaña de la fortaleza de Cronstadt fue arrestada por haber asesinado brutalmente a su comandante, los finlandeses y los estonianos, (1.214 hombres) fueron reclamados y devueltos al Oeste. En cuanto a la orden, prometida por el Centro, para el envío de 22 compañías, no pasé de ser una simple promesa. La 3ª brigada (tres regimientos) de la 7ª división prometida por el Centro, no llegó a Glázov hasta primeros de enero, cuando ya había caído Perm. Por cierto que el primer contacto con la brigada mostró que no tenía nada de común con el Ejército Rojo (moral manifiestamente contrarrevolucionaria; animosidad contra el Poder Soviético; existencia, en el interior de la brigada, de un grupo compacto de elementos kulaks, amenazas de "entregar Viatka", etc.). La brigada no está, además, preparada para combatir (no sabe hacer fuego, su cuerpo de tren, es de verano), los jefes no conocen sus regimientos, el trabajo político es irrisorio. Sólo después de una depuración, que duró tres o cuatro semanas, y de un minucioso tamizado de la brigada, después de haber incorporado a buen número de comunistas en calidad de soldados rasos y de haber realizado una intensísima labor política, se ha conseguido transformarla, para fines de enero, en una unidad apta para el combate (de los 3 regimientos que forman la brigada, uno ha sido

enviado al frente el 20 de enero, otro no podrá serlo antes del 30 de enero, y el tercero, el 10 de febrero, lo más pronto). Esos mismos defectos en nuestro sistema de formación de unidades los confirma la historia del 10º regimiento de caballería y del 10º regimiento de ingenieros, alojados en Ocherski Zavod (ambos regimientos formados por el Comisariado Militar de la Zona de los Urales), el primero de los cuales atacó a nuestras unidades por la retaguardia, lo que intentó hacer también el segundo, aunque infructuosamente, gracias a las oportunas medidas preventivas. Las deficiencias en el sistema de formación de unidades se explican por la siguiente circunstancia. Hasta fines de mayo, la formación de unidades del Ejército Rojo (bajo la dirección de la Junta de Formación de Unidades Militares de toda Rusia) se efectuaba según el principio de la voluntariedad, sobre la base de incorporar al ejército a los obreros y a los campesinos que no exploten trabajo ajeno (v. la "ficha de identidad" y la "ficha personal" hechas por la Junta de Formación de Unidades Militares de toda Rusia). Es posible que a ésta, entre otras razones, se deba la firmeza de las unidades del período voluntario.

A partir de finales de mayo, al ser disuelta la Junta y al encomendar la formación de unidades al Estado Mayor Central de toda Rusia, la situación ha ido empeorando. El Estado Mayor Central ha calcado íntegramente el sistema de formación del período zarista, incorporando al servicio en las filas del Ejército Rojo a todos los movilizados sin distinción de bienes de fortuna, mientras que los apartados de la "ficha personal" de la Junta de Formación de Unidades Militares de toda Rusia, en los que se hacía constar la situación de bienes de fortuna de los movilizados, fueron excluidos de la "Ficha personal y estadística" hecha por el Estado Mayor Central de toda Rusia (v. la "Ficha personal y estadística" del E.M.C.). Es verdad que el 12 de junio de 1918 apareció el primer decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo disponiendo la movilización de los obreros y de los campesinos que no exploten trabajo ajeno, pero, evidentemente, tal decreto no se ha reflejado ni en la labor práctica, ni en las disposiciones del E.M.C., ni en la "ficha personal y estadística". Esta es la razón principal de que, como fruto del trabajo de nuestros organismos de formación de unidades, resultara, más que un Ejército Rojo, un "ejército nacional".

Sólo a mediados de enero, cuando la Comisión del Consejo de Defensa, poniendo al Comisariado Militar de la Zona de los Urales entre la espada y la pared, le exigió todos los documentos y disposiciones del E.M.C. sobre los métodos de formación de unidades, solamente después de esto, el E.M.C., de toda Rusia se dignó pensar seriamente en el sistema de formación de unidades y transmitió a todos los Comisariados Militares de Zona la siguiente orden telegráfica: "Llénense los apartados 14, 15 y 16 de la ficha personal y estadística, indicando la filiación política, si explota (el llamado a filas) trabajo ajeno y si ha pasado el curso de instrucción militar general" (esta orden telegráfica del E.M.C. fue transmitida el 18 de enero de 1919. V. el "Anexo"). Eso, después de que 11 divisiones se consideraban ya formadas antes del 1 de diciembre y parte de las cuales, enviadas al frente, manifestaron todos los rasgos propios de las unidades de los guardias blancos. Los defectos en el sistema de formación de unidades se fueron agravando debido a la asombrosa incuria manifestada por el Comisariado Militar de la Zona en el mantenimiento de las unidades formadas (mala alimentación, mal vestuario, falta de baños, etc.

V. el "Informe de la Comisión Investigadora designada por el Comité del Partido de Viatka") y a la designación, sin discernimiento alguno, para puestos de mando, de ofíciales no comprobados, que no pocas veces embaucaban a las unidades para que se pasaran al enemigo. Por último, el E.M.C. no tomó medidas para que los movilizados de un sitio fueran trasladados a otros lugares de encuadramiento (a otra zona), lo que hubiera quebrantado en medida considerable la deserción en masa. No hablemos ya de que en las unidades faltaba un trabajo político organizado más o menos satisfactoriamente (debilidad, incompetencia del Buró de Comisarios de toda Rusia). Se comprende perfectamente que tales reservas, medio contrarrevolucionarias, en la medida en que eran enviadas por el Centro (la mitad de ellas solía dispersarse por el camino), no podían prestar una ayuda substancial al Tercer Ejército. Mientras tanto, el cansancio y el desgaste de las unidades del Tercer Ejército en la retirada llegó a tal extremo, que los soldados, en grupos enteros, se tendían en la nieve y pedían a los comisarios que los mataran: "no podemos tenernos de pie, y mucho menos andar; estamos rendidos; acabad de una vez con nosotros, camaradas". (V. las "Declaraciones del comisario de división Mraehkovski".)

Conclusiones. Hay que acabar con el método de combatir sin reservas. Es necesario introducir el sistema de las reservas permanentes, sin las cuales no se puede pensar en mantener las posiciones actuales ni en explotar el éxito. Sin ello, el desastre es inevitable. Pero las reservas únicamente surtirán efecto si el viejo sistema de movilización y de formación de unidades adoptado por el Estado Mayor Central se cambia radicalmente, y se renueva la composición del propio Estado Mayor Central. Es necesario, ante todo, dividir rigurosamente a los movilizados en pudientes (inseguros) y poco pudientes (los únicos aptos para servir en las filas del Ejército Rojo). Es necesario, en segundo término, que los movilizados en un lugar sean enviados para la

formación de unidades a otro lugar, y que el envío al frente se ajuste a la regla de que "cuanto más lejos de la provincia natal, mejor" (desechar el principio territorial). Es, necesario, en tercer lugar, renunciar a la formación de unidades grandes, y de difícil manejo (divisiones), inservibles para las condiciones de la guerra civil, disponiendo que la brigada sea la mayor de las unidades de combate. Es necesario, en cuarto lugar, establecer un riguroso control permanente sobre los Comisariados Militares de Zona (renovando previamente su composición), que despiertan la indignación de los combatientes rojos (en el mejor de los casos, la deserción en masa) con su criminal negligencia en cuanto al alojamiento, suministro y equipo de las unidades en formación. Es necesario, por último, renovar la composición del Buró de Comisarios de toda Rusia, que está proveyendo a las unidades militares de "comisarios" que son unos mozalbetes, incapaces en absoluto de organizar el trabajo político de un modo más o menos satisfactorio. El incumplimiento de estas condiciones conduce a que nuestros organismos encargados de la formación de unidades envían al frente un ejército que, más que Ejército Rojo, es un "ejército nacional", con la particularidad de que la palabra "comisario" se ha convertido en un mote injurioso. En particular, para conservar la combatividad del Tercer Ejército, es de todo punto indispensable dotarle inmediatamente de reservas no inferiores a tres regimientos seguros.

El sistema de dirección del ejército y las instrucciones del centro El Consejo Militar Revolucionario del Tercer Ejército está formado por dos miembros, uno de los cuales (Lashévich) manda; por lo que se refiere al otro (Trífonov), no se ha logrado poner en claro ni sus funciones ni el papel que desempeña: no controla el abastecimiento, no controla los órganos de educación política del ejército y, en general, no parece que haga nada. De hecho, no hay Consejo Militar Revolucionario. El Estado Mayor del ejército está desligado de su sector de combate; no tiene en las divisiones ni en las brigadas delegados especiales que le informen y velen por que los jefes de división y de brigada cumplan exactamente las órdenes del jefe del ejército. El E. M. del ejército se contenta con los partes ofíciales (con frecuencia inexactos) de los jefes de división y de brigada; el E.M. del ejército se halla íntegramente en manos de estos últimos (los jefes de división y de brigada se sienten señores feudales).

De aquí la falta de ligazón del E.M., del ejército con su sector de combate (el E.M. del ejército desconoce por completo la situación en su sector), la falta de centralización dentro del ejército (las eternas lamentaciones del E.M. del ejército sobre la debilidad de los sectores de enlace entre las unidades del ejército que se hallan en línea). No sólo hay falta de centralización dentro del ejército, sino también entre los ejércitos que guarnecen el frente (del Este). Es un hecho que entre el 10 de noviembre y finales del mismo mes, cuando el Tercer Ejército se desangraba en lucha desigual con el enemigo, el Segundo Ejército, contiguo al Tercero, permaneció sin moverse de su dispositivo dos semanas enteras. Sin embargo, es evidente que si el Segundo Ejército, libre ya desde el 10 de noviembre -al terminarse la operación de Izhevsk-Vótkinsk-, hubiese avanzado (lo que podía haber hecho con toda libertad, pues las fuerzas enemigas que entonces tenía ante sí eran nulas o casi nulas), el enemigo no habría podido comenzar siquiera una operación seria contra Perm (al ser amenazada su retaguardia por el Segundo Ejército), con lo que se hubiera salvado al Tercer Ejército.

La investigación practicada ha mostrado que la falta de coordinación entre el Segundo y el Tercer Ejército ha sido motivada por la ausencia de ligazón entre el Consejo Militar Revolucionario de la República y el frente, y por lo impremeditado de las instrucciones del Comandante en Jefe. Interrogado por nosotros, el jefe del frente, Kámenev, comunicó a este respecto: “Ya con anterioridad a la toma de Izhevsk y Vótkinsk, a principios de noviembre, no más tarde del 10, se recibió una directiva, según la cual el Segundo Ejército, después de tomar dichos puntos, debería ser trasladado a otro frente, sin que se indicara concretamente a cuál. Después de una directiva semejante, no se podía emplear el ejército en forma debida, no se podía hacerle tomar contacto con el enemigo, pues, de lo contrario, hubiera sido imposible sacarle luego del combate. La situación era difícil, el ejército se limitaba a limpiar el terreno de bandas de guardias blancos. Hicieron falta las gestiones de Sternberg y de Sokólnikov, y que éstos se trasladaran a Siérpujov, para que la directiva fuera anulada. En ello se invirtieron unos diez días. Así, pues, el ejército perdió diez días, obligado a permanecer inmóvil. Luego, la llamada inesperada de Sborin, jefe del Segundo Ejército, a Siérpujov, paralizó al Segundo Ejército, ligado a la persona de Shorin, obligándole a permanecer inmóvil otros cinco días. En Siérpujov, Shorin fue recibido por Kosliáev, quien le preguntó si pertenecía al Cuerpo de Estado Mayor; al recibir respuesta negativa, le dejó marchar, diciéndole que querían haberle designado jefe segundo del Frente del Sur, “pero que habían cambiado de opinión”” (V. la “Información del jefe del Frente del Este”). Hay que hacer notar, en general, la ligereza

intolerable del Comandante en Jefe al dar sus instrucciones. Según la información (26 de diciembre), de Gúsev, miembro del Consejo Militar Revolucionario del Frente del Este, “el Frente del Este ha recibido recientemente tres telegramas en el transcurso de cinco días: 1) Dirección del esfuerzo principal: Orenburgo. 2) Dirección del esfuerzo principal: Ekaterinburgo. 3) Ayudar al Tercer Ejército” (v. la carta de Gúsev al C.C. del P.C. de Rusia). Si se tiene en cuenta que el cumplimiento de cada nueva directiva exige cierto tiempo, es fácil comprender la falta de seriedad con que han procedido el Consejo Militar Revolucionario de la República y el Comandante en jefe al dar sus Instrucciones. Debemos hacer constar que el tercer miembro del Consejo Militar Revolucionario del Frente del Este, Smilga, se ha adherido plenamente a las manifestaciones de los otros dos miembros de dicho Consejo, Kámenev y Gúsev. (V. las “Declaraciones de Smilga”, del 5 de enero.)

Conclusiones. El ejército no puede prescindir de un Consejo Militar Revolucionario fuerte. Dicho Consejo debe constar, por lo menos, de tres miembros, de los cuales, uno controlará los órganos de aprovisionamiento del ejército, otro sus órganos de educación política, y el tercero mandará. Sólo así se puede garantizar un funcionamiento acertado del ejército. El Estado Mayor del ejército no debe conformarse con la información que dan los partes oficiales (a menudo inexactos) de los jefes de división y de brigada; debe tienen sus propios delegados, sus agentes, que informen con regularidad al E.M. y vigilen celosamente el exacto cumplimiento de las órdenes del jefe del ejército. Sólo así se puede asegurar el enlace del E.M. con el ejército, acabar con la autonomía, que de hecho existe, de las divisiones y brigadas, y establecer una verdadera centralización, del ejército. Un ejército no puede actuar como unidad que se basta a sí misma y completamente autónoma; depende por entero, en sus operaciones, de los ejércitos contiguos y, ante todo, de las instrucciones del Consejo Militar Revolucionario de la República.

El ejército más combativo, en igualdad de otras condiciones, puede sufrir un fracaso, si las instrucciones del Centro son desacertadas y si no existe verdadero contacto con los ejércitos contiguos. Es necesario establecer en los frentes, sobre todo en el Frente del Este, un régimen de estricta centralización de las operaciones de los distintos ejércitos en el cumplimiento de una directiva estratégica concreta y seriamente meditada. La arbitrariedad o la impremeditación al dar instrucciones, sin tener bien en cuenta todos los datos; el rápido cambio de instrucciones que de esto se deriva, así como la imprecisión de las mismas -como sucede en el Consejo Militar Revolucionario de la República-, hacen que sea imposible dirigir los ejércitos, conducen a un derroche inútil de fuerzas y de tiempo y desorganizan el frente. Es necesario transformar el Consejo Militar Revolucionario de la República en un grupo restringido, estrechamente enlazado con los frentes, que puede constar de cinco personas (dos de ellas especialistas, la tercera controlará la Dirección Central de Aprovisionamiento, la cuarta el Estado Mayor Central y la quinta el Buró de Comisarios de toda Rusia), lo bastante expertas para no permitir la arbitrariedad y la ligereza en la dirección de los ejércitos.

La inseguridad de la retaguardia y el trabajo de los organismos de los soviets y del partido. La investigación realizada ha permitido comprobar la completa desorganización de la retaguardia del Tercer Ejército. El ejército ha tenido que luchar en dos frentes: contra el enemigo, al que, en todo caso, veía y conocía, y, en la retaguardia, contra una población escurridiza, que, dirigida por los agentes de los guardias blancos, volaba la línea férrea y creaba toda clase de dificultades, hasta el punto de tenerse que custodiar el ferrocarril en la retaguardia del ejército con un tren blindado especial. Todos los organismos del Partido y de los Soviets señalan unánimemente el “carácter totalmente contrarrevolucionario” de la población en las provincias de Perm y Viatka. El Comité Regional del Partido y el Soviet Regional, lo mismo que el Comité Ejecutivo del Soviet Provincial de Perm y el Comité Provincial del Partido, aseguran que los pueblos de esta zona son “pueblos habitados exclusivamente por kulaks”. A nuestra observación de que no hay pueblos habitados exclusivamente por kulaks, de que la existencia de los kulaks es inconcebible sin explotados, pues los kulaks tienen que explotar a alguien, en los organismos mencionados se encogían de hombros y se negaban a dar cualquier otra explicación. Una investigación posterior más profunda ha demostrado que en los Soviets de Diputados hay gente de poca confianza, que los Comités de Campesinos Pobres se encuentra en manos de los kulaks, que las organizaciones del Partido son débiles, de poca confianza y se hallan desligadas del centro, que el trabajo del Partido está abandonado y que los dirigentes locales tratan de compensar la debilidad general de los organismos del Partido y de los Soviets con un trabajo intenso de las Comisiones Extraordinarias, las cuales se han convertido, en medio de la desorganización general del trabajo del Partido y de los Soviets, en los únicos representantes del Poder en provincias. Sólo la extrema debilidad del trabajo de las organizaciones de los Soviets y del Partido, privadas de la dirección más indispensable del Comité Ejecutivo Central (o

del Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores) y del Comité Central del Partido, puede explicar el hecho asombroso de que el decreto revolucionario sobre el impuesto extraordinario -llamado a introducir una cuña en el campo y levantar a los pobres en defensa del Poder Soviético- se convirtiera en el arma más peligrosa en manos de los kulaks para agrupar al campo contra el Poder de los Soviets (de ordinario, por iniciativa de los kulaks incrustados en los Comités de Campesinos Pobres, el reparto de los impuestos se hacía por cabeza, y no según el censo de propiedad, lo que exasperaba a los campesinos pobres y facilitaba la agitación de los kulaks contra los impuestos y contra el Poder Soviético). Sin embargo, todos los funcionarios, sin excepción, confirman que una de las causas principales, si no la única, que hizo contrarrevolucionario al campo fueron las “incomprensiones" en cuanto al impuesto extraordinario. No se observa que el Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores ni el Comité Ejecutivo Central dirijan de alguna forma el trabajo habitual de las organizaciones soviéticas (es significativo que las elecciones de nuevos Comités de Campesinos Pobres en las provincias de Perm y Víatka no hubiesen comenzado todavía el 26 de enero). No se observa que el Comité Central dirija de alguna forma el trabajo habitual de las organizaciones del Partido. Durante toda nuestra estancia en el frente hemos conseguido obtener sólo un documento del Comité Central del Partido, firmado por un “secretario” apellidado Novgoródtseva, disponiendo el traslado del camarada Korobovkin de Perm a Penza. (Esta disposición no ha sido cumplida, teniendo en cuenta su manifiesta inconveniencia.) Todas estas circunstancias han conducido a que los organismos del Partido y de los Soviets se hayan visto privados del apoyo del campo, hayan perdido el enlace con las capas pobres y hayan empezado a recurrir a la Comisión Extraordinaria, a las medidas represivas, que tienen en un grito a las aldeas.

Las propias Comisiones Extraordinarias, debido a que su labor no se complementaba con un trabajo paralelo positivo, de agitación y de organización, de los organismos del Partido y de los Soviets, cayeron en una situación excepcional de completo aislamiento, con daño para el prestigio del Poder Soviético. Una prensa del Partido y de los Soviets bien organizada hubiera permitido descubrir oportunamente las lacras de nuestros organismos; pero la prensa del Partido y de los Soviets de Perm y de Viatka no se distingue ni por un trabajo bien organizado ni por la comprensión de las tareas inmediatas del Poder Soviético (en ella no se encuentra nada que no sean frases vacías sobre la revolución “social mundial”; las tareas concretas del Poder Soviético en el campo, las nuevas elecciones a los Soviets de Diputados de subdístrito, la cuestión del impuesto extraordinario, los objetivos de la guerra contra Kolchak y demás guardias blancos, son temas “vulgares” que la prensa desdeña orgullosamente). Bien significativo es, por ejemplo, el hecho de que 4.467 funcionarios y empleados –de un total de 4.766- de los organismos soviéticos de Viatka ocuparan esos mismos puestos bajo el zarismo en la administración de los zemstvos de la provincia; o sea, dicho sin rodeos, los viejos organismos zaristas de los zemstvos han cambiado, simplemente, su nombre por el de organismos soviéticos (no olvide que estos “funcionarios soviéticos" tienen en sus manos toda nuestra zona de curtido de pieles de la provincia de Viatka). Este asombroso fenómeno fue descubierto por nuestra encuesta a mediados de enero. ¿Tenían noticia de este fenómeno el Comité Regional del Partido, el Soviet Regional, la prensa local y los funcionarios locales del Partido? Claro que no. ¿Tenían noticia de ello el Comité Central del Partido, el Comité Ejecutivo Central y el Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores? Claro que no. Pero ¿cómo se puede dirigir desde el centro, si no se tiene idea de las lacras fundamentales, no sólo de la provincia en general, sino incluso de nuestros organismos soviéticos en la provincia?

Conclusiones. El punto débil de nuestros ejércitos es la poca solidez de la retaguardia, que se explica, sobre todo, por el abandono del trabajo del Partido, por la ineptitud de los Soviets de Diputados para aplicar las instrucciones del centro, por la situación excepcional (casi de aislamiento) de las Comisiones Extraordinarias locales. Para fortalecer la retaguardia, es necesario: 1. Establecer un riguroso sistema de información regular de las organizaciones locales del Partido al Comité Central; enviar regularmente a las organizaciones locales del Partido las cartas circulares del Comité Central; crear en el Órgano Central una sección destinada a dirigir la prensa provincial del Partido; fundar una escuela de funcionarios del Partido (principalmente de procedencia obrera) y organizar la acertada distribución de los mismos. Encargar de todo ello a un Secretariado del Comité Central del Partido, como organismo del Comité Central. 2. Delimitar rigurosamente las esferas de competencia del Comité Ejecutivo Central y del Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores en cuanto a la del trabajo habitual de los Soviets de Diputados; fundir la Comisión Extraordinaria de toda Rusia con el comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores*; imponer al Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores el deber de velar por que los

* Por lo que se refiere a la fusión de la Comisión Extraordinaria de toda Rusia con el Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores, el camarada Dzerzhinski tiene una opinión particular.

Soviets de Diputados, cumplan exacta y oportunamente los decretos y del Poder central; exigir de los Soviets Provinciales de Diputados que informen regularmente de su gestión al Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores; imponer al Comisariado del Pueblo de Asuntos Interiores el deber de enviar con regularidad a los Soviets de Diputados las instrucciones necesarias; organizar en el diario “Izvestia V. Ts. I. K.” una sección destinada a dirigir la prensa soviética de provincias. 3. Organizar una Comisión de Revisión y Control, aneja al Consejo de Defensa, para investigar las “deficiencias del aparato” de los Comisariados del Pueblo y sus correspondientes delegaciones locales, tanto en la retaguardia como en el frente.

Los organismos de aprovisionamiento y evacuación. El principal achaque del aprovisionamiento reside en la mezcolanza increíble de organismos de aprovisionamiento y en la falta de coordinación entre ellos. El ejército y la población de Perm eran abastecidos de víveres por “Suministros de los Urales”, “Suministro Provincial”, “Suministro Urbano”, “Suministro Distrital") y por la “Dirección de Aprovisionamiento del Tercer Ejército”. El suministro cojeaba de los dos pies, pues el ejército (la 29ª división) pasaba hambre, y la población de Perm y los obreros de Motovílija vivían semihambrientos, a causa de la disminución sistemática de la ración de pan hasta convertirla en una ración de hambre (1/4 de libra). Lo embrollado del aprovisionamiento del ejército, que se explica por la falta de coordinación de los organismos de aprovisionamiento indicados, se agrava aún más porque el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento no tiene en cuenta la pérdida de la provincia de Perm y sigue sin trasladar a la provincia de Viatka las órdenes de entrega de provisiones al Tercer Ejército, dirigidas a Perm y a otras provincias alejadas.

Debe señalarse asimismo que el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento no ha iniciado aún el transporte de cereales a los embarcaderos, y la Dirección General del Transporte Fluvial no ha empezado la reparación de los barcos, lo que amenaza, sin duda, con grandes complicaciones al aprovisionamiento en el futuro. El aprovisionamiento del ejército con armas y municiones sufre más aún las consecuencias de la mezcolanza de organismos y del engorro burocrático. La “Dirección Central de Aprovisionamiento”, la “Dirección General de Artillería”, la “Comisión Extraordinaria de Aprovisionamiento” y el “Parque de Artillería del Tercer Ejército” se estorban entre sí, obstaculizando y paralizando la labor de aprovisionamiento. A título ilustrativo, no estará de más citar un extracto, del telegrama del jefe del III Ejército al jefe del frente (copia a Trotski), cursado el 17 de diciembre de 1918, poco antes, de la caída de Perm: “El Jefe de Aprovisionamiento del Frente del Este ha informado, en su telegrama Nº 3249, que había sido cursada una orden a la Zona de Yaroslavl para que hiciese entrega de seis mil fusiles japoneses: dicha orden, según se señala en el telegrama Nº 493 del Jefe del E.M. del consejo Militar de la República, Kostiáev, había sido confirmada por el Comandante en Jefe.

Hace un mes, el E.M. del III Ejército destacó un representante para hacerse cargo de los fusiles indicados. Al llegar a la Dirección de Artillería de la Zona de Yaroslavl, el representante telegrafió comunicando que allí no sabían nada, ya que no tenían la orden de la Dirección General de Artillería. El representante se trasladó a Moscú, a la D.G.A. y desde allí telegrafió informando de que los fusiles no podían ser entregados sin la autorización del Comandante en Jefe. Ayer se recibió un telegrama del representante, anunciando que la D.G.A. había denegado categóricamente la entrega de los fusiles. El representante ha regresado. El Jefe de Aprovisionamiento del Militar Revolucionario comunicó, en su telegrama Nº 208, que el II Ejército había recibido la orden de expedir al III Ejército seis mil fusiles, y el Jefe del II Ejército propuso, en su telegrama Nº 1560, que se enviara urgentemente un representante a Izhevsk para hacerse cargo de esos fusiles. El representante fue enviado a Izhevsk, pero no le entregaron los fusiles, alegando que no tenían orden.

El Jefe del II Ejército, en su telegrama Nº 6542, y el Jefe de Aprovisionamiento del Frente del Este, en su telegrama Nº 6541, pidieron que se ordenara a la fábrica de Izhevsk que entregase los fusiles arriba mencionados. Hasta el día 16, la fábrica no había recibido la orden de entregar los fusiles, y, según informes comunicados por el representante, todas las existencias de fusiles de Izhevsk deben ser enviadas al centro el lunes. Así, pues, el ejército se ha visto privado de los diez mil fusiles que figuraban en las dos órdenes de suministro. La situación del ejército es conocida; no se pueden mandar refuerzos al frente sin fusiles, y el frente sin refuerzos se consume y da los resultados que Ud. conoce. La orden de suministro de fusiles ha sido dada a la Dirección de Artillería de la Zona de Yaroslavl con el visto bueno del Comandante en Jefe, por lo cual el Mando del Tercer Ejército acusa oficialmente de sabotaje a la D.G.A. e insiste en que se proceda a investigar este asunto”. Kámenev, jefe del frente, confirma plenamente este telegrama. (V. la “Información del jefe del frente”.) La misma confusión y mezcolanza reinaban en lo que se refiere a la evacuación. El jefe de la Dirección de Ferrocarriles de la Zona manifestó absoluta

incapacidad para poner freno al sabotaje hábilmente organizado por los ferroviarios. Los frecuentes accidentes y embotellamientos, las misteriosas desapariciones de cargamentos necesarios al ejército, todo pillaba de sorpresa a la Administración de la Zona en los momentos más difíciles de la evacuación. Y la Administración de la Zona no adoptaba o no sabía adoptar medidas eficaces para evitar el mal. La Junta Central “trabajaba”, es decir, deliberaba, pero no tomaba ninguna, absolutamente ninguna medida para evacuar con orden los cargamentos. El jefe de comunicaciones militares del Tercer Ejército, jefe asimismo de la evacuación, no tomó absolutamente ninguna medida para sacar las cargas de más valor (maquinaria y piezas de la fábrica de Motovílija, etc.). Se sacaba toda clase de trastos viejos, se inmiscuían en la evacuación todas las organizaciones habidas y por haber, lo cual condujo a que la evacuación se convirtiera en caos y desorden.

Conclusiones. Para mejorar el aprovisionamiento del ejército, es necesario: 1. Acabar con la mezcolanza de organismos centrales de aprovisionamiento del ejército (Dirección Central de Aprovisionamiento, Comisión Extraordinaria de Aprovisionamiento, Dirección General de Artillería, cada uno de los cuales dispone a su antojo), reduciéndolos a uno solo, que responda con todo rigor del cumplimiento urgente de las órdenes de suministro. 2. Imponer a la Sección de aprovisionamiento del ejército la obligación de mantener en las divisiones una reserva permanente de víveres para quince días. 3. Imponer al Comisariado del Pueblo de Abastecimiento la obligación de transferir las órdenes para el suministro de los ejércitos a las provincias inmediatas a los mismos, y en particular, transferir (urgentemente) las órdenes para el suministro del Tercer Ejército a la provincia de Viatka. 4. Imponer al Comisariado del Pueblo de Abastecimiento, la obligación de comenzar inmediatamente el transporte de cereales a los embarcaderos, y a la Dirección General del Transporte Fluvial, la de emprender la reparación de los barcos. Para poner orden en la evacuación, es necesario: 1. Suprimir las Juntas Centrales de carácter local. 2. Crear, anejo al Consejo Supremo de la Economía Nacional, un organismo de evacuación único, con atribuciones para distribuir el material evacuado. 3. Imponer a dicho organismo la obligación de enviar, en caso necesario, para la evacuación de una u otra región, delegados especiales, que deberán incorporar a su trabajo a los representantes de la Administración Militar y de la Dirección de Ferrocarriles de la Zona de la región dada. 4. Destinar a las correspondientes zonas ferroviarias, y ante todo a la de los Urales (en vista de la composición insatisfactoria de su administración), delegados responsables del Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, capaces de imponer su autoridad a los especialistas ferroviarios y de terminar con el sabotaje de los empleados del ferrocarril. 5. Imponer al Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación la obligación de empezar a trasladar sin demora locomotoras y vagones, de las zonas donde abunden, a las zonas cerealistas, y de efectuar, sin pérdida de tiempo, la reparación de las locomotoras averiadas.

Total de pérdidas en material y en hombres. No es posible restablecer el cuadro completo de las pérdidas, debido a la “desaparición” de diversos documentos y a haberse pasado al enemigo toda una serie de funcionarios y especialistas soviéticos relacionados con el asunto. Según los datos que obran en nuestro poder, hemos perdido: 419.000 sajerias cúbicas de leña y 2.383.000 puds de carbón, antracita y turba; 66.800.000 puds de minerales y otras materias primas; 5.000.000 de puds de materiales y artículos de primer orden (hierro fundido, aluminio, estaño, cinc y otros); 6.000.000 de puds de lingotes, barras y fundiciones de metal Martín y Bessemer; 8.000.000 de puds de hierro y acero (laminado, planchas, alambre, raíles y demás); 4.000.000 de puds de sal común; 255.000 puds de sosa cáustica y calcinada; 900.000 puds de petróleo y kerosén; medicamentos por valor de 5.000.000 de rublos; los depósitos de material de la fábrica de Motovílija y de los talleres ferroviarios de Perm; las existencias del parque de ejes de las vías de comunicación, con grandes reservas de ejes americanos; los depósitos de la Dirección Distrital del Transporte Fluvial, con existencias de algodón, tejidos, aceite mineral, clavos, carros, etc.; 65 vagones de cueros; 150 vagones de víveres de la Sección de aprovisionamiento del ejército; 297 locomotoras (86 de ellas averiadas); más de tres mil vagones; cerca de 20.000 combatientes entre muertos, prisioneros y desaparecidos, 10 vagones con heridos; 37 piezas de artillería, 250 ametralladoras, más de 20.000 fusiles, más de 10.000.000 de cartuchos y más de 10.000 proyectiles de artillería. Todo esto sin contar la red ferroviaria perdida, construcciones valiosas, etc.

Medidas tomadas para fortalecer el frente. El 15 de enero habían sido enviados al frente 1.200 combatientes de caballería e infantería, de confianza; un par de días después, dos escuadrones de caballería; el 20 enviamos el 62º regimiento de 3ª

brigada (después de una minuciosa depuración). Estas unidades han permitido detener la ofensiva del enemigo, elevar la moral del III Ejército y comenzar nuestra ofensiva contra Perm, que hasta ahora se desarrolla con éxito. El 30 de enero sale para el frente (después de un mes de depuración) el 63º regimiento de la misma brigada. El 61º regimiento no podrá ser enviado antes del 10 de febrero (hace falta una depuración particularmente minuciosa). En vista de la debilidad del extremo flanco izquierdo, que se halla en peligro de ser envuelto por el enemigo, el 28 de enero ha salido de Viatka, con dirección a Cherdín, para unirse con el extremo flanco izquierdo del Tercer Ejército, el batallón de esquiadores de Viatka reforzado con voluntarios (en total, 1.000 combatientes) y dotado de cañones de tiro rápido. Es necesario enviar de Rusia, en apoyo del Tercer Ejército, tres regimientos más, que sean de confianza, para consolidar verdaderamente la situación del ejército y permitirle explotar el éxito. En la retaguardia del ejército se está procediendo a una depuración a fondo de los organismos del Partido y de los Soviets. En Viatka y en las cabezas de distrito han sido organizados Comités Revolucionarios. Se ha comenzado y continúa la creación de fuertes organizaciones revolucionarias en el campo. Se reorganiza sobre bases nuevas todo el trabajo del Partido y de los Soviets. Ha sido depurado y reorganizado el control militar. Ha sido depurada y reforzada con nuevos funcionarios del Partido la Comisión Extraordinaria Provincial. Está en marcha el descongestionamiento del nudo ferroviario de Viatka.

Hace falta enviar funcionarios expertos del Partido y efectuar un trabajo socialista prolongado para fortalecer sólidamente la retaguardia del Tercer Ejército. - - - Al terminar su informe, la Comisión considera preciso destacar una vez más la absoluta necesidad de organizar, aneja al Consejo de Defensa, una Comisión de Revisión y Control que investigue las llamadas “deficiencias del aparato” de los Comisariados del Pueblo y de sus delegaciones locales, en la retaguardia y en el frente. Para corregir los defectos en el trabajo, tanto del centro como de las provincias, el Poder Soviético emplea, por lo general, el método de disciplinar y de exigir responsabilidades a los funcionarios culpables. Aun reconociendo la absoluta necesidad y conveniencia de este método, la Comisión considera que es insuficiente. Los defectos en el trabajo obedecen no sólo al abandono, a la incuria y a la falta del sentido de responsabilidad de unos funcionarios, sino también a la inexperiencia de otros. La Comisión ha encontrado en los distintos lugares gran número de funcionarios honrados a carta cabal, infatigables y fieles, que habían cometido, no obstante, errores en su trabajo debido a su falta de experiencia. Si el Poder Soviético contara con un aparato especial que recogiera la experiencia de la edificación del Estado socialista y la pusiera a disposición de los jóvenes ya existentes, que arden en deseos de ayudar al proletariado, la edificación de la Rusia socialista iría mucho más rápida y sería mucho menos dolorosa. La citada Comisión de Revisión y Control, aneja al Consejo de Defensa, debe ser ese aparato. La actividad de dicha Comisión podría completar el trabajo del centro para disciplinar a los funcionarios. La Comisión: F. Dzerzhinski Moscú, 31 de enero de 1919.

Publicado por primera vez el 16 de enero de 1935 en el núm. 16 de “Pravda”.