Declaraciones a un redactor de “Pravda”. El camarada Stalin, que ha regresado hace unos días del Frente de Petrogrado, ha comunicado a un redactor de nuestro periódico sus impresiones sobre la situación en el frente.

1. Los accesos a Petrogrado. Los accesos a Petrogrado son los puntos de partida desde los cuales el enemigo, en caso de éxito, puede cercar Petrogrado, cortarlo de Rusia y, finalmente, apoderarse de él. Esos puntos son: a) el sector de Petrozavodsk, con dirección del avance hacia Zvanka y con el objetivo de envolver Petrogrado desde el Este; b) el sector de Oloniéts, con dirección del avance hacia Lodéinoe Polie y con el objetivo de salir a la retaguardia de nuestras tropas de Retrozavodsk; c) el sector de Carelia, con dirección del avance hacia Petrogrado mismo y con el objetivo de tomar la ciudad desde el Norte; d) el sector de Narva, con dirección del avance hacia Gátchina y Krásnpe Sieló y con el objetivo de tomar Petrogrado desde el Suroeste o, por lo menos, la línea Gátchina-Tosno y envolver Petrogrado por el Sur; e) el sector de Pskov, con dirección del avance hacia Dno y Bologoe y con el objetivo de cortar Petrogrado de Moscú; f) finalmente, el golfo de Finlandia y el lago Ladoga, que ofrecen al enemigo la posibilidad de desembarcar fuerzas al Oeste y al Este de Petrogrado.

2. Las fuerzas del enemigo. Las fuerzas del enemigo en estos sectores son heterogéneas y de cuantía diversa. En el sector de Petrozavodsk operan serbios, polacos, ingleses, canadienses y un grupo de oficiales blancos rusos. Todos ellos son mantenidos con fondos que facilitan los llamados aliados. En el sector de Oloniéts hay finlandeses blancos, contratados por el gobierno finlandés por un plazo de dos o tres meses. Mandan a los finlandeses blancos oficiales alemanes que se quedaron después de la ocupación alemana. Cubren el sector de Carelia las llamadas unidades regulares finlandesas. El sector de Narva lo guarnecen unidades rusas, reclutadas entre los prisioneros de guerra rusos, y unidades ingrías, reclutadas entre la población local. Estas unidades las manda el general mayor Rodzianko. El sector de Pskov también lo guarnecen unidades formadas por prisioneros de guerra rusos y por elementos de la población local, al mando de Balajóvich. En el golfo de Finlandia operan torpederos (de 5 a 12) y submarinos (de 2 a 8), ingleses y finlandeses según las informaciones de que disponemos. Todos los datos evidencian que el enemigo no tiene muchas fuerzas en el Frente de Petrogrado. El sector de Narva, donde el enemigo es más activo, anda tan escasos de “material humano” como el resto de los sectores, menos activos, pero no menos importantes. A ello se debe, en rigor que, a pesar de los gritos de victoria lanzados por “The Times” hace ya dos meses, cuando predecía la caída de Petrogrado “dentro de dos o tres días”, el enemigo, lejos de haber logrado su objetivo general -el cerco de Petrogrado-, ni siquiera ha podido alcanzar en este período ningún éxito parcial en ninguno de los sectores, es decir, no ha podido tomar ningún punto decisivo. Por lo visto, el jaleado “ejército noroeste”, mandado por el general Yudénich, que se encuentra en Finlandia, y en el que el viejo zorro de Guchkov deposita sus esperanzas en su informe a Denikin, ese ejército está todavía sin incubar.

3. Los planes del enemigo. Según todos los datos, el enemigo no sólo contaba, mejor dicho, no contaba tanto con sus propias fuerzas cómo con las fuerzas de sus partidarios: los guardias blancos en la retaguardia de nuestras tropas, en Petrogrado y en los frentes. Esos partidarios eran, en primer lugar, las llamadas embajadas de los Estados burgueses sitas en Petrogrado (la francesa, la suiza, la griega, la italiana, la holandesa, la danesa, la rumana, etc.), que se ocupaban de financiar a los guardias blancos y de espiar en favor de Yudénich y de la burguesía inglesa, francesa, finlandesa y estoniana. Esos señores derrochaban el dinero a manos llenas, sobornando, en la retaguardia de nuestro ejército, todo lo sobornable. Luego vienen los elementos venales entre los oficiales rusos, elementos que se han olvidado de Rusia, han perdido el honor y están dispuestos a pasarse a los enemigos de la Rusia obrera y campesina. Finalmente, tenemos a los que en tiempos fueran algo, a los burgueses y a los terratenientes, lesionados en sus intereses por los proletarios de Petrogrado, y que, como se ha podido ver, habían acumulado armas y estaban esperando el momento para atacar a nuestras tropas por la espalda. Estas eran las fuerzas con las que contaba el enemigo cuando avanzaba sobre Petrogrado. Apoderarse del fuerte de Krásnaia Gorka -llave de Cronstadt- y neutralizar así el sector fortificado, promover una sublevación en los fuertes y cañonear Petrogrado,

combinando la ofensiva general en el frente, en los momentos de confusión general, con una sublevación en la ciudad misma, para cercar y tomar el centro de la revolución proletaria: ésos eran los planes del enemigo.

4. La situación en el frente. Sin embargo, los planes del enemigo resultaron fallidos. El fuerte de Krásnaia Gorka, que se encontró todo un día en manos del enemigo debido a la traición de los eseristas de izquierda que estaban dentro, fue rápidamente reintegrado a la Rusia Soviética gracias a un poderoso golpe de los marinos del Báltico, descargado por tierra y por mar. En los fuertes de Cronstadt, que vacilaron por unos momentos a causa de la traición de los eseristas de derecha, los mencheviques defensistas y los elementos venales de la oficialidad, la mano de hierro del Consejo Militar Revolucionario de la Flota del Báltico restableció prontamente el orden. Las llamadas embajadas y sus espías fueron detenidos y trasladados a lugares más apacibles. Por cierto que en algunas embajadas se encontraron ametralladoras, fusiles (en la embajada rumana incluso un cañón), centralillas telefónicas secretas, etc. Los barrios burgueses de Petrogrado fueron sometidos a un registro general, durante el que se hallaron cuatro mil fusiles y varios centenares de bombas. En cuanto a la ofensiva general del enemigo, lejos de verse coronada por el éxito, como proclamaba a gritos “The Times”, ni siquiera ha podido empezar.

Los finlandeses blancos del sector de Oloniéts, que se disponían a ocupar Lodéinoe Polie, han sido arrollados y expulsados a Finlandia. La agrupación enemiga de Petrozavodsk, que se hallaba a unas verstas de esta ciudad, retrocede ahora vertiginosamente bajo la presión de nuestras unidades, que han salido a su retaguardia. La agrupación enemiga de Pskov, perdida la iniciativa, ha quedado estancada y, en algunos lugares, incluso retrocede. En cuanto a la agrupación enemiga de Narva, la más activa, lejos de lograr sus propósitos, retrocede sin cesar ante el empuje de nuestras unidades y se descompone y deshace bajo los golpes del Ejército Rojo en los caminos que llevan a Yamburgo. Como vemos, los gritos de triunfo que lanzaba la Entente han resultado prematuros. Guchkov y Yudénich han visto defraudadas sus esperanzas. Del sector de Carelia, todavía inactivo, no se puede decir nada por el momento, ya que el gobierno finlandés, después de sus reveses en Vidlitski Zavod, ha bajado mucho el tono y ha dejado de insultar groseramente al gobierno de Rusia; los llamados incidentes en el Frente de Carelia casi han cesado. Si esto es la calma que precede a la tempestad, sólo el gobierno finlandés lo sabe. En todo caso, puedo decir que Petrogrado está preparado para cualquier sorpresa.

5. La flota. No puedo por menos de decir unas palabras de la flota. Debemos congratularnos de que la Flota del Báltico, a la que se consideraba fenecida, renazca del modo más real. Eso no sólo lo reconocen los amigos, sino también los enemigos. Llena igualmente de alegría que la lacra de parte de los oficiales rusos -su venalidad:- haya afectado menos que a nadie a los mandos de la flota: hay entre ellos hombres –y eso les hace honor-, que saben poner la dignidad y la independencia de Rusia por encima del oro inglés. Y aun produce mayor alegría que los marinos del Báltico se hayan encontrado de nuevo a sí mismos, resucitando con sus hazañas las mejores tradiciones de la flota revolucionaria rusa. De no ser por esos factores, Petrogrado no estaría a cubierto de las más peligrosas sorpresas por la parte del mar. El episodio que mejor puede ilustrar el resurgimiento de nuestra flota es el desigual combate sostenido en junio por dos torpederos nuestros contra cuatro torpederos y tres submarinos enemigos. Gracias a la abnegación de los marinos y a la inteligente dirección del jefe de la escuadrilla, nuestros torpederos salieron vencedores, hundiendo un submarino enemigo.

6. Resumen. Con frecuencia se compara a Rodilanko con Kolchak, como amenaza para la Rusia Soviética, estimando que es tan peligroso como Kolchak. Esa comparación es desafortunada. Kolchak es realmente peligroso, pues tiene espacio para replegarse, material humano para renovar los efectivos de sus unidades y cereales para alimentar a su ejército. La desgracia de Rodzianko y de Yudénich consiste en que no tienen ni suficiente espacio, ni material humano, ni cereales. Naturalmente, Finlandia y Estlandia representan, hasta cierto punto, una base para la formación de unidades de guardias blancos constituidas por prisioneros de guerra rusos. Pero, en primer lugar, los prisioneros no son material suficiente ni ofrecen absoluta seguridad para las unidades de los guardias blancos. En segundo lugar, la propia situación en Finlandia y en Estlandia, debido a la efervescencia revolucionaria que se está desarrollando allí, no ofrece condiciones propensas para la formación de unidades blancas. En tercer lugar, el territorio ocupado por Rodzianko y Balajóvich (en total, unos dos distritos) va reduciéndose paulatina y sistemáticamente, y el jaleado “ejército noroeste”, si en general está llamado a formarse, pronto no tendrá espacio para desplegarse y maniobrar. Porque -hay que reconocerlo- ni Finlandia ni Estlandia, por lo menos de momento, ofrecen “su propio territorio” a Rodzianko, Balajóvich y Yudénich. Un ejército sin retaguardia: eso es el ejército “noroeste”. Huelga decir que tal

“ejército” no puede subsistir largo tiempo, a menos, naturalmente, de que algún nuevo factor internacional de peso y favorable para el enemigo no interfiera en el curso de los acontecimientos, cosa que, a juzgar por todo lo que sabemos, el enemigo no tiene ningún fundamento para esperar. El Ejército Rojo ha de vencer en el Frente de Petrogrado.

Publicado el 8 de julio de 1919 en el núm. 147 de “Pravda”.