Febrero y marzo de 1917 Revolución burguesa en Rusia. Gobierno Miliukov-Kerenski. Los mencheviques y los eseristas son los partidos dominantes en los Soviets. De los 400 ó 500 miembros del Soviet de Petrogrado apenas 40 ó 50 son bolcheviques. En la Primera Conferencia de los Soviets de Diputados de Rusia, los bolcheviques reúnen a duras penas de un 15 a un 20% de los votos. El Partido Bolchevique es, en este período, el más débil de todos los partidos socialistas de Rusia. “Pravda”, su órgano central, es tildado en todas partes de “anarquista”. Los oradores bolcheviques, que llaman a la lucha contra la guerra imperialista, son arrojados de las tribunas por los soldados y los obreros. Las famosas tesis del camarada Lenin sobre el Poder de los Soviets no son aceptadas por los Soviets de Diputados. Para los partidos defensistas de cuño social-patriotero -los mencheviques y los eseristas- es éste un período de completo triunfo. Mientras tanto, continúa la guerra imperialista que prosigue su obra mortífera, desorganizando la industria, destruyendo la agricultura, desquiciando el abastecimiento y el transporte, devorando nuevas decenas y decenas de miles de víctimas.

Febrero y marzo de 1918 Revolución proletaria en Rusia. El gobierno burgués Kerenski-Konoválov ha sido derrocado. Poder Soviético en el centro y en provincias. Liquidación de la guerra imperialista. Entrega de la tierra en propiedad al pueblo. Organización del control obrero. Organización de la Guardia Roja. Fracaso de la intentona menchevique y eserista de entregar “todo el Poder” a la Asamblea Constituyente en Petrogrado. Disolución de la Asamblea Constituyente y bancarrota del intento de restauración burguesa. Victorias de la Guardia Roja en el Sur, en los Urales y en Siberia. Derrotados en toda la línea, los mencheviques y los eseristas se retiran a las regiones de la periferia, se unen allí a los contrarrevolucionarios, conciertan una alianza con el imperialismo y declaran la guerra a la Rusia Soviética. El Partido Bolchevique es, en este período, el más fuerte y el más unido de todos los partidos de Rusia. En el II Congreso de los Soviets de toda Rusia, celebrado en octubre de 1917, el Partido Bolchevique tiene ya la mayoría absoluta de los votos (del 65 al 70%). En lo sucesivo, el desarrollo de los Soviets marcha indeclinablemente en favor de los bolcheviques. No nos referimos únicamente a los Soviets Obreros, donde el 90% de los diputados son bolcheviques, ni sólo a los Soviets de Soldados, que tienen una representación bolchevique del 60 al 70%, sino también a los Soviets Campesinos, donde los bolcheviques han conquistado la mayoría.

Pero el Partido Bolchevique es, en este período, no sólo el partido más fuerte, sino el único partido socialista de Rusia, pues los mencheviques y los eseristas, dedicados entonces a besuquearse con los checoslovacos y con Dútov, con Krasnov y con Alexéiev, con los imperialistas austro-alemanes y anglo-franceses, han perdido definitivamente todo prestigio entre las capas proletarias de Rusia. Esta situación excepcionalmente ventajosa en el interior del país se debilita y se paraliza, sin embargo, por la circunstancia de que Rusia no tiene todavía aliados exteriores, de que la Rusia socialista es una isla rodeada por el mar del belicoso imperialismo. Los obreros de Europa, exhaustos, lacerados..., pero ocupados con la guerra, no disponen de tiempo para pensar en el régimen socialista de Rusia, en los medios para salvarse de la guerra, etc. En cuanto a los partidos “socialistas” de Europa, que han vendido su espada a los imperialistas, ¿podían, acaso, dejar de difamar a los bolcheviques, a estos hombres “inquietos” que “subvierten” a los obreros con sus “caros” y “peligrosos experimentos”? No es extraño, por tanto, que en el Partido Bolchevique se refuerce especialmente, en ese período, la tendencia a ampliar la base de la revolución proletaria, a incorporar al movimiento revolucionario contra el imperialismo a los obreros del Occidente (y también a los del Oriente), a establecer lazos perdurables con los obreros revolucionarios de todos los países.

Febrero y marzo de 1919 Fortalecimiento sucesivo del Poder Soviético en Rusia. Ensanchamiento de su territorio. Organización del Ejército Rojo. Victorias del Ejército Rojo en el Sur, en el Norte, en el Oeste y en el Este. Surgimiento de repúblicas soviéticas en Estlandia, Letonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania. Derrota del imperialismo austro- alemán y revolución proletaria en Alemania, en Austria y en Hungría, Gobierno Sheidemann-Ebert y Asamblea Constituyente en Alemania. República soviética en Baviera. Huelgas políticas por toda Alemania, con la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, “¡Abajo Ebert- Scheidemann!”. Huelgas y Soviets Obreros en Inglaterra, en Francia y en Italia. Descomposición del

viejo ejército en los países de la Entente y surgimiento de Soviets de Soldados y Marinos. El sistema soviético se convierte en la forma universal de la dictadura del proletariado. Reforzamiento de la izquierda comunista en los países de Europa y formación de Partidos Comunistas en Alemania, Austria, Hungría y Suiza. Enlace entre ellos y coordinación de sus acciones. Disgregación de la II Internacional. Se celebra en Moscú la Conferencia Internacional de los Partidos Socialistas revolucionarios y se crea una Organización combativa común de los obreros en lucha de todos los países, la III Internacional, la Internacional Comunista. Fin del aislamiento de la revolución proletaria en Rusia: Rusia tiene ahora aliados. La “Sociedad de Naciones” imperialista en París y su auxiliar, la Conferencia social-patriotera de Berna, fracasan en su intento de preservar a los obreros europeos del “contagio bolchevique”: la Rusia Soviética tenía que convertirse obligatoriamente, y así sucedió, en el abanderado de la revolución proletaria mundial, en el centro de gravitación de las fuerzas revolucionarias de vanguardia del Occidente y del Oriente. El bolchevismo se transforma, de “fenómeno puramente ruso”, en una fuerza internacional temible, que hace vacilar hasta los cimientos del imperialismo mundial. Eso lo reconocen ahora hasta los mencheviques, que “han abandonado los desvelos” por la Constituyente, y, después de haber perdido su “ejército”, se desplazan poco a poco al campo de la República de los Soviets. Eso no lo niegan ahora ni siquiera los eseristas de derecha, que, habiéndose dejado ganar la Constituyente por los Kolchak y los Dútov, se ven obligados a buscar la salvación en el País de los Soviets.

Resumen La experiencia de estos dos años de lucha del proletariado confirma plenamente las previsiones de los bolcheviques sobre la bancarrota del imperialismo y la inevitabilidad de la revolución proletaria mundial, sobre la podredumbre de los partidos “socialistas” de derecha y la descomposición de la II Internacional, sobre la importancia internacional del sistema soviético y el carácter contrarrevolucionario de la consigna de Asamblea Constituyente, sobre la importancia mundial del bolchevismo y la inevitable creación de una Internacional de lucha, de la III Internacional.

Publicado con la firma de J. Stalin el 9 de marzo de 1919 en el núm. 8 de “Zhizn Naisionálnostei”.