I. Planes fracasados de la Entente. En la primavera de 1919 fue concebida la campaña combinada de Kolchak, Denikin y Yudénich contra la Rusia Soviética. El golpe principal debía descargarlo Kolchak, con quien Denikin esperaba unirse en Sarátov para avanzar juntos sobre Moscú desde el Este. A Yudénich se le encomendó un golpe auxiliar sobre Petrogrado. El objetivo de la campaña fue expresado en el informe de Guchkov a Denikin: “estrangular el bolchevismo de un solo golpe, privándole de sus centros más vitales: Moscú y Petrogrado”. El plan de la campaña lo trazó Denikin en su carta a Kolchak, carta que cayó en nuestras manos cuando nos apoderamos del Estado Mayor de Grishin- Almázov, en la primavera de 1919. “Lo principal - decía, Denikin a Kolchak- es no detenerse en el Volga y seguir avanzando hacia el corazón del bolchevismo: hacia Moscú. Espero verme con usted en Sarátov... Los polacos harán lo suyo, y en cuanto a Yudénich, está preparado y atacará a Petrogrado sin pérdida de tiempo...” Eso es lo que escribió Denikin en la primavera, cuando la ofensiva de Kolchak sobre el Volga se hallaba en su apogeo. Sin embargo, este plan fracasó. Kolchak fue arrojado más allá de los Urales. Denikin fue detenido en la línea río Seim-Liskí-Balashov. Yudénich fue rechazado más allá de Yamburgo. La Rusia Soviética quedó sana y salva. Pero los caníbales de la Entente no se descorazonaron. Hacia el otoño de 1919 urdieron otro plan de campaña fulminante. Como es natural, no se contaba ya con Kolchak. El centro de gravedad fue desplazado del Este al Sur, desde donde Denikin debía asestar el golpe principal.

Como en la primavera, se encomendó a Yudénich un golpe auxiliar, una nueva marcha sobre Petrogrado. El general Mai-Maievski, ex jefe del ejército voluntario, dijo en un discurso pronunciado al día siguiente de la toma de Oriol que “para fines de diciembre, para las Navidades de 1919, a más tardar”, estaría en Moscú con sus tropas. La seguridad de los denikinistas en sí mismos llegó a tal extremo, que los capitalistas de la cuenca del Donetz ofrecieron ya en octubre un premio de un millón de rublos (en moneda zarista) para el regimiento del ejército voluntario que entrase el primero en Moscú... Pero quiso la suerte que este plan también fracasara. Las tropas de Denikin han sido rechazadas más allá de la línea Poltava-Kupiansk-Chertkovo. Yudénich ha sido batido y arrojado más allá del Narva. En cuanto a Kolchak, después de la derrota de Novo-Nikoláevsk, no ha quedado de su ejército más que el recuerdo. Esta vez también ha quedado Rusia sana y salva. El fracaso de la contrarrevolución fue esta vez tan inesperado y súbito, que los vencedores de la Alemania imperialista, los viejos lobos de la Entente, se vieron obligados a proclamar que “el bolchevismo no puede ser vencido por la fuerza de las armas”. Y el desconcierto de los faquires del imperialismo llegó a tal punto, que perdieron la facultad de discernir las verdaderas razones de la derrota de la contrarrevolución y empezaron a comparar a Rusia ya con “arenas movedizas”, que se tragan inevitablemente “al mejor general”, ya con un “desierto sin fin”, donde una muerte cierta aguarda las “mejores tropas”.

II. Las causas de la derrota de la contrarrevolución. ¿Cuáles son las causas de la derrota de la contrarrevolución, y de Denikin en primer lugar? A) La inestabilidad de la retaguardia de las tropas contrarrevolucionarias. Ningún ejército del mundo puede vencer sin una retaguardia firme. Ahora bien, la retaguardia de Denikin (lo mismo que la de Kolchak) carece de toda consistencia. Esta inconsistencia de la retaguardia de las tropas contrarrevolucionarias se debe al carácter social del gobierno Denikin-Kolchak, organizador de esas tropas. Denikin-Kolchak no sólo traen consigo el yugo de los terratenientes y de los capitalistas, sino también el del capital anglo-francés. La victoria de Denikin y de Kolchak significaría la pérdida de la independencia de Rusia, su conversión en vaca lechera de los dueños de la bolsa, de oro anglo- franceses. En este sentido, el gobierno Denikin- Kolchak es de lo más antipopular y antinacional. En este sentido, el Gobierno Soviético es el único popular y el único nacional, en la mejor acepción de la palabra, pues no sólo trae consigo la emancipación de los trabajadores del capital, sino también la emancipación de toda Rusia del yugo del imperialismo mundial y la conversión de Rusia, de colonia, en país independiente y libre.. ¿Acaso no es evidente que el gobierno Denikin- Kolchak y sus tropas no pueden gozar del aprecio ni del apoyo de amplias capas de la población rusa? ¿Acaso no es evidente que las tropas de Denikin y de Kolchak no pueden sentir ese apasionado deseo de vencer y ese entusiasmo sin los que es totalmente

imposible la victoria? La retaguardia de Denikin y de Kolchak cruje, cuarteando los cimientos del frente, porque el gobierno Denikin-Kolchak es un gobierno de esclavización del pueblo ruso, un gobierno que despierta la mayor desconfianza entre amplias capas de la población. La retaguardia de las tropas soviéticas se fortalece, nutriendo con su sabia el frente rojo, porque el Gobierno Soviético es un gobierno de emancipación del pueblo ruso, un gobierno que goza de la mayor confianza entre las amplias capas de la población. B) La situación periférica de la contrarrevolución. Ya al comienzo de la Revolución de Octubre se perfiló cierta delimitación geográfica entre la revolución y la contrarrevolución. Con el desarrollo de la guerra civil, las zonas de la revolución y de la contrarrevolución se precisaron definitivamente. La Rusia interior, con sus centros industriales, culturales y políticos –Moscú y Petrogrado-, y con su población homogénea desde el punto de vista nacional, preferentemente rusa, se convirtió en base de la revolución. En cambio, las regiones periféricas de Rusia, preferentemente las del Sur y las del Este, sin centros industriales, culturales y políticos importantes, con una población sumamente heterogénea desde el punto de vista nacional y compuesta, de una parte, por cosacos colonizadores privilegiados y, de otra, por pueblos que no gozan de la plenitud de sus derecho, como los tártaros, los bashkires, los kirguises (en el Este), los ucranianos, los chechenos, los ingushos y otros pueblos musulmanes, se convirtieron en base de la contrarrevolución.

No es difícil comprender que esa distribución geográfica de las fuerzas contendientes en Rusia no tiene nada de antinatural. En efecto, ¿quién, si no el proletariado de Petrogrado y de Moscú, podía servir de base al Gobierno Soviético'? ¿Quién más podía ser el baluarte de la contrarrevolución denikin- kolchakiana, si no el instrumento secular del imperialismo ruso, los cosacos, que gozan de privilegios, están organizados como casta militar y, desde tiempos inmemoriales, explotan a los pueblos no rusos de las regiones periféricas? ¿Acaso no es evidente que no podía haber otra “distribución geográfica”? Pero la consecuencia de ello fue (y sigue siéndolo) toda una serie de desventajas funestas e inevitables para la contrarrevolución y otras tantas ventajas inevitables para la revolución. Para el éxito de las tropas que operan en una época de encarnizada guerra civil es absolutamente indispensable la unidad, la cohesión del medio humano cuyos elementos nutren y cuya savia sustenta a dichas tropas. Esa unidad puede ser nacional (especialmente al comienzo de la guerra civil) o de clase (especialmente cuando la guerra civil se ha desarrollado).

Sin esa unidad son inconcebibles éxitos militares duraderos. Y el hecho es que las regiones periféricas de Rusia (las del Sur y las del Este) no ofrecen ni pueden ofrecer a las tropas de Denikin y de Kolchak, ni desde el punto de vista nacional, ni desde el punto de vista de clase, ese mínimo de unidad del medio humano sin la cual (como he dicho antes) es imposible toda victoria seria. En efecto, ¿qué unidad nacional puede haber entre los anhelos nacionales de los tártaros, los bashkires, los kirguises (en el Este) y los kalmukos, los chechenos, los ingushos y los ucranianos (en el Sur), de una parte, y la gobernación autocrática “rusa pura” de Denikin y de Kolchak, de otra parte? O bien, ¿qué unidad de clase puede haber entre los cosacos privilegiados del Ural, de Oremburgo, del Don y del Kubán, de una parte, y, de otra, el resto de los habitantes de las regiones periféricas, sin exceptuar a los rusos “foráneos”, siempre oprimidos y explorados por sus vecinos, los cosacos? ¿Acaso no es evidente que tropas compuestas de elementos tan heterogéneos deben disgregarse inevitablemente al primer golpe serio que les asesten los ejércitos soviéticos, y que cada uno de esos golpes ha de aumentar sin falta la gravitación de los elementos no cosacos de las regiones periféricas de Rusia hacia el Gobierno Soviético, el cual rechaza de raíz toda ambición imperialista y está dispuesto a satisfacer de buen grado sus aspiraciones nacionales?

En contraste con las regiones periféricas, la Rusia interior ofrece un panorama totalmente distinto. En primer lugar, en el aspecto nacional es homogénea y está unida, pues las nueve décimas partes de su población las componen grandes rusos. En segundo lugar, el logro de la unidad de clase del medio humano que nutre el frente y la retaguardia inmediata de las tropas soviéticas lo facilita el hecho de que aquí se encuentra el proletariado de Petrogrado y de Moscú, que goza de popularidad entre los campesinos y los agrupa estrechamente en torno al Gobierno Soviético. Esta es una de las razones del sorprendente contacto entre la retaguardia y el frente en la Rusia Soviética, un contacto del que nunca ha podido jactarse el gobierno Denikin-Kolchak. Al Gobierno Soviético le basta lanzar un llamamiento de ayuda al frente, para que Rusia ponga a su disposición, en un abrir y cerrar de ojos, todo un sartal de nuevos regimientos. Aquí es donde debemos buscar también el origen de la sorprendente fuerza y de la elasticidad sin igual que manifiesta habitualmente la Rusia Soviética en los momentos críticos. Y aquí es donde, asimismo, se debe buscar la explicación del hecho, incomprensible para los doctos hechiceros de la Entente, de que “las tropas contrarrevolucionarias, al llegar a ciertos límites (¡a los de la Rusia interior!), sufran catástrofes

inevitables...” Pero además de esas profundas causas de la derrota de la contrarrevolución, y de Denikin en primer lugar, hay otras más inmediatas (nos referimos, sobre todo, al Frente del Sur). Esas causas son las siguientes: 1) La mejora en cuanto a las reservas y a los refuerzos en el Frente soviético del Sur. 2) La mejora del aprovisionamiento. 3) El aflujo al ir ente de obreros comunistas de Petrogrado, de Moscú, de Tver y de Ivánovo- Vosnesensk, que se han incorporado a nuestros regimientos del Sur y los han transformado por completo. 4) El orden puesto en los organismos de dirección, completamente desorganizados antes por las incursiones de Mámontov. 5) La habilidad con que el mando del Frente del Sur recurre a los golpes de flanco durante la ofensiva. 6) El carácter metódico de la ofensiva misma.

III. La situación actual del frente del sur. Entre todas las unidades de Denikin, debe considerarse que la fuerza más seria la constituyen el ejército voluntario (infantería), el mejor instruido y con una gran reserva de oficiales profesionales en sus regimientos, y los cuerpos de caballería de Shkuró y Mámontov. La misión del ejército voluntario era tomar Moscú; la de la caballería de Shkuró y Mámontov, forzar el frente de nuestros ejércitos del Sur y destrozar su retaguardia. Los primeros éxitos decisivos los obtuvo nuestra infantería en los combates de Oriol, en la zona de Kromi-Dmítrovsk. Aquí, nuestra infantería derrotó al 1er cuerpo de ejército (el mejor) del ejército voluntario, el cuerpo de ejército del general Kutépov, con las divisiones Kornílov, Drozdov, Márkov y Alexéiev. Los primeros éxitos decisivos los obtuvo nuestra caballería en los combates de Vorónezh, en la zona de los ríos Ikoriéts, Usman, Vorónezh y Don. Aquí, la agrupación de caballería del camarada Budionny chocó por primera vez frente a frente con las fuerzas unidas de los cuerpos de ejército de Shkuró y de Mámontov y las arrolló. Nuestros éxitos en los sectores de Oriol y Vorónezh sentaron la base del subsiguiente avance de nuestros ejércitos en dirección Sur. Los éxitos en los sectores de Kiev, Járkov, Kupiansk y Liskí son, simplemente, consecuencia y desarrollo de los éxitos fundamentales, obtenidos en Oriol y en Vorónezh. Hoy, el ejército voluntario se retira en desorden, presionado por nuestras unidades, con sus comunicaciones y su sistema de dirección destrozados y habiendo perdido, entre muertos, heridos y prisioneros, por lo menos la mitad de sus efectivos.

Se puede afirmar con toda seguridad que, de no ser llevado a la retaguardia para una restauración a fondo, pronto perderá toda capacidad de combate. En cuanto a la agrupación de caballería de Shkuró-Mámontov, a pesar de que ha sido reforzada con dos nuevos cuerpos de caballería del Kubán (el del general Ulagái y el del general Naúmenko) y con la división mixta de ulanos del general Chesnokov, no constituye ningún peligro serio para nuestra caballería. Así lo han demostrado los recientes combates de Lisichansk, donde nuestra caballería infligió una derrota aplastante a la reforzada agrupación de Shkuró-Mámontov, que dejó abandonados diecisiete piezas de artillería, ochenta ametralladoras y más de mil hombres segados a sablazos. Desde luego, no se puede decir que los ejércitos de Denikin hayan sido definitivamente aplastados. Los ejércitos de Denikin no han alcanzado aún el grado de descomposición de los de Kolchak. Denikin es aún capaz de alguna mala pasada táctica, y quizá estratégica. Tampoco debemos olvidar que en diez semanas sólo hemos capturado a Denikin unas 150 piezas de artillería, 600 ametralladoras, 14 trenes blindados, 150 locomotoras, 10.000 vagones y unos 16.000 prisioneros. Pero una cosa es indudable: los ejércitos de Denikin ruedan inconteniblemente, tras los de Kolchak, cuesta abajo, mientras que nuestros ejércitos son cada día más fuertes, tanto en calidad como en número. Y ello es garantía de que Denikin será derrotado definitivamente. Siérpujov, 26 de diciembre de 1919.

Publicado con la firma de J. Stalin el 28 de diciembre de 1919 en el núm. 293 de “Pravda”.

P.S.80 Este artículo fue escrito antes de que nuestras tropas rompieran el frente de Denikin en el sector de Taganrog. A ello se debe, en rigor, la prudencia de su tono. Pero ahora que el frente de Denikin ha sido roto, ahora que las divisiones del ejército voluntario han sido cortadas de los ejércitos denikinistas del Don y del Cáucaso, ahora que en dos días de combates en los accesos de Taganrog (el 1 y el 2 de enero) nuestras fuerzas han capturado al enemigo más de doscientas piezas de artillería, siete trenes blindados, cuatro tanques y multitud de otros trofeos, ahora que nuestras fuerzas, después de haber liberado Taganrog, asedian los focos de la contrarrevolución -Novocherkassk y Rostov-, ahora se puede afirmar con toda seguridad que la destrucción de los ejércitos de Denikin marcha a todo vapor. Otro golpe y la victoria definitiva estará asegurada. Kursk, 7 de enero de 1920.

Publicado con la firma de J. Stalin el 16 de febrero de 1920 en el núm. 1 de la revista “Revolutsionni Front”.