Moscú. Kremlin. A Lenin.

La situación del frente cerca de Minsk es por ahora mala. Cerca de Dvinsk no es mejor. Cerca de Lubénets es aún peor. Nuestras unidades están desgastadas. Las reservas de las mismas solo podrán utilizarse dentro de un mes. El enemigo no quiere esperar. Pilsudski se encuentra en algún lugar cerca de Molodechno y se jacta de la supuesta toma de Minsk.

El plan de los polacos: ocupar hasta el Dniéper, y luego poner en acción las unidades guardias blancas rusas, habiendo fabricado previamente algún gobierno ruso, al estilo del gobierno de Rodzienko. Es seguro que en Varsovia ya se está formando un cuerpo ruso.

Ahora podríamos arreglar el asunto si usted nos diera una división preparada. Temo que usted no lo haga ahora, y más tarde, dentro de un mes, no bastarán tres divisiones. Permanecer donde estamos ahora es imposible, pues Minsk y Dvinsk caerán gratuitamente.

Por eso hemos decidido pasar a la ofensiva, uniendo y reforzando las unidades sobre la marcha. Es posible que de esto salga algo bueno. Las unidades nacionales complican algo el asunto, habría que sustituirlas. El comandante del ejército no sirve para nada, solo estropea las cosas.

No he tenido tiempo de recibir su respuesta a mi carta desde Smolensk. Le ruego que lea este mensaje cifrado a Sklianski. En los próximos días estaré en Smolensk.

Stalin.

Sbornik Leniniano XXXVI. Pp. 110-111.