15 de octubre de 1920 Declaro abierta la I Conferencia de toda Rusia de funcionarios de la Inspección Obrera y Campesina. Camaradas: Antes de pasar a las labores de la Conferencia, permitidme que exprese la opinión del Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera y Campesina acerca de si la inspección es necesaria en un Estado obrero y campesino, y, si lo es, acerca de cuáles deben ser sus tareas fundamentales. Rusia es el primero y único país donde los obreros y los campesinos han tomado el Poder en sus manos. La premisa de la toma del Poder fue la revolución más profunda que ha conocido el mundo, a la que siguieron la demolición de los viejos organismos del Poder del Estado y el nacimiento de organismos nuevos. En los viejos tiempos, las cosas estaban organizadas de tal manera, que los obreros solían trabajar para los señores, y los señores gobernaban el país. A ello se debe, en rigor, que antes de la revolución toda la experiencia de gobierno del país estuviese concentrada en manos de las clases dominantes. Pero después de la Revolución de Octubre subieron al Poder los obreros y los campesinos, que jamás habían gobernado, que únicamente conocían el trabajo para otros y no poseían la necesaria experiencia de gobierno del país.

Esa es la primera circunstancia entre las que han originado los defectos de que adolecen ahora los organismos de gobierno del País de los Soviets. Además, una vez demolidos los viejos organismos de gobierno del Estado, fue abatido el burocratismo, pero quedaron los burócratas. Estos, disfrazándose de funcionarios soviéticos, entraron en nuestros organismos del Estado y, aprovechando la inexperiencia de los obreros y de los campesinos, que acababan de subir al Poder, desplegaron sus viejas argucias para saquear los bienes del Estado e introdujeron las viejas costumbres burguesas. Esa es la segunda circunstancia de la que brotan defectos en nuestros organismos del Estado. Por último, el nuevo Poder heredó del viejo un aparato económico completamente destrozado. El desbarajuste del aparato económico agravé se aun más debido a la guerra civil impuesta a Rusia por la Entente. Esta circunstancia es también origen de fallas y defectos en la máquina del Estado. He aquí, camaradas, las condiciones que dieron origen a los defectos de nuestros organismos del Estado.

Es evidente que mientras existan esas condiciones, mientras haya defectos en los organismos del Estado, será necesaria la inspección. Naturalmente, la clase obrera se esfuerza por adquirir experiencia de gobierno del país; mas, no obstante, la experiencia de los representantes de la nueva clase que ha subido al Poder es todavía insuficiente. Naturalmente, a los burócratas, que se han disfrazado e introducido en nuestros organismos, se les pone freno; pero aun no han sido refrenados en la medida necesaria. Naturalmente, la ruina que observamos disminuye, gracias a la actividad febril de nuestros organismos estatales; pero, no obstante, sigue existiendo. Y precisamente por ello, mientras se den esas circunstancias, mientras tengamos esos defectos, necesitamos de un aparato especial del Estado que examine los defectos, los corrija y ayude a nuestros organismos del Estado a perfeccionarse. ¿Cuáles son las tareas principales de la inspección? Las tareas principales son dos.

La primera es que, como resultado de su trabajo de revisión, o en el transcurso del mismo, los inspectores ayuden a nuestros camaradas que ejercen el Poder, tanto en el centro como en provincias, a establecer las formas más convenientes de registro de los bienes del Estado; que les ayuden a establecer formas adecuadas de rendición de cuentas y a poner en orden los organismos de abastos, los organismos de tiempo de paz y de tiempo de guerra, los organismos económicos. Esta es la primera tarea principal. La segunda tarea principal consiste en que la I.O.C. prepare en el transcurso de su trabajo instructores salidos de entre los obreros y los campesinos, capaces de dominar todo el aparato del Estado. Camaradas, el país no lo gobiernan, de hecho, quienes eligen sus delegados al parlamento, en el régimen burgués, o a los congresos de los Soviets, en el régimen soviético. No; el país lo gobiernan, de hecho, los hombres que dominan los organismos ejecutivos del Estado, los hombres que dirigen esos organismos. Si la clase obrera quiere efectivamente dominar el aparato del Estado, para gobernar el país, no sólo debe tener representantes expertos en el centro, en los lugares donde se discuten y deciden los problemas, sino también allí donde se ejecutan las decisiones. Sólo entonces se podrá decir que la clase obrera se ha adueñado de verdad del Estado. Para conseguirlo, hay que contar

con suficiente número de instructores en gobernación del país. La tarea principal de la I.O.C. consiste en educar y preparar a esos hombres, incorporando a la labor de inspección a amplias capas de obreros y de campesinos. La I.O.C. debe ser una escuela para esos cuadros salidos de entre los obreros y los campesinos. Esa es la segunda tarea de la I.O.C. De aquí, los métodos de trabajo que necesita practicar la Inspección Obrera y Campesina. En los viejos tiempos, antes de la revolución, el control se hallaba fuera de las instituciones oficiales, era una fuerza exterior, que, al revisar el trabajo de las instituciones, trataba de cazar a los culpables, de cazar a los delincuentes, y con ello terminaba su trabajo. Este método es un método que yo calificaría de policiaco, un método de cazar delincuentes, un método de denuncias sensacionales para que toda la prensa las vocee. Ese método debe ser desechado. Ese método no es el de la Inspección Obrera y Campesina. Nuestra inspección no debe considerar como algo ajeno las instituciones, cuyo trabajo revisa; debe considerarlas como instituciones propias, a las que es preciso enseñar y perfeccionar. Lo principal no es cazar a este o aquel delincuente, sino, ante todo, estudiar las instituciones cuyo trabajo se revisa, estudiarlas profundamente, con seriedad, estudiar sus defectos y sus méritos e impulsar el perfeccionamiento de esas instituciones. Lo peor, lo menos deseable, sería que la inspección se entusiasmara por los métodos policíacos, que se dedicara a pesar el humo en las instituciones revisadas, que se pusiera a darles dentelladas, que no viese más que lo superficial de los fenómenos, pasando por alto los defectos principales.

El método de trabajo de la I.O.C. debe ser descubrir los defectos principales. Sé que este camino de la I.O.C. es muy difícil y que con frecuencia suscita el descontento de algunos funcionarios de las instituciones revisadas; sé que algunos burócratas ensoberbecidos, y también algunos comunistas que se dejan influir por esos burócratas, suelen odiar a los funcionarios más honrados de la I.O.C. Pero la Inspección Obrera y Campesina no debe arredrarse por ello. Debe tener presente un mandamiento fundamental: no perdonar a nadie, ocupe el puesto que ocupe, y obrar únicamente en bien, en interés de la causa. Esta es una tarea muy difícil y muy delicada, que exige de los funcionarios mucha firmeza y una gran honradez, una honradez acrisolada. Desgraciadamente, debo decir que en las revisiones practicadas aquí, en Moscú, en algunas instituciones, los propios agentes del control no han estado a la altura de su cargo. Debo declarar que el Comisariado será implacable con tales agentes. El Comisariado exigirá que se les apliquen las medidas de castigo más rigurosas, porque esa gente empaña el honor de los funcionarios de la Inspección Obrera y Campesina. Si a la Inspección Obrera y Campesina le ha correspondido la noble tarea de corregir los defectos de nuestras instituciones y de ayudar a los funcionarios de las mismas a avanzar, a perfeccionarse, si la Inspección Obrera y Campesina tiene planteada la tarea de no compadecerse de nadie, de velar sólo por los intereses de la causa, cae de su peso que los propios funcionarios de la I.O.C. deben ser hombres honrados, hombres sin tacha, implacables en su razón. Esto es absolutamente indispensable para que no sólo tengan un derecho formal, sino también moral, de revisar y de enseñar a los demás.

Publicado en noviembre-diciembre de 1920, en el núm. 9-10 de “Izvestia Raboche-Kreslianskoi, Inspeklsii”.