1. Memorándum al Buro Político del C.C. del P.C.(b) de Rusia. De una parte, la conducta de Francia y de Norteamérica, que apoyan abiertamente a los polacos y a Wrángel, así como la conducta de Inglaterra, que aprueba tácitamente este apoyo, y, de otra parte, los éxitos de los polacos, el fortalecimiento en perspectiva del ejército de Wrángel con nuevas fuerzas y la concentración del ejército rumano del Este en la zona de Dorohoi, crean para la república una difícil situación internacional y militar. Es necesario tomar medidas inmediatas para asegurar a la República nuevos soldados de infantería (cerca de 100.000) y de caballería (cerca de 30.000), así como todo el material, víveres y equipos necesarios para esos efectivos. Los últimos éxitos de los polacos han descubierto el defecto fundamental de nuestros ejércitos: la falta de reservas militares eficaces. Por ello debemos considerar como el punto primordial de nuestro actual programa para elevar el poderío militar de la República, la formación de fuertes reservas que puedan ser lanzadas al frente en cualquier momento. De acuerdo con lo dicho, propongo que se adopte el siguiente programa de formación de reservas militares de la República: 1. Al mismo tiempo que se continúa completando normalmente las divisiones con capacidad de combate que se encuentran en la línea de fuego, se procederá inmediatamente a sacar a la retaguardia las divisiones (de infantería) en cuadro o casi en cuadro que han perdido su capacidad combativa. 2.

Suponiendo que serán de doce a quince las divisiones de infantería que necesitan ser retiradas, se concentrarán estas divisiones en zonas (obligatoriamente cerealistas) desde donde puedan ser lanzadas sin particular demora al frente de Wrángel, al polaco o al rumano, según aconsejen las circunstancias (una tercera parte de esas divisiones podría concentrarse, por ejemplo, en la zona de Olviópol; otra tercera parte, en la zona Konolop- Bajmach, y la otra, en la zona Ilováiskaia- Volnovaja). 3. Esas divisiones deben ser completadas y equipadas con vistas a elevar sus efectivos a siete u ocho mil bayonetas por división, y a que todas ellas estén plenamente preparadas para su envío al frente hacia el 1 de enero de 1921. 4. Se procederá inmediatamente a completar nuestras unidades de caballería del ejército de operaciones, de modo que en los meses próximos (antes de enero) el 1er Ejército de Caballería cuente con 10.000 sables nuevos, el 2° Ejército, con 8.000 y el cuerpo de ejército de Gai, con 6.000. 5. Se procederá inmediatamente a formar cinco brigadas de caballería de 1.500 sables cada una (una brigada de cosacos del Térek, una de montañeses del Cáucaso, una de cosacos del Ural, una de cosacos de Orenburgo y una de cosacos siberianos). Estas brigadas deben ser formadas en el transcurso de dos meses. 6. Se tomarán todas las medidas necesarias para organizar y desarrollar la industria del automóvil, prestando especial atención a la reparación y a la fabricación de coches “Austin” y “Fiat”. 7. Se intensificará por todos los medios la producción de planchas de acero, principalmente para el blindaje de automóviles. 8. Se intensificará por todos los medios la producción de aviones. 9. Se ampliará el programa de aprovisionamiento de acuerdo con los puntos precedentes. Moscú, Kremlin, 25 de agosto de 1920.

2. Declaración al Buro Político del C.C. del P.C.(b) de Rusia. La respuesta de Trotski acerca de las reservas es una evasiva. En su telegrama anterior, al que se refiere en su respuesta, no hay ni siquiera la menor alusión a un plan de formación de reservas ni a la necesidad de ese plan. Cuándo deben ser retiradas del frente las divisiones y a qué zonas, en qué plazos deben ser completadas las divisiones, instruidos los nuevos contingentes y cimentadas las unidades: todos esos puntos (¡que no son, de ningún modo, simples detalles!) han sido eludidos. En la campaña de verano desempeñó un papel importante (negativo) el hecho de que las reservas se encontraran a gran distancia del frente (los Urales, Siberia, Cáucaso del Norte): las reservas llegaban tarde, con gran retraso, y en los más de los casos no cumplían su objetivo. Por ello, las zonas de concentración de las reservas deben ser determinadas de antemano, por ser un factor importantísimo. Un papel no menos importante (también negativo) lo desempeñó la insuficiente instrucción de los nuevos contingentes: mal instruidos y sin cimentar, útiles tan sólo en medio del torrente de una ofensiva general, estos contingentes no resistían, por lo común, una oposición seria del enemigo, abandonaban casi todo el material y se entregaban prisioneros por decenas de miles. Por eso, el plazo de

instrucción y de refuerzo de las unidades también debe ser estudiado de antemano, como factor de gran importancia. Un papel aun más importante (también negativo) corresponde al carácter eventual e improvisado de nuestras reservas: como no teníamos unidades especiales de reserva, las reservas se formaban con frecuencia de modo casual, y con extrema precipitación, de retazos de las unidades más diversas, incluidas las tropas del cuerpo de Defensa Interior de la República, cosa que minaba la firmeza de nuestros ejércitos. En pocas palabras: debemos empezar (¡inmediatamente!) una labor sistemática para asegurar a la República reservas eficaces; de lo contrario, corremos el riesgo de vernos otra vez ante una “inesperada” (“como la nieve en verano”) catástrofe militar. El equipamiento no es “lo más importante”, como supone erróneamente Trotski. La historia de la guerra civil demuestra que, a pesar de nuestra pobreza, siempre hemos podido resolver el problema del equipamiento y a pesar de ello, la mitad de todas las “camisas” y las “botas” entregadas a los soldados iban a parar a manos de los campesinos. ¿Por qué? Porque los soldados las vendían (¡y las seguirán vendiendo!) a los campesinos a cambio de leche, de mantequilla y de carne, es decir, a cambio de lo que nosotros no podemos darles.

También en esta campaña (en la de verano) hemos podido resolver el problema del equipamiento; pero, no obstante, hemos sufrido un revés (me parece que nadie se ha atrevido aún a acusar a nuestros intendentes de que sean los culpables de los reveses en el frente polaco...). Evidentemente, hay factores más importantes que el equipamiento (respecto a ello, v. más arriba). Hay que abandonar de una vez para siempre la nociva “doctrina” de que el equipamiento del ejército debe encomendarse a instituciones civiles y que todo lo demás debe ser competencia del Estado Mayor de Campaña. El C.C. debe conocer y controlar todo el trabajo de los organismos militares, sin excluir la preparación de reservas y de las operaciones, si no quiere verse ante una nueva catástrofe. Por eso insisto: 1) en que los organismos militares no eludan la cuestión hablando de las “camisas de los soldados” y elaboren (procedan a elaborar sin demora) un plan concreto de formación de reservas militares de la República; 2) en que este plan sea examinado por el Comité Central (a través del Consejo de Defensa); 3) en que el Comité Central refuerce el control sobre el Estado Mayor de Campaña, estableciendo la práctica de informes periódicos del Comandante en Jefe o del jefe del Estado Mayor de Campaña al Consejo de Defensa o a una comisión especial integrada por miembros del Consejo de Defensa. 30 de agosto de 1920.

Se publica por primera vez.