En el presente folleto se incluyen únicamente tres artículos sobre la cuestión nacional. La selección concreta de artículos realizada por la editorial tiene, al parecer, el sentido de que los tres artículos escogidos reflejan los tres períodos más importantes en la solución de la cuestión nacional en el seno de nuestro partido, y el folleto en su conjunto tiene por objetivo, evidentemente, ofrecer un panorama más o menos completo de la política de nuestro partido en la cuestión nacional.

El primer artículo (“El marxismo y la cuestión nacional”, véase la revista “Prosveschenie”, 1913) nota 104 refleja el período de discusiones de principio sobre la cuestión nacional en las filas de la socialdemocracia rusa en la época de la reacción terrateniente-zarista, un año y medio antes del comienzo de la guerra imperialista, en la época de ascenso de la revolución democrático-burguesa en Rusia. Dos teorías de la nación luchaban entonces y, en correspondencia, dos programas nacionales: el austríaco, apoyado por el Bund y los mencheviques, y el ruso, bolchevique. La caracterización de ambas corrientes la encontrará el lector en el artículo. Los acontecimientos posteriores, especialmente la guerra imperialista y la desintegración de Austria-Hungría en estados nacionales separados, mostraron palmariamente de qué lado estaba la verdad. Ahora, cuando Springer y Bauer están sentados ante el pesebre roto de su programa nacional, difícilmente se puede dudar de que la historia ha condenado a la “escuela austríaca”. Incluso el Bund tuvo que reconocer que “la exigencia de la autonomía nacional-cultural (es decir, del programa nacional austríaco. J. St.), planteada en el marco del régimen capitalista, pierde su sentido en las condiciones de la revolución socialista” (véase la “XII Conferencia del Bund”, 1920). El Bund ni siquiera sospecha que con ello ha reconocido (involuntariamente reconocido) la inconsistencia de principio de los fundamentos teóricos del programa nacional austríaco, la inconsistencia de principio de la teoría austríaca de la nación.

El segundo artículo («La insurrección de Octubre y la cuestión nacional», véase «La Vida de las Nacionalidades», 1918) refleja el período posterior a la Revolución de Octubre, cuando el Poder Soviético, tras vencer a la contrarrevolución en la Rusia central, chocó con los gobiernos burgueses nacionalistas en las periferias como focos de contrarrevolución, cuando la Entente, alarmada por la creciente influencia del Poder Soviético sobre sus colonias (las de la Entente), comenzó a apoyar abiertamente a los gobiernos burgueses nacionalistas con el fin de estrangular a la Rusia Soviética, cuando, en el curso de la lucha victoriosa contra los gobiernos burgueses nacionalistas, se planteó ante nosotros la cuestión práctica de las formas concretas de la autonomía soviética regional, de la organización de repúblicas soviéticas autónomas en las periferias, de la extensión de la influencia de la Rusia Soviética a los países oprimidos de Oriente a través de las periferias orientales de Rusia, de la creación de un frente revolucionario único de Occidente y Oriente contra el imperialismo mundial. El artículo señala la ligazón indisoluble de la cuestión nacional con la cuestión del poder y trata la política nacional como parte de la cuestión general de los pueblos oprimidos y las colonias, es decir, precisamente aquello contra lo que solían objetar la «escuela austriaca», los mencheviques, los reformistas y la II Internacional, y que se confirmó después con todo el curso de los acontecimientos.

El tercer artículo ("La política del poder soviético sobre la cuestión nacional en Rusia", véase "La Vida de las Nacionalidades", octubre de 1920) se refiere al período actual de la aún inconclusa redistribución administrativa de Rusia sobre la base de la autonomía soviética regional, al período de organización en las periferias de comunas administrativas y repúblicas soviéticas autónomas como partes integrantes de la RSFSR. El centro de gravedad del artículo es la cuestión de la realización práctica de la autonomía soviética, es decir, la cuestión de asegurar la unión revolucionaria entre el centro y las periferias como garantía contra las empresas intervencionistas del imperialismo.

Puede parecer extraño que el artículo rechace decididamente la exigencia de separación de las regiones periféricas de Rusia, considerándola una empresa contrarrevolucionaria. Pero, en esencia, no hay nada extraño en ello. Estamos a favor de la separación de la India, Arabia, Egipto, Marruecos y demás colonias de la Entente, porque la separación en este caso significa la liberación de esos países oprimidos del imperialismo, el debilitamiento de las posiciones del imperialismo, el fortalecimiento de las posiciones de la revolución. Estamos en contra de la separación de las regiones periféricas de Rusia, porque la separación en este caso significa la servidumbre imperialista para dichas regiones, el debilitamiento del poderío revolucionario de Rusia, el fortalecimiento de las posiciones del imperialismo. Precisamente por eso la Entente, al luchar contra la separación de la India, Egipto, Arabia y demás colonias, lucha al mismo tiempo por la separación de las regiones periféricas de Rusia. Precisamente por eso los comunistas, al luchar por la separación de las colonias de la Entente, no pueden al mismo tiempo dejar de luchar contra la separación de las regiones periféricas de Rusia. Evidentemente, la cuestión de la separación se resuelve en dependencia de las condiciones internacionales concretas, en dependencia de los intereses de la revolución.

Del primer artículo se podrían haber suprimido algunos pasajes de interés meramente histórico, pero debido al carácter polémico del artículo, ha sido necesario publicarlo íntegramente y sin modificaciones. El segundo y tercer artículos también se imprimen sin cambios.

1920, octubre.

J. Stalin. Recopilación de artículos.

Giz, Tula, 1920