17-23 de marzo de 1920 1. Discurso en la sesión de apertura de la conferencia, 17 de marzo. Camaradas: Hasta ahora la tarea fundamental planteada ante vosotros, los comunistas del frente y de la retaguardia de Ucrania, era detener el avance de los polacos, derrotar a Petliura y expulsar a Denikin. Esa tarea se está cumpliendo con éxito, y así lo reconocen tanto los amigos como los enemigos. Ahora que Ucrania ya está libre del más enconado enemigo de la revolución, el ejército de Denikin, tenéis ante vosotros otra tarea no menos importante y complicada: restablecer la arruinada economía de Ucrania. No cabe duda de que vosotros, que habéis sabido vencer a Denikin, sabréis vencer la ruina, sabréis dedicar todos vuestros esfuerzos, y toda la energía que distingue a los comunistas de los militantes de otros partidos, para atenuar la ruina y ayudar a los camaradas del Norte. Hay síntomas de que en el Norte esa tarea empieza a ser cumplida. Los partes de los Ejércitos del Trabajo indican que cada día son más las locomotoras y los vagones reparados, y más y más el combustible obtenido. La industria de los Urales aumenta también su producción y va en ascenso. No dudo de que vosotros sabréis seguir el ejemplo de vuestros camaradas del Norte y lograr éxitos análogos. Es seguro que los comunistas cumplirán victoriosamente esta tarea, pues en nuestro Partido hay cohesión, unidad y devoción a la causa, y además, sobre todo esto campea nuestro lema: “Llevar a su término el trabajo empezado, aunque haya que morir para ello”. Sólo gracias a su disciplina y cohesión, el Partido puede enviar miles de militantes a todos los distritos, a todas las regiones. Esa disciplina y esa cohesión nos han permitido vencer al imperialismo y nos permiten esperar que también venceremos a nuestro segundo enemigo: la ruina.

2. Informe sobre la política económica, 19 de marzo. Debo informar acerca de nuestras tareas inmediatas de la edificación económica. Hace un año, cuando las tropas subsidiadas por los imperialistas internacionales estrechaban el apretado anillo del cerco en torno a nuestra Federación, el Consejo de Defensa lanzó la consigna de “Todo para el frente”. Ello significaba que todo nuestro trabajo de construcción debía ser encaminado a abastecer y reforzar el frente. Un año de experiencia ha demostrado que el Consejo de Defensa tenía razón, pues en un año nuestros encarnizados enemigos se han visto rechazados: en lo fundamental. Yudénich, Kolchak y Denikin han sido aniquilados. Así pues, la consigna de “Todo para el frente” ha dado en la práctica buenos resultados. Hace unos dos meses, el Consejo de Defensa lanzó otra consigna: “Todo para la economía nacional”. Eso significa que hay que encaminar todo nuestro trabajo de construcción por nuevos cauces, por cauces económicos, que todas nuestras fuerzas vitales deben ser llevadas al altar de la economía. Sin embargo, eso no quiere decir que hayan desaparecido las tareas militares. Los dos intentos de la Entente de fulminar a la Rusia Federativa Soviética -el primero desde el Este, con Kolchak, y el segundo desde el Sur, con Denikin- han fracasado. Ahora, por lo visto, preparan un nuevo golpe desde el Oeste.

La Entente no es tan necia como para no aprovechar las fuerzas de la nobleza polaca, aunque nada más sea que para impedir a nuestra Federación su nuevo trabajo de construcción. Además, aun no sabemos qué perspectivas inmediatas pueden ofrecerse con el golpe de Estado en Alemania. Como puede verse, el Occidente está preñado de complicaciones nuevas, pero bien definidas. Por ello no puede decirse que al encauzar todo muestro trabajo hacia el restablecimiento de la economía nacional, volvamos la espalda a las tareas militares. Sin embargo, la consigna fundamental debe ser siempre la fundamental. ¿Qué ha inducido al Consejo de Defensa y al Comité Central de nuestro Partido a lanzar esa nueva consigna? El hecho, camaradas, de que, al mirar en torno después de haber derrotado al enemigo exterior, hemos visto un cuadro de absoluta ruina de la economía nacional. ¿Qué problemas se nos plantean con la tarea de restaurar la economía nacional, destrozada por la guerra? El problema básico de la restauración de la economía nacional es el problema del combustible. Todas las guerras imperialistas se han liberado por el combustible. Todas las estratagemas de la Entente han perseguido el fin de privarnos de combustible. Existen tres tipos de combustible: carbón, petróleo y leña. Empezaremos por el problema del carbón. En 1916, es decir, antes de la revolución, extraíamos mensualmente no menos de 140 a 150

millones de puds de carbón y exportábamos a otras regiones no menos de 120 millones de puds. Ahora sacamos, a lo sumo, 18 millones de puds de carbón y de antracita y, a lo más, exportamos 4 ó 5 millones de puds. La cosa es bien clara. El segundo tipo de combustible es el petróleo. Nuestra principal zona petrolera es la de Bakú. En 1916 obtuvimos en total unos 500 millones de puds de petróleo en Bakú, unos 100 millones en Grozni y unos 15 millones en los Urales (Emba). Como es sabido, nuestra fuente principal de petróleo, Bakú, no está en nuestras manos. De Grozni no vale la pena hablar. No sé en qué estado se encontrará Grozni cuando lo recuperemos. Como fuente de combustible, posee inmensas reservas. El año pasado, la extracción se elevó allí a 200 millones de puds. Pero no puedo decir en qué estado lo encontraremos. Todo lo que sabemos es que los blancos lo han destruido a conciencia. El tercer tipo de combustible es la leña. Antes, si traducimos la leña a carbón, obteníamos por año unos 500 millones de puds. Ahora, según datos del Comité General de la Madera, la obtención de leña no pasa del 50% de dicha cifra. Como veis, nuestra situación en cuanto al combustibles crítica. El segundo problema es el de la metalurgia. Puede decirse que la cuenca Donetz-Krivói Rog era y es casi nuestra única fuente de mineral, de hierro fundido y de artículos elaborados. En 1916, la producción mensual de hierro fundido era, por lo menos, de 16 millones de puds.

En la cuenca del Donetz funcionaban entonces no menos de 65 altos hornos. Ahora ninguno de los 65 funciona. En 1916, nuestras fábricas metalúrgicas daban mensualmente unos 14 millones de puds de metal en bruto. Ahora no producen más del 5% de esa cifra. En 1916, nuestra producción mensual de artículos elaborados era de unos 12 millones de puds. Ahora es el 2 o el 3% de esa cifra. También en la metalurgia las cosas están peor que mal. El tercer problema es el de los cereales. Para restaurar la industria, hay que alimentar a los obreros. La falta de cereales es nuestra mayor debilidad y la razón principal de la parálisis de nuestra industria. Antes de la guerra recogíamos en el territorio de nuestra Federación unos 5.000 millones de puds de grano. De ellos exportábamos al extranjero más de 500 millones. El resto de los excedentes se destinaba al consumo interior. Hasta en 1914, cuando empezó la guerra y las fronteras estaban cerradas, logramos exportar unos 300 millones de puds de grano en diez meses. Posteriormente, la exportación descendió a 30 millones de puds. Todo eso indica que en el país hay excedentes de grano, que tiene que haberlos. Es evidente que, de preguntarnos si existe la posibilidad objetiva de conseguir cereales y de crear la reserva sin la cual es imposible levantar la industria, podremos responder que esa posibilidad existe, sin duda alguna.

Reunir la reserva de 300 millones de puds, de que tanto hablan nuestros camaradas, es para nosotros, objetivamente, cosa bien posible. Todo consiste en crear un aparato flexible, tener en cuenta el estado de ánimo de los campesinos, armarse de paciencia, manifestar la habilidad precisa y destinar a este trabajo a todos los camaradas necesarios y con las suficientes dotes de dirección para convertir en hechos las palabras. Podría citar aquí nuestra experiencia en Ucrania. No hace mucho se ha establecido que en Ucrania se han acumulado, por lo menos, 600 millones de puds de cereales de la última cosecha. Con cierto esfuerzo, se hubiera podido conseguir esos 600 millones de puds. Pero nuestros organismos de abastos acordaron que la contingentación no pasase de 160 millones y resolvieron, además que para marzo se podrían acopiar unos 40 millones. Pero eso no ha sido logrado. Debido al relajamiento de nuestros organismos, debido a la verdadera caza de funcionarios de abastos organizada por la gente de Majnó y a los alzamientos de los kulaks en algunos distritos, no hemos conseguido acopiar más que dos millones de puds, en vez de cuarenta. El siguiente problema es el del azúcar. En 1916 fabricamos cerca de 115 millones de puds de azúcar. La demanda era entonces de 100 millones de puds. Hoy sólo producimos unos tres millones. Tal es el estado en que se encuentra hoy nuestra economía nacional, destruida por la guerra.

Ese estado de la economía de la Federación nos dicta, como es natural, la consigna de “Todo para la economía nacional”. ¿Qué significa esa consigna? Esa consigna quiere decir que nuestra labor de agitación y nuestro trabajo constructivo deben ser reorganizados de acuerdo con las nuevas tareas económicas. Ahora tendremos que promover, de entre los obreros, nuestros suboficiales y oficiales de la economía, para que enseñen a la gente a luchar contra la ruina y a construir la nueva economía. La nueva labor de construcción sólo es posible en el proceso de la lucha contra la ruina, y para ello debemos formar nuestros oficiales del trabajo. Si el año pasado organizábamos la emulación entre las unidades militares, ahora tendremos que hacer lo mismo con los trabajadores en las empresas industriales, en las fábricas, en los ferrocarriles, en las minas. Evidentemente, habremos de incorporar a esta labor, no sólo a los obreros, sino también a los campesinos y a otros trabajadores. Además de lo dicho, debo señalar que a los organismos económicos locales, sobre todo a los de región y a los de distrito, es necesario concederles mayores prerrogativas, más independencia que hasta el presente en la labor de restauración de la industria. Hasta ahora, los “Comités Generales”, y nadie más que ellos, dirigían el trabajo; ahora deberemos prestar

especial atención a los organismos locales y darles, por fin, la oportunidad de desplegar su iniciativa, sin la cual será muy difícil ordenar nuestra economía. Finalmente, debemos dedicar atención al apoyo a las organizaciones que el Consejo de Defensa ha pasado del trabajo militar al trabajo de fomento de la economía. Me refiero a los Consejos de los Ejércitos del Trabajo. La experiencia ha demostrado que no siempre acertado incorporar mecánicamente unidades enteras del ejército al trabajo económico. Tendremos que establecer aquí cierta coordinación entre el trabajo de las unidades de reserva y el de los trabajadores en la retaguardia. Pasando al Ejército Ucraniano del Trabajo, debo decir que, por muchas razones, hace muy poco que ha empezado a actuar. Lo primero que se requería era tener una idea de la situación, y luego ya considerar las medidas prácticas necesarias. Lo que hemos podido establecer ofrece un cuadro nada halagüeño. Lo que se encuentra en peor situación es el transporte ferroviario. Hay que señalar que en los cuatro ferrocarriles de Ucrania –el del Suroeste, el del Sur, el del Donetz y el de Catalina- hay bastantes locomotoras, pero el 70% de ellas están averiadas. La consecuencia es que, en lugar de los 45 pares de trenes que antes circulaban diariamente por la línea Járkov-Moscú, ahora sólo podemos dar salida a cuatro o cinco, y a lo sumo ocho pares. Una vez reunidos todos estos datos acerca de la situación en Ucrania, el Consejo del Ejército del Trabajo ha tomado varias medidas prácticas, de las cuales voy a mencionar las siguientes: En primer término, militarizar el trabajo en la industria hullera y movilizar también a la población rural para que cumpla servicios de trabajo, en el acarreo de carbón y su transporte hasta los ferrocarriles.

En segundo término, incorporar nuevas fuerzas obreras a la industria, pues sabemos que, de los 250.000 obreros que trabajaban antes de la revolución, sólo quedan 80.000. Ahora bien para incorporar a la industria esas nuevas fuerzas, hay que resolver el problema de las subsistencias, y estamos tomando varias medidas en ese sentido. En tercer término, instituir una Dirección Central de la industria hullera, que tendrá adjuntas una Dirección de Sanidad, una sección de comunicaciones, una sección de abastos, un tribunal militar y una sección política. Todo esto es necesario para encauzar debidamente la industria y el transporte de Ucrania; para que se los pueda dotar regularmente de mano de obra, de subsistencias, de asistencia médica y de trabajadores políticos; para quitar a los vividores y a los desertores del trabajo las ganas de largarse de la cuenca del Donetz; para implantar la disciplina del trabajo en la industria y el transporte. Por acuerdo establecido con el Comité Central del Partido Comunista de Rusia y el Comité Central de Ucrania, a partir de ahora el presidente del Comité del Partido Comunista de la provincia del Donetz será también jefe de la Sección Política de la industria hullera. Ahora pasará a la Sección Política toda la labor de distribuir las fuerzas del Partido y trasladarlas de un distrito a otro para resolver las cuestiones relacionadas con la industria del carbón. Esas son, a grandes rasgos, las medidas que deben ser tomadas para dar comienzo al restablecimiento de la economía nacional de la Federación, destruida por la guerra, y encauzarla hacia su máximo desarrollo. Doy fin a mi informe, sometiendo a vuestra atención las tesis del C.C. del P.C.R. sobre la edificación económicas.

3. Resumen de la discusión en torno al informe sobre la política económica, 20 de marzo. Debe señalarse el hecho de que ninguno de los delegados haya tratado de oponer cualquier otra resolución a las tesis del Comité Central. La resolución de la Conferencia de Járkov no es más que una adición a las resoluciones del VII Congreso de los Soviets, y, por cierto, no toca muchos problemas mencionados en las tesis del C.C. y relacionados con las tareas inmediatas en la esfera de la edificación económica. Ya he dicho que la tarea esencial es hoy la restauración de la industria hullera. Por ello, el Consejo del Ejército del Trabajo de Ucrania concentra principalmente su atención en instituir un organismo director de la industria hullera, que sea capaz de asegurar un abastecimiento regular y de imponer la disciplina en la industria. Como sabéis, nuestra industria está pasando ahora, en toda la Federación, por la misma fase de desorganización y guerrillerismo por que pasaba el Ejército Rojo hace año y medio. Entonces, el centro dirigente del Partido llamó a poner las cosas en orden, a implantar la disciplina y a convertir las guerrillas en unidades regulares. Lo mismo hay que hacer hoy con respecto a nuestra derruida industria. Hay que unir y organizar esa industria derruida; pues, de lo contrario, no saldremos de la ruina. Un camarada ha dicho aquí que los obreros no temen a la militarización, porque los mejores obreros están hartos del desorden. Eso es bien cierto. Los obreros están hartos del desbarajuste administrativo y aceptarán de buen grado a dirigentes capaces de poner orden y de implantar la disciplina de trabajo en la industria.

4. Discurso de clausura de la conferencia, 23 de marzo. En su discurso de clausura, el camarada Stalin hace el resumen de las labores de la Conferencia Nacional del P.C. (b) de Ucrania. Conceptúa los acuerdos adoptados sobre varios problemas y se detiene en las resoluciones sobre el trabajo en el campo y la edificación económica. La última

cuestión será resuelta definitivamente por el IX Congreso del P.C.R.86. - El problema cardinal de nuestra política -el del trabajo en el campo- ha sido, a mi juicio, resuelto con acierto. Considero que aquí, en Ucrania, estamos ahora viviendo la misma fase de desarrollo del campo que vivió Rusia hace un año o año y medio, cuando la región del Volga y muchas otras zonas de la Rusia Central atravesaban por un período de revueltas. Ese período pasará aquí a la historia, lo mismo que ocurrió, en Rusia. En nuestro trabajo en el campo debemos apoyarnos en los campesinos pobres. El campesino medio no vendrá a nosotros mientras no se convenza de que el Poder Soviético es un Poder fuerte. Sólo entonces los campesinos medios se pasarán a nuestro lado. Partiendo de este planteamiento, puede decirse que la resolución que habéis adopta lo es, sin duda alguna, acertada. Nuestra Conferencia ha resuelto también otra importante cuestión. Me refiero a la incorporación de los borotbistas a nuestro Partido. Los borotbistas son un partido que se nutría de la savia del campo. Ahora, después de la fusión de los borotbistas con nuestro Partido, estamos en condiciones de realizar plenamente la alianza del proletariado con los campesinos pobres. Como sabéis, esa alianza es la base del poderío y de la fuerza de nuestra República Federativa. Permitidme que os felicite por el fecundo trabajo realizado en la Conferencia. Declaro clausurada la Conferencia. (Aplausos.)

Se publica de acuerdo con las anotaciones del secretariado del Estado Mayor del Ejército Ucraniano del Trabajo y las reseñas aparecidas el 18, el 21, el 23 y el 24 de marzo de 1920 en los núms. 62, 64, 65 y 66 del periódico “Kommunist” de Járkov.