2. Resumen de la discusión, 10 de marzo. Camaradas: Lo más característico de este Congreso, en la discusión en torno a la cuestión nacional, ha sido que de las declaraciones sobre la cuestión nacional hemos pasado, a través de la nueva división administrativa de Rusia, al planteamiento práctico de la cuestión. En los comienzos de la Revolución de Octubre, nos limitamos a la declaración de los derechos de los pueblos a la separación. En los años 1918 y 1920 trabajamos en la nueva división administrativa de Rusia según el principio nacional, a fin de acercar las masas trabajadoras de los pueblos atrasados al proletariado de Rusia. Ahora, en cambio, en este Congreso, planteamos, sobre una base puramente práctica, cuál debe ser la política del Partido con respecto a las masas trabajadoras y a los elementos pequeñoburgueses en el interior de las regiones autónomas y de las repúblicas independientes ligadas a Rusia. Por eso me han sorprendido las palabras de Zatonski, cuando ha dicho que las tesis que os han sido presentadas tienen un carácter abstracto; tengo aquí las tesis de Zatonski, que, no sé por qué, no ha sometido a la atención del Congreso y en las que no he logrado encontrar ni una proposición de carácter práctico, lo que se dice ni una, a excepción de la propuesta de cambiar el nombre “R.S.F.S.R.” por la denominación “Europa Oriental”, y las palabras “de Rusia” por “ruso” o “gran ruso”. No he encontrado otras proposiciones prácticas en dichas tesis. Paso ahora a la cuestión siguiente. Debo decir que esperaba más de los delegados que han hecho uso de la palabra. Rusia cuenta con veintidós regiones periféricas, algunas de las cuales han progresado mucho en su desarrollo industrial y difieren poco de la Rusia central en este sentido; otras no han pasado todavía por la fase del capitalismo y difieren radicalmente de la Rusia central; y otras, finalmente, se hallan en un estado de sumo atraso. Es imposible abarcar en las tesis toda

esta diversidad de las regiones de la periferia en todos sus detalles concretos. No se puede exigir que las tesis, validas para todo el Partido en su conjunto, tengan un carácter exclusivamente turkestano, exclusivamente azerbaidzhano o exclusivamente ucraniano. Es preciso tomar los rasgos característicos comunes a todas las regiones de la periferia e incluirlos en las tesis, haciendo abstracción de lo particular. En la naturaleza no existen otros métodos de elaboración de tesis. Es preciso dividir las naciones no gran rusas en varios grupos, como se ha hecho en las tesis. Las naciones no rusas cuentan con una población de cerca de 65.000.000 de personas. El rasgo característico común de todas estas naciones no rusas consiste en que han quedado rezagadas de la Rusia central en el desarrollo de su organización estatal. Nuestra misión consiste en ayudar con todas nuestras fuerzas a estas naciones, a sus elementos proletarios y trabajadores, a desarrollar entre ellos la organización estatal soviética en su lengua materna. Este rasgo común figura en las tesis, en su parte práctica. Además, si continuamos concretando las peculiaridades de las regiones periféricas, será preciso restar, del total de cerca de 65.000.000 de personas que pertenecen a nacionalidades no rusas, unos 25 millones de personas de los pueblos turcos, que no han pasado por el capitalismo.

El camarada Mikoián no tiene razón al decir que el Azerbaidzhán supera en ciertos aspectos a las provincias rusas. Por lo visto, confunde Bakú con el Azerbaidzhán. Bakú no ha salido de las entrañas del Azerbaidzhán, sino que es una superestructura erigida por los esfuerzos de Nóbel, de Rotbschild, de Whisliaw y otros. Por lo que se refiero al propio Azerbaidzhán, es un país donde existen las relaciones patriarcal-feudales más atrasadas. Por eso, incluyo por entero al Azerbaidzhán en el grupo de las regiones periféricas que no han pasado por el capitalismo y en las que es preciso emplear métodos especiales para encauzarlas en la economía soviética. Esto se ha señalado en las tesis. Además, existe un tercer grupo, de no más de 6 millones de personas, en su mayoría de tribus dedicadas al pastoreo, donde todavía subsiste el modo de vida gentilicio y que no han pasado aún a la economía agrícola. Se trata, principalmente, de los kirguises, de la parte septentrional del Turkestán, de los bashkires, los chechenos, los osetinos y los ingushos. Con respecto a este grupo de nacionalidades, es preciso, ante todo, asegurarles la tierra necesaria. Aquí no se ha concedido la palabra a los kirguises ni a los bashkires, pues se ha cerrado la discusión. Ellos nos habrían hablado aun más de las penalidades que padecen la Alta Bashkiria, Kirguizia y los montañeses, en vías de extinción por falta de tierra.

Pero lo que a este respecto decía Safárov, se refiero únicamente a un grupo de población de 6 millones. Por eso es inconcebible hacer extensivas a todas las regiones periféricas las proposiciones prácticas de Safárov, ya que para el resto de las nacionalidades no rusas, que comprende cerca de 60 millones, estas enmiendas no tienen ningún valor. Por eso, sin hacer ninguna objeción a las concreciones, adiciones y enmiendas introducidas por Safárov en algunos puntos, y que atañen a determinados grupos de nacionalidades, he de decir que no se pueden generalizar esas enmiendas. Además, debo hacer una observación a una de las enmiendas de Safárov, en la que se ha deslizado una frase sobre la “autodeterminación nacional-- cultural”: “Hasta la Revolución de Octubre -dice la enmienda-, los pueblos coloniales y semicoloniales de las regiones periféricas orientales de Rusia estaban privados, por culpa de la política imperialista, de toda posibilidad de incorporarse a las conquistas culturales de la civilización capitalista mediante la propia autodeterminación nacional-cultural, la instrucción, en la lengua materna”, etc. Debo decir que no puedo aceptar esta enmienda, porque huele a bundismo. La autodeterminación nacional-cultural es una fórmula bundista. Hace tiempo que nos despedimos de las consignas nebulosas de la autodeterminación y no hay necesidad de restablecerlas.

Además, toda esta frase constituye un conglomerado de palabras de lo más artificial. Prosigamos. Tengo una nota, en la cual se pretende que nosotros, los comunistas, creamos de modo artificial la nacionalidad bielorrusa. Esto no es cierto, porque la nación bielorrusa existe, posee su idioma, diferente del ruso, por lo cual sólo en su lengua materna se puede elevar la cultura del pueblo bielorruso. Análogas disquisiciones se oían hace cinco años con respecto a Ucrania y la nación ucraniana. Y todavía bien recientemente se decía que la república ucraniana y la nación ucraniana son una invención de los alemanes. Y sin embargo, es evidente que la nación ucraniana existe y que el desarrollo de su cultura es un deber de los comunistas. No se puede ir contra la historia. Es claro que, si hasta ahora aun predominan en las ciudades de Ucrania los elementos rusos, con el tiempo estas ciudades se ucranianizarán inevitablemente. Hace unos cuarenta años, Riga era una ciudad alemana, pero como las ciudades crecen a expensas de las aldeas y las aldeas son la custodia de la nacionalidad, Riga es hoy una ciudad puramente letona. Todas las ciudades de Hungría, que hace unos cincuenta años, tenían carácter alemán, en la actualidad se han magiarizado. Lo mismo sucederá con Bielorrusia, en cuyas ciudades predominan aún los no bielorrusos. Al terminar el resumen de la discusión, propongo al Congreso que elija una comisión, en la que deben

figurar representantes de las regiones, para seguir concretando las proposiciones prácticas de las tesis, que interesan a todas nuestras regiones de la periferia. (Aplausos.)

Publicado en el libro: “El X Congreso del Partido Comunista de Rusia. Actas taquigráficas.” Moscú, 1921.