8-16 de marzo de 1921. Actas taquigráficas. 1. Informe sobre las tareas del partido en la cuestión nacional, 10 de marzo. Antes de pasar a las tareas concretas e inmediatas del Partido en la cuestión nacional, es preciso dejar sentadas algunas premisas, sin las que sería imposible resolver la cuestión nacional. Estas premisas se refieren a la aparición de las naciones, al surgimiento de la opresión nacional, a las formas que adquiere dicha opresión en el curso del desarrollo histórico y, luego, a las formas de resolver la cuestión nacional en los distintos períodos del desarrollo. Estos períodos son tres. El primer período es el de la liquidación del feudalismo en el Occidente y del triunfo del capitalismo. La agrupación de los hombres en naciones corresponde a este período. Me refiero a países como Inglaterra (sin Irlanda), Francia o Italia. En el Occidente -en Inglaterra, en Francia, en Italia y, en parte, en Alemania-, el período de la liquidación del feudalismo y de la agrupación de los hombres en naciones coincidió, en términos generales, con el período de la aparición de Estados centralizados, y de aquí que, en su desarrollo, las naciones hayan revestido allí formas estatales. Y como en el interior de dichos Estados no existían otros grupos nacionales de alguna importancia, tampoco existía allí opresión nacional.

Por el contrario, en el Este de Europa, el proceso de formación de las naciones y de liquidación del fraccionamiento feudal no coincidió con el proceso de formación de Estados centralizados. Me refiero a Hungría, Austria y Rusia. En estos países no existía aún desarrollo capitalista; posiblemente, este desarrollo sólo se iniciaba, mientras que los intereses de la defensa contra las invasiones de los turcos, de los mongoles y de otros pueblos del Oriente exigían de un modo inaplazable la formación de Estados centralizados, capaces de resistir el empuje de las invasiones. Y como en el Este de Europa el proceso de aparición de los Estados centralizados era más rápido que el proceso de agrupación de los hombres en naciones, se formaron allí Estados mixtos, compuestos por varios pueblos que aun no se habían constituido en naciones, pero que ya se habían unido en un Estado común. De este modo, el primer periodo se caracteriza por la aparición de las naciones en los albores del capitalismo; y mientras que en el Oeste de Europa se forman Estados puramente nacionales, sin opresión nacional, en el Este nacen Estados multinacionales, con una nación más desarrollada al frente, encontrándose las demás naciones, menos desarrolladas, en un estado de subordinación política, y más tarde también económica, con respecto a la nación dominante.

Estos Estados multinacionales del Oriente han sido la patria de la opresión nacional, que ha engendrado los conflictos nacionales, los movimientos nacionales, la cuestión nacional y las diferentes formas de resolverla. El segundo periodo de desarrollo de la opresión nacional y de los medios de lucha contra ella corresponde al periodo de la aparición del imperialismo en el Occidente, cuando el capitalismo, buscando mercados de venta, materias primas, combustible y mano de obra barata y luchando por la exportación de capitales y por asegurarse las grandes vías férreas y marítimas, desborda el marco del Estado nacional y amplía su territorio a expensas de sus vecinos, próximos y lejanos. En este segundo periodo, los viejos Estado nacionales del Occidente -Inglaterra, Italia, Francia- dejan de ser Estados nacionales, es decir, mediante la anexión de nuevos territorios se convierten en Estados multinacionales, en Estados coloniales, constituyendo así el escenario para la misma opresión nacional y colonial que ya existía anteriormente en el Este europeo.

En el Oriente de Europa, este periodo se caracteriza por el despertar y el fortalecimiento de las naciones sojuzgadas (checos, polacos, ucranianos), que ha llevado, a consecuencia de la guerra imperialista, a la disgregación de los viejos Estados multinacionales burgueses y a la formación de nuevos Estados nacionales, esclavizados por las llamadas grandes potencias. El tercer periodo es el período soviético, el período de la destrucción del capitalismo y de la liquidación de la opresión nacional, cuando el problema de las naciones dominantes y sojuzgadas, de las colonias y metrópolis, se relega al archivo de la historia, cuando se alzan ante nosotros, en el territorio de la R.S.F.S.R., naciones que gozan de igual derecho para desarrollarse, pero que han conservado cierta desigualdad, legada por la historia y debida a su atraso económico, político y cultural. La esencia de esta desigualdad nacional reside en que, como resultado del desarrollo histórico, hemos recibido una herencia del pasado por la cual una nación, precisamente la gran rusa, ha resultado más desarrollada que las demás, tanto en el aspecto político como en el industrial. De aquí la desigualdad efectiva, que no puede ser superada en un solo año, pero que ha de superarse prestando ayuda económica,

política y cultural a las naciones y pueblos atrasados. He aquí los tres períodos del desarrollo de la cuestión nacional, cuyo proceso histórico hemos examinado. Los dos primeros periodos poseen un rasgo común, consistente en que, en ambos períodos, las naciones son oprimidas y esclavizados, a consecuencia de lo cual la lucha nacional subsiste y la cuestión nacional permanece sin resolver. Pero también existe entre ambos períodos una diferencia, consistente en que, en el primer período, la cuestión nacional no sale del marco de los diferentes Estados multinacionales y afecta únicamente a unas pocas naciones, principalmente europeas; mientras que, en el segundo período, la cuestión nacional se transforma, de cuestión interna del Estado, en una cuestión entre Estados, en la cuestión de la guerra entre los Estados imperialistas por mantener sometidas a su dominio a las nacionalidades que no gozan de la plenitud de derechos, por someter a su influencia a nuevos pueblos y tribus fuera de los límites de Europa. De este modo, la cuestión nacional, que anteriormente sólo tenía importancia en los países cultos, pierde en este período su carácter aislado y se funde con la cuestión general de las colonias. El desarrollo de la cuestión nacional hasta convertirse en la cuestión general de las colonias no constituye una casualidad histórica.

Este desarrollo se explica, en primer lugar, por el hecho de que, durante la guerra imperialista, los propios grupos imperialistas de los países beligerantes tuvieron que apelar a las colonias, de donde extraían el material humano con el que formaban sus tropas. Es indudable que este proceso –la inevitable apelación de los imperialistas a los pueblos atrasados de las colonias- no podía por menos de despertar estas tribus y pueblos al movimiento de liberación y a la lucha. El segundo factor que llevó a que la cuestión nacional se ampliara y se desarrollara hasta convertirse en la cuestión general de las colonias, que ha abarcado a todo el globo terráqueo, primero con chispazos y más tarde con la llama del movimiento de liberación, es el intento de los grupos imperialistas de dividir a Turquía y acabar con su existencia estatal. Turquía, que es el país más desarrollado en el sentido estatal entre los pueblos musulmanes, no podía resignarse a tal perspectiva, levantó la bandera de la lucha y agrupó en torno suyo, contra el imperialismo, a los pueblos del Oriente. El tercer factor es la aparición de la Rusia Soviética, cuya lucha contra el imperialismo tuvo una serie de éxitos y, como es natural, alentó a los pueblos oprimidos del Oriente, los despertó, los alzó a la lucha y, con ello, hizo posible la creación de un frente común de naciones oprimidas, que se extiende desde Irlanda hasta la India.

He aquí todos los factores que, en la segunda etapa del desarrollo de la opresión nacional, han hecho que la sociedad burguesa, lejos de haber resuelto la cuestión nacional, lejos de haber llevado a la paz entre los pueblos, haya atizado la chispa de la lucha nacional, convirtiéndola en la llama de la lucha de los pueblos oprimidos, de las colonias y semicolonias contra el imperialismo mundial. Es evidente que el único régimen capaz de resolver la cuestión nacional, es decir, el régimen capaz de crear las condiciones que garanticen la convivencia pacífica y la fraternal colaboración de las diversas naciones y tribus, es el régimen del Poder Soviético, él régimen de la dictadura del proletariado. No creo que haya necesidad de demostrar que, bajo el dominio del capital, de la propiedad privada de los medios de producción y con la existencia de las clases, no se puede garantizar la igualdad de derechos de las naciones; que, mientras subsista el poder del capital, mientras continúe la lucha por la posesión de los medios de producción, no puede existir igualdad alguna de derechos entre las naciones, del mismo modo que no puede existir colaboración entre las masas trabajadoras de las naciones. La historia dice que el único medio de acabar con la desigualdad de derechos de las naciones, el único medio de establecer un régimen de fraternal colaboración entre las masas trabajadoras de los pueblos oprimidos y no oprimidos, es la liquidación del capitalismo y la instauración del régimen soviético.

Además, la historia ha demostrado que algunos pueblos, si logran liberarse de su burguesía nacional y de la burguesía “ajena”, es decir, si establecen en sus países el régimen soviético, estos pueblos, mientras exista el imperialismo, no pueden subsistir aisladamente ni defender con éxito su existencia aislada, sin el apoyo económico y militar de las repúblicas soviéticas vecinas. El ejemplo de Hungría demuestra elocuentemente que, sin la unión estatal de las repúblicas soviéticas, sin su unión en una sola fuerza económica y militar, es imposible resistir a las fuerzas coligadas del imperialismo mundial, ni en el frente militar ni en el económico. La federación de repúblicas soviéticas es la forma anhelada de unión estatal, cuya viva encarnación es la R.S.P.S.R. He aquí, camaradas, las premisas sobre las que quería hablar en primer término, para justificar luego la necesidad de determinados pasos de nuestro Partido hacia la solución del problema nacional en el marco de la R.S.F.S.R. Aunque con el régimen soviético ya no existen en Rusia ni en las repúblicas vinculadas a ella naciones dominantes ni naciones privadas de derechos, metrópolis ni colonias, explotados ni explotadores, no obstante, la cuestión nacional existe en Rusia a pesar de todo. La esencia de la cuestión nacional en la R.S.F.S.R. consiste en eliminar el atraso (económico, político y cultural) existente de hecho y

heredado del pasado por algunas naciones, a fin de dar a los pueblos atrasados la posibilidad de alcanzar a la Rusia central en los aspectos estatal, cultural y económico. En el antiguo régimen, el Poder zarista no procuraba, ni podía procurar, el desarrollo de la organización estatal de Ucrania, del Azerbaidzhán, del Turkestán y de otras regiones de la periferia; el Poder zarista luchaba contra el desarrollo de la organización estatal de las regiones de la periferia, así como contra su desarrollo cultural, tendiendo a la asimilación violenta de la población nativa. Además, el viejo Estado, los terratenientes y los capitalistas, nos han dejado en herencia pueblos tan oprimidos como los kirguises, los chechenos y los osetinos, cuyas tierras eran colonizadas por elementos cosacos y kulaks de Rusia. Estos pueblos estaban condenados a padecer sufrimientos increíbles y a la extinción. Además, la situación de la nación gran rusa, como nación dominante, ha dejado huellas de su influencia incluso en los comunistas rusos, que no saben o no quieren acercarse más a las masas trabajadoras de la población nativa, comprender sus necesidades y ayudarles a salir de su atraso e incultura. Me refiero a esos grupos, poco numerosos, de comunistas rusos que desprecian en su trabajo las particularidades del modo de vida y de la cultura de las regiones periféricas y se desvían a veces hacia el chovinismo ruso de Gran Potencia.

Además, la situación de las nacionalidades no rusas, que han sufrido la opresión nacional, no ha dejado de ejercer su influencia sobre los comunistas de la población nativa, que a veces no saben distinguir entre los intereses de clase de las masas trabajadoras de su pueblo y los llamados intereses “comunes a todo el pueblo”. Me refiero a la desviación hacia el nacionalismo local, que se observa a veces en las filas de los comunistas no rusos y que en el Oriente tiene su expresión, por ejemplo, en el panislamismo y en el panturquismo. Finalmente, es preciso salvar de la extinción a los kirguises, bashkires y a ciertas tribus de montañeses y asegurarles las tierras necesarias a expensas de los kulaks colonizadores. Tales son las cuestiones y tareas que, juntas, constituyen la esencia de la cuestión nacional en nuestro país. Después de haber definido estas tareas inmediatas del Partido en la cuestión nacional, quisiera pasar a la tarea general de adoptar nuestra política comunista en las regiones de la periferia a las condiciones peculiares de la vida económica que tenemos principalmente en el Oriente. Se trata de que todo una serie de pueblos, principalmente turcos -cerca de 25 millones de personas-, no han pasado, no han tenido tiempo de pasar por el período del capitalismo industrial, y, por esa razón, no tienen un proletariado industrial o carecen casi de él; por consiguiente, estos pueblos tienen que pasar de las primitivas formas de la economía a la fase de la economía soviética, sin pasar por el capitalismo industrial.

Para llevar a cabo este tránsito difícil, pero en modo alguno imposible, es preciso tener en cuenta todas las particularidades de la situación económica, incluso del pasado histórico, del modo de vida y de la cultura de estos pueblos. Sería inconcebible y peligroso trasplantar al territorio de estos pueblos las medidas que tenían vigor y sentido aquí, en el centro de Rusia. Es evidente que, al aplicar la política económica de la R.S.F.S.R., es absolutamente preciso tomar en consideración todas las particularidades de la situación económica, de la estructura de clase y del pasado histórico, que hemos encontrado en estas regiones de la periferia. No me refiero ya a la eliminación de incongruencias tales como el hecho de que el Comisariado del Pueblo de Abastecimiento haya exigido la entrega de cerdos en Kirguizia con arreglo al sistema de contingentación de las entregas al Estado, cuando la población musulmana de Kirguizia nunca ha criado cerdos. Por este ejemplo se ve hasta qué grado no se quieren tener en cuenta las peculiaridades del modo de vida, peculiaridades que saltan a la vista de cualquier viajero. Acaban de pasarme una nota con la petición de que conteste a los artículos del camarada Chicherin. Camaradas, considero que los artículos de Chicherin, que he leído atentamente, no son más que mera literatura.

En ellos hay cuatro errores o malentendidos. En primer lugar, el camarada Chicherin se inclina a negar las contradicciones entre los Estados imperialistas, sobreestimando la unión internacional de los imperialistas y perdiendo de vista, subestimando las contradicciones internas entre los grupos y Estados imperialistas, contradicciones que existen y que engendran las guerras (Francia, Norteamérica, Inglaterra, el Japón y otros). Chicherin ha sobreestimado el factor de la unión de las altas esferas imperialistas y ha subestimado las contradicciones existentes en el seno de este “trust”. Y sin embargo, estas contradicciones existen, y en ellas se basa la actividad del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros. Además, el camarada Chicherin comete un segundo error. Subestima las contradicciones existentes entre las grandes potencias dominantes y los Estados nacionales recientemente constituidos (Checoslovaquia, Polonia, Finlandia, etc.), que se encuentran sometidos a dichas grandes potencias en los aspectos financiero y militar. El camarada Chicherin ha perdido completamente de vista el hecho de que, a pesar de la subordinación de dichos Estados nacionales a las grandes potencias o, mejor dicho, a causa de esa subordinación, entre las grandes potencias y dichos Estados existen contradicciones, que se han puesto de manifiesto, por ejemplo, en las

negociaciones con Polonia, Estonia, etc. La razón de ser del Comisariado del Pueblo de Negocios Extranjeros consiste precisamente en tener en cuenta todas estas contradicciones, en apoyarse en ellas, en maniobrar en el marco de las mismas. El camarada Chicherin ha subestimado del modo más sorprendente este factor. El tercer error del camarada Chicherin consiste en que habla demasiado de la autodeterminación nacional, la cual se ha convertido, realmente, en una vacua consigna cómodamente aprovechada por los imperialistas. El camarada Chicherin ha olvidado de un modo extraño que hace ya dos años que nos hemos despedido de esta consigna. Esta consigna ya no figura en nuestro programa. En él no se habla de la autodeterminación nacional -consigna completamente vaga-, sino de una consigna más precisa y definida: la del derecho de los pueblos a la separación estatal. Son dos cosas distintas. El camarada Chicherin, de un modo extraño, no tiene en cuenta en sus artículos dicho factor; y por eso, todas sus objeciones, a dicha consigna, que se ha convertido en una consigna vaga, son pólvora gastada en salvas, ya que ni en mis tesis ni en el programa del Partido se hace mención para nada de la “autodeterminación”. En ellos se habla únicamente del derecho de los pueblos a la separación estatal. Tal consigna, en este momento en que el movimiento de liberación se aviva en las colonias, es para nosotros una consigna revolucionaria. Puesto que los Estados soviéticos se agrupan en federación sobre la base del libre consentimiento, el derecho a la separación queda sin utilizar por voluntad de los propios pueblos que integran la R.S.F.S.R. Puesto que se trata de las colonias, aherrojadas por Inglaterra, Francia, Norteamérica y el Japón, puesto que se trata de países sojuzgados como Arabia, Mesopotamia, Turquía y el Indostán, es decir, de países que constituyen colonias o semicolonias, la consigna del derecho de los pueblos a la separación es una consigna revolucionaria, y renunciar a ella significa hacer el juego a los imperialistas.

El cuarto malentendido consiste en la ausencia de indicaciones prácticas en los artículos del camarada Chicherin. Escribir artículos es, ciertamente, cosa fácil; pero para titularlos “Contra las tesis del camarada Stalin”, era preciso haber expuesto algo serio, aunque sólo fuesen unas contraproposiciones prácticas. Sin embargo, no he encontrado en sus artículos ni una proposición práctica que valiese la pena de ser tomada en consideración. Termino, camaradas. Hemos llegado a las conclusiones siguientes. La sociedad burguesa, no sólo ha resultado incapaz para resolver la cuestión nacional, sino que, en sus intentos de “resolver” dicha cuestión, la ha agrandado, convirtiéndola en cuestión colonial, y ha creado en contra suya un nuevo frente, que se extiende desde Irlanda hasta el Indostán. El único Estado capaz de plantear y resolver la cuestión nacional es el Estado que se basa en la propiedad colectiva de los medios e instrumentos de producción: el Estado Soviético. En el Estado Federativo Soviético no existen ya naciones oprimidas ni dominantes; se ha puesto término a la opresión nacional; pero en virtud de la desigualdad (cultural, económica y política) existente de hecho entre las nacionalidades más cultas y las menos cultas, desigualdad heredada del viejo régimen burgués, la cuestión nacional adquiere una forma que reclama la elaboración de medidas que faciliten a las masas trabajadoras de las naciones y pueblos atrasados el progreso económico, político y cultural y los permitan alcanzar a la Rusia central proletaria, más adelantada. De aquí derivan las proposiciones prácticas que constituyen la tercera parte de las tesis propuestas por mí sobre la cuestión nacional. (Aplausos.)