Informe pronunciado ante la asamblea general de la organización de Tiflis del Partido Comunista de Georgia el 6 de julio de 1921. Camaradas: El Comité de vuestra organización me ha encargado que os haga un informe sobre las tareas inmediatas del comunismo en Georgia. Las tareas inmediatas del comunismo se refieren a cuestiones de táctica. Pero, para determinar la táctica de un partido, y más aún si es un partido gobernante, es menester, ante todo, tener en cuenta la situación general en que se desenvuelve el partido y a la que éste no puede por menos de prestar atención. ¿Cuál es, pues, la situación? No creo que sea necesario demostrar que, desde que comenzó la guerra civil, el mundo se ha escindido en dos campos opuestos: el campo del imperialismo, por la Entente, y el campo del socialismo, encabezado por la Rusia Soviética; que en el primer campo están situados los Estados capitalistas, “democráticos” y mencheviques de todo género, y en el segundo los Estados soviéticos, entre ellos Georgia. El rasgo fundamental de la situación en que se desenvuelven ahora los países soviéticos consiste en que el período de la lucha armada entre los dos campos más arriba indicado ha terminado en una tregua más o menos larga; en que el período de guerra ha dejado paso a un período de pacífica edificación económica de las repúblicas soviéticas.

Antes, en el período que pudiéramos llamar militar, las repúblicas soviéticas actuaban bajo la consigna general de “todo para la guerra”, ya que constituían un campo sitiado, bloqueado por los países imperialistas. Entonces, en aquel período, el Partido Comunista dedicaba íntegramente sus energías a concentrar todas las fuerzas vivas en la organización del Ejército Rojo, a reforzar el frente para la lucha armada contra el imperialismo. Ni que decir tiene que en este período el Partido no podía centrar su atención en la edificación económica. Puede decirse sin exagerar que la economía de los países soviéticos se limitaba en este período a desarrollar la industria de guerra y a mantener, mal que bien, algunas ramas de la economía nacional, relacionadas a su vez con la guerra. A esto se debe precisamente la ruina económica que hemos heredado del período de guerra de los Estados soviéticos. Ahora, cuando hemos entrado en el nuevo período de la edificación económica, cuando hemos pasado de la guerra a la labor pacífica, la vieja consigna de “todo para la guerra” cede su lugar, como es lógico, a la nueva consigna de “todo para la economía nacional”.

Este nuevo período impone a los comunistas el deber de lanzar todas las fuerzas al frente económico, a la industria, a la agricultura, al abastecimiento de víveres, a la cooperación, al transporte, etc., porque de otro modo no es posible vencer la ruina económica. Si el período de la guerra nos dio el tipo de comunistas militares, hombres especializados en el aprovisionamiento, en la formación de unidades, en el trabajo operativo, etc., en el nuevo período, en el período de la edificación económica, al incorporar a las amplias masas a la obra del resurgimiento económico, el Partido debe preocuparse de formar el nuevo tipo del comunista entendido en cuestiones de economía: dirigentes para la industria, para la agricultura, para el transporte, para la cooperación, etc. Pero al desarrollar el trabajo de edificación de la economía, los comunistas no pueden dejar de tener en cuenta dos condiciones muy importantes heredadas del pasado. Estas condiciones son, en primer lugar, la existencia de Estados burgueses muy desarrollados industrialmente en torno a los países soviéticos, y, en segundo lugar, la existencia de una numerosa pequeña burguesía campesina en el interior de los Estados soviéticos.

El caso es que, por voluntad de la historia, el Poder Soviético no ha triunfado en los países más desarrollados, sino en países relativamente menos desarrollados en el aspecto capitalista. La historia ha mostrado que en países como Rusia, con un capitalismo relativamente joven, con un proletariado fuerte y concentrado y con una burguesía nacional débil, era mucho más fácil derrocar a la burguesía que en los países clásicos del capitalismo, como Alemania, Inglaterra y Francia, donde el capitalismo cuenta con varios siglos de existencia y la burguesía ha tenido tiempo de convertirse en una importantísima fuerza dirigente de toda la vida social. Cuando también se instaure la dictadura del proletariado en países como Alemania e Inglaterra, indudablemente allí será más fácil proseguir y llevar hasta el fin la revolución socialista, es decir, allí será más fácil organizar la economía socialista, porque en esos países la industria está más desarrollada, los recursos técnicos son mayores y el proletariado es relativamente más numeroso que en los actuales países soviéticos. Pero, por el momento, nos encontramos, por una parte, ante la dictadura del proletariado en países con una industria menos desarrollada y con una numerosa clase de pequeños productores de mercancías (campesinos), y, por otra,

ante la dictadura de la burguesía en países con una industria más desarrollada y con una clase proletaria numerosa. Pasar por alto este hecho sería una insensatez y una ligereza. Como los países soviéticos abundan en fuentes de materias primas y de combustible, y los países burgueses industrialmente desarrollados andan escasos de ellas, es indudable que algunos grupos capitalistas de los Estados burgueses están interesados en llegar a un acuerdo con los Estados soviéticos, a fin de utilizar, en determinadas condiciones, las fuentes de materias primas y de combustible. Por otra parte, como la clase de los pequeños productores en el interior de los Estados soviéticos (el campesinado) necesita artículos industriales (tejidos y máquinas agrícolas), es indudable que esa clase también está interesada en llegar a un acuerdo con el Poder proletario de su país, a fin de obtener estos productos por el sistema del intercambio de mercancías (a cambio de productos agrícolas). A su vez, el Poder Soviético está asimismo interesado en llegar a un acuerdo temporal, tanto con algunos grupos capitalistas de países extranjeros como con la clase de los pequeños productores de mercancías de su propio país, ya que este acuerdo aceleraría y facilitaría, sin duda, el restablecimiento de las fuerzas productivas destruidas por la guerra, así como la electrificación, base técnica e industrial de la futura economía socialista.

Estas circunstancias dictan a los comunistas de los Estados soviéticos la política de acuerdos temporales, tanto con algunos grupos capitalistas del Occidente (al objeto de aprovechar sus capitales y sus fuerzas técnicas) como con la pequeña burguesía de su propio país (para obtener las materias primas y los productos alimenticios necesarios). Quizás haya quien diga que esta táctica de acuerdos con la burguesía huele a menchevismo, porque los mencheviques utilizan en su actuación la táctica de los acuerdos con la burguesía. Pero eso no es cierto. Hay todo un abismo entre la táctica de acuerdo con algunos grupos burgueses, propuesta ahora por los comunistas, y la táctica menchevique de acuerdos con la burguesía. Los mencheviques suelen proponer el acuerdo con la burguesía citando los que están en el Poder son los capitalistas, cuando, con el fin de vigorizar su Poder y de corromper al proletariado, los capitalistas que están en el Poder no tienen inconveniente en obsequiar desde arriba a algunos grupos del proletariado con ciertas “reformas”, con insignificantes concesiones. Ese acuerdo es perjudicial para el proletariado y ventajoso para la burguesía, ya que, lejos de debilitar, fortalece el Poder de la burguesía, siembra la discordia entre el proletariado y lo divide. Precisamente por eso, los bolcheviques han estado y estarán siempre en contra de la táctica menchevique de acuerdos con la burguesía en el Poder.

Precisamente por eso, los bolcheviques consideran a los mencheviques, como vehículos de la influencia burguesa sobre el proletariado. En cambio, la táctica de acuerdos que proponen los bolcheviques, por oposición a la táctica de los mencheviques, tiene un carácter enteramente distinto, ya que presupone una situación por completo diferente, cuando quien está en el Poder no es la burguesía, sino el proletariado, y cuando el acuerdo de algunos grupos burgueses con el Poder proletario debe conducir, indefectiblemente, de un lado, al fortalecimiento del Poder proletario, y de otro, a la descomposición de la burguesía y a la domesticación de algunos de sus grupos. Sólo es necesario que el proletariado mantenga sólidamente en sus manos el Poder que ha conquistado y sepa utilizar los recursos y los conocimientos de estos grupos burgueses para el resurgimiento económico del país. Como veis, esta táctica dista de la táctica de los mencheviques como el cielo de la tierra. Así, pues, la primera tarea inmediata que la situación general dicta a los comunistas de los países soviéticos, y, entre ellos, a los comunistas de Georgia, es la de lanzar todas las fuerzas vivas al frente económico, utilizando, a la vez, mediante acuerdos, a algunos grupos burgueses, con sus recursos, sus conocimientos y sus hábitos de organización, en beneficio del resurgimiento económico del país.

Ahora bien, no basta tener en cuenta la situación general para determinar la táctica de los distintos países soviéticos, y, en este caso, de la Georgia Soviética. Para determinar la táctica de los comunistas de cada país soviético, es necesario, además, tomar en consideración las condiciones particulares y concretas de la vida de estos países. ¿Cuáles son, pues, las condiciones particulares y concretas de la vida de la Georgia Soviética, en las que tiene que actuar el Partido Comunista de Georgia? Se pueden establecer, sin ningún género de duda, algunos hechos que caracterizan estas condiciones. En primer lugar, es evidente que la existencia absolutamente aislada de la Georgia Soviética o de cualquier otro país soviético, debido a la incuestionable hostilidad que los Estados capitalistas muestran hacia los países soviéticos, es inconcebible, tanto desde el punto de vista militar como desde el punto de vista del desarrollo económico. El apoyo recíproco militar y económico entre los Estados soviéticos es condición inexcusable para el desarrollo de estos Estados. En segundo lugar, está claro que Georgia, que anda escasa de productos alimenticios, necesita los cereales rusos, y no puede pasarse sin ellos. En tercer lugar, Georgia, que carece de combustible líquido, necesita, evidentemente, para atender al transporte y a la industria, petróleo y derivados del Azerbaidzhán, y no puede pasarse sin

ellos. En cuarto lugar, también es indudable que Georgia, que anda escasa de mercancías para la exportación, necesita la ayuda de Rusia en oro para cubrir el déficit de su balanza comercial. Por último, no es posible prescindir de las condiciones peculiares de la composición nacional de la población de Georgia, pues un porcentaje considerable de sus habitantes son armenios, y en Tiflis, capital de Georgia, los armenios constituyen incluso cerca de la mitad de la población, lo que, indudablemente, impone a Georgia, bajo cualquier forma de gobierno, en general, y bajo el régimen soviético, en particular, la obligación de mantener, tanto con los armenios de Georgia como con Armenia, una paz absoluta y una colaboración fraternal. No creo que sea necesario demostrar que estas y otras muchas condiciones concretas semejantes obligan a la Georgia Soviética, así como a la Armenia y al Azerbaidzhán Soviéticos, a establecer entre sí cierta unidad de actividades económicas, cierta unión de los esfuerzos económicos, cómo, pongamos por caso, el incremento del transporte, la actuación conjunta en los mercados exteriores, la organización de los trabajos de mejoramiento de terrenos (riego, drenaje), etc. No hablo ya de la necesidad de contacto y apoyo mutuos, tanto entre las repúblicas soviéticas transcaucásicas independientes como entre estas repúblicas y la Rusia Soviética, en el caso de que fuera necesario defenderse de agresiones exteriores.

Todo esto es claro e indiscutible. Y si, a pesar de todo, he hablado de estas verdades archisabidas, es porque existen ciertas condiciones, creadas en los últimos dos o tres años, que estorban a esta unión y amenazan con malograr las tentativas de realizarla. Me refiero al nacionalismo -georgiano, armenio y azerbaidzhano-, que se ha intensificado terriblemente en los últimos años en las repúblicas de la Transcaucasia y que es un freno para esa unión. Recuerdo los años de 1905 a 1917, cuando entre los obreros y, en general, entre los trabajadores de las nacionalidades de la Transcaucasia existía plena solidaridad fraternal, cuando lazos de hermandad unían a los obreros armenios, georgianos, azerbaidzhanos y rusos en una misma familia socialista. Ahora, al llegar a Tiflis, me ha sorprendido la ausencia de aquella solidaridad entre los obreros de las nacionalidades de la Transcancasia. Entre los obreros y campesinos se ha desarrollado el nacionalismo, se ha intensificado la desconfianza en sus camaradas de otras nacionalidades. Ahora hay de sobra nacionalismo anti-armenio, anti-tártaro, anti- georgiano, anti-ruso y otros nacionalismos de todo género. Los viejos lazos de confianza fraternal están rotos o, por lo menos, muy debilitados. Evidentemente, los tres años de gobiernos nacionalistas en Georgia (mencheviques), en el Azerbaidzhán (mussavatistas29) y en Armenia (dashnakes30) no han pasado en vano.

Estos gobiernos nacionalistas, con su política nacionalista, actuando entre los trabajadores en el espíritu de un nacionalismo agresivo, llevaron las cosas al extremo de que cada uno de estos pequeños países se encontró rodeado de un ambiente nacionalista hostil, que privó a Georgia y a Armenia de los cereales rusos, y del petróleo azerbaidzhano y al Azerbaidzhán y a Rusia de las mercancías que se transportaban a través de Batum. No me refiero ya a las colisiones armadas (la guerra georgiano-armenia) ni a las matanzas (entre armenios y tártaros), como resultados lógicos de la política nacionalista. No es de extrañar que en este emponzoñado ambiente nacionalista se hayan roto los viejos vínculos internacionales y que la conciencia de los obreros esté envenenada por la ponzoña del nacionalismo. Y como las supervivencias de este nacionalismo aun no han desaparecido entre los obreros, esta circunstancia (el nacionalismo) es uno de los mayores estorbos a la unión de los esfuerzos económicos (y militares) de las repúblicas soviéticas transcaucásicas. Ahora bien, he dicho ya que sin esta unión es inconcebible la prosperidad económica de las repúblicas soviéticas transcaucásicas y, especialmente, de la Georgia Soviética.

Por eso, es tarea inmediata de los comunistas de Georgia luchar implacablemente contra el nacionalismo, restablecer los viejos lazos internacionales de fraternidad que existían antes de que apareciese el gobierno menchevique nacionalista y crear de este modo la atmósfera sana de confianza mutua necesaria para unir los esfuerzos económicos de las repúblicas soviéticas transcaucásicas y para él resurgimiento económico de Georgia. Esto no significa, desde luego, que ya no deban existir una Georgia independiente, un Azerbaidzhán independiente, etc. El proyecto, que circula entre algunos camaradas, de restablecer las viejas provincias (de Tiflis, de Bakú y de Eriván) por un gobierno transcaucásico a la cabeza, es, a mi parecer, una utopía, y además, una utopía reaccionaria, pues ese proyecto nace, indudablemente, del deseo de hacer girar hacia atrás la rueda de la historia. Restablecer las viejas provincias y liquidar los gobiernos nacionales en Georgia, en el Azerbaidzhán y en Armenia es lo mismo que restaurar la propiedad de los terratenientes y liquidar las conquistas de la revolución. Eso no tiene nada que ver con el comunismo. Precisamente para disipar el ambiente de mutua desconfianza y restablecer los lazos de hermandad entre los obreros de las nacionalidades de la Transcaucasia y de Rusia, precisamente para eso es necesario mantener la independencia de Georgia, así como la del Azerbaidzhán y la de Armenia. Esto no excluye, sino que, por el contrario, presupone la necesidad del mutuo apoyo económico y de cualquier otro género, así como la necesidad de unir los esfuerzos económicos de las repúblicas soviéticas

independientes sobre la base de un acuerdo voluntario, sobre la base de un convenio. Tengo noticias de que en Moscú se ha tomado, hace unos días, el acuerdo de prestar a Georgia, a Armenia y al Azerbaidzhán una pequeña ayuda, consistente en un empréstito de seis millones y medio de rublos oro. Además, he sabido que Georgia y Armenia reciben gratuitamente del Azerbaidzhán petróleo y derivados, caso inconcebible en la vida de los Estados burgueses, aunque estén ligados por la famosa “entente cordial”. No creo que sea necesario demostrar que estos y otros actos parecidos, lejos de debilitar, fortalecen la independencia de estos Estados. Así, pues, la segunda tarea inmediata de los comunistas de Georgia, dictada por las condiciones concretas de la vida de este país, consiste en liquidar las supervivencias nacionalistas, en destruirlas con hierro candente y en crear una atmósfera sana de mutua confianza entre los trabajadores de las nacionalidades de la Transcaucasia, para facilitar y acelerar la unión de los esfuerzos económicos de las repúblicas soviéticas transcaucásicas (sin lo cual es inconcebible el resurgimiento económico de la Georgia Soviética), manteniendo la independencia de la Georgia Soviética.

Por último, la tercera tarea inmediata, tan importante y tan necesaria como las anteriores, es conservar la pureza, la firmeza y la flexibilidad del Partido Comunista de Georgia. Camaradas: Debéis tener presente que nuestro Partido es el partido gobernante, que en él entran frecuentemente, o tratan de entrar, grupos enteros de arribistas, de elementos inseguros y ajenos al espíritu proletario, que introducen en el Partido el espíritu de la descomposición y de la rutina. Es tarea vital de los comunistas preocuparse de preservar al Partido de tales elementos. Hay que recordar siempre que la fuerza y el peso específico de un partido, y especialmente del Partido Comunista, no dependen tanto de la cantidad de militantes, como de su calidad, de su firmeza y de su lealtad a la causa del proletariado. El Partido Comunista de Rusia no tiene más que 700.000 afiliados. Os puedo asegurar, camaradas, que el partido hubiera podido elevan el número de sus militantes a siete millones, si lo hubiese querido y si no supiera que 700.000 comunistas firmes son una fuerza más seria que siete millones de compañeros de viaje, que nadie necesita y que no sirven para nada.

Si Rusia pudo hacer frente a la embestida del imperialismo mundial, si ha obtenido éxitos importantísimos en los frentes exteriores y si en el transcurso de dos o tres años se ha desarrollado hasta ser una fuerza que estremece los cimientos del imperialismo mundial, se lo debe, por cierto, a este Partido Comunista, unido, curtido en los combates y forjado de firme acero, a este Partido Comunista, que jamás ha perseguido elevar el número de sus militantes y que siempre ha tenido como primordial preocupación mejorar su calidad. Lassalle tenía razón, cuando decía que el Partido se fortalece depurándose de la escoria. Por otra parte, es indudable que si, por ejemplo, el más importante de los partidos socialdemócratas del mundo, la socialdemocracia alemana, fue durante la guerra imperialista un juguete en manos del imperialismo, y después de la guerra se derrumbó como un coloso de pies de barro, esto se debió a que durante años enteros se había dedicado a ampliar sus organizaciones a base de inmundicias pequeñoburguesas de todo género, las cuales mataron en ella todo espíritu vivo.

Así, pues, la tercera y última tarea inmediata del Partido Comunista de Georgia es conservar la firmeza y la pureza del Partido, no empeñarse en aumentar el número de militantes del Partido, mejorar sistemáticamente la calidad de sus filas y preservarlo de la afluencia de elementos nacionalistas intelectuales pequeñoburgueses. Termino mi informe, camaradas, y paso a las conclusiones: 1) Desarrollar en todos sus aspectos el trabajo de edificación económica, dedicándolo todas las fuerzas y aprovechando, además, las fuerzas y los recursos, tanto de los grupos capitalistas del Occidente como de los grupos pequeñoburgueses del propio país. 2) Aplastar la hidra del nacionalismo y crear un ambiente sano de internacionalismo, para propiciar la unión de los esfuerzos económicos de las repúblicas soviéticas de la Transcaucasia, manteniendo la independencia de estas repúblicas. 3) Preservar al Partido de la afluencia de elementos, pequeñoburgueses y conservar su firmeza y flexibilidad, mejorando, sistemáticamente la calidad de sus filas. Tales son las tres tareas inmediatas fundamentales del Partido Comunista de Georgia. Solamente cumpliendo estas tareas podrá el Partido Comunista de Georgia conservar el timón en sus manos y vencer la ruina económica. (Aplausos)

Publicado el 13 de julio de 1921 en el núm. 108 de “Pravda Gruzii”, de Tiflis.