Nuestras discrepancias en la cuestión de los sindicatos no residen en una apreciación de principio de lo que éstos son. Los conocidos puntos de nuestro programa, que Trotski cita con frecuencia, acerca del papel de los sindicatos y la resolución del IX Congreso del Partido sobre los sindicatos sigue (y seguirán) en vigor. Nadie discute que los sindicatos y los organismos económicos deban penetrarse ni que se irán penetrando recíprocamente (“compenetración”). Nadie discute que el momento actual del resurgimiento económico del país dicta la transformación gradual de los sindicatos, que por el momento sólo de palabra son industriales, en auténticos sindicatos industriales, capaces de poner en pie las ramas básicas de nuestra industria. En pocas palabras: nuestras discrepancias no son discrepancias de principio. Tampoco tienen que ver nuestras discrepancias con la necesidad de una disciplina de trabajo en los sindicatos y entre la clase obrera en general. Las habladurías de que una parte de nuestro Partido “suelta las riendas” y deja las masas a merced de las fuerzas espontáneas, son fruto de la estulticia. El papel dirigente de los elementos del Partido en el seno de los sindicatos, y de los sindicatos en el seno de la clase obrera, sigue siendo una verdad incontrovertible. Menos todavía tienen que ver nuestras discrepancias con la composición de los C.C. de los sindicatos y del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, desde el punto de vista cualitativo. Todos coincidimos, en que la composición de estos organismos dista mucho de ser ideal, en que los sindicatos han sido diezmados por la serie de movilizaciones militares y de otra índole; todos coincidimos en que es menester devolverles sus viejos cuadros y proporcionarles otros nuevos, en que es necesario facilitarles medios técnicos, etc., etc. No, no es en este terreno donde residen nuestras discrepancias.

I. Dos métodos de tratar con las masas obreras. Nuestras discrepancias se refieren a las formas de reforzar la disciplina de trabajo entre la clase obrera, a los métodos de tratar con las masas obreras, que van siendo incorporadas a la empresa de restablecer la industria, a los caminos a seguir para transformar los débiles sindicatos actuales en sindicatos potentes, verdaderamente industriales, capaces de hacer renacer, nuestra producción industrial. Existen dos métodos: el método coercitivo (método militar) y el método persuasivo (método sindical). El primer método no excluye en modo alguno los factores de persuasión, pero estos factores se hallan subordinados aquí a las exigencias del método coercitivo y constituyen para él un medio auxiliar. El segundo método, a su vez, no excluye los factores de coerción, pero estos factores se hallan subordinados a las exigencias del método persuasivo y constituyen para él un medio auxiliar. Confundir estos dos métodos es tan improcedente como meter en un mismo saco al ejército y a la clase obrera. Un grupo de funcionarios del Partido, con Trotski a la cabeza, embriagado por los éxitos de los métodos militares en el ejército, supone que es posible y necesario trasplantar estos métodos a los medios obreros, a los sindicatos, con el fin de lograr análogos éxitos en el fortalecimiento de los sindicatos, en el renacimiento de la industria. Pero este grupo olvida que el ejército y la clase obrera son dos medios distintos y que el método que es adecuado para el ejército puede ser inadecuado y pernicioso para la clase obrera y sus sindicatos.

El ejército no es un todo homogéneo; se compone de dos grupos sociales fundamentales, los campesinos y los obreros, siendo el número de aquéllos varias veces mayor que el de éstos. Fundamentando la necesidad de aplicar en el ejército preferentemente los métodos coercitivos, el VIII Congreso del Partido se basaba en que nuestro ejército lo integran fundamentalmente campesinos, en que los campesinos no irían a luchar por el socialismo y en que era posible y necesario obligarles a luchar por el socialismo aplicando métodos coercitivos. De ahí surgieron formas de influencia tan típicamente militares como el sistema de los comisarios con las secciones políticas, los tribunales revolucionarios, las sanciones disciplinarias, la provisión de los cargos exclusivamente por designación superior, etc., etc. Al revés del ejército, la clase obrera constituye un medio social homogéneo con predisposición al socialismo en virtud de su situación económica; es fácilmente influenciable por la agitación comunista, se organiza voluntariamente en los sindicatos y constituye, por todo ello, la base, la médula del Estado Soviético. No es de extrañar, pues, que el empleo preferente de los métodos persuasivos sea la base de la labor práctica de nuestros sindicatos industriales. De ahí provienen métodos de influencia tan típicamente sindicales como el esclarecimiento, la propaganda de masas, el desarrollo de la iniciativa y de la actividad de las masas obreras, la elegibilidad de los cargos, etc.

El error de Trotski consiste en que menosprecia la diferencia entre el ejército y la clase obrera, en que coloca en un mismo plano a las organizaciones militares y a los sindicatos y en que trata, al parecer por inercia, de trasladar los métodos militares del ejército a los sindicatos, a la clase obrera. “La mera contraposición de los métodos militares (la orden, el castigo) a los métodos sindicales (el esclarecimiento, la propaganda, la iniciativa) -dice Trotski en un documento- es una manifestación de prejuicios kautskiano- menchevico-eseristas... La contraposición de la organización de trabajo a la organización militar en un Estado obrero es de por sí una bochornosa capitulación ante el kautskismo”. Eso dice Trotski. Si hacemos abstracción de la innecesaria palabrería sobre el “kautskismo”, el “menchevismo”, etc., está claro que Trotski no ha comprendido la diferencia que hay entre las organizaciones obreras y las militares, no ha comprendido que la contraposición de los métodos militares a los métodos democráticos (sindicales) en el momento de la liquidación de la guerra y del renacimiento de la industria es necesaria, inevitable, y que, debido a ello, trasladar los métodos militares a los sindicatos es erróneo y nocivo. Esta incomprensión ha servido de base a los folletos de carácter polémico de Trotski acerca de los sindicatos, publicados recientemente. En esta incomprensión está el origen de los errores de Trotski.

II. Democracia consciente y “democracia” forzada. Algunos piensan que cuanto se dice acerca de la democracia en los sindicatos es huera declamación, una moda suscitada por ciertos fenómenos de la vida interna del Partido; piensan que, con el tiempo, la “charlatanería” en torno a la democracia hartará, y que todo marchará “como antes”. Otros suponen que la democracia en los sindicatos es, en el fondo, una concesión, una concesión obligada a las demandas de los obreros, y que se trata más bien de diplomacia que de algo auténtico y verdadero. Ni que decir tiene que unos y otros camaradas se equivocan profundamente. La democracia en los sindicatos, es decir, lo que se ha dado en llamar “los métodos normales de democracia proletaria en el seno de los sindicatos”, es la democracia consciente propia de las organizaciones obreras de masas, que presupone la conciencia de que es necesario y conveniente aplicar en forma sistemática los métodos persuasivos para tratar con las masas de millones de obreros organizados en los sindicatos. Sin este conciencia, la democracia se convierte en una palabra vacía. Mientras duró la guerra y teníamos el peligro a las puertas, los llamamientos de nuestras organizaciones “en ayuda del frente” encontraban vivo eco entre los obreros, porque el peligro mortal era demasiado tangible, pues tenía una forma plenamente concreta y evidente para todos: los ejércitos de Kolchak, de Yudénich, de Denikin, de Pilsudski y de Wrángel, que avanzaban y restauraban el Poder de los terratenientes y los capitalistas. Entonces no era difícil levantar a las masas. Pero ahora, cuando el peligro militar ha desaparecido, y el nuevo peligro, el peligro económico (la ruina económica), dista mucho de ser tan perceptible para las masas, no se puede poner en pie a las amplias masas exclusivamente a base de llamamientos.

Todos sienten, por supuesto, la escasez de pan y de ropa, pero, en primer lugar, la gente se las arregla como puede y de una forma u otra encuentra pan y ropa, por cuya razón el peligro de quedarse sin pan y sin otros artículos no acucia tanto a las masas, ni mucho menos, como lo hacía el peligro militar; en segundo lugar, nadie osará afirmar que el peligro económico (la escasez de locomotoras, de máquinas para la agricultura, de fábricas textiles, de fábricas metalúrgicas, de instalaciones para las centrales eléctricas, etc.) es tan palpable para la conciencia de las masas como lo era recientemente el peligro militar. Para movilizar a los millones de hombres que forman la clase obrera contra la ruina económica, es necesario elevar la iniciativa, la conciencia y la actividad de las amplias masas, es preciso convencerlas con hechos concretos de que la ruina económica represente un peligro tan real y tan mortal como ayer lo era el peligro militar, es necesario incorporar a los millones de obreros al resurgimiento de la producción a través de sindicatos democráticamente estructurados.

Sólo de esa manera es posible convertir en causa vital para toda la clase obrera la lucha de los organismos económicos contra la ruina de la economía. De no hacerlo así, es imposible vencer en el frente económico. En pocas palabras: la democracia consciente, el método de la democracia proletaria en el seno de los sindicatos es el único método justo de los sindicatos industriales. Con esta democracia no tiene nada de común la “democracia" forzada. Leyendo el folleto de Trotski “Papel y tareas de los sindicatos”, se puede pensar que, en el fondo, Trotski también es partidario del método “democrático”. Por esta razón, algunos camaradas creen que la cuestión de los métodos de trabajo de los sindicatos no es el objeto de nuestras discrepancias. Pero esto es completamente falso, pues la “democracia” que propone Trotski es una democracia forzada, a medias, carente de principios, y, como tal, no es sino el complemento del método militar- burocrático, inadecuado para los sindicatos. Juzguen ustedes mismos. A principios de noviembre de 1920, el C.C. toma, y la V Conferencia de los Sindicatos de toda Rusia

adopta, a propuesta del grupo comunista, la decisión de que “es necesaria la lucha más enérgica y metódica contra la degeneración del centralismo y de las formas militarizadas de trabajo en burocracia, despotismo, formalismo y tutelaje mezquino, sobre los sindicatos..., de que también para el Tsektrán (el C.C. del Sindicato de los Obreros del Transporte, dirigido por Trotski) están comenzando a pasar los tiempos de los métodos específicos de dirección, que fueron motivados por circunstancias especiales y para cuya aplicación se creó la Dirección Política General del Transporte Ferroviario” y de que, por lo tanto, el grupo comunista de la Conferencia “recomienda al Tsektrán que intensifique y fomente los métodos normales de la democracia proletaria en el seno del sindicato imponiendo al Tsektrán la obligación, de “participar activamente en la labor general del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, formando parte de él con los mismos derechos que las demás uniones sindicales” (v. “Pravda”, núm. 255). Pero Trotski y el Tsektrán, a pesar de esta disposición, se pasan todo el mes de noviembre aplicando la vieja línea semiburocrática-semimilitar, apoyándose como antes en la Dirección Política General del Transporte Ferroviario y en la Dirección Política General del Transporte Fluvial y Marítimo, tratando de “sacudir”, de hacer saltar el Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, defendiendo la situación privilegiada del Tsektrán entre las demás uniones sindicales.

Más aún: en la carta “a los miembros del Buró Político del C.C.”, con fecha 30 de noviembre, Trotski declara también “inesperadamente” que “es de todo punto imposible suprimir en los próximos, dos o tres meses... la Dirección Política General del Transporte Fluvial y Marítimo”. Pero ¿qué sucede? Sucede que seis días después de esta carta (el 7 de diciembre), el mismo Trotski vota también “inesperadamente” en el C.C. a favor de “la inmediata supresión de la Dirección Política General del Transporte Ferroviario y de la Dirección Política General del Transporte Fluvial y Marítimo, transfiriendo todas sus fuerzas y recursos a la organización sindical sobre la base de la democracia normal”. Y vota en este sentido con otros siete miembros del C.C., contra los siete restantes, los cuales estiman que ya no basta con suprimir estas instituciones y exigen, además, que se modifique la actual composición del Tsektrán. Para salvar a la actual composición del Tsektrán, Trotski vota por la supresión de las Direcciones Políticas Generales en el Tsektrán. ¿Qué había cambiado en esos seis días? ¿Acaso en eso días los ferroviarios y los trabajadores del transporte fluvial y marítimo se habían desarrollado hasta el punto de que ya no los hacían ninguna falta la Dirección Política General del Transporte Ferroviario y la Dirección Política General del Transporte Fluvial y Marítimo?

¿o quizás durante ese breve periodo se había operado un cambio de importancia en la situación política interior o exterior? Nada de eso. El caso es que los trabajadores del transporte fluvial y marítimo reclamaban enérgicamente al Tsektrán la supresión de las Direcciones Políticas Generales y un cambio en la composición del Tsektrán, y el grupo de Trotski, temiendo fracasar y deseando conservar, por lo menos, la vieja composición del Tsektrán, se vio precisado a replegarse, haciendo concesiones parciales, que, por lo demás, no satisficieron a nadie. Estos son los hechos. No creo que haya necesidad de demostrar qué esta “democracia” forzada, a medias y carente de principios no tiene nada de común con los “métodos normales de la democracia proletaria en el seno de los sindicatos”, recomendados por el C.C. del Partido ya a principios de noviembre y que tan necesarios son para el resurgimiento de nuestros sindicatos industriales. * * * En sus palabras de resumen pronunciadas en la asamblea de discusión del grupo comunista del Congreso de los Soviets, Trotski ha protestado contra la intromisión del factor político en las disputas acerca de los sindicatos, afirmando que la política no tiene nada que ver con esto. Conviene señalar que Trotski no tiene en esto ni pizca de razón.

No creo que haya necesidad de demostrar que en un Estado obrero y campesino no se puede llevar a cabo ninguna decisión de importancia para todo el país, especialmente si atañe en forma directa a la clase obrera, sin que repercuta de un modo u otro en la situación política del país. Y, en general, es ridículo y poco serio separar la política de la economía. Y precisamente por eso, es necesario que cada decisión de esta índole sea previamente examinada también desde el punto de vista político. Juzguen ustedes mismos. Ahora se puede considerar demostrado que los métodos del Tsektrán, dirigido por Trotski, han sido condenados por la misma actividad práctica del Tsektrán. Dirigiendo el Tsektrán o influyendo a través de él sobre otros sindicatos, Trotski quería lograr que los sindicatos se reavivasen y resurgiesen, quería que los obreros se incorporasen al restablecimiento de la industria. ¿Qué ha conseguido en realidad? Un conflicto con la mayoría de los comunistas en el seno de los sindicatos; un conflicto de la mayoría de los sindicatos con el Tsektrán; dividir en la práctica al Tsektrán; provocar la irritación de la “base” obrera, organizada sindicalmente, contra los “comisarios”. Dicho de otro modo, no sólo no se ha obtenido el resurgimiento de los sindicatos, sino que incluso el mismo Tsektrán ha comenzado a descomponerse. Es indudable que si los métodos del Tsektrán fuesen trasplantados a los demás sindicatos, en ellos se producirían los mismos conflictos, la misma escisión y descomposición. El resultado sería la dispersión ideológica y la división

entre la clase obrera. ¿Puede ignorar estos hechos el partido político de la clase obrera? ¿Puede afirmarse que para la situación política de nuestro país es lo mismo que tengamos una clase obrera agrupada en sindicatos únicos o dividida en diversos grupos recíprocamente hostiles? ¿Puede decirse que en la apreciación de los métodos de dirigir a las masas el factor político no debe desempeñar ningún papel, que la política no tiene nada que ver con esto? Por supuesto que no. La R.S.F.S.R. y las repúblicas unidas a ella tienen actualmente unos 140 millones de habitantes. De ellos, el 80% son campesinos. Para gobernar un país como éste, es necesario que el Poder Soviético cuente con la sólida confianza de la clase obrera, pues sólo es posible dirigirlo a través de la clase obrera y con las fuerzas de la clase obrera. Pero para conservar y fortalecer la confianza de la mayoría de los obreros, es preciso desarrollar sistemáticamente la conciencia, la actividad y la iniciativa de la clase obrera, es preciso educar sistemáticamente a la clase obrera en el espíritu del comunismo, organizándola en los sindicatos e incorporándola a la edificación de la economía comunista. Es evidente que no se puede realizar esta tarea empleando métodos coercitivos y “sacudiendo” a los sindicatos desde arriba, porque estos métodos dividen a la clase obrera (¡ahí está el Tsektrán!) y suscitan desconfianza en el Poder Soviético. Además, no es difícil comprender que con métodos coercitivos es inconcebible, en términos generales, desarrollar la conciencia de las masas y su confianza en el Poder Soviético. Está claro que únicamente por los “métodos normales de la democracia proletaria en el seno de los sindicatos”, que únicamente por métodos persuasivos será posible realizar la tarea de unir a la clase obrera, de elevar su espíritu de iniciativa y de fortalecer su confianza en el Poder Soviético, confianza que tan imprescindible es ahora para movilizar el país en la lucha contra la ruina económica. Como ven ustedes, la política se pronuncia por los métodos persuasivos. 5 de enero de 1921.

Publicado con la firma de J. Stalin el 19 de enero de 1921 en el núm. 12 de “Pravda”.