Tesis para el X Congreso del P.C.(b) de Rusia, aprobadas por el C.C. del Partido. I. El régimen capitalista y la opresión nacional. 1. Las naciones modernas son el producto de una época determinada, de la época del capitalismo ascensional. El proceso de la liquidación del feudalismo y del desarrollo del capitalismo es, a la vez, el proceso de la agrupación de los hombres en naciones. Los ingleses, los franceses, los alemanes, los italianos se han agrupado en naciones bajo el desarrollo victorioso del capitalismo, triunfante sobre el fraccionamiento feudal. 2. Allí donde la formación de las naciones coincidió, en términos generales, con el momento de la formación de Estados centralizados, las naciones revistieron, naturalmente, la forma estatal y se desarrollaron hasta constituir Estados nacionales burgueses, independientes. Así ocurrió en Inglaterra (sin Irlanda), en Francia, en Italia. Por el contrario, en el Este de Europa, la formación de Estados centralizados, acelerada por las exigencias de la propia defensa (invasiones de los turcos, mongoles, etc.), tuvo lugar antes de la liquidación del feudalismo y, por consiguiente, antes de la formación de naciones.

En virtud de esto las naciones no llegaron ni podían llegar allí a formar Estados nacionales, sino que formaron unos cuantos Estados burgueses mixtos, multinacionales, compuestos generalmente por una nación fuerte, dominante, y por unas cuantas naciones débiles, sojuzgadas. Tales fueron: Austria, Hungría, Rusia. 3. Los Estados nacionales, como Francia e Italia que en los primeros tiempos se apoyaban fundamentalmente en sus propias fuerzas nacionales, desconocían, en términos generales, la opresión nacional. Por el contrario, los Estados multinacionales, que se organizan sobre la base del dominio de una nación -más exactamente, de su clase dominante- sobre las demás naciones, constituyen la cuna y el escenario básico de la opresión nacional y de los movimientos nacionales. Las contradicciones entre los intereses de la nación dominante y los de las naciones sojuzgadas son contradicciones sin cuya solución es imposible la existencia perdurable de un Estado multinacional. La tragedia del Estado multinacional burgués reside en su impotencia para resolver dichas contradicciones, reside en que cada uno de sus intentos de “igualar” las naciones y de “proteger” a las minorías nacionales, manteniendo al mismo tiempo, la propiedad privada y la desigualdad de clases, termina, generalmente por un nuevo fracaso, por una nueva agudización de los choques nacionales. 4.

El crecimiento del capitalismo en Europa, la necesidad de nuevos mercados de venta, la búsqueda de materias primas y de combustible y, finalmente, el desarrollo del imperialismo, la exportación de capitales y la necesidad de asegurar las grandes vías marítimas y ferroviarias condujeron, por una parte, a la anexión de nuevos territorios por los viejos Estados nacionales y a la transformación de éstos en Estados multinacionales (coloniales), con la opresión nacional y los choques nacionales a ellos inherentes (Inglaterra, Francia, Alemania, Italia); por otra parte, han reforzado en las naciones dominantes de los viejos Estados multinacionales la tendencia, no sólo a mantener las antiguas fronteras estatales, sino a ampliarlas, a someter a su dominio nuevas nacionalidades (débiles) a costa de los Estados vecinos. De este modo, la cuestión nacional se amplió y, finalmente, con el curso mismo de los acontecimientos, se fundió con el problema general de las colonias, en tanto que la opresión nacional se convertía, de problema interno del Estado, en un problema entre Estados, en el problema de la lucha (y de la guerra) entre las “grandes” potencias imperialistas por el sojuzgamiento de las nacionalidades débiles, que no gozan de la plenitud de derechos. 5.

La guerra imperialista, que puso enteramente al desnudo las irreconciliables contradicciones nacionales y la inconsistencia interna de los Estados burgueses multinacionales, condujo a la agudización extrema de los conflictos nacionales en el interior de los Estados coloniales vencedores (Inglaterra, Francia, Italia), a la completa desintegración de los viejos Estados multinacionales vencidos (Austria, Hungría, la Rusia de 1917) y, finalmente, como la solución más “radical” del problema nacional por la burguesía, a la formación de nuevos Estados nacionales burgueses (Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Finlandia, Georgia, Armenia, etc.). Pero la formación de nuevos Estados nacionales independientes no estableció, ni podía establecer, la convivencia pacífica de las nacionalidades; no suprimió, ni podía suprimir, la desigualdad nacional ni la opresión nacional, ya que, basados en la propiedad privada y en la desigualdad de clases, los nuevos Estados nacionales, no pueden subsistir: a) sin oprimir a sus propias minorías nacionales (Polonia, que oprime a los bielorrusos, a los judíos, a los lituanos y a los ucranianos; Georgia, que oprime a los osetinos, a los abjasianos y a los armenios; Yugoslavia, que oprime a los croatas y a los bosnios,

etc.); b) sin ampliar su territorio a expensas de los vecinos, lo que provoca conflictos y guerras (Polonia contra Lituania, Ucrania y Rusia; Yugoslavia contra Bulgaria; Georgia contra Armenia y Turquía, etc.); c) sin someterse a las “grandes” potencias imperialistas en los terrenos financiero, económico y militar. 6. De esta manera, el período de la postguerra, muestra un cuadro desconsolador de enemistad nacional, de desigualdad, de opresión, de conflictos, de guerras, de atrocidades imperialistas por parte de las naciones de los países civilizados, tanto entre ellas, como con respecto a los pueblos que no gozan de la plenitud de derechos. Por una parte, unas cuantas “grandes” potencias que oprimen y explotan a todos los Estados nacionales dependientes o “independientes” (de hecho, dependientes por completo) y la lucha de estas potencias entre sí por el monopolio de la explotación de los Estados nacionales. Por otra parte, la lucha de los Estados nacionales, dependientes e “independientes”, contra la insoportable opresión de las “grandes” potencias; la lucha de los Estados nacionales entre sí por la ampliación de su territorio nacional; la lucha de cada Estado nacional contra sus minorías nacionales oprimida. Por último, la acentuación del movimiento de liberación de las colonias contra las “grandes” potencias y la agudización de los conflictos nacionales, tanto en el interior de dichas potencias como en el interior de los Estados nacionales, en cuya composición, como regla general, entra toda una serie de minorías nacionales. Tal es el “panorama de paz” dejado en herencia por la guerra imperialista. La sociedad burguesa ha demostrado su completo fracaso en la solución del problema nacional.

II. El régimen soviético y la libertad nacional. 1. Si la propiedad privada y el capital separan inevitablemente a los hombres, avivan la enemistad nacional y acentúan la opresión nacional, la propiedad colectiva y el trabajo aproximan con igual inevitabilidad a los hombres, quebrantan la enemistad nacional y destruyen la opresión nacional. La existencia del capitalismo sin opresión nacional es tan inconcebible como la existencia del socialismo sin la emancipación de las naciones oprimidas, sin la libertad nacional. El chovinismo y la lucha nacional son forzosos e inevitables mientras el campesinado (y, en general, la pequeña burguesía), lleno de prejuicios nacionalistas, siga a la burguesía; y, por el contrarío, la paz y la libertad nacionales pueden considerarse aseguradas si el campesinado sigue al proletariado, es decir, si la dictadura del proletariado queda asegurada. Por eso el triunfo de los Soviets y la instauración de la dictadura del proletariado constituyen la condición fundamental para suprimir la opresión nacional, para establecer la igualdad nacional, para garantizar los derechos de las minorías nacionales. 2. La experiencia de la revolución soviética confirma plenamente dicha tesis. La instauración del régimen soviético en Rusia y la proclamación del derecho de las naciones a la separación estatal determinaron un cambio completo en las relaciones entre las masas trabajadoras de las nacionalidades de Rusia, minaron la vieja enemistad nacional, privaron de base a la opresión nacional y conquistaron para los obreros rusos la confianza de sus hermanos de otras nacionalidades, no sólo de Rusia sino de Europa y Asia, y convirtieron dicha confianza en entusiasmo y en decisión de luchar por la causa común. La formación de repúblicas soviéticas en el Azerbaidzhán y en Armenia condujo a los mismos resultados, suprimiendo los choques nacionales y acabando con la enemistad “secular” que existía entre las masas trabajadoras turcas y armenias y entre las armenias y Azerbaidzhanas.

Lo mismo cabe decir con respecto al triunfo temporal de los Soviets en Hungría, en Baviera y en Letonia. Por otra parte, puede afirmarse con seguridad que los obreros rusos no habrían podido vencer a Kolchak y a Denikin y que las Repúblicas Azerbaidzhana y Armenia no hubieran podido ponerse en pie sin haber liquidado entre ellos la enemistad y la opresión nacionales, sin haberse ganado la confianza y el entusiasmo de las masas trabajadoras de las nacionalidades, del Occidente y del Oriente. El fortalecimiento de las repúblicas soviéticas y la liquidación de la opresión nacional son dos facetas de un mismo proceso, del proceso de la liberación de los trabajadores de la esclavitud imperialista. 3. Pero la existencia de las repúblicas soviéticas, aun de las más insignificantes por sus dimensiones, constituya una amenaza mortal para el imperialismo. Esta amenaza no sólo reside en el hecho de que las repúblicas soviéticas, al romper con el imperialismo, se han convertido, de colonias y semicolonias que eran, en Estados auténticamente independientes y, con ello, han privado a los imperialistas de cierta parte de territorio y de ciertos ingresos, sino que reside, ante todo, en que la existencia misma de las repúblicas soviéticas, cada uno de sus pasos para aplastar a la burguesía y fortalecer la dictadura del proletariado, constituye una enorme agitación contra el capitalismo y contra el imperialismo, una agitación por la liberación de los países dependientes de la esclavitud imperialista, un factor insuperable de descomposición y de desorganización del capitalismo en todos sus aspectos. De aquí el carácter inevitable de la lucha de las “grandes” potencias imperialistas contra las repúblicas soviéticas, su afán por aplastarlas. La historia de la lucha de las “grandes” potencias contra la Rusia Soviética, que levantan contra ella, uno tras otro, a los gobiernos burgueses de las regiones de la periferia y a un grupo de generales contrarrevolucionarios tras otro, que la

bloquean con el mayor celo y, en general, procuran aislarla económicamente, esta historia nos dice con harta elocuencia que, con las actuales relaciones internacionales, en medio del cerco capitalista, ninguna república soviética, por separado, puede considerarse asegurada contra el agotamiento económico y el aplastamiento militar por el imperialismo mundial. 4. Por eso, la existencia aislada de las diferentes repúblicas soviéticas es inestable e insegura, puesto que su existencia se halla amenazada por los Estados capitalistas. Los intereses comunes de la defensa de las repúblicas soviéticas, por un lado, el problema del restablecimiento de las fuerzas productivas destruidas por la guerra, por otro, y, finalmente, la necesaria ayuda en víveres de las repúblicas soviéticas productoras de trigo a aquellas que no lo producen, imponen la necesidad de la unión estatal de las diferentes repúblicas soviéticas, como única vía de salvación frente a la servidumbre imperialista y la opresión nacional. Las repúblicas soviéticas nacionales, liberadas de “su propia” burguesía, y de la burguesía “ajena”, podrán defender su existencia y vencer a las fuerzas coligadas del imperialismo únicamente agrupándose en una estrecha unión estatal; en caso contrario, no podrán vencer de ningún modo. 5. La federación de repúblicas soviéticas, basada en la comunidad de fines militares y económicos, es la forma general de unión estatal que permite: a) asegurar la integridad y el desarrollo económico, tanto de las repúblicas por separado como de la federación en conjunto; b) abarcar en toda su diversidad el modo de vida, la cultura y el nivel económico de las naciones, y de los pueblos que se encuentran en diferentes grados de desarrollo, y aplicar en consonancia tal o cual forma de federación; c) organizar la convivencia pacífica, y la fraternal colaboración de las naciones y de los pueblos que, de un modo o de otro, han ligado sus destinos a los destinos de la federación.

La experiencia de Rusia en la aplicación de las diversas formas de federación, con el tránsito de la federación basada en la autonomía soviética (Kirguizia, Bashkiria, Tartaria, el Daguestán y los Montañeses) a la federación basada en las relaciones contractuales con las repúblicas soviéticas independientes (Ucrania, el Azerbaidzhán) y con la admisión de formas intermedias entre ellas (el Turkestán, Bielorrusia), ha confirmado plenamente toda la utilidad y toda la flexibilidad de la federación como forma general de unión estatal de las repúblicas soviéticas. 6. Pero la federación sólo puede ser sólida y sus resultados sólo pueden ser efectivos en el caso de que se apoye en la confianza recíproca y en el libre consentimiento de los países que la integran. Si la R.S.F.S.R. es el único país del mundo en que se ha realizado con éxito el experimento de la convivencia pacífica y de la fraternal colaboración de toda una serie de naciones y pueblos, es porque en ella no existen naciones dominantes ni naciones sojuzgadas, metrópolis ni colonias, imperialismo ni opresión nacional; porque en ella la federación se basa en la confianza recíproca y en el libre afán de unión de las masas trabajadoras de las diferentes naciones. Este carácter voluntario de la federación tiene que mantenerse forzosamente también en lo sucesivo, ya que sólo la federación de este tipo puedo llegar a ser la forma de tránsito hacia la suprema unión de los trabajadores de todos los países en una sola economía mundial, unión cuya necesidad se hace cada vez más tangible.

III. Las tareas inmediatas del P.C. de Rusia. 1. La R.S.F.S.R. y las repúblicas soviéticas ligadas a ella tienen una población de cerca de 140 millones de habitantes, de los cuales unos 65 millones no son grandes rusos (ucranianos, bielorrusos, kirguises, uzbekos, turcomanos, tadzhikos, azerbaidzhanos, tártaros del Volga, tártaros de Crimea, bujaros, jivinos, bashkires, armenios, chechenos, kabardinos, osetinos, cherkeses, ingushos, karachais, balkaros*, kalmukos, carelios, avarinos, darguinianos, kasikumujos, kurinianos, cumicos**, mari, chuvashes, votiacos, alemanes del Volga, buriatos, yakutos, etc.). La política del zarismo, la política de los terratenientes y de la burguesía con respecto a estos pueblos consistía en ahogar en ellos todo germen de organización estatal, mutilar su cultura, perseguir su idioma, mantenerlos en la ignorancia y, finalmente, rusificarlos en la medida de lo posible. El atraso cultural y político de estos pueblos es el resultado de dicha política. Ahora, cuando los terratenientes y la burguesía han sido derrocados y cuando las masas populares han proclamado también en estos países el Poder Soviético, la misión del Partido consiste en ayudar a las masas trabajadoras de los pueblos no grandes rusos a alcanzar a la Rusia central, más adelantada; su misión consiste en ayudarles: a) a desarrollar y fortalecer en su territorio la organización estatal soviética bajo formas que estén en consonancia con la fisonomía nacional de estos pueblos; b) a organizar los tribunales, la administración, los organismos económicos y los órganos del Poder, que funcionen en la lengua materna y estén integrados por naturales del país que conozcan el modo de vida y la psicología de la población local; e) a desarrollar la prensa, la escuela, el teatro, los clubs y, en general, las instituciones educativo-culturales en la lengua materna.

* Los siete últimos forman el grupo de los “Montañeses”. ** Los siete últimos forman el grupo de los “Daguestanos”.

2. Si de los 65 millones de habitantes que no son grandes rusos exceptuamos a Ucrania, Bielorrusia, una parte insignificante del Azerbaidzhán y Armenia, que, en mayor o menor grado, han pasado por el periodo del capitalismo industrial, nos quedan cerca de 25 millones, en su mayoría pueblos turcos (el Turkestán, la mayor parte del Azerbaidzhán, el Daguestán, los montañeses, los tártaros, los bashkires, los kirguises, etc.), que no han tenido tiempo de pasar por el desarrollo capitalista, que carecen, o casi carecen, de un proletariado industrial propio, que, en la mayoría de los casos, se dedican todavía al pastoreo y conservan un modo de vida patriarcal-gentilicio (Kirguizia, Bashkiria, el Cáucaso del Norte) o que no han pasado en su modo de vida más allá de las primitivas formas semipatriarcales y semifeudales (el Azerbaidzhán, Crimea, etc.), pero que ya han sido incorporados al cauce común del desarrollo soviético. La tarea del Partido con respecto a las masas trabajadoras de estos pueblos (además de la indicada en el apartado 1) consiste en ayudarles a liquidar las supervivencias de las relaciones patriarcal-feudales y a incorporarse a la edificación de la economía soviética sobre la base de los Soviets de Campesinos Trabajadores, mediante la creación de fuertes organizaciones comunistas en estos pueblos, organizaciones capaces de aprovechar, la experiencia de los obreros y campesinos rusos, en la edificación de la economía soviética y que, al mismo tiempo, puedan tener en cuenta, durante su trabajo de edificación, todas las particularidades de la situación económica concreta, de la estructura de clase, de la cultura y del modo de vida de cada nacionalidad, sin trasplantar mecánicamente las medidas económicas de la Rusia central, aplicables únicamente a otro grado, más elevado, de desarrollo económico. 3.

Si de los 25 millones de habitantes, principalmente pueblos turcos, excluimos el Azerbaidzhán, la mayor parte del Turkestán, los tártaros (del Volga y de Crimea), Bujará, Jivá, el Daguestán, parte de los montañeses, (kabardinos, cherkeses, balkaros) y algunas otras nacionalidades que han pasado ya a la vida sedentaria, instalándose definitivamente en un determinado territorio, nos quedarán unos seis millones de kirguises, bashkires, chechenos, osetinos e ingushos, cuyas tierras han sido, hasta estos últimos tiempos, objeto de colonización por parte de los colonos rusos, que ya habían conseguido arrebatarles las mejores tierras de labor y que los iban desalojando sistemáticamente, empujándolos hacía los desiertos estériles. La política del zarismo, la política de los terratenientes y de la burguesía consistía en asentar en esas regiones al mayor número posible de elementos kulaks, procedentes de los campesinos rusos y de los cosacos, convirtiéndolos en un apoyo seguro de sus afanes de Gran Potencia.

La extinción gradual de los indígenas (kirguises, bashkires) desalojados hacia las regiones incultas, es el resultado de dicha política. La tarea del Partido con respecto a las masas trabajadoras de estos pueblos (además de las mencionadas en los apartados 1 y 2) consiste en unir los esfuerzos de éstas con los de las masas trabajadoras de la población local rusa en la lucha por la liberación frente a los kulaks, en general, y frente a los rapaces kulaks grandes rusos, en particular; consiste en ayudarles, con todas sus fuerzas y por todos los medios, a librarse de los kulaks colonizadores y, de este modo, asegurar a estos pueblos el disfrute de las tierras fértiles necesarias para llevar una existencia humana. 4. Además de las naciones y pueblos citados, que poseen una determinada estructura de clase y que ocupan un determinado territorio, dentro de los límites de la R.S.F.S.R. existen grupos nacionales fluctuantes, unas minorías nacionales incrustadas en las mayorías compactas de otras nacionalidades y que, las más de las veces, no tienen una determinada estructura de clase ni un territorio determinado (letones, estonianos, polacos, judíos y otras minorías nacionales). La política del zarismo consistía en intentar aniquilar a dichas minorías por todos los medios, llegando incluso a los pogromos (pogromos judíos).

Actualmente, cuando los privilegios nacionales han sido abolidos, cuando la igualdad de derechos de las naciones ha sido llevada a la práctica y el derecho de las minorías nacionales al libre desarrollo nacional ha quedado asegurado por el carácter mismo del régimen soviético, la tarea del Partido con respecto a las masas trabajadoras de estos grupos nacionales consiste en ayudarles a utilizar íntegramente este derecho al libre desarrollo que les está garantizado. 5. El desarrollo de las organizaciones comunistas de las regiones de la periferia transcurre en condiciones en cierto modo específicas, que frenan el crecimiento normal del Partido en estas regiones. Por un lado, no es raro que los comunistas grandes rusos que trabajan en las regiones de la periferia y que se formaron en las condiciones de existencia de una nación “dominante” y desconocían la opresión nacional, disminuyan la importancia de las particularidades nacionales en el trabajo del Partido o bien las desprecien por completo, no tengan en cuenta en su trabajo las particularidades de la estructura de clase, de la cultura, del modo de vida y de la historia, de la nacionalidad de que se trate, envileciendo así y tergiversando la política del Partido en la cuestión nacional. Esta circunstancia lleva a desviarse del comunismo hacia el espíritu de Gran Potencia, hacia el colonialismo y el chovinismo gran ruso. Por otra parte, los comunistas naturales del país, que han atravesado el duro período de la opresión nacional y que todavía no se han liberado totalmente de este fantasma del pasado, exageran con frecuencia la importancia de las particularidades

nacionales en el trabajo del Partido, dejando en la penumbra los intereses de clase de los trabajadores o confundiendo simplemente los intereses de los trabajadores de la nación de que se trate con los intereses “comunes a toda la nación”, sin saber separar los primeros de los segundos y cimentar sobre aquéllos la labor del Partido. Esta circunstancia lleva, a su vez, a desviarse del comunismo hacia el nacionalismo democrático-burgués, que reviste a veces la forma del panislamismo o el panturquismo (en el Oriente). Al condenar resueltamente ambas desviaciones como nocivas y peligrosas para la causa del comunismo, el Congreso considera preciso señalar el peligro y el daño particulares de la primera desviación, de la desviación hacia el espíritu de Gran Potencia, hacia el colonialismo. El Congreso advierte que, sin acabar con las supervivencias colonizadoras y nacionalistas dentro de las filas del Partido, es imposible crear en las regiones de la periferia organizaciones genuinamente comunistas, fuertes y ligadas a las masas, organizaciones que, sobre la base del internacionalismo, agrupen estrechamente en su seno a los elementos proletarios de la población indígena y rusa. Por eso, el Congreso considera que la liquidación de las vacilaciones nacionalistas, y, en primer término, de las colonizadoras, existentes en el seno del movimiento comunista, constituye una de las tareas más importantes del Partido en las regiones de la periferia. 6.

En relación con los éxitos obtenidos en los frentes, sobre todo después de la liquidación de Wrángel, en ciertas regiones atrasadas de la periferia, que no tienen o casi no tienen un proletariado industrial, se ha acentuado la tendencia de los elementos nacionalistas pequeñoburgueses a entrar en el Partido para hacer carrera. Considerando la situación del Partido como la de una fuerza dirigente real, estos elementos se revisten, por lo general, con los colores del comunismo y, no pocas veces, afluyen al Partido por grupos enteros, aportando un espíritu de chovinismo y de descomposición mal encubiertos. Además, las organizaciones del Partido en las regiones de la periferia, débiles en general, no siempre se hallan en estado de resistir a la tentación de “ensanchar” el Partido mediante la admisión de nuevos miembros. Al llamar a la lucha resuelta contra toda clase de elementos seudocomunistas, que se arriman al Partido del proletariado, el Congreso previene al Partido contra el “ensanchamiento” a base de elementos intelectuales nacionalistas de espíritu pequeñoburgués. El Congreso considera que, en las regiones de la periferia, el Partido debe engrosar sus filas principalmente con elementos proletarios, con elementos pobres y con trabajadores del campo de dichas regiones. Al mismo tiempo, ha de realizar una labor de fortalecimiento de las organizaciones del Partido en las regiones de la periferia mediante el mejoramiento de su composición cualitativa.

Publicado el 10 de febrero de 1921 en el núm. 29 de “Pravda”.