La situación internacional tiene en la vida de Rusia una importancia de primer orden. No solo porque Rusia, como cualquier otro país de Europa, está vinculada por innumerables hilos a los países capitalistas vecinos, sino ante todo porque ella, al ser soviética y representar por ello una "amenaza" para el mundo burgués, se ha encontrado, por la fuerza de las cosas, rodeada de un campo hostil de Estados burgueses. Siendo así, es comprensible que la situación de las cosas en este campo, la correlación de las fuerzas en lucha dentro de este campo, no puede dejar de tener para Rusia una importancia de primer orden.

El factor fundamental que caracteriza la situación internacional debe considerarse el hecho de que el período de guerra abierta ha sido sustituido por un período de lucha "pacífica", que se ha producido un cierto reconocimiento mutuo de las fuerzas en lucha y un armisticio entre ellas, entre la Entente, por un lado, como cabeza de la contrarrevolución burguesa, y Rusia, por otro, como destacamento avanzado de la revolución proletaria. La lucha ha demostrado que nosotros (los obreros) todavía no somos tan fuertes como para acabar ahora mismo con el imperialismo. Pero la lucha ha demostrado también que ellos (los burgueses) ya no son tan fuertes como para estrangular a la Rusia Soviética.

En relación con esto, ha pasado, se ha desvanecido aquel "susto" o "terror" de la burguesía mundial ante la revolución proletaria, que la invadió, por ejemplo, en los días de la ofensiva del Ejército Rojo sobre Varsovia. Con él pasa también aquel entusiasmo sin límites con que los obreros de Europa recibían prácticamente cada noticia sobre la Rusia Soviética.

Ha llegado un período de sobria valoración de las fuerzas, un período de trabajo molecular de preparación y acumulación de fuerzas para futuras batallas.

Esto no significa que cierto equilibrio de fuerzas, establecido ya a comienzos de 1921, haya quedado sin cambios. Ni mucho menos.

Habiéndose recuperado de los golpes de la revolución recibidos en relación con los resultados de la guerra imperialista, y habiendo vuelto en sí, la burguesía mundial pasó de la defensa al ataque contra "sus propios" obreros, utilizó hábilmente la crisis industrial y arrojó a los obreros a peores condiciones de existencia (reducción de salarios, aumento de la jornada laboral, desempleo masivo). Los resultados de esta ofensiva fueron especialmente penosos en Alemania, donde (además de todo lo demás) la caída vertiginosa del tipo de cambio del marco empeoró aún más la situación de los obreros.

Sobre este terreno surgió en la clase obrera un poderoso movimiento (especialmente en Alemania) por la creación de un frente obrero único y por la conquista de un gobierno obrero, un movimiento que exige acuerdo y lucha conjunta contra el enemigo común de todas las fracciones más o menos revolucionarias de la clase obrera, desde los "moderados" hasta los "extremos". No hay motivos para dudar de que en la lucha por el gobierno obrero los comunistas estarán en las primeras filas, pues esta lucha debe conducir a una ulterior descomposición de la burguesía y a la conversión de los actuales partidos comunistas en verdaderos partidos obreros de masas.

Pero la cosa dista mucho de limitarse a la ofensiva de la burguesía contra "sus propios" obreros. La burguesía sabe que no puede derrotar a "sus" obreros sin domar a Rusia. De ahí el trabajo cada vez más intenso de la burguesía por preparar una nueva ofensiva contra Rusia, más compleja y sólida que todas las ofensivas anteriores.

Por supuesto, se firman y se seguirán firmando tratados comerciales y de otro tipo con Rusia, y esto tiene para Rusia la mayor importancia. Pero no hay que olvidar que las misiones y sociedades comerciales y de otro tipo que inundan Rusia, que comercian con ella y le ayudan, son al mismo tiempo los mejores espías de la burguesía mundial, que ahora esta, la burguesía mundial, conoce por ello la Rusia Soviética, sus lados débiles y fuertes, mejor que nunca: circunstancias preñadas de serios peligros en caso de nuevas intervenciones.

Por supuesto, ciertas fricciones en la cuestión oriental se han reducido a "malentendidos". Pero no hay que olvidar que Turquía, Persia, Afganistán y el Lejano Oriente se llenan de agentes del imperialismo, oro y otros "bienes" para crear alrededor de la Rusia Soviética un cerco económico (y no solo económico). Apenas es necesario demostrar que la llamada conferencia "de paz" de Washington no nos augura nada verdaderamente pacífico.

Por supuesto, tenemos las "mejores relaciones" tanto con Polonia como con Rumania y Finlandia. Pero no hay que olvidar que estos países, especialmente Polonia y Rumania, se arman intensamente a costa de la Entente, se preparan para la guerra (¿y contra quién, sino contra Rusia?), que ahora, como antes, constituyen las reservas más próximas del imperialismo, que precisamente ellos lanzaron recientemente al territorio de Rusia (¿para reconocimiento?) los destacamentos de guardias blancos de savinkovistas y petliuristas.

Todo esto y mucho más semejante representa, según todas las apariencias, eslabones individuales de un trabajo general de preparación de una nueva ofensiva contra Rusia.

La combinación de la lucha económica con la lucha militar, la unión del asalto desde dentro con el asalto desde fuera: tal es la forma más probable de esta ofensiva.

De la vigilancia de los comunistas en la retaguardia y en el ejército, de los éxitos de nuestro trabajo en el terreno económico, en fin, de la firmeza del Ejército Rojo depende si lograremos hacer imposible esta ofensiva o, si a pesar de todo estalla, convertirla en un arma mortal contra la burguesía mundial.

Tal es, en general, la situación exterior.

No menos compleja y, si se quiere, "original" es la situación interior de la Rusia Soviética. Se puede caracterizar con las palabras: lucha por el fortalecimiento de la alianza de obreros y campesinos sobre una nueva base económica para el desarrollo de la industria, la agricultura y el transporte, o en otras palabras: lucha por la conservación y el fortalecimiento de la dictadura del proletariado en condiciones de ruina económica.

En Occidente existe una teoría según la cual los obreros solo pueden tomar y mantener el poder en aquel país donde constituyen la mayoría, o, en todo caso, donde la población ocupada en la industria constituye la mayoría. Precisamente sobre esta base rechazan los señores Kautsky la "legitimidad" de la revolución proletaria en Rusia, donde el proletariado constituye una minoría. Esta teoría parte tácitamente de la suposición de que la pequeña burguesía, ante todo el campesinado, no puede apoyar la lucha de los obreros por el poder, que el campesinado en su masa constituye una reserva de la burguesía y no del proletariado. La base histórica de esta suposición consiste en que en Occidente (Francia, Alemania) la pequeña burguesía (el campesinado) en los momentos críticos solía ponerse del lado de la burguesía (1848 y 1871 en Francia; los intentos de revolución proletaria en Alemania después de 1918).

Las causas de este fenómeno:

1) La revolución burguesa en Occidente se realizó bajo la dirección de la burguesía (el proletariado representaba entonces solo la fuerza bruta de la revolución); el campesinado recibió allí la tierra y la liberación de la servidumbre feudal, por así decirlo, de manos de la burguesía, por lo cual la influencia de la burguesía sobre el campesinado se consideraba ya entonces asegurada.

2) Desde el comienzo de la revolución burguesa en Occidente hasta los primeros intentos de revolución proletaria pasó más de medio siglo, durante el cual el campesinado logró destacar una poderosa e influyente en el campo burguesía rural, que sirvió de puente entre el campesinado y el gran capital de la ciudad, y consolidó de ese modo la hegemonía de la burguesía sobre el campesinado.

En esta situación histórica nació la teoría antes mencionada.

Un cuadro completamente diferente se descubre en Rusia.

En primer lugar, la revolución burguesa en Rusia (febrero-marzo de 1917), contrariamente a Occidente, se realizó bajo la dirección del proletariado, en encarnizados combates contra la burguesía, en cuyo transcurso el campesinado se agrupaba en torno al proletariado como en torno a su dirigente.

En segundo lugar, el intento (exitoso) de revolución proletaria en Rusia (octubre de 1917), también contrariamente a Occidente, no se inició medio siglo después de la revolución burguesa, sino inmediatamente después de ella, al cabo de apenas 6-8 meses, durante los cuales el campesinado, naturalmente, no pudo destacar una poderosa y organizada burguesía rural, y además la gran burguesía, derrocada en octubre de 1917, ya no pudo rehacerse en lo sucesivo.

Esta última circunstancia fortaleció aún más la alianza de obreros y campesinos.

He ahí por qué los obreros rusos, que constituyen una minoría de la población de Rusia, resultaron ser, no obstante, los dueños del país, se ganaron la simpatía y el apoyo de la inmensa mayoría de la población, ante todo del campesinado, tomaron y mantuvieron el poder, mientras que la burguesía, contra todas las teorías, se vio aislada, quedó sin reservas campesinas.

De aquí se deduce que:

1) La teoría descrita más arriba de la "mayoría obligatoria" de composición proletaria de la población es insuficiente, incorrecta desde el punto de vista de la realidad rusa, o, en todo caso, es interpretada por los señores Kautsky de manera demasiado simplista y vulgar.

2) La alianza de hecho del proletariado y el campesinado trabajador, que se formó en el curso de la revolución, constituye, en las condiciones históricas dadas, la base del poder soviético en Rusia.

3) El deber de los comunistas es conservar y fortalecer esta alianza de hecho.

Toda la cuestión en este caso consiste en que las formas de esta alianza no son siempre iguales.

Antes, durante la guerra, teníamos una alianza predominantemente militar-política, es decir, expulsábamos de Rusia a los terratenientes, entregábamos la tierra a los campesinos en usufructo, y cuando los terratenientes emprendieron la guerra por "lo suyo", nosotros combatimos contra ellos y defendimos las conquistas de la revolución, por lo cual el campesino daba alimentos para los obreros y hombres para el ejército. Esa era una forma de alianza.

Ahora, cuando la guerra ha terminado y la tierra ya no está en peligro, la vieja forma de alianza resulta ya insuficiente. Se necesita otra forma de alianza. Ahora no se trata ya de conservar la tierra en manos del campesino, sino de asegurar al campesino el derecho de libre disposición de los productos de esa tierra. Sin tal derecho son inevitables: una ulterior reducción de la siembra, un descenso progresivo de la agricultura, la parálisis del transporte y la industria (por falta de pan), la descomposición del ejército (por falta de pan) y, como resultado de todo ello, la inevitable disgregación de la alianza de hecho entre obreros y campesinos. Apenas es necesario demostrar que la existencia de un mínimo de reservas de trigo en manos del Estado constituye el resorte de todos los resortes del renacimiento de la industria y la conservación del Estado soviético. Kronstadt (primavera de 1921) fue una advertencia que señalaba que la vieja forma de alianza estaba agotada, que se necesitaba una nueva forma de alianza, económica, que asegurara la ventaja económica tanto a los obreros como a los campesinos.

En esto reside la clave para comprender la nueva política económica.

La supresión de las requisas y de otros obstáculos similares es el primer paso en el nuevo camino, que desató las manos del pequeño productor y dio un impulso a la producción intensificada de alimentos, materias primas y otros productos. No es difícil comprender la colosal importancia de este paso si se tiene en cuenta que Rusia atraviesa ahora el mismo impulso masivo de desarrollo de las fuerzas productivas que atravesó América del Norte después de la guerra civil. No cabe duda de que este paso, al desatar la energía productiva del pequeño productor y asegurarle cierta ventaja, lo colocará sin embargo --si se tiene en cuenta la conservación en manos del Estado del transporte y la industria-- en una situación en la cual se verá obligado a echar agua al molino del Estado soviético.

Pero no basta con lograr el aumento de la producción de alimentos y materias primas. Hay que acopiar, preparar además un mínimo determinado de estos productos, necesario para mantener el transporte, la industria, el ejército, etc. Por eso, si prescindimos del impuesto en especie, que es un simple complemento de la abolición de las requisas, como segundo paso hay que considerar la transferencia de los acopios de alimentos y materias primas a la Unión Central de Cooperativas de Consumo (Centrosoyuz). Es cierto que la indisciplina de los órganos locales del Centrosoyuz, la inadaptación a las condiciones de un mercado de mercancías rápidamente desarrollado, la inconveniencia de la forma natural del intercambio de mercancías y el rápido desarrollo de su forma monetaria, la escasez de medios monetarios, etc., no permitieron al Centrosoyuz cumplir las tareas que le fueron encomendadas. Pero no hay motivos para dudar de que el papel del Centrosoyuz como aparato principal de los acopios masivos de los productos básicos de alimentos y materias primas crecerá día a día. Solo es necesario que el Estado:

a) lo convierta en el centro de financiación de las operaciones comerciales (no estatales) dentro del país;

b) le subordine en el aspecto financiero otros tipos de cooperación, todavía hostilmente dispuestos contra el Estado;

c) le abra de una u otra forma el acceso al comercio exterior.

Como tercer paso hay que considerar la apertura del Banco Estatal, como órgano regulador de la circulación monetaria en el país. El desarrollo del mercado de mercancías y de la circulación monetaria conduce a dos resultados principales:

1) pone en plena dependencia de las fluctuaciones del rublo tanto las operaciones comerciales (privadas y estatales) como las productivas (tarifas, etc.);

2) convierte la economía nacional de Rusia de cerrada, autosuficiente, como era durante el bloqueo, en una economía de intercambio que comercia con el mundo exterior, es decir, dependiente de las fluctuaciones accidentales del tipo de cambio del rublo.

Pero de ello se deduce que sin poner en orden la circulación monetaria y mejorar el tipo de cambio del rublo, nuestras operaciones económicas tanto internas como externas cojearán de ambos pies. El Banco Estatal, como regulador de la circulación monetaria, que puede ser no solo acreedor sino también bomba que absorba los colosales ahorros privados, a cuyas expensas podría funcionar prescindiendo de nuevas emisiones, este Banco Estatal por ahora todavía representa "música del futuro", aunque según todos los datos tiene un gran porvenir.

El siguiente medio para elevar el tipo de cambio del rublo debe ser la ampliación de nuestras exportaciones y la mejora de nuestra desesperadamente pasiva balanza comercial. Hay que pensar que la incorporación del Centrosoyuz al comercio exterior solo puede ayudar en este sentido.

Es necesario, además, un empréstito exterior, no solo como medio de pago, sino también como factor de elevación del crédito exterior de Rusia y, por tanto, de la confianza en nuestro rublo.

Además, indudablemente facilitarían las cosas las compañías mixtas comerciales, de tránsito y de otro tipo, de las que escribió recientemente Sokólnikov en "Pravda", debiendo señalar aquí que el establecimiento de concesiones industriales y el desarrollo de un correcto intercambio de nuestras materias primas por maquinaria y equipamiento extranjeros, de los que tanto se habló en la prensa en su momento, al ser factores de desarrollo de la economía monetaria, dependen ellos mismos enteramente de una mejora previa del tipo de cambio de nuestro rublo.

Finalmente, como cuarto paso hay que considerar la transferencia de nuestras empresas a principios económicos, el cierre y el arrendamiento de las pequeñas empresas no rentables, la selección de las grandes empresas más viables, la intensificación de la reducción de las plantillas de nuestras instituciones desmesuradamente hinchadas, la creación de un presupuesto estatal material y monetario sólido y, como resultado de todo ello, la expulsión del espíritu de beneficencia de las empresas e instituciones, la disciplina general de los obreros y empleados, la mejora e intensificación de su trabajo.

Tales son, en general, las medidas que se están llevando a cabo y que deben llevarse a cabo, cuyo conjunto constituye la llamada nueva política económica.

Huelga decir que, al realizar estas medidas, cometimos, como es debido, una masa de errores, distorsionamos su verdadero carácter. Sin embargo, se puede considerar demostrado que precisamente ellas, estas medidas, abren el camino por el que podremos impulsar la regeneración económica del país, elevar la agricultura y la industria y fortalecer la alianza económica de los proletarios y los campesinos trabajadores, a pesar de todo, a pesar de las amenazas del exterior y del hambre dentro de Rusia.

Los primeros resultados de la nueva política económica, en forma de una incipiente ampliación de la siembra, un aumento de la productividad del trabajo en las empresas y una mejora del estado de ánimo de los campesinos (cese del bandidismo masivo), confirman con certeza esta conclusión.

"Pravda" N.o 286,

18 de diciembre de 1921.

Firma: I. Stalin