(Recuerdos) 1. Las jornadas del Lena. Las jornadas del Lena fueron consecuencia del régimen stolipiniano de “pacificación”. Por supuesto, los jóvenes militantes del Partido no vivieron ni recuerdan las delicias de aquél régimen. Por lo que respecta a los viejos, ellos, seguramente, no han olvidado las expediciones de castigo, de infausta memoria, los asaltos bandidescos a las organizaciones obreras, los apaleamientos en masa de los campesinos, y, como tapadera de todo esto, la Duma de los cien-negristas y de los demócratas constitucionalistas. El pensamiento público amordazado, cansando y apatía generales, indigencia y desesperación entre los obreros, sumisión y temor de los campesinos, en medio del general desenfreno de la jauría policiaco-terrateniente-capitalista: éstos eran los rasgos característicos de la “pacificación” stolipiniana. Un observador superficial habría podido creer que la época de las revoluciones había desaparecido para no volver, que se había iniciado el periodo del desarrollo “constitucional” de Rusia a la manera de Prusia. Los liquidadores mencheviques lo decían a gritos públicamente, predicando la necesidad de organizar con carácter legal un partido obrero stolipiniano.

Y algunos viejos “bolcheviques”, simpatizando en su fuero interno con tales prédicas, abandonaban oportunamente las filas de nuestro Partido. El triunfo del knut y del oscurantismo era completo. “Abominación de la desolación”: así se caracterizaba entonces la vida política de Rusia. Las jornadas del Lena irrumpieron como un huracán en esa “abominación de la desolación” y abrieron para todos un cuadro nuevo. Se vio que el régimen de Stolypin no era tan sólido como parecía, que la Duma suscitaba desprecio entre las masas y que la clase obrera había acumulado energías suficientes para lanzarse al combate por una nueva revolución. Bastó el ametrallamiento de los obreros en un apartado lugar de la lejana Siberia (Bodaibo del Lena), para que Rusia se cubriese de huelgas y para que el proletariado de Petersburgo, echándose a la calle, barriese de un golpe al fanfarrón ministro Makárov con su insolente consigna de “así fue y así será”. Eran las primeras golondrinas del poderoso movimiento que se iniciaba. “Zviezdá” tenía entonces razón al exclamar: “estamos vivos, hierve nuestra roja sangre con el fuego de fuerzas inagotables...”. El ascenso de un nuevo movimiento revolucionario estaba a la vista. Entre las olas de este movimiento nació precisamente “Pravda”, periódico obrero de masas.

2. La fundación de “Pravda”. Fué a mediados de abril de 1912, una tarde, en casa del camarada Poletáiev, cuando dos diputados de la Duma (Pokrovski y Poletáiev), dos literatos (Olminski y Baturin) y yo, miembro del C.C. (por mi condición de militante clandestino, me había acogido al “derecho de asilo” del “inmune” Poletáiev), nos pusimos de acuerdo sobre la plataforma de “Pravda” y preparamos el primer número del periódico. No recuerdo si asistieron a aquella reunión Demián Bedni y Danílov, activos colaboradores de “Pravda”. Las premisas de orden técnico y material para la publicación del periódico estaban aseguradas ya, gracias a la agitación realizada por “Zviezdá”, a la simpatía de las amplias masas obreras y a las recaudaciones masivas voluntarias en favor de “Pravda”, llevadas a cabo en las fabricas. “Pravda” fue, en verdad, el resultado de los esfuerzos de la clase obrera de Rusia, y, ante todo, de la de Petersburgo. Sin estos esfuerzos no habría podido existir. La fisonomía de “Pravda” estaba clara: “Pravda” tenía la misión de popularizar entre las masas la plataforma de “Zviezdá”. “A quien lea “Zviezdá” - decía “Pravda” en su primer número- y conozca a sus colaboradores, que lo son también de “Pravda”, no le será difícil comprender qué dirección va a seguir “Pravda” en su actividad”.

La diferencia entre “Zviezdá”» y “Pravda” consistía únicamente en que el público de “Pravda” no estaba compuesto tan sólo por los obreros avanzados, como sucedía con “Zviezdá”, sino por amplias masas de la clase obrera, “Pravda” tenía que ayudar a los obreros avanzados a unir en torno a la bandera del Partido a extensos sectores de la clase obrera rusa, que se habían despertado para la nueva lucha, pero que se hallaban atrasados en el aspecto político. Precisamente por eso se planteaba entonces “Pravda” como una de sus tareas la de formar literatos de entre los obreros mismos e incorporarlos a la dirección del periódico. “Desearíamos, además -decía “Pravda” en su primer número-, que los obreros no se limitasen a simpatizar y que tomasen parte activa en la edición de nuestro periódico. Que no digan los obreros que el escribir es para ellos una labor “desacostumbrada”: los obreros literatos no caen del cielo ya hechos; se van formando poco a poco, en el transcurso de la labor literaria. Lo que hace falta es poner manos a la obra con más audacia: se tropieza una o dos veces, pero después se aprende a escribir...”.

3. La importancia organizadora de “Pravda”. “Pravda” hizo su aparición en un periodo del desarrollo de nuestro Partido, cuando el movimiento clandestino estaba enteramente en manos de los bolcheviques (los mencheviques habían desertado de él) y cuando las formas legales de organización (la minoría de la Duma, la prensa, las mutualidades, los sindicatos) aun no habían sido sustraídas por completo a la influencia de los mencheviques. Fue aquél un período de enérgica lucha de los bolcheviques por expulsar a los liquidadores (los mencheviques) de las organizaciones legales de la clase obrera. La consigna de “relevar de sus puestos” a los mencheviques era entonces una de las consignas más populares del movimiento obrero. Las páginas de “Pravda” estaban salpicadas de informaciones dando cuenta de que se había expulsado a los liquidadores de las mutualidades y de los sindicatos, donde se habían atrincherado durante cierto tiempo. Las seis actas de diputados de la curia obrera les fueron arrebatadas a los mencheviques. En análoga o casi análoga situación desesperada se encontraba la prensa menchevique. Fue aquélla una lucha realmente heroica de los obreros de ideas bolcheviques en pro del Partido, porque los agentes del zarismo no se dormían, perseguían y exterminaban a los bolcheviques, y el Partido, reducido a la clandestinidad, no podía seguir desarrollándose sin coberturas legales.

Es más: en las condiciones políticas reinantes, el Partido, sin conquistar las organizaciones legales, no habría podido llegar a las amplias masas ni unidas en torno a su bandera: el Partido se habría separado de las masas y convertido en un círculo cerrado, cociéndose en su propia salsa. “Pravda” era el centro de esta lucha en pro del Partido, por la creación de un partido obrero de masas. No era simplemente un periódico que hiciese el balance de los éxitos de los bolcheviques en la labor de conquistar las organizaciones obreras legales; era, al mismo tiempo, el centro organizador que las unía en torno a los núcleos clandestinos del Partido y que orientaba el movimiento obrero hacia un objetivo determinado. Ya en “¿Qué hacer?» (1902) el camarada Lenin había dicho que un periódico combativo, bien organizado, para toda Rusia, no sólo debía ser un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. “Pravda” llegó a ser precisamente ese periódico en el período de la lucha contra los liquidadores por la conservación de las organizaciones clandestinas y la conquista de las organizaciones obreras legales. Si es cierto que sin derrotar a los liquidadores no hubiéramos tenido el Partido, fuerte por su cohesión e invencible por su fidelidad al proletariado, el Partido que organizó Octubre de 1917, no menos cierto es que la labor tesonera y abnegada de la vieja “Pravda” preparó y aceleró en grado considerable ese triunfo sobre los liquidadores. En este sentido, la vieja “Pravda” fue, sin la menor duda, el heraldo de las gloriosas victorias que habría de obtener después el proletariado ruso.

Publicado con la firma de J. Stalin el 5 de mayo de 1922 en el núm. 98 de “Pravda”.