¡Camaradas! El discurso de clausura constará de dos partes: la primera tratará de la práctica organizativa del CC en la medida en que fue criticada por los oradores, y la segunda, donde hablaré de aquellas propuestas organizativas del CC que los oradores no criticaron y con las cuales, al parecer, el congreso se solidariza.

Diré primero unas palabras sobre los críticos del informe del CC.

Sobre Lutovinov. Está descontento con el régimen de nuestro partido: no hay libertad de palabra en nuestro partido, no hay legalidad, no hay democratismo. Él sabe, desde luego, que en los últimos seis años el CC nunca preparó un congreso de manera tan democrática como en este momento. Sabe que inmediatamente después del pleno de febrero, los miembros y candidatos del CC partieron a todos los rincones de nuestra federación e informaron sobre el trabajo del CC. Él, Lutovinov, debe saber que ya tenemos cuatro números de la hoja de discusión, donde de todas las maneras, precisamente de todas las maneras, analizan y discuten la actividad del CC. Pero esto a él, a Lutovinov, le parece poco. Quiere un democratismo "verdadero", para que todas, al menos las más importantes cuestiones, se discutan en todas las células de abajo arriba, para que todo el partido se ponga en movimiento en cada cuestión y participe en la discusión. Pero, camaradas, ahora, cuando estamos en el poder, cuando tenemos no menos de 400 mil miembros del partido, cuando tenemos no menos de 20 mil células, no sé adónde nos conduciría tal régimen. Con tal régimen, nuestro partido se convertiría en un club de discusión que habla eternamente y no decide nada. Mientras tanto, nuestro partido debe ser ante todo activo, pues estamos en el poder.

Además, Lutovinov olvida que aunque dentro de la federación estamos en el poder y gozamos de todas las ventajas de la legalidad, desde el punto de vista internacional vivimos un período análogo al que vivíamos en 1912, cuando el partido era semilegal, más exactamente ilegal, cuando el partido tenía algunos asideros legales en forma de la fracción de la Duma, de periódicos legales, de clubes, cuando el partido, al mismo tiempo, estaba rodeado de adversarios y se esforzaba por acumular sus fuerzas para avanzar y ampliar los marcos legales. Un período semejante vivimos ahora a escala internacional. Estamos rodeados de enemigos, esto es claro para todos. Los lobos del imperialismo que nos rodean no duermen. No hay momento en que nuestros enemigos no intenten atrapar alguna rendija por la cual pudieran colarse y perjudicarnos. No hay razones para afirmar que nuestros enemigos que nos rodean no realizan algún trabajo preparatorio en materia de bloqueo o de intervención. Tal es la situación. ¿Se puede, en tal estado de cosas, sacar a la calle todas las cuestiones de guerra y paz? Pues discutir una cuestión en asambleas de 20 mil células significa sacarla a la calle. ¿Qué habría sido de nosotros si todo nuestro trabajo preparatorio para la Conferencia de Génova lo hubiéramos sacado previamente a la calle? Habríamos fracasado estrepitosamente. Hay que recordar que en las condiciones en que estamos rodeados de enemigos, el golpe repentino por nuestra parte, la maniobra inesperada, la rapidez de decisión lo deciden todo. ¿Qué habría sido de nosotros si en vez de discutir nuestra campaña política en la Conferencia de Lausana en un círculo reducido de personas de confianza del partido, hubiéramos sacado a la calle todo este trabajo, hubiéramos descubierto nuestras cartas? Los enemigos habrían tomado en cuenta todos los menos y los más, habrían hecho fracasar nuestra campaña, y nos habríamos ido de Lausana con vergüenza. ¿Qué habría sido de nosotros si las cuestiones de guerra y paz, las cuestiones más importantes de todas las cuestiones importantes, las hubiéramos sacado previamente a la calle, pues, repito, sacar cuestiones a la discusión de 20 mil células es sacar las cuestiones a la calle? Nos habrían desplumado en un dos por tres. Está claro, camaradas, que tanto por consideraciones organizativas como por consideraciones políticas, el llamado democratismo de Lutovinov es una fantasía, una manilovshchina democrática. Es falso y peligroso. No es nuestro camino el de Lutovinov.

Paso a Osinski. Se agarró a mi frase de que, al ampliar el CC, debemos introducir en su composición personas independientes. Sí, sí, Sorin, independientes, no autónomos. Osinski cree que en este punto yo establecí cierto vínculo con Osinski, con el centralismo democrático. Efectivamente, dije que es necesario incorporar al CC camaradas independientes. ¿Independientes de qué? No lo dije, sabiendo de antemano que no conviene agotar todas las cuestiones en el discurso principal; hay que dejar algo también para el discurso de clausura. (Risas. Aplausos.) Necesitamos personas independientes en el CC, pero independientes no del leninismo, no, camaradas, ¡Dios nos libre! Necesitamos personas independientes, libres de las influencias personales, de aquellos hábitos y tradiciones de lucha dentro del CC que se han formado en nosotros y que a veces crean inquietud dentro del CC. Ustedes recuerdan el artículo del camarada Lenin. Allí se habla de que tenemos la perspectiva de una escisión. Como por este pasaje del artículo del camarada Lenin podría parecer a las organizaciones que ya estaba madurando en nosotros una escisión, los miembros del CC decidieron unánimemente disipar las posibles dudas y dijeron que no hay ninguna escisión en el CC, lo cual corresponde plenamente a la realidad. Pero el CC dijo también que la perspectiva de escisión no está excluida. Y esto es completamente correcto. En el curso del trabajo dentro del CC durante los últimos 6 años se han formado (no podían dejar de formarse) ciertos hábitos y ciertas tradiciones de lucha interna del CC que a veces crean una atmósfera no del todo buena. Observé esta atmósfera en uno de los últimos plenos del CC en febrero, y fue entonces cuando noté que la intervención de personas de las localidades a menudo lo decide todo. Necesitamos personas independientes de estas tradiciones y de estas influencias personales para que, al ingresar en el CC y aportar la experiencia de un trabajo positivo y los vínculos con las localidades, sirvan de cemento que pueda consolidar al CC como un colectivo único e indivisible que dirige nuestro partido. Tales camaradas independientes, libres de las viejas tradiciones forjadas dentro del CC, los necesitamos precisamente como personas que aporten un elemento nuevo, refrescante, que consolide al CC y prevenga todas y cualesquiera posibilidades de escisión dentro del CC. En este sentido hablé de personas independientes.

No puedo, camaradas, pasar por alto la salida de Osinski que se permitió con respecto a Zinóviev. Elogió al camarada Stalin, elogió a Kámenev y dio una coz a Zinóviev, decidiendo que por ahora basta con apartar a uno, y después llegará el turno a los demás. Tomó un curso hacia la descomposición de aquel núcleo que se ha formado dentro del CC durante los años de trabajo, con el fin de, gradualmente, paso a paso, descomponer todo. Si Osinski piensa seriamente perseguir tal objetivo, si piensa seriamente emprender tales ataques contra uno u otro miembro del núcleo de nuestro CC, debo advertirle que tropezará con un muro contra el cual, me temo, se romperá la cabeza.

Finalmente, sobre Mdivani. Permítanme decir unas palabras sobre esta cuestión que tiene aburrido a todo el congreso. Habló de vacilaciones en el CC: hoy, dicen, deciden la unificación de los esfuerzos económicos de las tres repúblicas de Transcaucasia, mañana llega una decisión de que estas repúblicas se unan en una federación, pasado mañana una tercera decisión de que todas las repúblicas soviéticas se unan en una Unión de Repúblicas. Esto lo llama vacilaciones del CC. ¿Es correcto? No, camaradas, aquí no hay vacilaciones, aquí hay un sistema. Las repúblicas independientes primero se acercan sobre una base económica. Este paso fue emprendido ya en 1921. Después de que resulta que la experiencia del acercamiento de las repúblicas da buenos resultados, se da el siguiente paso: la unificación en una federación. Especialmente en un lugar como Transcaucasia, donde sin un órgano especial de paz nacional es imposible prescindir. Ustedes saben que Transcaucasia es un país donde tuvieron lugar masacres tártaro-armenias aún bajo el zar y guerras bajo los musavatistas, los dashnaks y los mencheviques. Para acabar con estas rencillas se necesita un órgano de paz nacional, es decir, un poder supremo que pueda decir la palabra decisiva. La creación de tal órgano de paz nacional sin la participación de representantes de la nación georgiana es absolutamente imposible. Pues bien, unos meses después de la unificación de los esfuerzos económicos se da el siguiente paso: la federación de las repúblicas, y un año después de esto, otro paso más, como etapa final en el camino de la unificación de las repúblicas: la creación de la Unión de Repúblicas. ¿Dónde están aquí las vacilaciones? Esto es un sistema de nuestra política nacional. Mdivani simplemente no captó la esencia de nuestra política soviética, aunque se considere un viejo bolchevique.

Planteó una serie de preguntas, insinuando que las cuestiones más importantes relativas al aspecto nacional de la situación en Transcaucasia, especialmente en Georgia, eran decididas, supuestamente, no por el CC, sino por personas individuales. La cuestión principal en Transcaucasia es la cuestión de la federación de Transcaucasia. Permítanme leer un pequeño documento que habla de la historia de la directiva del CC del PC(b)R sobre la federación transcaucásica.

El 28 de noviembre de 1921, el camarada Lenin me envía el proyecto de su propuesta sobre la formación de la federación de las repúblicas transcaucásicas. Allí se dice:

"1) reconocer la federación de las repúblicas transcaucásicas como principialmente absolutamente correcta y sujeta incondicionalmente a realización, pero prematura en el sentido de su

realización práctica inmediata, es decir, que requiere varias semanas para la discusión, la propaganda y la aprobación desde abajo;

2) proponer a los comités centrales de Georgia, Armenia y Azerbaiyán llevar esta decisión a la práctica".

Yo me comunico por escrito con el camarada Lenin y propongo no apresurarse con esto, esperar, dar cierto período de tiempo a los trabajadores locales para la realización de la federación. Le escribo:

"Camarada Lenin. No tengo objeciones contra su resolución, si acepta la siguiente enmienda: en vez de las palabras 'que requiere varias semanas de discusión' en el punto 1, decir: 'que requiere un cierto período de tiempo para la discusión', etc., conforme a su resolución. El caso es que 'realizar' la federación en Georgia 'desde abajo', en 'orden soviético', en 'varias semanas' es imposible, pues en Georgia los Sóviets apenas empiezan a construirse. Aún no están terminados de construir. Hace un mes no existían en absoluto, y convocar allí un congreso de los Sóviets en 'varias semanas' es impensable; pues bien, una federación transcaucásica sin Georgia será una federación de papel. Creo que se necesitan 2-3 meses para que la idea de la federación triunfe entre las amplias masas de Georgia. Stalin".

El camarada Lenin responde: "Acepto esta enmienda".

Al día siguiente, esta propuesta es aprobada por los votos de Lenin, Trotski, Kámenev, Mólotov, Stalin. Zinóviev estaba ausente, lo reemplazaba Mólotov. Esta decisión fue adoptada por el Politburó a fines de 1921, como pueden ver, por unanimidad. Desde ese mismo momento comienza la lucha de un grupo de comunistas georgianos, encabezados por Mdivani, contra la directiva del CC sobre la federación. Ven ustedes, camaradas, que las cosas no eran como Mdivani las presentó aquí. Cito este documento contra las insinuaciones indecentes que Mdivani puso en circulación aquí.

Segunda cuestión: ¿cómo se explica, propiamente, el hecho de que el grupo de camaradas encabezados por Mdivani haya sido retirado por el Comité Central del partido? ¿Cuál es la causa? Hay dos causas principales y al mismo tiempo formales. Estoy obligado a decirlo, pues hubo reproches contra el CC y, en particular, contra mí.

La primera causa es que el grupo de Mdivani no goza de influencia en su propio partido comunista georgiano, que lo rechaza la propia compañía comunista de Georgia. Esta compañía tuvo dos congresos: en 1922, a comienzos de año, hubo un primer congreso, y en 1923, a comienzos de año, un segundo congreso. En ambos congresos el grupo de Mdivani con su idea de negación de la federación encontró un rechazo decidido por parte de su propia compañía. En el primer congreso, creo, de 122 votos reunió algo así como 18; en el segundo congreso, de 144 votos reunió alrededor de 20; obstinadamente no lo elegían al CC; su posición era sistemáticamente rechazada. La primera vez, a comienzos de 1922, nosotros en el CC ejercimos presión sobre la compañía comunista de Georgia y, en contra de la voluntad de la compañía comunista de Georgia, obligamos a aceptar a los viejos camaradas (sin duda, Mdivani es un viejo camarada, y Majaradze también), pensando que ambos grupos, la mayoría y la minoría, se avendrían a trabajar juntos. En el intervalo entre el primer y el segundo congreso hubo, sin embargo, una serie de conferencias, urbanas y de toda Georgia, donde cada vez el grupo de Mdivani recibía golpes de su propia compañía, y, finalmente, en el último congreso Mdivani apenas reunió 18 votos de 140.

La federación transcaucásica es una organización que afecta no solo a Georgia, sino a toda Transcaucasia. Habitualmente, tras el congreso del partido georgiano se reúne el congreso de toda Transcaucasia. Allí la misma imagen. En el último congreso de toda Transcaucasia, de 244, creo, Mdivani apenas reunió alrededor de 10 votos. Tales son los hechos. ¿Qué ha de hacer el Comité Central del partido ante tal situación, si la compañía, si la propia organización georgiana no digiere al grupo de Mdivani? Entiendo nuestra política en la cuestión nacional como una política de concesiones a los nacionalistas y a los prejuicios nacionales. Esta política, sin duda, es correcta. Pero ¿se puede sin fin violentar la voluntad del partido en cuyo marco le toca trabajar al grupo de Mdivani? No se puede, a mi juicio. Al contrario, hay que en lo posible concordar sus acciones con la voluntad del partido en Georgia. Así procedió el CC, retirando a determinados miembros de este grupo.

La segunda causa que dictó al CC la retirada de algunos camaradas de este grupo consiste en que violaban continuamente las resoluciones del CC del PC(b)R. Ya les expuse la historia de la resolución sobre la federación; ya dije que sin este órgano la paz nacional es imposible, que en Transcaucasia solo el poder soviético, al crear la federación, logró que se estableciera la paz nacional. Por eso considerábamos en el CC que esta resolución era incondicionalmente obligatoria. Sin embargo, ¿qué vemos? Insubordinación del grupo de Mdivani ante esta resolución, y más aún: lucha contra ella. Esto fue establecido tanto por la comisión del camarada Dzerzhinski como por la comisión de Kámenev-Kuíbyshev. Incluso ahora, después de la decisión del pleno de marzo sobre Georgia, Mdivani continúa la lucha contra la federación. ¿Qué es esto sino una burla de las decisiones del CC?

Tales son las circunstancias que obligaron al CC del partido a retirar a Mdivani.

Mdivani presenta las cosas como si, a pesar de su retirada, él hubiera triunfado. No sé qué llamar entonces derrota. Por lo demás, es sabido que el de feliz memoria Don Quijote también se consideraba vencedor cuando los molinos de viento lo hicieron pedazos. Creo que algunos camaradas que trabajan en cierto trozo de territorio soviético llamado Georgia tienen allí arriba, al parecer, no todo en orden.

Paso al camarada Majaradze. Declaró aquí que es un viejo bolchevique en la cuestión nacional, de la escuela de Lenin. Esto no es cierto, camaradas. En abril de 1917, en la conferencia, yo junto con el camarada Lenin conduje la lucha contra el camarada Majaradze. Él estaba entonces contra la autodeterminación de las naciones, contra la base de nuestro programa, contra el derecho de los pueblos a una existencia estatal independiente. Mantenía este punto de vista y luchaba contra el partido. Después cambió de opinión (esto, por supuesto, le honra), pero de todas maneras no debería haberlo olvidado. Este ya no es un viejo bolchevique en la cuestión nacional, sino más bien joven.

El camarada Majaradze me presentó una interpelación parlamentaria sobre si yo reconozco, o si el CC reconoce, a la organización de los comunistas georgianos como una organización real en la que hay que confiar, y si la reconoce, si está de acuerdo el CC en que esta organización tiene derecho a plantear cuestiones y hacer sus propuestas. Si todo esto se reconoce, ¿considera el CC que el régimen que se ha establecido allí, en Georgia, es insoportable?

Responderé a esta interpelación parlamentaria.

Por supuesto, el CC confía en la compañía comunista de Georgia: ¿en quién más confiar? La compañía comunista de Georgia representa la savia, los mejores elementos del pueblo georgiano, sin los cuales gobernar Georgia es imposible. Pero toda organización consta de una mayoría y una minoría. No tenemos ni una sola organización donde no hubiera mayoría y minoría. Y en la práctica vemos que el CC de la compañía comunista de Georgia consta de una mayoría que lleva a cabo la línea del partido y de una minoría que no siempre lleva a cabo esta línea. Se trata, evidentemente, de la confianza en la organización en la persona de su mayoría.

Segunda cuestión: ¿tienen derecho los CC nacionales a la iniciativa, a plantear cuestiones, tienen derecho a presentar propuestas?

Naturalmente, tienen; esto es claro. Solo no se comprende por qué el camarada Majaradze no nos presentó hechos de que al Comité Central de la compañía comunista de Georgia no le dejan plantear cuestiones, no le dejan presentar propuestas y discutirlas. No conozco tales hechos. Creo que el camarada Majaradze presentará al CC tales materiales, si es que los tiene.

Tercera cuestión: ¿se puede admitir el régimen que se ha creado en Georgia?

Lamentablemente, la cuestión no está concretada: ¿qué régimen? Si se trata del régimen en el cual el poder soviético de Georgia comenzó últimamente a expulsar a los nobles de sus nidos, así como a los mencheviques y contrarrevolucionarios, si se trata de este régimen, entonces este régimen no representa, a mi juicio, nada malo. Este es nuestro régimen soviético. Si se trata de que el Comité Regional Transcaucásico ha creado condiciones imposibles para el desarrollo de la compañía comunista de Georgia, no dispongo de tales hechos. Aquel CC de Georgia que fue elegido en el último congreso de la compañía comunista de Georgia por una mayoría de 110 votos contra 18 no ha planteado estas cuestiones ante nosotros. Trabaja en pleno contacto con el Comité Regional Transcaucásico de nuestro partido. Si hay un pequeño grupo, una corriente, en fin, miembros del partido descontentos con el régimen del partido, es necesario presentar los materiales correspondientes al CC. Allí, en Georgia, ya hubo dos comisiones para verificar tales quejas, una, la comisión de Dzerzhinski, la otra, la de Kámenev y Kuíbyshev. Se puede crear una tercera, si es necesario.

Con esto termino la primera parte de mi discurso de clausura sobre la práctica organizativa del CC durante el año.

Paso a la segunda parte, a las propuestas organizativas del CC presentadas a la consideración del congreso. Hasta donde sé, ninguno de los oradores tocó desde el punto de vista de la crítica ninguna de las propuestas presentadas por el CC. Entiendo esto como expresión de plena solidaridad con aquellas propuestas del CC que hemos presentado a vuestra consideración. Sin embargo, quisiera ayudar y aportar una serie de enmiendas. Presentaré estas enmiendas en aquella sección que, según la idea del CC, debe ser creada, la sección organizativa, en la cual el trabajo principal por la línea del partido será conducido por el camarada Mólotov, y por la línea soviética, por el camarada Dzerzhinski.

La primera enmienda dice que el número de candidatos al CC de cinco personas sea aumentado, al menos, hasta 15.

La segunda enmienda se refiere a que se preste especial atención al fortalecimiento y ampliación de los órganos de registro y distribución tanto arriba como abajo, pues estos órganos adquieren ahora una importancia colosal y de primer orden, pues son el medio más real de mantener en manos del partido todos los hilos de la economía y del aparato soviético.

La tercera enmienda se referirá a que el congreso confirme la propuesta de crear una escuela de secretarios de úezd junto al CC, con el fin de que al terminar el año los comités de gubernia dispongan de 200-300 secretarios de escala de úezd.

Y la cuarta enmienda, sobre la prensa. No tengo nada concreto que aportar en esta parte, pero quisiera llamar la especial atención del congreso para que la prensa sea elevada a la altura debida. Va hacia adelante, ha avanzado mucho, pero no en la medida que se necesita. La prensa debe crecer no por días, sino por horas: es el arma más afilada y más poderosa de nuestro partido.

Para concluir, unas palabras sobre el presente congreso. ¡Camaradas! Debo decir que hacía mucho tiempo que no veía un congreso tan cohesionado, animado por una sola idea. Lamento que no esté aquí el camarada Lenin. Si estuviera aquí, podría decir: " años crié al partido y lo crié grande y fuerte". (Prolongados aplausos.)

Duodécimo Congreso del Partido

Comunista (bolchevique) de Rusia.

Informe estenográfico. Moscú, 1923.