En mi artículo sobre el papel organizador de la prensa, publicado en el núm. 99 de “Pravda”, señalé dos errores de Ingúlov en el problema de la prensa. En el artículo de respuesta (v. “Pravda”, núm. 101), Ingúlov se excusa diciendo que no son errores, sino “malentendidos”. Estoy dispuesto a llamar “malentendidos” a los errores de Ingúlov. Pero lo malo es que Ingúlov ha incurrido en su artículo de respuesta en tres nuevos errores o, si se quiere, en tres nuevos “malentendidos” que, lamentablemente, no es posible silenciar en modo alguno, dada la particular importancia de la prensa. 1. Ingúlov asegura que en su primer artículo no estimó necesario centrarse en el problema del papel organizador de la prensa y perseguía la “tarea parcial” referente a “quién hace el periódico de nuestro Partido”. Admitámoslo. Pero, en tal caso, ¿por qué Ingúlov encabeza su artículo con una cita del informe de organización del Comité Central, una cita que se refiere exclusivamente al papel organizador de nuestra prensa periódica? Una de dos: o Ingúlov no ha comprendido el significado de la cita, o ha construido todo su artículo a pesar y contra el sentido preciso de la cita del informe de organización del C.C., sobre la importancia organizadora de la prensa. En uno y otro caso, el error de Ingúlov salta a la vista. 2.

Ingúlov asegura que “hace dos o tres años, nuestra prensa no estaba ligada a las masas”, “no ligaba al Partido con ellas”, que, en general, “no existían” vínculos entre la prensa y las masas. Basta leer atentamente esta afirmación de Ingúlov para comprender toda su incongruencia, toda su vacuidad, todo su apartamiento de la realidad. En efecto, si nuestra prensa del Partido, y a través de ella, el propio Partido “no hubiesen estado ligados” a las masas obreras “hace dos o tres años”, ¿no está claro que nuestro Partido, no habría resistido frente a los enemigos interiores y exteriores de la revolución, que habría sido enterrado, reducido a la nada “en un dos por tres”? Reflexionad un momento: la guerra civil está en su apogeo, el Partido se defiende de los enemigos obteniendo una serie de brillantes victorias, el Partido llama a través de la prensa a los obreros y campesinos a defender la patria socialista; decenas, centenares de miles de trabajadores responden al llamamiento del Partido con cientos de resoluciones y marchan al frente sin regatear su vida, pero Ingúlov, aun sabiendo todo esto, considera posible afirmar que “hace dos o tres años, nuestra prensa no estaba ligada a las masas y, por consiguiente, no ligaba al Partido con ellas”. ¿Acaso no es ridículo?

¿Dónde se ha visto que un partido “no ligado a las masas” a través de la prensa de masas pueda poner en movimiento a decenas y centenares de miles de obreros y campesinos? Pero si el Partido, a pesar de todo, ponía en movimiento a decenas y centenares de miles de trabajadores, ¿no está claro que un partido de masas no habría podido salir adelante de ningún modo sin ayuda de la prensa? Sí, sí; alguien, indudablemente, ha perdido el contacto con las masas, pero ese alguien no es nuestro Partido ni su prensa. ¡No se puede calumniar a la prensa! Lo que ocurre es que el contacto entre el Partido y las masas a través de su prensa existía indudablemente y no podía dejar de existir “hace dos o tres años”, pero este contacto era relativamente débil, como dice con razón el XI Congreso de nuestro Partido. La tarea consiste ahora en ampliar ese contacto, en reforzado por todos los medios, en hacerlo más sólido y regular. En eso estriba todo el asunto. 3. Ingúlov asegura luego que “hace dos o tres años no había acción recíproca entre el Partido y la clase obrera a través de la prensa”. ¿Por qué? Porque, según él, entonces “nuestra prensa llamaba día tras día a la lucha, exponía las medidas del Poder Soviético, las disposiciones del Partido, pero no hallaba eso en el lector obrero”.

Así lo ha dicho: “no hallaba eco en el lector obrero”. Es increíble, es monstruoso, pero es un hecho. Todo el mundo sabe que, cuando el Partido lanzó a través de la prensa la consigna de “¡Todos al transporte!” de las masas respondieron unánimes, enviando a la prensa centenares de resoluciones de adhesión, mostrándose dispuestas a defender el transporte y mandando a decenas de miles de hijos suyos en ayuda del transporte. Pero Ingúlov no está de acuerdo en considerar eso como una respuesta del lector obrero ni en calificarlo de acción reciproca entre el Partido y la clase obrera a través de la prensa, pues esa acción recíproca se desarrollaba, no tanto a través de los corresponsales, como directamente entre el Partido y la clase obrera, y, claro está, a través de la prensa. Todo el mundo sabe que, cuando el Partido lanzó la consigna de “¡A la lucha contra el hambre!”, las masas respondieron unánimes al llamamiento del Partido, enviando infinidad de resoluciones a la prensa del Partido y mandando a decenas de miles de hijos suyos a la lucha contra los kulaks. Ingúlov, sin embargo, no está de acuerdo en considerar eso como una respuesta del lector obrero y como acción recíproca entre el Partido y la clase obrera a través de la prensa, pues esa acción recíproca no se ajustaba “a

la norma”, daba de lado a algunos corresponsales, etc. Según Ingúlov, resulta que, si al llamamiento de la prensa del Partido responden decenas y centenares de miles de obreros, eso no es acción recíproca entre el Partido y la clase obrera; pero si a ese mismo llamamiento de la prensa del Partido se recibe la respuesta por escrito de una que otra docena de corresponsales, entonces eso sí es una acción recíproca efectiva y auténtica entre el Partido y la clase obrera. ¡Y a eso se le llama determinar el papel organizador de la prensa del Partido! Tenga usted temor de Dios, Ingúlov, y no confunda la interpretación marxista de la acción recíproca con la interpretación oficinesca. Y, sin embargo, está claro que, si se considera la acción recíproca entre el Partido y la clase obrera a través de la prensa, no con el criterio de un oficinista, sino con el criterio de un marxista, esa acción recíproca ha existido siempre, tanto “hace dos o tres años” como antes, y no podía dejar de existir; pues, en caso contrario, el Partido no habría podido conservar la dirección de la clase obrera, y la clase obrera no hubiera podido mantenerse en el Poder. El problema se reduce ahora, evidentemente, a hacer más continua y sólida esa acción recíproca. Ingúlov no sólo ha menospreciado la importancia organizadora de la prensa, sino que, además, la ha tergiversado, suplantando la interpretación marxista de la acción recíproca entre el Partido y la clase obrera a través de la prensa por una interpretación oficinesca, por una interpretación superficial, técnica. Y eso es lo que él llama “malentendido”... Por lo que se refiere a las “tareas secundarias” de Ingúlov, cuya existencia niega terminantemente, debo decir que su segundo artículo no ha disipado las dudas que expresé a este respecto en mi artículo anterior.

Publicado con la firma de J. Stalin el 10 de mayo de 1923 en el núm. 102 de “Pravda”.