Pedí la palabra para hacer algunas observaciones a los discursos de los camaradas que aquí han intervenido. En cuanto al aspecto de principio de la cuestión planteada en relación con el caso de Sultán-Galíev, trataré de esclarecerlo en mi informe sobre el segundo punto.

Ante todo, acerca de la cuestión de la propia conferencia. Aquí alguien ha dicho (he olvidado quién exactamente) que la presente conferencia representa un fenómeno extraordinario. Esto es incorrecto. Tales conferencias no representan nada nuevo para nuestro partido. La presente conferencia, por su número, es la cuarta durante la existencia del Poder soviético. Hasta comienzos de 1919 hubo tres conferencias. Entonces la situación nos permitía convocar tales conferencias. Posteriormente, después de 1919, en 1920-1921, cuando nos sumergimos de lleno en la guerra civil, no tuvimos tiempo para este tipo de conferencias. Y solo ahora, después de haber terminado con la guerra civil, cuando nuestro trabajo se ha profundizado en la línea de la construcción económica, después de que el propio trabajo del partido se ha vuelto más concreto, especialmente en las regiones y repúblicas nacionales, hemos vuelto a tener la posibilidad de convocar una conferencia de este tipo. Pienso que el CC recurrirá más de una vez a este medio para crear una comprensión mutua plena entre quienes aplican la política en el terreno y quienes la elaboran. Pienso que se deben convocar tales conferencias no solo de todas las repúblicas y regiones, sino también por regiones y repúblicas por separado, para elaborar decisiones más concretas. Solo este planteamiento de la cuestión puede satisfacer tanto al CC como a los trabajadores en el terreno.

Escuché a algunos camaradas que hablaban de cómo yo advertí a Sultán-Galiev, cuando tuve la oportunidad de conocer su primera carta conspirativa dirigida, al parecer, a Adigámov, quien por alguna razón calla y no interviene, aunque precisamente él debería haberse pronunciado antes que nadie y más que nadie. Recibí un reproche de parte de estos camaradas por haber defendido excesivamente a Sultán-Galiev. Sí, en efecto, lo defendí hasta la última posibilidad, y consideraba y sigo considerando que era mi deber. Pero lo defendí hasta un límite conocido. Y cuando ese límite fue traspasado por Sultán-Galiev, me aparté de él. Su primera carta conspirativa dice que él, Sultán-Galiev, ya rompe con el partido, pues el tono de su carta es casi guardia blanco, pues escribe sobre los miembros del CC como solo se puede escribir sobre enemigos. Me encontré con él casualmente en el Politburó, donde defendía las reivindicaciones de la República Tártara en la línea del Comisariado del Pueblo de Agricultura. Yo le advertí entonces mismo, entregándole una nota, donde calificaba su carta conspirativa de antipartido, donde lo acusaba de montar una organización de tipo validovista, y diciéndole que si no cesaba el trabajo ilegal antipartido, terminaría mal, y todo apoyo de mi parte quedaría excluido. Él, con gran turbación, me respondió que yo estaba inducido a error, que él efectivamente había escrito a Adigámov, pero no había escrito eso, sino otra cosa, que él como era, así seguía siendo un hombre de partido y daba su palabra de honor de seguir siéndolo en adelante. No obstante, una semana después de esto, envía una segunda carta conspirativa, donde obliga a Adigámov a establecer contacto con los basmachí y su líder Validov, y a "quemar" la carta. Resultó, por tanto, una vileza, resultó un engaño, que me obligó a romper toda relación con Sultán-Galiev. Desde ese momento, Sultán-Galiev se convirtió para mí en un hombre situado fuera del partido, fuera de los Soviets, y no consideré posible hablar con él, a pesar de que varias veces intentó venir a verme para "conversar". Me reprochaban los camaradas "izquierdistas" ya a principios de 1919 que yo apoyaba a Sultán-Galiev, que lo guardaba para el partido, que lo compadecía, con la esperanza de que dejara de ser nacionalista y se hiciera marxista. Yo, en efecto, consideraba mi deber apoyarlo hasta cierto tiempo. Los intelectuales, la gente pensante, incluso simplemente los alfabetizados en las repúblicas y regiones orientales son tan pocos que se pueden contar con los dedos de la mano: ¿cómo, después de esto, no valorarlos? Sería un crimen no tomar todas las medidas para proteger a las personas necesarias del Este de la descomposición y preservarlas para el partido. Pero todo tiene un límite. Y este límite llegó en el momento en que Sultán-Galíev pasó del campo de los comunistas al campo de los basmachí. Desde ese momento, dejó de existir para el partido. Por eso el embajador turco resultó ser más aceptable para él que el CC de nuestro partido.

He oído un reproche similar de parte de Shamigulov de que yo, pese a sus insistencias en acabar de un solo golpe con Validov, defendí a Validov, esforzándome por conservarlo para el partido. Yo, en efecto, lo defendí, con la esperanza de que Validov pudiera corregirse. No han sido pocos quienes se han corregido, lo sabemos por la historia de los partidos políticos. Consideré que Shamigulov resolvía la cuestión de un modo demasiado simplista. No seguí su consejo. Es cierto que la predicción de Shamigulov se confirmó un año después, Validov no se corrigió, se marchó con los basmachí. Pero, aun así, el partido salió ganando por el hecho de que retrasáramos un año la salida de Validov del partido. Si en 1918 hubiéramos ajustado cuentas con Validov, estoy convencido de que camaradas como Murtazin, Adigámov, Jalikov y otros no habrían permanecido entonces en nuestras filas. (Una voz: “Jalikov se habría quedado”.) Puede que Jalikov no se hubiera ido, pero todo un grupo de camaradas que trabajaban en nuestras filas se habría marchado junto con Validov. He aquí lo que conseguimos con nuestra tolerancia y previsión.

Escuché a Ryskulov y debo decir que su discurso no fue del todo sincero, fue semidiplomático (una voz: "Correcto"), y en general su discurso produce una impresión penosa. Esperaba de él mayor claridad y sinceridad. Diga lo que diga Ryskulov, está claro que en su casa guarda dos cartas conspirativas de Sultán-Galíev, que no ha mostrado a nadie, está claro que estaba vinculado ideológicamente con Sultán-Galíev. Que Ryskulov se desmarque del caso Sultán-Galíev en su parte criminal, afirmando que no está vinculado con Sultán-Galíev en la línea que conduce al basmachismo, son tonterías. No es de eso de lo que se trata en la reunión. Se trata de la vinculación ideológica, ideológica, con el sultangalievismo. Pero que esa vinculación de Ryskulov con Sultán-Galíev existió, eso está claro, camaradas, ni el propio Ryskulov puede negarlo. ¿Acaso no ha llegado el momento de que, desde esta tribuna, se desmarque por fin del sultangalievismo de manera decidida y sin reservas? En este sentido, el discurso de Ryskulov fue semidiplomático e insatisfactorio.

Yenbáyev pronunció también un discurso diplomático, no sincero. ¿Acaso no es un hecho que Yenbáyev y un grupo de trabajadores tártaros, a quienes considero magníficos prácticos, a pesar de su falta de firmeza ideológica, se dirigieron al CC, tras la detención de Sultán-Galiyev, exigiendo su liberación inmediata, con plena garantía por Sultán-Galiyev, insinuando que los documentos confiscados a Sultán-Galiyev no eran auténticos? ¿Acaso no es un hecho? ¿Qué se descubrió, sin embargo, tras la investigación? Se descubrió que todos los documentos eran auténticos. El propio Sultán-Galiyev reconoció su autenticidad, comunicando además sobre sus pecados más de lo que en los documentos se decía, reconoció su culpa hasta el final y, habiéndola reconocido, se arrepintió. ¿Acaso no está claro que, después de todo esto, Yenbáyev debía reconocer decidida e irrevocablemente sus errores y deslindarse de Sultán-Galiyev? Yenbáyev, sin embargo, no lo hizo. Encontró la ocasión para burlarse de los "izquierdistas", pero deslindarse del sultán-galiyevismo decididamente y de manera comunista, deslindarse de ese abismo en el que cayó Sultán-Galiyev, no quiso, considerando, al parecer, que la diplomacia lo salvaría.

El discurso de Fírdevs fue pura diplomacia de principio a fin. Quién dirigió ideológicamente a quién: Sultán-Galiyev a Fírdevs o Fírdevs a Sultán-Galiyev, esta cuestión la dejo abierta. Pienso, sin embargo, que ideológicamente más bien Fírdevs dirigió a Sultán-Galiyev que al revés. No veo nada especialmente inadmisible en los ejercicios teóricos de Sultán-Galiyev. Si en el caso de Sultán-Galiyev el asunto se hubiera limitado a la ideología del panturquismo y el panislamismo, eso sería la mitad del mal, yo diría que esa ideología, a pesar de la prohibición contenida en la resolución del X Congreso del partido sobre la cuestión nacional, puede considerarse tolerable y que se puede limitar uno a criticarla en las filas de nuestro partido. Pero cuando los ejercicios ideológicos terminan en un trabajo de establecimiento de vínculos con los líderes de los basmachí, con Valídov y otros, entonces justificar la práctica basmachí con una ideología inocente, como intenta hacerlo Fírdevs, no es admisible en modo alguno. Con semejante justificación de la actividad de Sultán-Galiyev no engañarán a nadie. Así se puede encontrar justificación también para el imperialismo y para el zarismo, pues también ellos tienen su propia ideología, a veces de aspecto bastante inocente. Así no se puede razonar. Usted no está aquí ante un tribunal, sino ante una reunión de trabajadores responsables, que exigen de usted franqueza y sinceridad, y no diplomacia.

Habló bien, en mi opinión, Jodzhánov. No habló mal Ikrámov. Pero debo señalar un pasaje en los discursos de estos camaradas, un pasaje que da que pensar. Ambos dijeron que entre el Turkestán actual y el Turkestán zarista no hay ninguna diferencia, que solo ha cambiado el letrero, que el Turkestán ha quedado igual que antes, tal como era bajo el zar. Camaradas, si esto no es un lapsus, si es un discurso meditado y si se ha dicho con plena conciencia, hay que decir que, en tal caso, los basmachíes tienen razón y nosotros no la tenemos. Si el Turkestán es de hecho una colonia, como bajo el zarismo, entonces los basmachíes tienen razón, entonces no somos nosotros quienes debemos juzgar a Sultán-Galíev, sino él quien debe juzgarnos a nosotros, como a personas que toleran, en el marco del poder soviético, la existencia de una colonia. Si esto es cierto, no entiendo, ¿por qué no os habéis ido vosotros mismos al basmachismo? Es evidente que Jodzhánov e Ikrámov no han meditado este pasaje de su discurso, pues no pueden ignorar que el Turkestán soviético actual se diferencia radicalmente del Turkestán zarista. Este pasaje oscuro en los discursos de estos camaradas quería señalarlo para que los camaradas se esfuercen en reflexionar sobre ello y corregir su error.

Asumo una parte de esas acusaciones que Ikramov expuso, teniendo en cuenta la actividad del CC, en el sentido de que no siempre fuimos atentos y no siempre logramos plantear a tiempo aquellas cuestiones prácticas que dictaba la situación de las repúblicas y regiones orientales. Por supuesto, el CC está sobrecargado y no está en condiciones de llegar a todas partes a tiempo. Pero sería ridículo pensar que el CC puede hacerlo todo a su debido tiempo. Por supuesto, hay pocas escuelas en el Turquestán. Las lenguas locales aún no han entrado en el uso corriente de las instituciones estatales, las instituciones no están nacionalizadas. La cultura en general es baja. Todo esto es cierto. Pero ¿acaso se puede esperar seriamente que el CC o el partido en su conjunto logren en dos o tres años elevar la cultura del Turquestán? Todos gritamos y nos quejamos de que la cultura rusa, la cultura del pueblo ruso, más culto que otros pueblos de la Unión de Repúblicas, es baja. De esto habló no pocas veces Ilich, de que tenemos poca cultura, de que no hay posibilidad de elevar sustancialmente la cultura rusa en dos o tres e incluso en diez años. Y si no se puede en dos o tres e incluso en diez años elevar sustancialmente la cultura rusa, ¿cómo se puede entonces exigir un acelerado ascenso de la cultura en las regiones no rusas, atrasadas, semianalfabetas? ¿Acaso no está claro que nueve décimas partes de la “culpa” recaen aquí en la situación, en el atraso, con lo cual, como suele decirse, no se puede dejar de contar?

Sobre los "izquierdistas" y los derechistas.

¿Existen en las organizaciones comunistas de las provincias y repúblicas? Por supuesto que existen. Esto no se puede negar.

¿En qué consisten los pecados de los derechistas? Consisten en que los derechistas no representan ni pueden representar un antídoto, un baluarte seguro contra las corrientes nacionalistas que se desarrollan y se fortalecen en relación con la NEP. El hecho de que el sultán-galievismo haya tenido lugar, el hecho de que haya creado un cierto círculo de partidarios en las repúblicas orientales, especialmente en Bashkiria y Tataria, esto indica indudablemente que los elementos derechistas, que allí, en esas repúblicas, representan la mayoría predominante, no constituyen un baluarte suficiente contra el nacionalismo.

Hay que recordar que nuestras organizaciones comunistas en las periferias, en las repúblicas y regiones, pueden desarrollarse y ponerse en pie, convertirse en verdaderos cuadros marxistas internacionalistas solo en el caso de que superen el nacionalismo. El nacionalismo es el principal obstáculo ideológico en el camino de la formación de cuadros marxistas, de la vanguardia marxista en las periferias y en las repúblicas. La historia de nuestro partido dice que el partido bolchevique en su parte rusa creció y se fortaleció luchando contra el menchevismo, pues el menchevismo es la ideología de la burguesía, el menchevismo es el conductor de la ideología burguesa en nuestro partido y sin superar el menchevismo ella no podía ponerse en pie. Ilich escribió varias veces sobre esto. Solo a medida que el bolchevismo superaba al menchevismo en sus formas organizativas e ideológicas, él crecía y se fortalecía como un verdadero partido dirigente. Lo mismo hay que decir sobre el nacionalismo en relación con nuestras organizaciones comunistas en las periferias y en las repúblicas. El nacionalismo desempeña para estas organizaciones el mismo papel que el menchevismo desempeñó en el pasado para el partido bolchevique. Solo a través del velo nacionalista pueden penetrar en nuestras organizaciones en las periferias toda clase de influencias burguesas, incluidas las mencheviques. Nuestras organizaciones en las repúblicas pueden convertirse en marxistas únicamente si logran resistir contra esa corriente nacionalista que se cuela en nuestro partido en las periferias, se cuela porque renace la burguesía, crece la NEP, crece el nacionalismo, hay supervivencias del chovinismo gran ruso, que también empujan hacia adelante el nacionalismo local, existe la influencia de estados extranjeros, que apoyan de todas las maneras el nacionalismo. La lucha contra este enemigo en las repúblicas y regiones representa la etapa que deben atravesar nuestras organizaciones comunistas en las repúblicas nacionales, si quieren fortalecerse como organizaciones verdaderamente marxistas. No hay otro camino. Y en esta lucha los derechistas son débiles. Son débiles porque están contagiados de escepticismo respecto al partido y ceden fácilmente a la influencia del nacionalismo. He aquí el pecado del ala derecha de las organizaciones comunistas en las repúblicas y regiones.

Pero no menos, si no más, pecaminosos son los "izquierdistas" en las periferias. Si las organizaciones comunistas en las periferias no pueden fortalecerse y desarrollarse como cuadros marxistas genuinos sin superar el nacionalismo, esos mismos cuadros solo pueden convertirse en organizaciones de masas, solo pueden aglutinar en torno a sí a la mayoría de las masas trabajadoras si aprenden a ser suficientemente flexibles para atraer a nuestras instituciones estatales a todos los elementos nacionales mínimamente leales, haciéndoles concesiones; si aprenden a maniobrar entre la lucha decidida contra el nacionalismo en el partido y una lucha igualmente decidida por atraer al trabajo soviético a todos los elementos más o menos leales de la población local, la intelectualidad, etc. Los "izquierdistas" en las periferias están más o menos libres de una actitud escéptica hacia el partido, de la susceptibilidad a la influencia del nacionalismo. Pero los pecados de los "izquierdistas" consisten en que no saben ser flexibles respecto a los elementos burgueses-democráticos y simplemente leales de la población, no saben ni quieren maniobrar en la tarea de atraer a estos elementos, tergiversan la línea del partido para conquistar a la mayoría de la población trabajadora del país. Y sin embargo, esta flexibilidad y esta capacidad de maniobrar entre la lucha contra el nacionalismo y la atracción de elementos mínimamente leales a las filas de nuestras instituciones estatales es necesario crearla y desarrollarla a toda costa. Solo puede crearse y desarrollarse si tomamos en cuenta toda la complejidad y especificidad que encontramos en nuestras regiones y repúblicas; si no nos dedicamos a un simple trasplante de los modelos que se crean en las regiones industriales centrales y que no pueden ser trasplantados mecánicamente a las periferias; si no desechamos a los elementos de la población con sentimientos nacionalistas, a los pequeños burgueses con sentimientos nacionalistas; si aprendemos a involucrar a estos elementos en el trabajo estatal común. Los "izquierdistas" pecan de estar contagiados de sectarismo y de no comprender la importancia primordial de estas complejas tareas del partido en las repúblicas y regiones nacionales.

Si los derechistas amenazan con que, mediante su propensión al nacionalismo, pueden dificultar el crecimiento de nuestros cuadros comunistas en las regiones periféricas, los "izquierdistas" amenazan al partido con que, en su entusiasmo por su simplificado y precipitado "comunismo", pueden desvincular a nuestro partido del campesinado y de las amplias capas de la población local.

¿Cuál de estos peligros es el más peligroso? Si los camaradas que se desvían "a la izquierda" piensan seguir practicando en las localidades la política de estratificación artificial de la población, y esta política se practicó no solo en Chechenia y la región de Yakutsk, no solo en Turquestán... (Ibraguimov: "Es la táctica de la diferenciación".) Ahora Ibraguimov ha inventado sustituir la táctica de estratificación por la táctica de diferenciación, pero con eso nada ha cambiado, – si, digo, ellos piensan seguir practicando la política de estratificación desde arriba; si piensan que se pueden trasplantar mecánicamente los modelos rusos al entorno nacional específico, sin tener en cuenta el modo de vida y las condiciones concretas; si piensan que, luchando contra el nacionalismo, hay que arrojar por la borda al mismo tiempo todo lo nacional; en una palabra, si los comunistas "izquierdistas" en las periferias piensan seguir siendo incorregibles, – entonces debo decir que, de los dos peligros, el peligro "izquierdista" puede resultar el más peligroso.

Es todo lo que quería decir sobre la cuestión de los "izquierdistas" y los derechistas. Me he adelantado un poco, pero ha sido porque toda la reunión se ha adelantado, anticipándose a la discusión del segundo punto.

Hay que espolear a los derechistas para obligarlos, para enseñarlos a luchar contra el nacionalismo con el fin de forjar auténticos cuadros comunistas de entre la gente local. Pero también hay que espolear a los "izquierdistas" para enseñarlos a la flexibilidad, a la hábil maniobra con el fin de ganarse a las amplias masas de la población. Es necesario hacer todo esto porque la verdad se halla "en el medio", entre los derechistas y los "izquierdistas", como correctamente señaló Jodzhánov.

Cuarta Conferencia del CC del PCR con los trabajadores responsables de las repúblicas y regiones nacionales.

Acta taquigráfica. Moscú, 1923.