Informe pronunciado en la asamblea ampliada del Comité del distrito de Krásnaia Presnia del P.C.(b) de Rusia con los organizadores de grupo y miembros del club de discusión y de los burós de célula el 2 de diciembre de 1923. Camaradas: Debo decir, ante todo, que hablo aquí como informante en mí propio nombre, y no en el del C.C. del Partido. Si la asamblea quiere escuchar un informe en estas condiciones, me tiene a su disposición. (Voces: “Sí, queremos”.) Eso no significa que yo tenga discrepancias con el C.C. acerca de este problema. Nada de eso. Hablo aquí en mi propio nombre solamente porque la comisión del C.C. encargada de elaborar medidas para mejorar la situación interna del Partido debe presentar dentro de unos días los resultados de su trabajo al Comité Central; estos resultados no han sido presentados aún, y por eso no tengo por ahora el derecho formal a intervenir en nombre del C.C., aunque estoy seguro de que lo que voy a deciros expresará en lo fundamental la posición del C.C. en estos problemas.

La discusión es un síntoma de la fuerza del Partido. La primera cuestión que quisiera plantear aquí es la del sentido de la discusión que se está desarrollando en la prensa y en las células. ¿Qué evidencia y qué significa esta discusión? ¿No será una tempestad que irrumpe en la vida apacible del Partido? ¿No será esta discusión un síntoma, como dicen algunos, de descomposición del Partido, de disgregación, o, como dicen otros, un síntoma de degeneración del Partido? Creo, camaradas, que no hay ni lo uno ni lo otro: ni degeneración ni descomposición. Lo que ocurre es que durante el último período ha aumentado la madurez del Partido, éste se ha liberado en buena medida del lastre inútil, se ha hecho más proletario. Sabéis que hace dos años contábamos, por lo menos, con 700.000 militantes; sabéis que han sido expulsados del Partido o han dejado de pertenecer a él por otras razones varios miles de afiliados. Además, en este período ha mejorado la composición del Partido y se ha elevado su calidad, porque, gracias al ascenso de la industria, ha mejorado la situación material de la clase obrera, porque han regresado de las aldeas los viejos obreros calificados, porque ha comenzado una nueva ola de desarrollo cultural entre los obreros industriales. En una palabra, por todas estas circunstancias ha aumentado la madurez del Partido, se ha elevado su calidad, son mayores sus demandas, se ha hecho más exigente, quiere saber más y decidir más de lo que sabía y decidía hasta ahora. La discusión que ha comenzado no es un síntoma de debilidad del Partido ni mucho menos de su descomposición o degeneración, sino un síntoma de fuerza, un síntoma de fortaleza, un síntoma de mejoramiento de la composición cualitativa del Partido, un síntoma de la elevación de su actividad.

Las causas de la discusión. La segunda cuestión que se nos plantea es la de saber por qué precisamente en este período, precisamente en el otoño de este año, la cuestión de la política interna del Partido ha tomado un carácter tan agudo. ¿Cómo se explica esto? ¿Cuáles son las causas? Creo, camaradas, que las causas son dos. La primera es la efervescencia y la ola de huelgas surgidas con motivo del salario y que se han extendido por algunas zonas de la república en agosto de este año. Esta ola de huelgas ha revelado deficiencias de nuestras organizaciones, ha revelado que algunas de ellas -tanto del Partido como de los sindicatos- estaban apartadas de los acontecimientos en las empresas, y en relación con esta ola de huelgas se ha descubierto la existencia de varias organizaciones clandestinas -anticomunistas en el fondo- en el seno de nuestro Partido, que tratan de descomponerlo. Pues bien, todas estas deficiencias, puestas de manifiesto por la ola huelguística, han proyectado una luz tan viva sobre el Partido, le han permitido ver las cosas con tanta lucidez, que ha sentido la necesidad de realizar cambios en su seno. La segunda causa que ha agudizado la cuestión de la política interna del Partido precisamente en este momento, son las vacaciones en masa admitidas por nuestros camaradas de Partido. Estas vacaciones, claro está, son perfectamente explicables, pero, por su carácter masivo hicieron que el ritmo de la vida del Partido decreciera considerablemente en el preciso instante de la efervescencia en las fábricas, lo que facilitó en alto grado que las deficiencias acumuladas se revelaran precisamente en este periodo, en el otoño de este año.

Las deficiencias en la vida interna del partido. He hablado de las deficiencias de nuestra vida de Partido, puestas de manifiesto en el otoño de este año y que han planteado la necesidad de mejorar la vida interna del Partido. ¿En qué consisten esas deficiencias en la vida interna del Partido? ¿En que era desacertada la línea del Partido, como creen algunos camaradas, o en que la línea del Partido era

acertada, pero en la práctica se desviaba del camino justo, era deformada por determinadas condiciones subjetivas y objetivas? Creo que la deficiencia principal de nuestra vida interna del Partido consiste precisamente en que, contando con una línea justa, expresada en las resoluciones de nuestros Congresos, la actividad práctica en las organizaciones ha sido desacertada (no en todas partes, claro está, pero sí en algunas regiones). Aunque nuestro Partido ha tenido una línea democrática y proletaria justa, en la actividad práctica de las organizaciones se han dado casos de tergiversación burocrática de esta línea. Esa es la deficiencia principal. En la existencia de contradicciones entre la línea fundamental del Partido, trazada por los Congresos (X, XI y XII), y su aplicación por nuestras organizaciones, está la raíz de todas las deficiencias de la vida interna del Partido. La línea del Partido dice que los asuntos más importantes de la actividad práctica de nuestro Partido, exceptuando, claro está, los que no admiten demora o los que constituyen un secreto militar o diplomático, deben ser examinados obligatoriamente en las asambleas del Partido. Eso es lo que dice la línea del Partido.

Pero en la actividad práctica de las organizaciones, aunque no en todas partes, claro está, se consideraba que, en rigor, no era muy necesario que una serie de asuntos de la actividad práctica interna del Partido fuera examinadas en asambleas del Partido, pues el C.C. y demás organismos dirigentes resolverían por sí solos estos asuntos. La línea del Partido dice que los cargos de nuestro Partido deben ser elegidos obligatoriamente, a menos que existan obstáculos infranqueables, como la antigüedad en el Partido, etc. Vosotros sabéis que, según los Estatutos del Partido, para ser secretario de comité provincial es necesario militar en el Partido desde antes de Octubre, para ser secretario de comité de distrito son necesarios tres años de antigüedad, y para secretario de célula un año. Pero en la actividad práctica del Partido se consideraba con frecuencia que, al ser necesaria la antigüedad, no eran precisas, por lo tanto, verdaderas elecciones. La línea del Partido considera que es indispensable tener a la masa del Partido al corriente de los trabajos de los organismos económicos, de las empresas y de los trusts, pues nuestras células de Partido, como es natural, asumen una responsabilidad moral ante las masas sin-partido por las deficiencias en las empresas.

No obstante, en la actividad práctica del Partido se consideraba que, puesto que existe el C.C., que da directivas a los organismos económicos, y en vista de que dichos organismos están obligados a cumplir tales directivas, éstas serán aplicadas sin que las masas del Partido controlen su ejecución desde abajo. La línea del Partido considera que los funcionarios responsables de distintas ramas del trabajo, ya sean funcionarios del Partido, de la economía, sindicales o militares, a pesar de toda la especialización que obtienen en su propio trabajo, están ligados entre sí, son partes indisolubles de un todo, pues todos ellos trabajan para una misma causa, para la causa del proletariado, que no se puede desgarrar en partes. En cambio, en la actividad práctica del Partido se considera que, existiendo la especialización del trabajo, la división del trabajo en trabajo específicamente del Partido, económico, militar, etc., los funcionarios del Partido no responden por los funcionarios de la economía, éstos no responden por los del Partido y, en general, el debilitamiento e incluso la pérdida de la ligazón entre ellos son inevitables.

Tales son, camaradas, en rasgos generales, las, contradicciones entre la línea del Partido, establecida en toda una serie de resoluciones de nuestros Congresos, comenzando por el X Congreso y terminando por el XII, y la actividad práctica del Partido. Estoy lejos de culpar a las organizaciones por esta tergiversación de la línea del Partido; pues, si se analizan las cosas, no es tanta la culpa como la desgracia de nuestras organizaciones. Diré más adelante en qué consiste esta desgracia y cómo han podido tomar las cosas este cariz, pero he querido dejar sentado este hecho para explicar esa contradicción y tratar de proponer después medidas de mejoramiento. También estoy lejos de considerar impecable a nuestro C.C. Tiene sus pecadillos como cualquier otra institución u organismo; también aquí hay una parte de culpa y otra de desgracia; la culpa consiste, por ejemplo, en que el C.C., por unas u otras causas, no ha descubierto a tiempo estas deficiencias y no ha tomado medidas para subsanarlas. Pero ahora no se trata de eso. Ahora se trata de esclarecer las causas de las deficiencias a que acabo de referirme. En efecto, ¿cuál es el origen de estas deficiencias y cómo pueden subsanarse?

Las causas de las deficiencias. La primera causa consiste en que nuestras organizaciones del Partido no se han desembarazado todavía de ciertas supervivencias del período de guerra, período que ha pasado, pero que ha dejado en las cabezas de nuestros funcionarios reminiscencias del régimen militar en el Partido. Creo que una expresión de estas supervivencias es la opinión de que el Partido no es un organismo con iniciativa propia, no es una organización del proletariado, combativa y con iniciativa propia, sino una especie de sistema de instituciones, una especie de conjunto de toda una serie de instituciones, donde existen empleados interiores y empleados superiores. Esta opinión, camaradas, es profundamente errónea y no tiene nada que ver con el marxismo; es una opinión heredada como supervivencia del período de guerra, cuando militarizamos el Partido, cuando la iniciativa

de las masas del Partido por fuerza hubo de ser relegada a segundo plano y cuando las órdenes militares tenían importancia decisiva. No recuerdo que esta opinión haya sido expresada nunca de un modo acabado, pero esta opinión o elementos de ella siguen pesando sobre nuestro trabajo. Camaradas, debemos combatir con todas las fuerzas estas opiniones, pues son uno de los peligros más reales y abonan el terreno para que la línea de nuestro Partido, acertada en esencia, sea tergiversada en la práctica. La segunda causa consiste en la existencia de cierta presión de nuestro aparato estatal, burocrático en grado considerable, sobre el Partido y sus funcionarios. En 1917, cuando marchábamos en ascenso, rumbo a Octubre, nos imaginábamos que tendríamos la comuna, que ésta sería una asociación de trabajadores, que acabaríamos con el burocratismo en las instituciones y que lograríamos convertir el Estado en una asociación de trabajadores, si no en el período inmediato, sí en dos o tres breves períodos. Sin embargo, la práctica ha demostrado que ése es un ideal del que todavía estamos lejos, que para liberar al Estado de elementos de burocratismo y para transformar la sociedad soviética en una asociación de trabajadores se precisa una elevada cultura de la población, es necesaria una situación de paz completamente asegurada en torno nuestro para que no haga falta mantener grandes formaciones militares, que exigen cuantiosos recursos y enormes departamentos y cuya sola existencia deja sus huellas en todas las demás instituciones del Estado. Nuestro aparato estatal es burocrático en un grado considerable y lo seguirá siendo largo tiempo. En este aparato trabajan nuestros camaradas del Partido, y las condiciones -yo diría la atmósfera- en este aparato burocrático son de tal naturaleza que facilitan la burocratización de nuestros funcionarios del Partido, de nuestras organizaciones del Partido.

La tercera causa de las deficiencias consiste, camaradas, en la escasa actividad de algunas de nuestras células, en el atraso y a veces el analfabetismo completo, especialmente en las regiones periféricas. En estas regiones, las células son poco activas, son atrasadas política y culturalmente. Esta circunstancia crea también, sin duda, un terreno abonado para tergiversar la línea del Partido. La cuarta causa es la falta en las organizaciones de suficiente número de camaradas con experiencia de trabajo de Partido. He escuchado no hace mucho en el Comité Central un informe del representante de una de las organizaciones ucranianas. Informaba un camarada muy capaz y que promete mucho. Decía que, de 130 células, 80 tenían secretarios nombrados por el Comité provincial. A la observación de que en este caso dicha organización procedía erróneamente, este camarada respondió diciendo que en las células no había gente instruida, que los militantes llevaban poco tiempo en el Partido, que las mismas células pedían que se les diesen secretarios, etc. Puedo admitir que este camarada exagerara en un 50% y que, hablando en propiedad, aquí el asunto no consiste solamente en que falte gente preparada en las células, sino también en que el Comité provincial se ha excedido en su celo, siguiendo la vieja tradición. Pero, aunque el Comité provincial tenga razón en un 50%, ¿no está claro que, si existen tales células en Ucrania, con mayor razón deben existir en las regiones periféricas, donde las organizaciones son jóvenes, donde hay menos cuadros del Partido y donde el grado de instrucción es menor que en Ucrania? Esta es también una de las causas que crean condiciones favorables para que nuestra línea del Partido, acertada en esencia, sea tergiversada en la práctica. Por último, la quinta causa reside en la debilidad de la información. Informamos mal, y, ante todo, el C.C., quizá porque está demasiado recargado de trabajo. Las organizaciones nos informan mal. Hay que poner fin a tal situación. Esta es también una causa importante de que en el seno de nuestro Partido se hayan acumulado las deficiencias.

¿Cómo eliminar las deficiencias en la vida interna del partido? ¿Qué medidas deben tomarse para eliminar estas deficiencias? Lo primero que hay que hacer es luchar por todos los medios y sin tregua contra las supervivencias y los hábitos del período de guerra en nuestro Partido, contra la errónea opinión de que nuestro Partido es un sistema de instituciones, y no una organización combativa del proletariado, que piensa activamente, que actúa por iniciativa propia, que vive una vida intensa, que destruye lo viejo y crea lo nuevo. En segundo lugar, hay que elevar la actividad de las masas del Partido, sometiendo a su discusión todas las cuestiones que les interesen, siempre que estas cuestiones puedan ser debatidas públicamente, y garantizándoles la libertad de crítica de todas las sugerencias, sin excepción, presentadas por cualquier organismo del Partido. Sólo por ese medio se podrá convertir la disciplina del Partido en una disciplina consciente de verdad, en una disciplina férrea de verdad; sólo por ese medio se podrá elevar la experiencia política, económica y cultural de las masas del Partido; sólo de esta manera se podrán preparar las condiciones necesarias para que las masas del Partido vayan destacando, paso a paso, nuevos funcionarios activos, a nuevos dirigentes que procedan de la base. En tercer lugar, hay que observar en la práctica la elegibilidad de todas las organizaciones y cargos del Partido, siempre que a ello no se opongan obstáculos insuperables, como la falta de antigüedad en el Partido, etc. Es preciso extirpar de raíz en la práctica la costumbre de hacer caso omiso de la voluntad de

la mayoría de las organizaciones, cuando se eleva a los camaradas a cargos de responsabilidad en el Partido; hay que conseguir que el principio electivo sea aplicado de hecho. En cuarto lugar, es preciso que, anejas al C.C. y a los comités provinciales y regionales, actúen con carácter permanente conferencias de funcionarios responsables de todas las ramas del trabajo -de la economía, del Partido, de los sindicatos y del ejército-; que estas conferencias se organicen periódicamente y que en ellas se planteen las cuestiones que se estimé necesario plantear; que no se rompa el enlace entre los funcionarios de todas las ramas y que todos estos funcionarios se sientan miembros de una sola familia -el Partido- que trabajan para la misma causa común, para la causa del proletariado, que es indivisible; es preciso que en torno al C.C., lo mismo que en torno a las organizaciones locales, exista una situación que permita al Partido recoger y comprobar la experiencia del trabajo de nuestros funcionarios responsables en todas las ramas. En quinto lugar, es necesario que nuestras células del Partido en la producción se interesen por los distintos problemas relacionados con el funcionamiento de las empresas y de los trusts. Es necesario organizar las cosas de modo que las células estén al corriente del trabajo de los organismos de administración de nuestras empresas y trusts, que puedan influir sobre este trabajo.

Vosotros sabéis, como representantes de las células, hasta qué punto es grande la responsabilidad moral de nuestras células de producción ante las masas sin-partido por el estado de cosas en las empresas. Para que la célula pueda dirigir y llevar tras de sí a las masas sin- partido de la fábrica, para que pueda ser responsable del estado de cosas en la empresa -y es indudable que la célula asume la responsabilidad moral ante las masas sin-partido por las fallas de la empresa-, debe hallarse al corriente de estos asuntos, debe tener la posibilidad de influir de uno u otro modo sobre ellos. Por eso es necesario que las células participen en el estudio de los problemas económicos relacionados con la empresa, que se celebren de vez en cuando conferencias económicas de representantes de las células de las empresas que forman parte del trust, para estudiar los problemas ligados, con los asuntos del trust. Este es uno de los caminos acertados, necesarios tanto para enriquecer la experiencia económica de las masas del Partido como para organizar el control por la base. En sexto lugar, es necesario elevar la composición cualitativa de las células de nuestro Partido. En el artículo de Zinóviev se decía ya que, en algunos lugares, las células de nuestro Partido han quedado rezagadas, en el aspecto de la calidad, de la masa sin- partido que las rodea. Esta afirmación, naturalmente, no se puede hacer extensiva ni se puede aplicar a todas las células.

Sería más exacto decir, sobre poco más o menos, lo que sigue: las células de nuestro Partido se hallarían a un nivel mucho más elevado en el aspecto cultural y tendrían mucho más prestigio entre los sin-partido si no despobláramos estas células, si no sacáramos de ellas a los hombres que nos vemos obligados a dedicar al trabajo económico, administrativo, sindical, etc. Si todos nuestros camaradas obreros, si los cuadros sacados en estos seis años de las células volvieran a ellas, qué duda cabe de que estas células se hallarían muy por encima de todos los obreros sin- partido, aun de los más desarrollados. Precisamente porque el Partido no tiene otros cuadros para mejorar el aparato del Estado, precisamente porque el Partido se ve obligado a seguir utilizando esta fuente, nuestras células seguirán cojeando en cuanto a su nivel cultural, si no tomamos medidas urgentes para mejorar su composición cualitativa. Es preciso, ante todo, reforzar al máximo la labor educativa del Partido en las células. Es indispensable, además, desembarazarse del formalismo superfluo que manifiestan a veces nuestras organizaciones en la admisión de camaradas obreros como miembros del Partido. Creo que no hay que dejarse llevar por el formalismo; el Partido puede y debe suavizar las condiciones de ingreso en el Partido de nuevos miembros procedentes de la clase obrera. Las organizaciones han emprendido ya este camino.

El Partido debe tomar este asunto en sus manos e iniciar una campaña organizada para facilitar el ingreso en el Partido de nuevos miembros, reclutados entre auténticos obreros. En séptimo lugar, es necesario reforzar el trabajo entre los obreros sin-partido. Este es también uno de los medios que pueden mejorar la situación interna del Partido, que pueden elevar la actividad de las masas del Partido. Debo decir que nuestras organizaciones conceden poca atención aún a la incorporación de obreros sin-partido a nuestros organismos soviéticos. Tomemos, sin ir más lejos, las elecciones al Soviet de Moscú, que se están celebrando ahora. Considero que uno de los grandes defectos de estas elecciones es que se elige demasiado poco a los sin-partido. Dicen que existe un acuerdo de la organización, en virtud del cual debe ser elegido, por lo menos, cierto número de sin- partido, un porcentaje determinado, etc. Pero yo veo que, en realidad, son elegidos muchos menos. Dicen que las masas, llenas de entusiasmo, quieren elegir exclusivamente a los comunistas. Yo lo dudo, camaradas. Creo que, si no depositamos un mínimo de confianza en los sin-partido, podemos encontrarnos como respuesta con una gran desconfianza de los sin-partido hacia nuestras organizaciones. Esta confianza en los sin-partido es absolutamente necesaria, camaradas. Es preciso hacer que algunos comunistas retiren sus candidaturas. No hay que pronunciar discursos preconizando que se elija sólo a comunistas; hay que

estimular a los sin-partido, hay que incorporarlos a la labor del Estado. Con ello saldremos ganando y obtendremos en respuesta la confianza de los sin- partido en nuestras organizaciones. Las elecciones de Moscú muestran hasta qué punto nuestras organizaciones comienzan a encerrarse en su caparazón de Partido, en lugar de ampliar su campo de acción agrupando paso a paso en torno suyo a los sin-partido. En octavo lugar, es necesario reforzar el trabajo entre los campesinos. No sé por qué no se podría plantear a nuestras células rurales, que en algunos lugares languidecen, de las cuales a veces huye la gente y que no gozan de gran confianza entre los campesinos (eso hay que reconocerlo), no sé por qué, repito, no se podría plantear a estas células, por ejemplo, dos tareas prácticas: primera, ser intérpretes y propagandistas de las leyes soviéticas relacionadas con la vida campesina, y, segunda, ser agitadores y propagadores de los conocimientos agronómicos elementales, aunque sólo sea enseñando que hay que labrar el campo a tiempo, limpiar la semilla, etc. ¿Sabéis, camaradas, que, si cada campesino se decidiese a hacer un pequeño esfuerzo para limpiar la semilla, se podría conseguir, sin ningún trabajo de mejora y sin nuevas máquinas, que aumente el rendimiento en unos 10 puds por desiatina? ¿Y qué significa un incremento de la cosecha de 10 puds por desiatina? Significa un incremento de mil millones de puds anuales en la cosecha global.

Y todo esto se podría conseguir sin gran esfuerzo. ¿Por qué no han de ocuparse de ello nuestras células rurales? ¿Acaso es esto menos importante que hablar de la política de Curzon? El mujik comprendería entonces que los comunistas habían dejado las habladurías y que se ocupaban de cosas prácticas, y en ese caso, nuestras células rurales gozarían de la mayor confianza entre los campesinos. No voy a hablar ya de lo necesario que es, para mejorar y animar la vida del Partido, reforzar su labor educativa y la instrucción política entre la juventud, que proporciona nuevos cuadros, así como en el Ejército Rojo, entre las delegadas y, en general, entre todos los sin-partido. Tampoco voy a extenderme acerca de lo necesario que es para nosotros -como ya he dicho antes- mejorar la información, de arriba abajo y de abajo arriba. Tales son, camaradas, las medidas de mejoramiento, la orientación hacia la democracia interna del Partido que señaló el C.C. ya en septiembre de este año y que deben poner en práctica todas las organizaciones, de abajo arriba. Ahora quisiera referirme a dos extremismos, a dos exageraciones en los problemas de la democracia obrera, que se han traslucido en varios artículos de discusión publicados en “Pravda”. El primer extremismo se refiere a la elegibilidad, y consiste en que ciertos camaradas propugnan la elegibilidad “a ultranza”. Se ha dicho elegir, pues a elegir a todo pasto.

¿Antigüedad en el Partido? ¿Para qué?' Elige a quien te agrade. Esta opinión, camaradas, es errónea y no la aceptará el Partido. Naturalmente, ahora, no estamos en guerra, vivimos un periodo de desarrollo pacífico, pero tenemos la Nep, no olvidéis eso, camaradas. No fue durante la guerra, sino después de la guerra cuando el Partido emprendió la depuración. ¿Por qué? Porque durante la guerra el temor a la derrota agrupaba al Partido en un todo único, y algunos elementos corrosivos en el seno del Partido se veían obligados a aceptar la línea general del Partido, que se enfrentaba a una situación de vida o muerte. Ahora no tenemos ese elemento de cohesión, pues no hay guerra; ahora tenemos la Nep, hemos admitido el capitalismo, y la burguesía renace. Verdad es que todo esto conduce a la depuración del Partido, a su fortalecimiento, pero, por otra parte, nos está envolviendo la nueva atmósfera de la burguesía que se engendra y desarrolla, que no es aún fuerte, pero que ha conseguido ya vencer en el comercio interior a varias de nuestras cooperativas y organizaciones mercantiles. Precisamente después de implantada la Nep ha iniciado el Partido la depuración, reduciendo el número de sus militantes a la mitad; precisamente después de implantada la Nep el Partido ha resuelto que, para preservara nuestras organizaciones de la influencia de la Nep, es necesario, por ejemplo, dificultar a los elementos no proletarios el acceso al Partido, es necesario fijar un plazo de antigüedad en el Partido como condición para ocupar cargos en sus organizaciones, etc.

¿Ha obrado acertadamente el Partido al implantar estas medidas preventivas que restringen la “amplia” democracia? Yo creo que ha obrado acertadamente. Por eso considero que la democracia es necesaria, que la elegibilidad es indispensable, pero que deben continuar todavía en vigor las medidas restrictivas adoptadas por el XI y el XII Congresos, por lo menos las fundamentales. El segundo extremismo se refiere al marco de la discusión, y consiste en que varios camaradas propugnan una discusión ilimitada, viendo el comienzo y el fin de la labor del Partido en la discusión de los problemas y olvidando el otro aspecto de la labor del Partido, precisamente su aspecto actuante, que exige la aplicación de los acuerdos del Partido. Esa ha sido, por lo menos, la impresión que me ha causado el artículo de Radzin, que trata de fundamentar el principio de la discusión ilimitada invocando a Trotski, a quien atribuye la afirmación de que “el Partido es una unión voluntaria de personas con un mismo ideal”. He buscado en los trabajos de Trotski esta frase, pero no la he podido encontrar. Además, es poco probable que Trotski haya podido decir eso como una definición acabada del Partido; y si lo ha dicho, no es probable que haya puesto aquí punto final. El Partido no es sólo una unión de personas con un mismo ideal; es, además,

una unión de personas que actúan al unísono, una unión combativa de personas que actúan al unísono, que luchan sobre una base ideológica común (programa y táctica). Considero equivocada esta alusión a Trotski, pues le conozco como uno de los miembros del C.C. que más subrayan el aspecto actuante de la labor del Partido. Por eso creo que Radzin es el único que puede responder de su definición. Ahora bien, ¿a qué conduce esa definición? A una de estas dos posibilidades: o el Partido degenera en secta, en una escuela filosófica, pues solamente en organizaciones tan estrechas es posible la unanimidad completa, o se convierte en un club donde se polemiza y perora eternamente, llegando hasta la formación de fracciones, hasta la escisión del Partido. Ninguna de estas posibilidades puede ser aceptada por nuestro Partido. Por eso considero que el examen de las cuestiones es indispensable, que la discusión es necesaria, pero que también es necesario poner límites a la discusión, para preservar al Partido, destacamento de lucha del proletariado, del peligro de degenerar en un club de discusión. Al terminar mi informe, debo poneros en guardia, camaradas, contra estos dos extremismos. Creo que si los rechazamos y aplicamos honrada y resueltamente la orientación hacia la democracia interna del Partido, trazada por el C.C. ya en septiembre de este año, lograremos con toda seguridad que mejore nuestro trabajo de Partido. (Aplausos.)

Publicado el 6 de diciembre de 1923 en el núm. 277 de “Pravda”.