(Acerca de Rafaíl) En mi artículo de “Pravda” (núm. 285) “La discusión, Rafaíl, etc.”, he dicho que, según declaró Rafaíl en la asamblea de Presnia, “nuestro Partido se ha convertido, en esencia, en una organización militar, su disciplina es militar y por eso hay que renovar todo el aparato del Partido, de arriba abajo, por inservible”. A este respecto, Rafaíl afirma en su artículo de “Pravda” que yo he expuesto inexactamente sus puntos de vista, que los he “simplificado” “en el ardor de la polémica”, etc. Rafaíl dice que sólo quería establecer una analogía (una comparación) entre el Partido y el ejército, y que la analogía no es identidad. “El sistema de dirección del Partido es análogo al sistema de dirección del ejército; eso no es afirmar -dice- que sea una copia exacta, sino solamente establecer un paralelo”. ¿Tiene razón Rafaíl? No, no tiene razón. Y he aquí por qué. En primer lugar, en su discurso en la asamblea de Presnia, Rafaíl no comparó simplemente al Partido con el ejército, como asegura ahora, sino que, en esencia, lo identificó con el ejército, considerando que la estructura del Partido es la del ejército. Tengo ante mí el acta taquigráfica del discurso de Rafaíl, revisada por el autor.

Allí se dice: “Todo nuestro Partido tiene la misma organización que el ejército, de abajo arriba”. Difícilmente podrá negarse que no se trata de una simple analogía, sino de un equiparamiento, de una identificación de la estructura del Partido con la estructura del ejército. ¿Se puede afirmar que la organización de nuestro Partido es de tipo militar? Está claro qué no, pues el partido se organiza desde abajo, sobre la base de la voluntariedad, sin depender en el aspecto material de su Estado Mayor, elegido por el Partido; en cambio, el ejército, como es sabido, se organiza desde arriba, sobre la base de la obligatoriedad, depende totalmente en el aspecto material del Estado Mayor, que nadie ha elegido, que ha sido designado desde arriba, etc., etc. En segundo lugar, Rafaíl no compara simplemente el sistema de dirección del Partido con el sistema de dirección del ejército; sino que equipara el primero con el segundo, identificándolos sin “palabras superfluas”. He aquí lo que dice Rafael en su artículo: “Afirmamos que el sistema de dirección del Partido es idéntico al sistema dé dirección del ejército, y no lo hacemos por consideraciones accesorias, sino por un análisis objetivo de la situación en el Partido”.

Es imposible negar que aquí Rafaíl no se limita a establecer una analogía entre la dirección del Partido y la dirección del ejército, pues “simplemente” los identifica “sin palabras superfluas”. ¿Se pueden identificar estos dos sistemas de dirección? No, no es posible, pues el sistema de dirección del ejército, como sistema, es incompatible con la esencia del Partido y con sus métodos de influir, tanto sobre sus miembros como sobre la masa sin-partido. En tercer lugar, Rafaíl asegura en su artículo que la suerte del Partido en su conjunto y la de cada uno de sus miembros depende, en fin de cuentas, de la Sección de Registro y Distribución del C.C., que “los miembros del Partido se consideran movilizados, que la Sección de Registro y Distribución es la que coloca a todos, que nadie tiene el más mínimo derecho a disponer de sí mismo, y que de la Sección de Registro y Distribución o “Estado Mayor” depende determinar la cuantía del abastecimiento, o sea, el sueldo, la forma de trabajo, etc.”. ¿Es cierto todo esto? ¡Claro que no! En tiempo de paz, por la Sección de Registro y Distribución del C.C. pasan corrientemente en un año apenas ocho o diez mil personas.

Se sabe por el informe del C.C. al XII Congreso del P.C. de Rusia que en 1922 pasaron por dicha Sección del C.C. 10.700 personas (es decir, la mitad que en 1921). Si se descuenta de este número a las 1.500 personas enviadas por las organizaciones a los centros de enseñanza y a los enfermos que están de permiso (más de 400 personas), quedan poco más de 8.000. De ellos, el C.C. ha distribuido 5.167 funcionarios responsables (es decir, menos de la mitad del total de los que han pasado por la Sección). Pero entonces el Partido no tenía en total 5.000 ni 10.000 miembros, sino cerca de 500.000, que en su masa fundamental no fueron afectados ni podían serlo por la labor distribuidora de la Sección de Registro y Distribución del C.C. Evidentemente, Rafaíl ha olvidado que, en tiempo de paz, el C.C., distribuye, por lo común, sólo a los funcionarios responsables, que la Sección de Registro y Distribución del C.C. no fija, no puede ni debe fijar el “sueldo” a todos los miembros del Partido, cuyo número pasa ahora de 400.000. ¿Para qué ha necesitado Rafaíl esa ridícula exageración? Por lo visto, para mostrar “con hechos” la “identidad” del sistema de dirección del Partido con el sistema de dirección del ejército. Tales son los hechos. Por eso creía y sigo creyendo que Rafaíl “no conoce el Partido ni el ejército”.

La discusion, Rafaíl, los articulos de Preobrazhenski y Saprónov y la carta de Trotski

Por lo que se refiere a las citas de las resoluciones del X Congreso, mencionadas por Rafaíl, nada tienen que ver con el presente caso, pues se refieren únicamente a las reminiscencias del período de guerra en nuestro Partido, y no a la sedicente “identidad del sistema de dirección del Partido con el sistema de dirección del ejército”. Tiene razón Rafaíl, cuando dice que hay que corregir los errores, que no hay que empecinarse en ellos. Y por eso, precisamente, no pierdo la esperanza de que Rafaíl corrija, al fin, los errores que ha cometido.

Publicado con la firma de J. Stalin el 28 de diciembre de 1923 en el núm. 294 de “Pravda”.