La base del presente artículo fueron las conferencias "Sobre la estrategia y la táctica de los comunistas rusos", pronunciadas por mí en diferentes momentos en el club obrero del barrio de Presnia y en la fracción comunista de la Universidad Sverdlov [56]. Me he decidido a publicarlo no solo porque me considero obligado a ir al encuentro de los deseos de los presnienses y los sverdlovianos, sino también porque el propio artículo me parece no inútil para la nueva generación de nuestros trabajadores del partido. Considero necesario, sin embargo, hacer la salvedad de que este artículo no tiene la pretensión de aportar algo nuevo en esencia en comparación con lo que ya ha sido dicho varias veces en la prensa del partido ruso por nuestros camaradas dirigentes. El presente artículo debe ser considerado como una exposición resumida y esquemática de las ideas fundamentales del camarada Lenin.

I. Conceptos preliminares

1. Los dos aspectos del movimiento obrero

La estrategia política, al igual que la táctica, tiene que ver con el movimiento obrero. Pero el propio movimiento obrero consta de dos elementos: el elemento objetivo o espontáneo y el elemento subjetivo o consciente. El elemento objetivo, espontáneo, es aquel conjunto de procesos que se producen independientemente de la voluntad consciente y reguladora del proletariado. El desarrollo económico del país, el desarrollo del capitalismo, la descomposición del viejo poder, los movimientos espontáneos del proletariado y de las clases que lo rodean, los choques entre las clases, etc.: todos estos son fenómenos cuyo desarrollo no depende de la voluntad del proletariado; es el aspecto objetivo del movimiento. La estrategia nada tiene que hacer con estos procesos, pues no puede ni suprimirlos ni modificarlos; solo puede tenerlos en cuenta y partir de ellos. Este es el terreno que corresponde estudiar a la teoría del marxismo y al programa del marxismo.

Pero el movimiento tiene además un aspecto subjetivo, consciente. El aspecto subjetivo del movimiento es el reflejo en las cabezas de los obreros de los procesos espontáneos del movimiento, es el movimiento consciente y planificado del proletariado hacia un objetivo determinado. Este aspecto del movimiento es precisamente interesante para nosotros porque, a diferencia del aspecto objetivo del movimiento, está sujeto en su totalidad a la influencia orientadora de la estrategia y la táctica. Si la estrategia no puede modificar nada en la marcha de los procesos objetivos del movimiento, aquí, en el terreno del aspecto subjetivo, consciente del movimiento, por el contrario, el campo de aplicación de la estrategia es amplio y variado, pues ella, la estrategia, puede acelerar o retardar el movimiento, dirigirlo por el camino más corto o desviarlo hacia un camino más difícil y penoso, dependiendo de las perfecciones o los defectos de la propia estrategia.

Acelerar o retardar el movimiento, facilitarlo o frenarlo: tales son el ámbito y los límites de la aplicación de la estrategia y la táctica políticas.

2. Teoría y programa del marxismo

La estrategia no se ocupa por sí misma del estudio de los procesos objetivos del movimiento. Sin embargo, está obligada a conocerlos y a tenerlos correctamente en cuenta, si no quiere cometer los más burdos y funestos errores en la dirección del movimiento. Del estudio de los procesos objetivos del movimiento se ocupa, ante todo, la teoría del marxismo, y luego también el programa del marxismo. Por eso la estrategia debe apoyarse enteramente en los datos de la teoría y el programa del marxismo.

La teoría del marxismo, al estudiar los procesos objetivos del capitalismo en su desarrollo y extinción, llega a la conclusión de la inevitabilidad de la caída de la burguesía y de la toma del poder por el proletariado, de la inevitabilidad de la sustitución del capitalismo por el socialismo. La estrategia proletaria solo puede ser llamada verdaderamente marxista si la base de su trabajo es esta conclusión fundamental de la teoría del marxismo.

El programa del marxismo, partiendo de los datos de la teoría, determina los objetivos del movimiento proletario, científicamente formulados en los puntos del programa. El programa puede estar calculado bien para todo el período de desarrollo capitalista, teniendo en vista el derrocamiento del capitalismo y la organización de la producción socialista, bien para una fase determinada en el desarrollo del capitalismo, por ejemplo, para el derrocamiento de los restos del régimen feudal-absolutista y la creación de las condiciones para el libre desarrollo del capitalismo. En dependencia de ello, el programa puede constar de dos partes: máxima y mínima. Es evidente que la estrategia calculada para la parte mínima del programa no puede dejar de diferir de la estrategia calculada para su parte máxima, y que la estrategia solo puede ser llamada verdaderamente marxista si se guía en su trabajo por los objetivos del movimiento formulados en el programa del marxismo.

3. La estrategia

La tarea más importante de la estrategia es la determinación de la dirección fundamental por la que debe ir el movimiento de la clase obrera y en la cual es más ventajoso para el proletariado asestar al adversario el golpe principal para lograr los objetivos planteados por el programa. El plan de la estrategia es el plan de organización del golpe decisivo en la dirección en la cual el golpe puede dar con mayor rapidez el máximo de resultados.

Los rasgos fundamentales de la estrategia política podrían describirse sin especial dificultad, recurriendo a la analogía con la estrategia militar, por ejemplo, durante la guerra civil, durante la lucha contra Denikin. Todos recuerdan el final de 1919, cuando Denikin estaba a las puertas de Tula. En aquel tiempo se desarrollaron interesantes discusiones entre los militares sobre la cuestión de desde dónde se debía asestar el golpe decisivo a los ejércitos de Denikin. Algunos militares proponían elegir como dirección principal del golpe la línea Tsaritsin-Novorosíisk. Otros, por el contrario, proponían llevar el golpe decisivo por la línea Vorónezh-Rostov, con el fin de, al recorrer esta línea y dividir así en dos partes los ejércitos de Denikin, destrozarlos luego uno por uno. El primer plan tenía indudablemente su lado positivo en el sentido de que, al contar con la toma de Novorosíisk, cortaba a los ejércitos de Denikin el camino de retirada. Pero era, por un lado, desventajoso, pues suponía nuestro avance por regiones (la región del Don) hostiles al poder soviético, y exigía por lo tanto grandes sacrificios; por otro lado, era peligroso, pues abría a los ejércitos de Denikin el camino hacia Moscú a través de Tula y Serpújov. El segundo plan de golpe principal era el único correcto, pues, por un lado, suponía el avance de nuestro grupo principal por regiones (la provincia de Vorónezh, el Donbass) que simpatizaban con el poder soviético, y en vista de ello no exigía especiales sacrificios; por otro lado, desorganizaba las acciones del grupo principal de tropas de Denikin que marchaban sobre Moscú. La mayoría de los militares se pronunció a favor del segundo plan, y con ello quedó determinada la suerte de la guerra contra Denikin.

En otras palabras: determinar la dirección del golpe principal significa predeterminar el carácter de las operaciones para todo el período de la guerra, predeterminar, por lo tanto, en 9/10 la suerte de toda la guerra. En esto consiste la tarea de la estrategia.

Lo mismo hay que decir de la estrategia política. El primer choque serio entre los dirigentes políticos del proletariado ruso por la cuestión de la dirección fundamental del movimiento proletario tuvo lugar a comienzos de los años novecientos, durante la guerra ruso-japonesa. Como es sabido, una parte de nuestro partido (los mencheviques) sostenía entonces el criterio de que la dirección fundamental del movimiento del proletariado en su lucha contra el zarismo debía ir por la línea del bloque entre el proletariado y la burguesía liberal, excluyéndose al campesinado, como el más importante factor revolucionario, del plan, o casi excluyéndosele, y concediendo a la burguesía liberal el papel dirigente en el movimiento revolucionario general. La otra parte del partido (los bolcheviques), por el contrario, afirmaba que el golpe principal debía ir por la línea del bloque del proletariado y el campesinado, debiendo ser concedido al proletariado el papel de dirigente del movimiento revolucionario general, y debiendo ser neutralizada la burguesía liberal.

Si por analogía con la guerra contra Denikin representamos todo nuestro movimiento revolucionario desde los años novecientos hasta la revolución de febrero de 1917 como una guerra de obreros y campesinos contra el zarismo y los terratenientes, entonces está claro que de la adopción de uno u otro plan estratégico (menchevique o bolchevique), de la adopción de una u otra dirección fundamental del movimiento revolucionario dependía en gran medida la suerte del zarismo y de los terratenientes.

Así como durante la guerra contra Denikin la estrategia militar, al trazar la dirección fundamental del golpe, determinó con ello en 9/10 el carácter de todas las operaciones ulteriores, hasta la liquidación de Denikin, del mismo modo aquí, en el terreno de la lucha revolucionaria contra el zarismo, nuestra estrategia política, al trazar la dirección fundamental del movimiento revolucionario en el espíritu del plan bolchevique, determinó con ello el carácter del trabajo de nuestro partido durante todo el período de lucha abierta contra el zarismo desde los tiempos de la guerra ruso-japonesa hasta la revolución de febrero de 1917.

La tarea de la estrategia política consiste, ante todo, en que, partiendo de los datos de la teoría y el programa del marxismo y teniendo en cuenta la experiencia de la lucha revolucionaria de los obreros de todos los países, determine correctamente la dirección fundamental del movimiento proletario del país dado para el período histórico dado.

4. La táctica

La táctica es parte de la estrategia, a ella subordinada, a ella al servicio. La táctica no tiene que ver con la guerra en su conjunto, sino con sus episodios aislados, con los combates, con las batallas. Si la estrategia se esfuerza por ganar la guerra, o por llevar hasta el final, digamos, la lucha contra el zarismo, la táctica, por el contrario, se esfuerza por ganar tales o cuales batallas, tales o cuales combates, por llevar a cabo con éxito tales o cuales campañas, tales o cuales acciones, que correspondan más o menos a la situación concreta de la lucha en cada momento dado.

La tarea más importante de la táctica es la determinación de los caminos y medios, de las formas y modos de lucha que más correspondan a la situación concreta en el momento dado y que con mayor seguridad preparen el éxito estratégico. Por eso las acciones de la táctica, sus resultados, no deben ser valorados por sí mismos, no desde el punto de vista del efecto inmediato, sino desde el punto de vista de las tareas y posibilidades de la estrategia.

Hay momentos en que los éxitos tácticos facilitan la realización de las tareas estratégicas. Así ocurrió, por ejemplo, en el frente de Denikin a fines de 1919, cuando la liberación de Oriol y Vorónezh por nuestras tropas, cuando los éxitos de nuestra caballería en Vorónezh y de la infantería en Oriol crearon una situación favorable para el golpe sobre Rostov. Así ocurrió en agosto de 1917 en Rusia, cuando el paso de los Sóviets de Petrogrado y Moscú al lado de los bolcheviques creó una nueva situación política que facilitó posteriormente el golpe de octubre de nuestro partido.

Hay también momentos en que los éxitos tácticos, brillantes por su efecto inmediato pero que no corresponden a las posibilidades estratégicas, crean una situación "inesperada", funesta para toda la campaña. Así ocurrió con Denikin a fines de 1919, cuando, arrastrado por el fácil éxito de su rápido y espectacular avance sobre Moscú, extendió su frente del Volga al Dniéper y preparó con ello la ruina de sus ejércitos. Así ocurrió en 1920, durante la guerra con los polacos, cuando nosotros, al subestimar la fuerza del factor nacional en Polonia y dejarnos arrastrar por el fácil éxito de un espectacular avance, asumimos la tarea superior a nuestras fuerzas de irrumpir en Europa a través de Varsovia, unimos contra las tropas soviéticas a la inmensa mayoría de la población polaca y creamos así una situación que anuló los éxitos de las tropas soviéticas en Minsk y Zhitómir y socavó el prestigio del poder soviético en Occidente.

Finalmente, hay otros momentos en que es necesario desdeñar el éxito táctico, ir conscientemente a menos tácticos y pérdidas para asegurarse en el futuro ventajas estratégicas. Así sucede con frecuencia en la guerra, cuando un bando, queriendo salvar los cuadros de sus tropas y sacarlos del golpe de fuerzas superiores del adversario, emprende una retirada planificada y cede sin combate ciudades y regiones enteras para ganar tiempo y reunir fuerzas para nuevas batallas decisivas en el futuro. Así ocurrió en Rusia en 1918, durante la ofensiva alemana, cuando nuestro partido se vio obligado a aceptar la paz de Brest, que representaba un enorme menos desde el punto de vista del efecto político inmediato en aquel momento, con el fin de conservar la alianza con el campesinado, que ansiaba la paz, obtener un respiro, crear un nuevo ejército y asegurarse así en el futuro ventajas estratégicas.

En otras palabras: la táctica no puede subordinarse a los intereses pasajeros del momento, no debe guiarse por consideraciones de efecto político inmediato, y menos aún debe despegarse de la tierra y construir castillos en el aire; la táctica debe construirse en función de las tareas y posibilidades de la estrategia.

La tarea de la táctica consiste, ante todo, en que, guiándose por las indicaciones de la estrategia y teniendo en cuenta la experiencia de la lucha revolucionaria de los obreros de todos los países, determine las formas y modos de lucha que más correspondan a la situación concreta de la lucha en cada momento dado.

5. Formas de lucha

Los modos de conducir la guerra, las formas de la guerra no son siempre iguales. Cambian en dependencia de las condiciones de desarrollo, ante todo en dependencia del desarrollo de la producción. Con Gengis Kan la guerra se conducía de manera distinta que con Napoleón III, en el siglo XX se conduce de manera distinta que en el siglo XIX.

El arte de conducir la guerra en las condiciones modernas consiste en que, habiendo dominado todas las formas de guerra y todos los logros de la ciencia en este campo, se las utilice racionalmente, se las combine hábilmente o se aplique oportunamente una u otra de estas formas en dependencia de la situación.

Lo mismo hay que decir de las formas de lucha en el campo político. Las formas de lucha en el campo político son aún más diversas que las formas de conducción de la guerra. Cambian en dependencia del desarrollo de la economía, de la vida social, de la cultura, en dependencia del estado de las clases, de la correlación de las fuerzas en lucha, del carácter del poder, y finalmente en dependencia de las relaciones internacionales, etc. La forma ilegal de lucha bajo el absolutismo, ligada a las huelgas parciales y las manifestaciones obreras; la forma abierta de lucha con las "posibilidades legales" y las huelgas políticas de masas de los obreros; la forma parlamentaria de lucha, digamos bajo la Duma, y la acción extraparlamentaria de las masas, que llega a veces hasta los levantamientos armados; finalmente, las formas estatales de lucha después de la toma del poder por el proletariado, cuando este obtiene la posibilidad de asegurarse todos los medios y fuerzas estatales, hasta el ejército: tales son, en general, las formas de lucha planteadas por la práctica de la lucha revolucionaria del proletariado.

La tarea del partido consiste en dominar todas las formas de lucha, combinarlas racionalmente en el campo de batalla y agudizar hábilmente la lucha en aquellas de sus formas que sean especialmente convenientes en la situación dada.

6. Formas de organización

Las formas de organización de los ejércitos, las ramas y tipos de tropas se adaptan habitualmente a las formas y modos de conducción de la guerra. Con el cambio de las últimas cambian las primeras. En la guerra de maniobra el asunto lo decide con frecuencia la caballería masiva. En la guerra de posiciones, por el contrario, la caballería o no desempeña ningún papel, o uno secundario: la artillería pesada y la aviación, los gases y los tanques lo deciden todo.

La tarea del arte militar consiste en asegurarse todas las ramas de tropas, llevarlas a la perfección y combinar hábilmente sus acciones.

Lo mismo puede decirse de las formas de organización en el campo político. Aquí, al igual que en el campo militar, las formas de organización se adaptan a las formas de lucha. Las organizaciones conspirativas de revolucionarios profesionales en la época del absolutismo; las organizaciones educativas, sindicales, cooperativas y parlamentarias (la fracción de la Duma, etc.) en la época de la Duma; los comités de fábrica, los comités campesinos, los comités de huelga, los sóviets de diputados obreros y soldados, los comités militares revolucionarios y el amplio partido proletario que une todas estas formas de organización en el período de las acciones de masas y los levantamientos; finalmente, la forma estatal de organización del proletariado en el período de concentración del poder en manos de la clase obrera: tales son, en general, las formas de organización en las que, bajo determinadas condiciones, puede y debe apoyarse el proletariado en su lucha contra la burguesía.

La tarea del partido consiste en dominar todas estas formas de organización, llevarlas a la perfección y combinar hábilmente su trabajo en cada momento dado.

7. Consigna. Directiva

Las resoluciones acertadamente formuladas que reflejan los objetivos de la guerra o de una batalla particular, populares entre las tropas, tienen a veces una importancia decisiva en el frente como medio de inspirar al ejército para la acción, mantener la moral, etc. Las órdenes, consignas o llamamientos a las tropas correspondientes tienen para toda la marcha de la guerra una importancia tan grande como la artillería pesada de primera clase o los tanques rápidos de primera clase.

Aún mayor importancia tienen las consignas en el campo político, donde hay que tratar con decenas y centenares de millones de población con sus variadas demandas y necesidades.

La consigna es una formulación concisa y clara de los objetivos de la lucha, próximos o lejanos, dada por el grupo dirigente, digamos, del proletariado, por su partido. Las consignas son diferentes en dependencia de la diversidad de los objetivos de la lucha, que abarcan bien todo un período histórico, bien etapas y episodios aislados de un período histórico dado. La consigna "¡Abajo la autocracia!", planteada por primera vez por el grupo "Emancipación del Trabajo" [57] en los años ochenta del siglo pasado, era una consigna de propaganda, pues tenía en vista atraer al lado del partido a individuos y grupos de los luchadores más firmes y tenaces. En el período de la guerra ruso-japonesa, cuando la inestabilidad de la autocracia se hizo para las amplias capas de la clase obrera más o menos evidente, esta consigna se convirtió en una consigna de agitación, pues ya contaba con la atracción de millones de masas trabajadoras. En el período anterior a la revolución de febrero de 1917, cuando el zarismo acabó de desacreditarse definitivamente ante los ojos de las masas, la consigna "¡Abajo la autocracia!" se transformó de consigna de agitación en consigna de acción, pues estaba calculada para lanzar a las masas de millones al asalto del zarismo. En los días de la revolución de febrero, esta consigna se convirtió en una directiva del partido, es decir, en un llamamiento directo a la toma de tales instituciones y tales puntos del sistema del zarismo en un plazo determinado, pues se trataba ya de derribar al zarismo, de destruirlo. La directiva es un llamamiento directo del partido a la acción en tal momento y en tal lugar, obligatorio para todos los miembros del partido y secundado habitualmente por las amplias masas trabajadoras, si el llamamiento formula correcta y acertadamente las demandas de las masas, si efectivamente ha madurado.

Confundir las consignas con las directivas, o la consigna de agitación con la consigna de acción, es tan peligroso como son peligrosas, y a veces funestas, las acciones prematuras o tardías. En abril de 1917, la consigna "¡Todo el poder a los Sóviets!" era una consigna de agitación. La conocida manifestación en Petrogrado en abril de 1917 bajo la consigna "¡Todo el poder a los Sóviets!", que rodeó entonces el Palacio de Invierno, fue un intento, un intento prematuro y por ello funesto, de convertir esta consigna en consigna de acción [58]. Fue un ejemplo peligrosísimo de confusión de la consigna de agitación con la consigna de acción. El partido hizo bien en condenar a los iniciadores de esta manifestación, pues sabía que las condiciones necesarias para la transformación de esta consigna en consigna de acción aún no habían llegado, que la acción prematura del proletariado podía conducir a la derrota de sus fuerzas.

Por otro lado, hay casos en que el partido se ve ante la necesidad de "en 24 horas" revocar o modificar una consigna (o directiva) ya adoptada y que ha madurado, con el fin de proteger sus filas de la trampa tendida por el adversario, o de aplazar temporalmente la ejecución de la directiva hasta un momento más favorable. Tal caso tuvo lugar en Petrogrado en junio de 1917, cuando la manifestación de obreros y soldados, cuidadosamente preparada y fijada para el 10 de junio, fue "repentinamente" cancelada por el CC de nuestro partido en vista de la situación cambiada.

La tarea del partido consiste en traducir hábil y oportunamente las consignas de agitación en consignas de acción, o las consignas de acción en directivas concretas determinadas, o, si la situación lo exige, mostrar la flexibilidad y decisión necesarias para revocar oportunamente la puesta en práctica de tales o cuales consignas, aunque sean populares, aunque hayan madurado.

II. El plan estratégico

1. Virajes históricos. Planes estratégicos

La estrategia del partido no representa algo constante, dado de una vez para siempre. Cambia en dependencia de los virajes históricos, de los desplazamientos históricos. Estos cambios se expresan en que para cada viraje histórico individual se elabora un plan estratégico individual, correspondiente a él, que actúa durante todo el período desde un viraje hasta el siguiente. El plan estratégico contiene en sí la determinación de la dirección del golpe principal de las fuerzas revolucionarias y el esquema de la correspondiente distribución de las masas de millones en el frente social. Naturalmente, el plan estratégico adecuado para un período histórico que tiene sus particularidades no puede ser adecuado para otro período histórico que tiene particularidades completamente diferentes. A cada viraje histórico le corresponde el plan estratégico necesario y adaptado a sus tareas.

Lo mismo puede decirse en relación con el campo militar. El plan estratégico elaborado para la guerra contra Kolchak no podía ser adecuado para la guerra contra Denikin, que requería un nuevo plan estratégico, a su vez inadecuado para la guerra, digamos, contra los polacos en 1920, pues tanto las direcciones de los golpes principales como los esquemas de distribución de las fuerzas combatientes principales no podían dejar de ser diferentes en estos tres casos.

La historia moderna de Rusia conoce tres virajes históricos fundamentales que engendraron tres planes estratégicos diferentes en la historia de nuestro partido. Consideramos necesario describirlos brevemente para ilustrar cómo cambian en general los planes estratégicos del partido en dependencia de los nuevos desplazamientos históricos.

2. El primer viraje histórico y el curso hacia la revolución democrático-burguesa en Rusia

Este viraje comenzó a principios de los años novecientos, en el período de la guerra ruso-japonesa, cuando la derrota de los ejércitos zaristas y las grandiosas huelgas políticas de los obreros rusos sacudieron a todas las clases de la población y las lanzaron a la arena de la lucha política. Terminó este viraje en los días de la revolución de febrero de 1917.

Dos planes estratégicos lucharon en este período dentro de nuestro partido: el plan de los mencheviques (Plejánov-Mártov, 1905) y el plan de los bolcheviques (el camarada Lenin, 1905).

La estrategia menchevique planificaba el golpe principal contra el zarismo por la línea de la coalición de la burguesía liberal con el proletariado. Partiendo de que la revolución se consideraba entonces burguesa, este plan concedía a la burguesía liberal el papel de hegemón (líder) del movimiento, condenando al proletariado al papel de "oposición de extrema izquierda", al papel de "aguijoneador" de la burguesía, excluyéndose al campesinado, como una de las principales fuerzas revolucionarias, del campo de visión, o casi excluyéndosele. No es difícil comprender que, en la medida en que este plan excluía del juego al campesinado multimillonario en un país como Rusia, era desesperadamente utópico, y en la medida en que entregaba la suerte de la revolución en manos de la burguesía liberal (hegemonía de la burguesía), era reaccionario, pues la burguesía liberal no estaba interesada en la victoria completa de la revolución, y siempre estaba dispuesta a terminar el asunto con un acuerdo con el zarismo.

La estrategia bolchevique (véase "Dos tácticas" [59] del camarada Lenin) planificaba el golpe principal de la revolución contra el zarismo por la línea de la coalición del proletariado con el campesinado, con la neutralización de la burguesía liberal. Partiendo de que la burguesía liberal no estaba interesada en la victoria completa de la revolución democrático-burguesa, que prefería la victoria de la revolución a un acuerdo con el zarismo a costa de los obreros y los campesinos, este plan concedía al proletariado, como única clase revolucionaria hasta el final en Rusia, el papel de hegemón del movimiento revolucionario. Este plan es notable no solo por el hecho de que tenía correctamente en cuenta las fuerzas motrices de la revolución, sino también por el hecho de que contenía en germen la idea de la dictadura del proletariado (hegemonía del proletariado), preveía genialmente la siguiente fase superior de la revolución en Rusia y facilitaba el tránsito a ella.

El desarrollo posterior de la revolución hasta febrero de 1917 confirmó plenamente la corrección de este plan estratégico.

3. El segundo viraje histórico y el curso hacia la dictadura del proletariado en Rusia

El segundo viraje comenzó con la revolución de febrero de 1917, después del derrocamiento del zarismo, cuando la guerra imperialista puso al descubierto las llagas mortales del capitalismo en todo el mundo; cuando la burguesía liberal, incapaz de tomar en sus manos la dirección efectiva del país, se vio obligada a limitarse a conservar para sí el poder formal (el Gobierno Provisional); cuando los Sóviets de diputados obreros y soldados, que habían recibido en sus manos el poder efectivo, no tenían ni la experiencia ni la voluntad de hacer de él el uso necesario; cuando los soldados en el frente, los obreros y campesinos en la retaguardia languidecían bajo el peso de la guerra y la ruina económica; cuando el régimen de "doble poder" y de la "comisión de contacto" [60], desgarrado por las contradicciones internas e incapaz ni de guerra ni de paz, no solo no encontraba "una salida del callejón sin salida", sino que embrollaba aún más la situación. Terminó este período con la Revolución de Octubre en 1917.

Dos planes estratégicos luchaban en este período dentro de los Sóviets: el plan menchevique-eserista y el plan bolchevique.

La estrategia menchevique-eserista, que al principio se debatía entre los Sóviets y el Gobierno Provisional, entre la revolución y la contrarrevolución, se formalizó definitivamente para el momento de la apertura de la Conferencia Democrática (septiembre de 1917). Se construía por la línea de la eliminación gradual pero constante de los Sóviets del poder y de la concentración de todo el poder en el país en manos del "Preparlamento", prototipo del futuro parlamento burgués. Las cuestiones de la paz y la guerra, la cuestión agraria y obrera, así como la cuestión nacional, se aplazaban hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente, que a su vez se aplazaba por tiempo indefinido. "¡Todo el poder a la Asamblea Constituyente!": así formulaban los eseristas y mencheviques su plan estratégico. Era un plan de preparación de la dictadura burguesa, ciertamente acicalada y peinada, "perfectamente democrática", pero no obstante dictadura burguesa.

La estrategia bolchevique (véanse las "Tesis" del camarada Lenin, publicadas en abril de 1917 [61]) planificaba el golpe principal por la línea de la liquidación del poder burgués por las fuerzas unidas del proletariado y la pobreza campesina, por la línea de la organización de la dictadura del proletariado en forma de república de los Sóviets. Ruptura con el imperialismo y salida de la guerra; liberación de las nacionalidades oprimidas del antiguo Imperio ruso; expropiación de los terratenientes y capitalistas; preparación de las condiciones para la organización de la economía socialista: tales son los elementos del plan estratégico de los bolcheviques en este período. "¡Todo el poder a los Sóviets!": así formulaban entonces los bolcheviques su plan estratégico. Este plan es importante no solo por el hecho de que tenía correctamente en cuenta las fuerzas motrices de la nueva revolución proletaria en Rusia, sino también por el hecho de que facilitaba y aceleraba el desencadenamiento del movimiento revolucionario en Occidente.

El desarrollo posterior de los acontecimientos hasta el Golpe de Octubre confirmó enteramente la corrección de este plan estratégico.

4. El tercer viraje histórico y el curso hacia la revolución proletaria en Europa

El tercer viraje comenzó con el Golpe de Octubre, cuando la lucha a muerte entre dos grupos imperialistas de Occidente llegó a su punto más alto; cuando la crisis revolucionaria en Occidente crecía visiblemente; cuando el poder burgués en Rusia, en bancarrota y enredado en contradicciones, cayó bajo los golpes de la revolución proletaria; cuando la revolución proletaria victoriosa, al romper con el imperialismo y al salir de la guerra, halló en las coaliciones imperialistas de Occidente a sus enemigos jurados; cuando los actos del nuevo gobierno soviético sobre la paz, la confiscación de las tierras de los terratenientes, la expropiación de los capitalistas y la liberación de las nacionalidades oprimidas le granjearon la confianza de millones de trabajadores de todo el mundo. Fue un viraje a escala internacional, pues por primera vez fue roto el frente internacional del capital, por primera vez fue planteada sobre bases prácticas la cuestión del derrocamiento del capitalismo. Con ello, la Revolución de Octubre fue transformada de fuerza nacional, rusa, en fuerza internacional, y los obreros rusos, de destacamento atrasado del proletariado internacional, en su vanguardia, que despierta con su lucha abnegada a los obreros de Occidente y a los países oprimidos de Oriente. Este viraje no ha llegado aún a su desarrollo final, pues no se ha desplegado aún a escala internacional, pero su contenido y dirección general ya se han determinado con suficiente claridad.

Dos planes estratégicos luchaban entonces en los círculos políticos de Rusia: el plan de los contrarrevolucionarios, que habían arrastrado a sus organizaciones a la parte activa de los mencheviques y eseristas, y el plan de los bolcheviques.

Los contrarrevolucionarios y los eseristas-mencheviques activos planificaban por la línea de la reunión en un solo campo de todos los elementos descontentos: la vieja oficialidad en la retaguardia y en el frente, los gobiernos nacionalistas burgueses de las periferias, los capitalistas y terratenientes expropiados por la revolución, los agentes de la Entente que preparaban la intervención, etc. Mantenían un curso hacia el derrocamiento del gobierno soviético mediante levantamientos o intervención extranjera y la restauración de los órdenes capitalistas en Rusia.

Los bolcheviques, por el contrario, planificaban por la línea del fortalecimiento interno de la dictadura del proletariado en Rusia y la ampliación de la esfera de acción de la revolución proletaria a todos los países del mundo mediante la unión de los esfuerzos de los proletarios de Rusia con los esfuerzos de los proletarios de Europa y de los países oprimidos de Oriente contra el imperialismo mundial. Es sumamente notable la formulación precisa y concisa de este plan estratégico dada por el camarada Lenin en su folleto "La revolución proletaria y el renegado Kautsky": "Realizar el máximo de lo realizable en un (su propio. — I. St.) país para el desarrollo, el apoyo, el despertar de la revolución en todos los países". El valor de este plan estratégico estriba no solo en que tenía correctamente en cuenta las fuerzas motrices de la revolución mundial, sino también en que preveía y facilitaba el proceso que luego se reveló de transformación de la Rusia Soviética en centro de atención del movimiento revolucionario de todo el mundo, en bandera de liberación de los obreros de Occidente y de las colonias de Oriente.

El desarrollo posterior de la revolución en todo el mundo, así como los cinco años de existencia del poder soviético en Rusia, confirmaron plenamente la corrección de este plan estratégico. Hechos como el de que los contrarrevolucionarios y los eseristas-mencheviques, que intentaron varias veces derrocar el poder soviético, se encuentran ahora en la emigración, y el poder soviético y la Organización proletaria internacional se convierten en el instrumento más importante de la política del proletariado mundial; estos hechos hablan con evidencia en favor del plan estratégico de los bolcheviques.

"Pravda" N.o 56,

14 de marzo de 1923.

Firma: I. Stalin