Tesis presentada al XII Congreso del P.C.(b) de Rusia, aprobadas por el C.C. del Partido. I 1. El desarrollo del capitalismo evidenció ya en el siglo pasado la tendencia a internacionalizar los modos de producción y cambio, a liquidar el aislamiento nacional, a producir un acercamiento económico de los pueblos y una unión gradual de enormes territorios en un todo conexo. El desarrollo sucesivo del capitalismo, el desarrollo del mercado mundial, el establecimiento de grandes vías de comunicación, marítimas y férreas, la exportación de capitales, etc. acentuaron aun más esta tendencia al ligar a los pueblos más diversos con los vínculos de la división internacional del trabajo y de la interdependencia en todos sus aspectos. Por cuanto este proceso reflejaba el formidable desarrollo de las fuerzas productivas y facilitaba la liquidación del aislamiento nacional y de la oposición de intereses entre pueblos diversos, era y continúa siendo un proceso progresivo, ya que prepara las premisas materiales de la futura economía socialista mundial. 2. Pero esta tendencia se ha desarrollado en formas específicas, que no correspondían en modo alguno a su significación histórica interna.

La interdependencia de los pueblos y la unión económica de los territorios no se iban estableciendo en el curso del desarrollo del capitalismo mediante una colaboración de los pueblos, como unidades iguales en derechos, sino por el sojuzgamiento de unos pueblos por otros, mediante la opresión y la explotación de los pueblos menos desarrollados por otros mas desarrollados. El saqueo de las colonias y las anexiones coloniales, la opresión nacional y la desigualdad nacional, la arbitrariedad y la violencia imperialistas, la esclavitud colonial, la ausencia de derechos para las nacionalidades y, finalmente, la lucha de las naciones “civilizadas” entre sí por el dominio sobre los pueblos “no civilizados”, constituyen las formas en cuyo marco ha transcurrido, el proceso de acercamiento económico de los pueblos. Por eso, paralelamente a la tendencia de unión, se acentuaba la tendencia a acabar con las formas violentas de dicha unión, se acentuaba la lucha por liberar del yugo imperialista a las colonias oprimidas y a las nacionalidades dependientes. Por cuanto esta segunda tendencia reflejaba la indignación de las masas oprimidas ante las formas imperialistas de unión y reivindicaba la unión de los pueblos sobre la base de la colaboración y del libre consentimiento, era y continúa siendo una tendencia progresiva, ya que prepara las premisas espirituales de la futura economía socialista mundial. 3.

La lucha de estas dos tendencias fundamentales, manifestadas en formas propias del capitalismo, llena la historia de los Estados burgueses multinacionales durante los últimos cincuenta años. La inconciliable contradicción entre estas tendencias en el marco del desarrollo capitalista constituyó la base de la inconsistencia interna y de la inestabilidad orgánica de los Estados coloniales burgueses. Los conflictos inevitables en el interior de dichos Estados y las inevitables guerras entre ellos; el desmoronamiento de los antiguos Estados coloniales y la formación de otros nuevos; la nueva carrera en pos de colonias y la nueva disgregación de los Estados multinacionales, que conduce a un nuevo tijereteo del mapa político del mundo: tales son los resultados de esta contradicción fundamental. El desmoronamiento de la antigua Rusia, de Austria- Hungría y de Turquía, por un lado, la historia de Estados coloniales como la Gran Bretaña y la antigua Alemania, por otro, y, finalmente, la “gran” guerra imperialista y el incremento del movimiento revolucionario entre los pueblos de las colonias y entre los pueblos que no gozan de la plenitud de derechos: todos estos hechos y otros análogos nos hablan con harta elocuencia de la inestabilidad y la endeblez de los Estados burgueses multinacionales.

De este modo, la inconciliable contradicción existente entre el proceso de unión económica de los pueblos y los métodos imperialistas de llevar a cabo dicha unión, ha determinado la incapacidad, la inutilidad y la impotencia de la burguesía para hallar un medio acertado de abordar la solución de la cuestión nacional. 4. Nuestro Partido ha tenido en cuenta estas circunstancias al basar su política respecto a la cuestión nacional en el derecho de las naciones a la autodeterminación y en el derecho de los pueblos a la existencia estatal independiente. En los primeros días de su existencia, en su primer Congreso (en 1898), cuando las contradicciones del capitalismo en la cuestión nacional no habían tenido aún tiempo de perfilarse con toda nitidez, el Partido ya había reconocido este derecho imprescriptible de las nacionalidades. En lo sucesivo, el Partido confirmó invariablemente su programa nacional en decisiones y resoluciones especiales de sus congresos y conferencias, hasta la misma Revolución de Octubre. La guerra imperialista y el potente movimiento revolucionario en las colonias, relacionado con ella, no hicieron sino confirmar una vez más las decisiones del Partido sobre la cuestión nacional. El

sentido de estas decisiones reside: a) en que rechazan resueltamente todas y cada una de las formas de imposición aplicadas a las nacionalidades; b) en que reconocen la igualdad y la soberanía de los pueblos para determinar sus destinos; c) en que reconocen el principio de que la unión perdurable de los pueblos sólo puede establecerse sobre la base de la colaboración y del libre consentimiento; d) en que proclaman la verdad de que la unión sólo puede lograrse derrocando el Poder del capital. En su trabajo, nuestro Partido oponía incansablemente este programa de liberación nacional, tanto a la política zarista de opresión manifiesta como a la política de medias tintas y semimperialista de los mencheviques y de los eseristas. Mientras que la política rusificadora del régimen zarista abrió un abismo entre dicho régimen y las nacionalidades de la antigua Rusia, mientras que la política semimperialista de los mencheviques y de los eseristas contribuyó a apartar de la kerenskiada a los mejores elementos de estas nacionalidades, la política de liberación seguida por nuestro Partido le conquistó la simpatía y el apoyo de vastas masas de estas nacionalidades en su lucha contra el zarismo y la burguesía imperialista rusa. Difícilmente podrá dudarse de que esta simpatía y este apoyo han sido uno de los factores decisivos de la victoria de nuestro Partido en las jornadas de Octubre. 5.

La Revolución de Octubre hizo el balance práctico de las decisiones de nuestro Partido sobre la cuestión nacional. Al derribar el Poder de los terratenientes y de los capitalistas, portadores principales de la opresión nacional, y colocar al proletariado en el Poder, la Revolución de Octubre rompió de un solo golpe las cadenas de la opresión nacional, trastrocó las viejas relaciones entre los pueblos, socavó la antigua enemistad nacional, desbrozó el terreno para la colaboración de los pueblos y conquistó para el proletariado ruso la confianza de sus hermanos de otras nacionalidades, no sólo de Rusia, sino también de Europa y Asia. No creo que sea preciso demostrar que sin esta confianza el proletariado ruso no habría podido vencer a Kolchak y a Denikin, a Yudénich y a Wrángel. Por otra parte, es indudable que las nacionalidades oprimidas no habrían podido conseguir su liberación si en el centro de Rusia no estuviese establecido la dictadura del proletariado. La enemistad nacional y los choques nacionales son inexcusables e inevitables mientras el Poder esté en manos del capital, mientras la pequeña burguesía y, sobre todo, el campesinado de la antigua nación “dominante”, llenos de prejuicios nacionalistas, sigan a los capitalistas; y, por el contrario, la paz y la libertad nacionales pueden considerarse aseguradas si el campesinado y demás capas pequeñoburguesas siguen al proletariado, es decir, si queda garantizada la dictadura del proletariado.

Por eso, el triunfo de los Soviets y la instauración de la dictadura del proletariado constituyen la base, el fundamento sobre el que puede erigirse la colaboración fraternal de los pueblos dentro de una sola unión estatal. 6. Pero los resultados de la Revolución de Octubre no se reducen a haber eliminado la opresión nacional, a la creación de un terreno abonado para la unión de los pueblos. En el curso de su desarrollo, la Revolución de Octubre ha elaborado, además, las formas de dicha unión, ha trazado las líneas fundamentales por las que se ha de guiar la unión de los pueblos en un solo Estado federal. En el primer período de la revolución, cuando las masas trabajadoras de las nacionalidades se sintieron por vez primera entidades nacionales independientes, mientras que la amenaza de la intervención extranjera no era aún un peligro real, la colaboración de los pueblos no había adquirido todavía formas bien precisas, formas netamente establecidas. En el período de la guerra civil y de la intervención, cuando los intereses de la propia defensa militar, de las repúblicas nacionales se situaron en primer plano, mientras que los problemas de la edificación económica no tenían todavía un carácter inmediato, la colaboración adquirió la forma de unión militar. Finalmente, en el período de la postguerra, cuando los problemas relacionados con la restauración de las fuerzas productivas destruidas por la guerra se presentaron en primer plano, la unión militar fue completada por una unión económica.

La agrupación de las repúblicas nacionales en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es la etapa final del desarrollo de las formas de colaboración, que adopta esta vez el carácter de unión militar, económica y política de los pueblos en un solo Estado Soviético multinacional. De este modo, el proletariado halló en el régimen soviético la clave de la solución acertada de la cuestión nacional, descubrió en él el camino que conduce a la organización de un firme Estado multinacional sobre la base de la igualdad de derechos de las naciones y el libre consentimiento. 7. Ahora bien, hallar la clave para la solución acertada de la cuestión nacional no significa todavía resolverla total y definitivamente, ni aplicar íntegramente esta solución en el terreno práctico concreto. Para aplicar con acierto el programa nacional planteado por la Revolución de Octubre, es preciso, además, vencer los obstáculos heredados de la etapa ya pasada de opresión nacional y que no pueden ser eliminados en poco tiempo, de golpe. Esta herencia consiste, en primer lugar, en las supervivencias del chovinismo de Gran Potencia, que es un reflejo de la pasada situación de privilegio de los grandes rusos. Estas supervivencias persisten todavía en el espíritu de nuestros funcionarios soviéticos, tanto centrales como locales; anidan en

nuestras instituciones del Estado, tanto en las centrales como en las locales, y se han visto reforzadas con las “nuevas” corrientes smenovejistas de chovinismo gran ruso que se van acentuando cada vez más en relación con la Nep. En la práctica, estas supervivencias hallan su expresión en la actitud de desprecio altanero y de frío burocratismo de los funcionarios soviéticos rusos ante las necesidades y demandas de las repúblicas nacionales. El Estado Soviético multinacional sólo puede convertirse en un Estado verdaderamente sólido, y la colaboración de los pueblos dentro de él sólo puede ser verdaderamente fraternal, en el caso de que estas supervivencias sean extirpadas resuelta y definitivamente de la labor práctica de nuestras instituciones del Estado. Por esta razón, la primera tarea inmediata de nuestro Partido es luchar enérgicamente contra las supervivencias del chovinismo gran ruso. Esta herencia consiste, en segundo lugar, en la desigualdad de hecho, es decir, en la desigualdad económica-cultural de las nacionalidades de la Unión de Repúblicas. La igualdad de derecho de las naciones, conseguida por la Revolución de Octubre, es una gran conquista de los pueblos; pero por sí sola no resuelve toda la cuestión nacional.

Una serie de repúblicas y de pueblos que no han pasado o casi no han pasado por el desarrollo capitalista, que carecen o casi carecen de un proletariado propio y que, como resultado de esto, han quedado rezagados en los terrenos económico y cultural, no se hallan en condiciones de aprovechar íntegramente los derechos y las posibilidades que se les ofrecen con la igualdad de derechos de las naciones, y sin una ayuda exterior efectiva y prolongada no están en condiciones de elevarse al grado superior de desarrollo y alcanzar de este modo a las nacionalidades que se les han adelantado. Las causas de esta desigualdad existente de hecho no sólo residen en la historia de estos pueblos, sino también en la política del zarismo y de la burguesía rusa, que aspiraban a convertir las regiones de la periferia en regiones dedicadas exclusivamente a la obtención de materias primas y explotadas por las regiones centrales, desarrolladas en el sentido industrial. Es imposible superar esta desigualdad en poco tiempo; es imposible liquidar esta herencia en un período de uno o dos años. El X Congreso de nuestro Partido había señalado ya que “la abolición de la desigualdad nacional, existente de hecho, es un proceso prolongado, que requiere una lucha tenaz e insistente contra todas las supervivencias de la opresión nacional y de la esclavitud colonial”. Pero tiene que ser superada a toda costa. Y sólo puedo ser superada mediante una ayuda efectiva y prolongada del proletariado ruso a los pueblos atrasados de la Unión, para conseguir su prosperidad económica y cultural.

De otra manera, no se puede contar con el establecimiento de una colaboración firme y acertada entre los pueblos dentro del marco de un solo Estado federal. Por eso, la segunda tarea inmediata de nuestro Partido consiste en luchar para poner fin a la desigualdad existente de hecho entre las nacionalidades, y elevar el nivel cultural y económico de los pueblos atrasados. Esta herencia consiste, por último, en las supervivencias nacionalistas en toda una serie de pueblos que han sufrido el pesado yugo de la opresión nacional y que no han podido librarse todavía del recuerdo de los viejos agravios nacionales, En la práctica, estas supervivencias hallan su expresión en cierto apartamiento nacional y en la falta de una confianza plena de los pueblos antes oprimidos hacia las medidas que emanan de los rusos. Sin embargo, en ciertas repúblicas integradas por varias nacionalidades, este nacionalismo defensivo se convierte no pocas veces en nacionalismo ofensivo, en un chovinismo rabioso de la nacionalidad más fuerte, dirigido contra las nacionalidades más débiles de dichas repúblicas. El chovinismo georgiano (en Georgia), contra los armenios, osainos, adzharianos y abjasianos; el chovinismo azerbaidzhano (en el Azerbaidzhán) contra los armenios, y el chovinismo uzbeko (en Bujará y Joresm) contra los turcomanos y los kirguíses: todas estas variedades del chovinismo, estimuladas, además, por las condiciones de la Nep y de la competencia, constituyen un mal enorme, que amenaza con transformar a ciertas repúblicas nacionales en campos de querellas y discordias.

Huelga decir que todas estas manifestaciones frenan la agrupación efectiva de los pueblos en una sola unión estatal. Por cuanto las supervivencias del nacionalismo constituyen una forma específica de defensa contra el chovinismo gran ruso, la lucha resuelta contra este chovinismo es el medio más seguro de acabar con las supervivencias nacionalistas. Y por cuanto estas supervivencias se convierten en chovinismo local, contra los grupos nacionales débiles de las diferentes repúblicas, la lucha directa contra estas supervivencias constituye un deber de los miembros del Partido. Por eso, la tercera tarea inmediata de nuestro Partido consiste en luchar contra las supervivencias nacionalistas, y, ante todo, contra sus formas chovinistas. 8. Debe considerarse como una de las expresiones más claras de la herencia del pasado el hecho de que la Unión de Repúblicas es considerada por una parte importante de los funcionarios soviéticos, tanto centrales como locales, no como una unión de entidades estatales iguales en derechos, llamada a asegurar el libre desarrollo de las repúblicas nacionales, sino como un paso encaminado a la liquidación de dichas repúblicas, como el comienzo de la formación de la llamada “una e indivisible”. Al condenar este concepto como antiproletario y reaccionario, el Congreso hace un llamamiento a los miembros del Partido para que vigilen atentamente,

con objeto de evitar que la unión de las repúblicas y la fusión de los Comisariados, sean utilizadas por funcionarios soviéticos animados de un espíritu chovinista como cobertura para sus intentos de hacer caso omiso de las necesidades económicas y culturales de las repúblicas nacionales. La fusión de los comisariados constituye una prueba para el aparato soviético: si en la práctica dicha experiencia se orienta hacia una política imperialista, el Partido se vería obligado a adoptar frente a esta desfiguración las medidas más enérgicas, llegando incluso a plantear el problema de revisar la fusión de ciertos comisariados en tanto no se lleve a cabo la debida reeducación del aparato soviético en el sentido de un interés verdaderamente proletario y fraternal por las demandas y necesidades de las nacionalidades pequeñas y atrasadas. 9. Por cuanto la Unión de Repúblicas es una forma nueva de convivencia de los pueblos, una forma nueva de colaboración de los pueblos en el marco de un solo Estado federal, en cuyo interior las supervivencias que acaban de ser descritas han de quedar eliminadas a lo largo del trabajo conjunto de los pueblos, los organismos superiores de la Unión han de estar estructurados de tal forma que reflejen plenamente, no sólo las necesidades y demandas comunes a todas las nacionalidades de la Unión, sino también las necesidades y demandas particulares de las distintas nacionalidades.

Por eso, paralelamente a los actuales organismos centrales de la Unión, que representan a las masas trabajadoras de toda la Unión independientemente de la nacionalidad, ha de crearse un organismo especial que represente a las nacionalidades en condiciones de igualdad. Esta estructura de los organismos centrales de la Unión daría la plena posibilidad de atender solícitamente a las necesidades y demandas de los pueblos, de prestarles oportunamente la ayuda necesaria, de crear una atmósfera de absoluta confianza recíproca y liquidar así, del modo más insensible, la herencia que acaba de ser descrita. 10. Partiendo de lo dicho, el Congreso recomienda a los miembros del Partido que, en calidad de medidas prácticas, consigan: a) que se instituya, en el sistema de los organismos superiores de la Unión, un organismo especial que represente a todas las repúblicas y regiones nacionales sin excepción; b) que los comisariados de la Unión estén organizados sobre bases que aseguren la satisfacción de las necesidades y demandas de los pueblos de la Unión; e) que los organismos de las repúblicas y regiones nacionales estén integrados fundamentalmente por hombres del país, conocedores del idioma, modo de vida, usos y costumbres de los pueblos correspondientes.

II 1. El desarrollo de las organizaciones de nuestro Partido transcurre en la mayoría de las repúblicas nacionales en condiciones no del todo favorables para su crecimiento y vigorización. El atraso económico de dichas repúblicas, la exigüidad del proletariado nacional, la escasez e incluso la ausencia de viejos cuadros del Partido integrados por nativos, la falta de una literatura marxista seria en el idioma materno, la debilidad de la labor educativa del Partido y, finalmente, la pervivencia de tradiciones nacionalistas radícales, que aun no han tenido tiempo de disiparse, todo esto ha originado entre los comunistas locales una desviación en el sentido de sobreestimar las particularidades nacionales, en el sentido de menospreciar los intereses de clase del proletariado, una desviación hacia el nacionalismo. Esto se convierte en un fenómeno particularmente peligroso en las repúblicas integradas por varias nacionalidades, donde no pocas veces adquiere entre los comunistas de la nacionalidad más fuerte la forma de una desviación hacía el chovinismo, cuyo filo va dirigido contra los comunistas de las nacionalidades débiles (Georgia, el Azerbaidzhán, Bujará, Joresm). La desviación hacia el nacionalismo es nociva porque, frenando el proceso de emancipación del proletariado nacional de la influencia ideológica de la burguesía nacional, dificulta la unión de los proletarios de distintas nacionalidades en una sola organización internacionalista. 2.

Por otra parte, la existencia de numerosos y viejos cuadros del Partido de origen ruso, tanto en las instituciones centrales del Partido como en las organizaciones de los Partidos Comunistas de las repúblicas nacionales, cuadros que no están familiarizados con los usos, costumbres o idioma de las masas trabajadoras de dichas repúblicas y que, por consiguiente, no siempre son sensibles a sus demandas, ha sido causa de que en nuestro Partido se haya creado una desviación en el sentido de menospreciar las peculiaridades nacionales y el idioma nacional en la labor del Partido, en el sentido de una actitud altanera y despectiva hacia dichas peculiaridades, una desviación hacia el chovinismo gran ruso. Esta desviación no sólo es nociva porque, al frenar la formación de cuadros comunistas a base de los hombres del país, conocedores del idioma nacional, crea el peligro de que el Partido se aísle de las masas proletarias de las repúblicas nacionales, sino, sobre todo, porque alimenta y cultiva la desviación hacia el nacionalismo que acaba de ser descrita, dificultando la lucha contra ella. 3. Al condenar ambas desviaciones como nocivas y peligrosas para la causa del comunismo y al llamar la atención de los miembros del Partido sobre el daño y el peligro particulares que supone la desviación hacia el chovinismo gran ruso, el Congreso hace un llamamiento al Partido para liquidar cuanto antes estas supervivencias del pasado dentro de nuestra labor de edificación del Partido.

El Congreso encomienda al Comité Central la realización de las siguientes medidas de carácter práctico: a) organizar círculos marxistas de tipo superior para los funcionarios del Partido de las repúblicas nacionales; b) desarrollar una literatura basada en los principios marxistas en los idiomas de las nacionalidades; c) reforzar la Universidad de los Pueblos del Oriente y sus filiales en las regiones periféricas; d) crear grupos de instructores, anejos a los Comités Centrales de los Partidos Comunistas de las repúblicas nacionales, integrados por funcionarios locales del Partido; e) desarrollar la literatura de masas del Partido en los idiomas nacionales; f) intensificar la labor educativa del Partido en las repúblicas; g) intensificar el trabajo entro la juventud en las repúblicas.

Publicado con la firma de J. Stalin el 24 de marzo de 1923 en el núm. 65 de “Pravda”.