Hace cinco años, el Comité Central de nuestro Partido convocó en Moscú el Primer Congreso de Obreras y Campesinas de toda Rusia. Se reunieron en él más de mil delegadas, que representaban, por lo menos, a un millón de trabajadoras. Este Congreso fue un jalón en la labor de nuestro Partido entre las trabajadoras. El mérito inestimable de este Congreso consiste en que sentó los cimientos de la organización de la instrucción política de las obreras y campesinas de nuestra república. Algunos pueden creer que no hay en ello nada de particular, que el Partido siempre se ha ocupado de la instrucción política de las masas, incluidas las mujeres, que la instrucción política de las mujeres no puede tener gran importancia contando nosotros con cuadros bien unidos de obreros y campesinos. Este razonamiento es totalmente erróneo. La instrucción política de las trabajadoras tiene ahora, cuando el Poder ha pasado a manos de los obreros y de los campesinos, primordial importancia. Y he aquí por qué.

Nuestro país tiene cerca de 140.000.000 de habitantes, de los cuales la mitad, por lo menos, son mujeres, principalmente obreras y campesinas, oprimidas, poco conscientes, ignorantes. Y puesto que nuestro país ha acometido a fondo la edificación de la nueva vida soviética, ¿acaso no está claro que las mujeres de este país, que representan la mitad de su población, serán una traba que obstaculizará todo avance, si siguen en su situación de opresión, atraso e ignorancia? La obrera se encuentra al lado del obrero. Con él realiza la obra común de construir nuestra industria. Puede ayudar a la obra común si es consciente, si tiene instrucción política, pero puede echar a perder la obra común si es atrasada e ignorante, no por su mala voluntad, naturalmente, sino por su ignorancia. La campesina se encuentra al lado del campesino. Con él impulsa la causa común del desarrollo de nuestra agricultura, de su prosperidad, de su florecimiento. Puede rendir un provecho inmenso en esta empresa si se libera del atraso y de la ignorancia. Y, por el contrario, puede frenar toda la obra si continúa cautiva de la ignorancia.

Las obreras y las campesinas son libres ciudadanas, lo mismo que los obreros y los campesinos. Ellas eligen nuestros Soviets y nuestras cooperativas; ellas pueden ser elegidas a los Soviets y a las cooperativas. Las obreras y las campesinas pueden, si tienen instrucción política, mejorar nuestros Soviets y nuestras cooperativas, fortalecerlos y desarrollarlos. Las obreras y las campesinas pueden debilitarlos y quebrantarlos si son atrasadas e ignorantes. Finalmente, las obreras y las campesinas son madres, son las educadoras de nuestra juventud, que es el futuro de nuestro país. Pueden mutilar el alma del niño o darnos una juventud de espíritu sano, capaz de hacer progresar nuestro país, según la madre simpatice con el régimen soviético o siga a los popes, a los kulaks y a la burguesía. Por eso, la instrucción política de las obreras y de las campesinas es ahora, cuando los obreros y los campesinos han emprendido la construcción de una vida nueva, una obra primordial, una obra importantísima para la verdadera victoria sobre la burguesía. Por eso, la significación del Primer Congreso de Obreras y Campesinas, que inició la organización de la instrucción política de las trabajadoras, es, en verdad, inestimable. Hace cinco años, en el Primer Congreso de Obreras y Campesinas, la tarea inmediata del Partido consistía en incorporar al trabajo general de construcción de la nueva vida soviética a centenares de miles de obreras. En las primeras filas se encontraban las obreras de las zonas industriales, como los elementos más activos y conscientes entre las trabajadoras. Hay que reconocer que en cinco años no se ha hecho poco en este aspecto, aunque todavía resta mucho por hacer. Ahora, la tarea inmediata del Partido consiste en incorporar al trabajo general de organización de nuestra vida soviética a millones de campesinas. En cinco años de labor se ha conseguido destacar ya de entre las campesinas a una serie de dirigentes. Esperamos que las filas de las dirigentes campesinas se enriquecerán con nuevas campesinas conscientes. Esperamos que el Partido también sabrá cumplir esta tarea. 10 de noviembre de 1923.

Publicado con la firma de J. Stalin en el núm. 11 de la revista “Comunista” correspondiente a noviembre de 1923.