En su artículo “hasta la raíz” (v. el núm. 98 de “Pravda”), Ingúlov ha tocado la importante cuestión del significado de la prensa para el Estado y el Partido. Por lo visto, para reforzar su idea, se ha remitido al informe de organización del Comité Central, donde se dice que la prensa “establece un nexo imperceptible entre el Partido y la clase obrera, un nexo que, por su fuerza, equivale a cualquier aparato masivo de transmisión, que la prensa es el arma, más fuerte, por cuyo conducto el Partido habla cada día y cada hora con la clase obrera”*. Pero, en su tentativa de resolver la cuestión, Ingúlov ha incurrido en dos errores: primero, ha tergiversado el sentido de la cita del informe del Comité Central; segundo, ha perdido de vista el importantísimo papel organizador de la prensa. Creo que, dada la importancia del asunto, convendría decir dos palabras acerca de estos errores. 1. El sentido del informe no consiste, ni mucho menos, en que el papel del Partido se limite a la tarea de hablar a la clase obrera, en tanto que el Partido no sólo debe hablar con la clase obrera, sino conversar con ella. Contraponer la fórmula “hablar” a la fórmula “conversar” no son más que simples acrobacias.

En la práctica, una y otra cosa forman un todo indisoluble, que se expresa en la constante acción recíproca entre el lector y el escritor, entre el Partido y la clase obrera, entre el Estado y las masas trabajadoras. Ese fenómeno se viene dando desde el comienzo mismo de la existencia del Partido proletario de masas, desde los tiempos de la vieja “Iskra”. Ingúlov no tiene razón al creer que esa acción recíproca comenzó únicamente años después de que la clase obrera tomara el Poder en Rusia. El sentido de la cita, sacada del informe del Comité Central, no reside en el “hablar”, sino en que la prensa “establece un nexo entre el Partido y la clase obrera”, nexo “que, por su fuerza, equivale a cualquier aparato masivo de transmisión”. El sentido de la cita reside en el significado de la prensa como organizador. Por eso, precisamente, la prensa, como una de las correas de transmisión entre el Partido y la clase obrera, fue incluida en el informe de organización del Comité Central. Ingúlov no ha comprendido la cita y ha tergiversado involuntariamente su sentido. 2. Ingúlov subraya el papel agitador y denunciador de la prensa, considerando que ahí termina la misión de la prensa periódica. Alude a una serie de abusos en nuestro país, señalando que la

* Véase el presente tomo. (A. de la Red.) labor denunciadora de la prensa, la agitación a través de la prensa constituye “la raíz” del asunto. Sin embargo, está claro que, aun reconociendo todo el significado del papel agitador de la prensa, su papel organizador es, en el momento presente, el aspecto más palpitante de nuestra labor constructiva. No se trata sólo de que el periódico agite y denuncie, sino, ante todo, de que disponga de una densa red de agentes y corresponsales en todo el país, en todos los puntos industriales y agrícolas, en todos los distritos y subdistritos, para que el hilo pase del Partido, a través de la prensa, a todas las zonas obreras y campesinas sin excepción, para que la acción recíproca entre el Partido y el Estado, por un lado, y las zonas industriales y campesinas, por otro, sea completa. Si un periódico tan popular como, pongamos por ejemplo, “Bednotá” convocase de vez en cuando una conferencia de sus agentes principales en distintos puntos de nuestro país, para cambiar opiniones y tener en cuenta la experiencia, y cada uno de estos agentes convocase a su vez una reunión de sus corresponsales en sus distritos, puntos y subdistritos, para el mismo fin, se daría con ello el primer paso serio, no sólo para establecer el nexo orgánico entre el Partido y la clase obrera, entre el Estado y los rincones más apartados de nuestro país, sino también para mejorar y reanimar la propia prensa, mejorar y reanimar todo el cuadro de trabajadores de nuestra prensa periódica.

Esas conferencias y reuniones tienen, a mi juicio, un valor mucho más real que los congresos de periodistas “de toda Rusia” y otros congresos por el estilo. El periódico como organizador colectivo en manos del Partido y del Poder Soviético, el periódico, como medio para entablar contacto con las masas trabajadoras de nuestro país y agruparlas en torno al Partido y al poder Soviético: ésa es ahora la tarea inmediata de la prensa.. No estará de más recordar al lector algunas líneas del artículo del camarada Lenin “¿Por dónde empezar?” (escrito en 1901) sobre el papel organizador de la prensa periódica en la vida de nuestro Partido: “La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir las ideas, a educar políticamente y a atraer aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios que se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones

entre los distintos constructores, les ayudan a distribuir el trabajo y a observar los resultados generales alcanzados por el trabajo organizado. Mediante el periódico y en relación con éste, se irá formando por sí misma una organización permanente, que se ocupe no sólo del trabajo local, sino también de la labor general regular, que habitúe a sus miembros a seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su significado y su influencia sobre distintas capas de la población, a elaborar los medios más adecuados para que el partido revolucionario influya en estos acontecimientos. La sola tarea técnica de asegurar un suministro normal de materiales al periódico y la normalidad de su difusión obliga ya a crear una red de agentes locales del partido único, de agentes que mantengan animadas relaciones entre sí, que conozcan el estado general de las cosas, que se acostumbren a cumplir sistemáticamente las funciones parciales del trabajo en toda Rusia y que prueben sus fuerzas en la organización de distintas acciones revolucionarias.

Está red de agentes servirá de armazón precisamente para la organización que necesitamos: lo suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y variada, para establecer una rigurosa y detallada división del trabajo; lo suficientemente firme para saber proseguir inquebrantablemente su labor en todas las circunstancias, y en todos los “virajes'” y situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado, rehuir las batallas en campo abierto, contra un enemiga que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando éste concentra toda su fuerza en un punto, pero sabiendo, de otro lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado”. El camarada Lenin hablaba entonces del periódico como de un instrumento de edificación de nuestro Partido. Y no hay motivos para dudar de que lo dicho por el camarada Lenin sea aplicable por entero en nuestra situación actual de edificación del Partido y del Estado. Ingúlov ha pasado por alto en su artículo este importante papel organizador de la prensa periódica. Ese ha sido su principal error. ¿Cómo ha podido ocurrir que uno de los principales trabajadores de nuestra prensa haya perdido de vista esta importante tarea? Ayer, un camarada me decía que, por lo visto, Ingúlov se propuso, además de resolver la cuestión de la prensa, una tarea secundaria: la de “zaherir a unos y halagar a otros”. No me atrevo a afirmar eso y estoy lejos de negar el derecho de cualquiera a proponerse, además de tareas directas, otras secundarias. Pero no se puede permitir que las tareas secundarias velen ni por un instante la tarea directa de esclarecer el papel organizador de la prensa en nuestra edificación del Partido y del Estado.

Publicado con la firma de J. Stalin el 6 de mayo de 1923 en el núm. 99 de “Pravda”.