Discurso en la reunión celebrada en el C.C. del P.C.(b) de Rusia para tratar de la labor entre la juventud, 3 de abril de 1924. Ante todo, debo decir unas palabras en cuanto a la posición adoptada por el C.C. de la Unión de la Juventud en el problema de la discusión en el Partido. Ha sido un error que el C.C. de la Unión de la Juventud Comunista de Rusia (U.J.C.R.) guardara obstinadamente silencio cuando sus organizaciones ya habían manifestado su opinión. Pero sería desacertado creer que el silencio del C.C. de la Unión obedecía a motivos de neutralidad. Simplemente, se pasaron de prudentes. Ahora unas palabras acerca de los debates. Considero que no hay entre vosotros divergencias de principio. He estudiado vuestras tesis y artículos y debo decir que no he encontrado divergencia de principio. Pero, en cambio, sí que hay en ellos confusión y un cúmulo de contradicciones “insolubles” artificiales. La primera contradicción es la oposición de la Unión como “reserva” a la Unión como “instrumento” del Partido. ¿Qué es la Unión, una reserva o un instrumento? Lo uno y lo otro. La cosa está clara, y los camaradas mismos la han dicho en sus discursos. La Unión de la Juventud Comunista es una reserva, una reserva de campesinos y obreros, de la que el Partido saca nuevos contingentes.

Pero, a la vez, es un instrumento, un instrumento en manos del Partido, un instrumento que ejerce su influencia en las masas de la juventud. Podría decirse, más concretamente, que la Unión es un instrumento del Partido, un arma auxiliar del Partido, entendiendo por ello que los komsomoles activos son un instrumento del Partido para influir sobre jóvenes que no militan en la Unión. Estos conceptos no se contradicen y no pueden ser opuestos el uno al otro. La segunda contradicción que estimáis inconciliable consiste en que, según el criterio de algunos camaradas, “la política de clase de la Unión no viene determinada por su composición, sino por la firmeza de los hombres que la encabezan”. Se opone la firmeza a la composición. Esa contradicción también es artificial, porque la política de clase de la U.J.C.R. viene determinada por lo uno y por lo otro, por su composición y por la firmeza del núcleo dirigente. Si hombres firmes sufren la influencia de una composición de la Unión de la Juventud -cuyos miembros gozan de derechos iguales- ajena a ella por su espíritu, esa composición no puede dejar de imprimir su sello al trabajo y a la política de la Unión. ¿Por qué el Partido regula su composición?

Porque sabe que su composición influye en su trabajo. Finalmente, otra contradicción, también artificial, y que se refiere al papel de la Unión y de su trabajo entre el campesinado. Unos dicen que la tarea de la Unión consiste en “consolidar” la influencia entre los campesinos, pero no en extenderla, y otros quieren, según afirman, “extender la influencia”, pero no están de acuerdo en consolidarla. Y sobre esta base quieren levantar una plataforma en la discusión. Es evidente que la oposición de estas dos tareas es artificial, pues todos comprenden bien que la Unión debe, al mismo tiempo, consolidar y extender su influencia en el campo. Cierto es que en un pasaje de las tesis del C.C. de la U.J.C.R. hay una frase desafortunada acerca del trabajo entre los campesinos. Pero ni Tarjánov ni los otros representantes de la mayoría del C.C. de la U.J.C.R. insisten en ella y están de acuerdo en corregirla. ¿Vale la pena, después de esto, discutir por pequeñeces? Pero hay en la vida y en la actividad de la Unión de la Juventud Comunista una contradicción efectiva, una contradicción que no es artificial, y de la que quisiera decir unas palabras. Me refiero a la existencia de dos tendencias en la Unión: la obrera y la campesina.

Me refiero a la contradicción entre esas dos tendencias, que se deja sentir y que no puede ser pasada por alto. La parte relativa a esta contradicción ha sido el punto flaco en los discursos de los camaradas. Todos dicen que hay que engrosar la Unión incorporando a ella a obreros, pero todos empiezan a dar traspiés cuando pasan a los campesinos, a la incorporación de los campesinos. Incluso los camaradas que han hablado sin argucias ni subterfugios han dado traspiés en ésta cuestión. Es evidente que la U.J.C.R. tiene planteados dos problemas: el de los obreros y el de los campesinos. Es evidente que, por ser el Komsomol una unión obrera y campesina, esas dos tendencias, esas contradicciones en la Unión seguirán existiendo. Unos dirán que hay que atraer a los obreros y no dirán nada de los campesinos; otros dirán que hay que atraer a los campesinos, menos preciando la importancia del elemento proletario como elemento dirigente de la Unión. Esta contradicción interna, inherente a la propia naturaleza de la Unión, ha hecho dar traspiés a los camaradas que han hablado aquí. En los discursos se ha trazado un paralelo entre el Partido y el Komsomol. Pero la cosa es que ése paralelismo no existe en la realidad, pues nuestro Partido es un partido obrero, y no obrero y

campesino, mientras que el Komsomol es una unión obrera y campesina. Por eso, el Komsomol no puede ser una unión exclusivamente obrera, y debe ser, al mismo tiempo, obrera y campesina. Una cosa está clara: dada la actual estructura de la Unión, las contradicciones internas y la lucha de tendencias serán también inevitables en adelante. Tienen razón quienes dicen que hay que atraer al Partido a los jóvenes campesinos medios, pero en esta cuestión hay que ser prudentes, para no desviarse a la posición de un partido obrero y campesino, cosa que les ocurre a veces hasta a algunos camaradas que ocupan cargos de responsabilidad. Muchos han alborotado, diciendo: “Atraéis al Partido a los obreros, ¿por qué no se puede atraer en igual grado a los campesinos? Demos ingreso a cien mil o doscientos mil campesinos”. El C.C. está en contra de ello, porque nuestro Partido debe ser un partido obrero. Un 70 o un 80% de obreros y de un 20 a un 25 % de no obreros, tal debe ser, más o menos, la correlación en el Partido. En el Komsomol, la cuestión está planteada de modo un poco distinto que en el Partido. La Unión de la Juventud Comunista es una organización libre y voluntaria de los elementos revolucionarios de la juventud obrera y campesina. Sin campesinos, sin la masa de la juventud campesina, dejaría de ser una unión obrera y campesina. Pero hay que proceder de modo que quede asegurado el papel dirigente del elemento proletario.

Publicado por primera vez en el libro: J. Stalin, “Sobre el Komsomol”, Moscú, 1926.