Informe en los cursillos anejos al C.C. del P.C.(b) de Rusia para los secretarios de los comités de distrito 17 de junio de 1924. Camaradas: No voy a analizar con detalle las resoluciones del XIII Congreso. Estas resoluciones son muchas, componen todo un folleto, y no creo que pudiéramos analizarías ahora con detalle; y más aún porque ni vosotros ni yo tenemos tiempo para ello en el presente. Por eso creo que será mejor señalar en el informe los principales puntos de partida y esclarecerlos, para que después, en casa, podáis estudiar con mayor facilidad las resoluciones. Pues bien, si tomamos las resoluciones del XIII Congreso y las estudiamos detenidamente, se puede reducir las diversas cuestiones tocadas en ellas a cuatro problemas cardinales, que constituyen el nervio de todas ellas. ¿Qué problemas son éstos? El primer problema cardinal o el primer grupo de cuestiones lo constituyen las relativas a la situación exterior de nuestra República, a la consolidación de la situación internacional de nuestra República. El segundo problema cardinal o el segundo grupo de cuestiones lo constituyen las relativas a la ligazón de la industria del Estado con la economía campesina, las cuestiones de la alianza del proletariado con el campesinado. El tercer grupo de cuestiones lo integran las relacionadas con la educación y la reeducación de las masas trabajadoras en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo. Aquí entran cuestiones como la del aparato del Estado, la del trabajo entre los campesinos, la del trabajo entre las mujeres trabajadoras y la del trabajo entre la juventud. Finalmente, el cuarto grupo de cuestiones lo constituyen las relativas al propio Partido, a su vida interna, a su existencia y a su desarrollo. Al final del informe hablaré de las tareas de los funcionarios de los comités de distrito en relación con las resoluciones del XIII Congreso.

Los asuntos exteriores. ¿Qué elementos nuevos ha aportado el año último a la situación internacional de la Rusia Soviética? ¿En qué consiste lo nuevo y lo más importante en el mundo internacional, lo que debe tenerse en cuenta al pasar del año viejo, del año último, al nuevo año y que el XIII Congreso no pudo menos de tener en cuenta? Lo nuevo consiste, primero, en que durante el año último hemos podido observar varios intentos de hacer abiertamente fascista la política interior de la Europa Occidental, y en que esos intentos no han encontrado base, han fracasado. Si hacemos abstracción de Italia, donde el fascismo se está descomponiendo, en los principales países de Europa, Francia e Inglaterra, los intentos de fascistizar la política de Europa han fracasado, y los autores de los mismos, Poincaré y Curzon, hablando lisa y llanamente, han saltado, han sido arrojados por la borda. Este es el primer elemento nuevo que nos ha aportado el año último. Lo segundo que nos ha aportado el año último ha sido varios intentos de los belicosos imperialistas de Inglaterra y de Francia para aislar a nuestro país, intentos que han fracasado. Difícilmente puede dudarse que las numerosas maquinaciones de Poincaré contra la Unión Soviética y el conocido ultimátum de Curzon perseguían el fin de aislar a nuestro país. ¿Y qué? En lugar del aislamiento de la Unión Soviética, observamos su reconocimiento de hecho.

Es más, en lugar de aislamiento de la Unión Soviética, observamos el aislamiento de los aisladores, la dimisión de Poincaré y de Curzon. El peso específico de nuestro país ha resultado ser más considerable de lo que podían suponer algunos viejos políticos del imperialismo. Este es el segundo elemento nuevo que nos ha aportado el año último en el terreno de la política exterior. ¿Cómo se explica todo esto? Algunos tienden a explicarlo diciendo que nuestra política es una política sabia. No niego que nuestra política ha sido, si no sabía, por lo menos acertada, cosa que ha confirmado el XIII Congreso. Pero explicarse las cosas nada más que por la sabiduría o por el acierto de nuestra política, no es posible. No se trata tanto del acierto de nuestra política, como de la situación creada en Europa en los últimos tiempos y que ha determinado los éxitos de nuestra política. Es necesario señalar aquí tres circunstancias. Primera. La impotencia de los países imperialistas para digerir los resultados de sus victorias militares y establecer en Europa una paz más o menos tolerable, su incapacidad para seguir desarrollándose sin saquear a los países vencidos y a las colonias, sin conflictos ni choques entre ellos mismos por el reparto de lo robado. De aquí el nuevo rearme. De aquí el peligro de una nueva guerra. Pero las masas populares no quieren la guerra, porque no han olvidado todavía los sacrificios que tuvieron que hacer en aras de las ganancias de los capitalistas. De aquí el creciente descontento de los pueblos por la

política del imperialismo belicista. Esta es la causa de la debilidad interna del imperialismo. ¿Por qué han echado a Curzon y a Poincaré? Porque entre el pueblo se dice que son promotores de una nueva guerra. Porque, con su política declaradamente belicista, han provocado el descontento de las masas contra el imperialismo en general y han creado, con ello, un peligro para el imperialismo. Segunda. La consolidación del Poder Soviético en el interior del país. Los Estados capitalistas se orientaban al fracaso del Poder Soviético en el interior del país. El salmista dice que Dios, a veces, anuncia la verdad por boca de los niños. Si consideramos un dios al imperialismo occidental, es natural que no pueda pasarse sin tener su niño. Y su niño ha sido el famoso Benes, el ministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia, por boca del cual ha declarado que no hay que apresurarse a reconocer a la Unión de Repúblicas en vista de la inconsistencia del Poder Soviético; que, como el Poder Soviético será derribado pronto por un nuevo Poder democrático-burgués, sería mejor “abstenerse”, por el momento, de entablar “relaciones normales” con la Unión Soviética. Así era no hace mucho. Pero la “verdad” del imperialismo, enunciada por boca de su niño, apenas si ha podido tenerse en pie unos dos meses, porque, como es sabido, pronto numerosos Estados han sustituido la política de “abstención” por la política de “reconocimiento”.

¿Por qué'? Porque es difícil refutar lo evidente, y lo evidente es que el Poder Soviético tiene la fortaleza de una roca. En primer lugar, el hombre medio, por muy ingenuo que sea en política, no ha podido menos de advertir que el Poder Soviético es, por todas las apariencias, más firme que cualquier gobierno burgués; pues, en siete años que llevamos de dictadura del proletariado, vemos como los gobiernos burgueses vienen y se van, mientras el Poder Soviético queda. Además, el mismo hombre medio no ha podido menos de advertir que la economía de nuestro país progresa, aunque no sea más que por el hecho de que nuestra exportación crece paso a paso. ¿Es necesario todavía demostrar que estas circunstancias hablan en favor y no en contra de la Unión Soviética? Nos acusan de que hacemos propaganda contra el capitalismo en la Europa Occidental. Debo decir que no necesitamos de esa propaganda, que esa propaganda no nos hace falta. La propia existencia del Poder Soviético, su desarrollo, sus progresos materiales y su indudable consolidación son la más seria propaganda entre los obreros europeos en favor del Poder Soviético. Cualquier obrero que haya venido al País Soviético y observado nuestro orden de cosas proletario, habrá podido ver qué es el Poder Soviético y de qué es capaz la clase obrera cuando se encuentra en el Poder.

Esto, precisamente, es una auténtica propaganda, pero una propaganda con hechos, que influye mucho más en los obreros que la propaganda oral o escrita. Nos acusan de que hacemos propaganda en el Oriente. Eso también son tonterías No necesitamos hacer propaganda en el Oriente. Basta con que cualquier ciudadano de un país dependiente o de una colonia venga al País Soviético y vea cómo la gente dirige aquí el país, basta con que vea cómo negros y blancos, rusos y no rusos, hombres de todos los colores y nacionalidades, impulsan, estrechamente unidos, la gobernación de un gran país, para convencerse de que éste es el único país donde la fraternidad de los pueblos no constituye una frase, sino una realidad. No necesitamos ninguna propaganda escrita ni oral cuando tenemos un factor de propaganda con hechos como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Tercera El aumento del peso específico del Poder Soviético, el aumento de su popularidad entre las amplias masas de los países capitalistas, debido, ante todo, a que nuestro país es el único en el mundo capaz de aplicar y que aplica prácticamente una política de paz, no farisaica, sino honrada y abierta, decidida y consecuente. Ahora reconocen todos, los enemigos y los amigos, que nuestro país es el único que puede llamarse con derecho baluarte y abanderado de la política de paz en todo el mundo.

¿Es necesario demostrar que esta circunstancia no puede por menos de acrecer la simpatía y el afecto de las masas populares de Europa hacia el Poder Soviético? ¿No os habéis fijado en que algunos gobernantes europeos tratan de hacer carrera utilizando la “amistad” con la Unión Soviética; en que incluso gobernantes como Mussolini a veces no tienen inconveniente en “hacer capital” con esa “amistad”? Es éste un síntoma directo de que el Poder Soviético se ha hecho verdaderamente popular entre las amplias masas de los países capitalistas. Pero el Poder Soviético debe ante todo su popularidad a la política de paz que aplica con honradez y valentía en las difíciles condiciones creadas por el cerco capitalista. Tales son, a grandes rasgos, las circunstancias que han determinado los éxitos de nuestra política exterior en el último año. El XIII Congreso ha aprobado en su resolución la política del C.C. en la esfera de las relaciones internacionales ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el Congreso ha impuesto al Partido la obligación de seguir aplicando la política de paz, la política de lucha decidida contra una nueva guerra, la política de denuncia implacable de todos y cada uno de los partidarios y fomentadores del nuevo rearme, de nuevas colisiones.

Las cuestiones de la ligazón económica. ¿Qué es la ligazón económica? La ligazón económica es la relación constante, el intercambio constante entre la ciudad y el campo, entre nuestra industria y la economía campesina, entre los artículos

de nuestra industria y los productos alimenticios y las materias primas de la economía campesina. La economía campesina no puede vivir, no puede existir sin vender en el mercado de la ciudad productos alimenticios y materias primas, recibiendo en cambio de la ciudad los artículos industriales y los instrumentos de trabajo que necesita del mismo modo, la industria del Estado no puede desarrollarse sin vender en el mercado campesino sus artículos y sin recibir del campo productos alimenticios y materias primas. Por lo tanto, la fuente de la existencia de nuestra industria socialista es el mercado interior y, sobre todo, el mercado campesino, la economía campesina. Por ello, la ligazón económica es la cuestión de la existencia de nuestra industria, de la existencia del proletariado mismo, una cuestión de vida o muerte para nuestra República, la cuestión de la victoria del socialismo en nuestro país. Realizar esta ligazón, este enlace constante entre la ciudad y el campo, entre la industria y la economía campesina, mediante un intercambio directo de los productos de la industria por los productos de la economía campesina, es cosa que no hemos logrado. No lo hemos logrado porque nuestra industria está poco desarrollada, no teníamos organismos de abastos con grandes ramificaciones en todo el país, y toda nuestra economía nacional pasaba, después de la guerra, por una fase de ruina.

Por eso nos vimos obligados a implantar la llamada nueva política económica, es decir, nos vimos obligados a declarar la libertad de comercio, la libertad de circulación de mercancías, a consentir el capitalismo, a movilizar las fuerzas de millones de campesinos y de pequeños patronos para crear en el país un torrente de mercancías en circulación, para desarrollar el comercio y, después de haber dominado en él las posiciones principales, establecer la ligazón económica entre la industria y la economía campesina a través del comercio. Esto es establecer la ligazón dando un rodeo, como decía Lenin. No directamente, no mediante el trueque directo de productos de la economía campesina por productos de la industria, sino a través del comercio. La tarea consiste en dominar el comercio, aprovechando los esfuerzos de millones de pequeños patronos, en que el Estado y las cooperativas tomen en sus manos los resortes fundamentales de abastecimiento del campo y de la ciudad y en organizar de este modo una conexión indestructible, una ligazón económica indestructible entre la industria y la economía campesina. No puede decirse que esta tarea sea superior a nuestras fuerzas. Y no puedo decirse porque el proletariado, que se encuentra en el Poder, dispone, por decirlo así, de todos los medios principales para establecer esa ligazón dando un rodeo, a través del comercio.

En primer lugar, el proletariado tiene el Poder. En segundo lugar, tiene la industria. En tercer lugar, dispone del crédito, y el crédito es una fuerza poderosísima en manos del Estado. En cuarto lugar, tiene su propio aparato comercial, malo o bueno, pero que se desarrolla y se fortalece. Finalmente, posee determinados fondos de mercancías que puede lanzar de cuando en cuando al mercado para frenar o neutralizar sus caprichos, influir en los precios, etc., etc. El Estado obrero dispone de todos esos medios, y, por ello, no puede decirse que la ligazón a través del comercio sea una tarea superior a nuestras fuerzas. Así están las cosas en cuanto a la ligazón económica entre la ciudad y el campo, en cuanto a las posibilidades de esta ligazón. Así, pues, ¿qué elementos nuevos e importantes ha aportado el año último desde el punto de vista de la ligazón económica entre la ciudad y el campo? ¿De qué nuevos datos disponía el XIII Congreso al resolver los problemas relacionados con la ligazón? Los elementos nuevos observados en esta esfera durante el año último evidencian que en él hemos tropezado por primera vez en nuestro trabajo práctico con una amplia lucha, con una lucha en gran escala, entre los elementos socialistas y los elementos del capital privado en el seno de nuestra economía nacional, y, después de haber tropezado con esta lucha, hemos planteado por primera vez en un plan práctico y con toda concreción el problema de la ligazón económica.

Las cuestiones de la ligazón y del comercio se nos plantearon, no ya como cuestiones teóricas, sino como cuestiones palpitantes de la práctica inmediata, que exigían ser resueltas sin dilación. Recordaréis que Lenin decía ya en el XI Congreso que el Estado y las cooperativas no llegarían a dominar el mercado, no llegarían a dominar los resortes principales del comercio mediante un trabajo pacífico, si no mediante la lucha entre los elementos socialistas y los elementos del capital privado, y que esta labor se desarrollaría bajo la forma de una competición desesperada entre estos elementos opuestos de nuestra economía nacional. Pues bien, esta lucha se ha desencadenado, manifestándose, sobre todo, en dos esferas: la del comercio entre la ciudad y el campo y la del crédito, principalmente del crédito en el campo. ¿Cuáles son los resultados de esta lucha? Primero. Se ha visto que el capital privado no se invirtió en la producción, donde el riesgo es mayor y el capital circula más lentamente, sino en el comercio, en ese mismo comercio que constituye, como dice Lenin, el eslabón principal en la cadena de los procesos de nuestro período de transición. Después de penetrar en el comercio, el capital privado se hizo allí tan fuerte, que tenía en sus manos cerca del 80% de todo el comercio al por menor y

cerca del 50% de todo el comercio del país. Ello obedeció a la juventud y a la insuficiente organización de nuestros organismos comerciales y de nuestras cooperativas, a la política desacertada de nuestros trusts, que abusaban de su situación monopolista e hinchaban los precios de las mercancías; obedeció a la debilidad de nuestra Comisión de Comercio Interior aneja al Consejo de Trabajo y Defensa, que está obligada a regular el comercio desde el punto de vista del Estado; obedeció, por último, a la inestabilidad de nuestra moneda soviética de entonces, inestabilidad que afectaba, sobre todo, al campesino, reduciendo su capacidad adquisitiva. Segundo. Se ha visto que el crédito en el campo se encuentra íntegramente en manos del kulak y del usurero; que los campesinos pobres, desprovistos de aperos, se ven obligados a dejarse esclavizar por el usurero, se ven obligados a pagar intereses exorbitantes y a soportar mansamente el dominio del usurero. Eso se debe a que no hemos organizado todavía una red de cooperativas de crédito agrícola que pueda proporcionar al campesino créditos baratos y desplazar a segundo plano al usurero; eso se debe a que, en esta esfera, el campo de la lucha está, íntegro, en manos del usurero. Así, pues, entre el Estado, de una parte, y la economía campesina, de la otra, se han interpuesto el comerciante y el usurero, por lo cual la ligazón entre la industria socialista y la economía campesina se ha visto dificultada, no está organizada.

La crisis de venta en el verano del año pasado fue expresión de esa dificultad y de esa falta de organización. Ya entonces, antes del Congreso, el Partido tomó las medidas necesarias para acabar con la crisis de venta y sentar los cimientos del crédito agrícola. Emitimos una nueva moneda, una moneda estable, que mejoró la situación. Se lanzaron al mercado masas de mercancías, para hacer bajar los precios, cosa que también ejerció una influencia favorable. Se reorganizó la Comisión de Comercio Interior aneja al Consejo de Trabajo y Defensa sobre bases que aseguran el éxito en la lucha contra el capital privado. Se planteó el problema de reorganizar el trabajo de los organismos comerciales y de las cooperativas desde el punto de vista de la ligazón. La crisis de venta fue, en lo fundamental, liquidada. Pero el Partido no podía limitarse a estas medidas. La tarea del XIII Congreso consistía en plantear de nuevo, en toda su magnitud, el problema de la ligazón y en trazar las vías fundamentales para solucionarlo en la nueva situación creada después de la liquidación de la crisis de venta. ¿Qué nos ha dado el XIII Congreso en esta esfera? Primero. El Congreso nos ha dado la consigna de seguir ampliando la industria, ante todo la ligera y la del metal, pues está claro que, con las reservas de artículos de que disponemos, no estamos en condiciones de aplacar la sed de mercancías de los campesinos.

No hablo ya del aumento del paro, que exige imperiosamente la ampliación de la industria. Seguir ampliando la industria es, por tanto, una cuestión de vida o muerte (v. la resolución del Congreso sobre el informe del C.C.46). Segundo. El Congreso nos ha dado la consigna de seguir desarrollando la economía campesina, la consigna de ayudar a la economía campesina para que pueda seguir ampliando la superficie de siembra. Esto es también imprescindible para la ligazón, pues, evidentemente, el campesinado no sólo está interesado en satisfacer las necesidades de nuestra industria -naturalmente, a cambio de artículos industriales-, sino también las necesidades del mercado exterior -naturalmente, a cambio de máquinas-. De aquí que el seguir ampliando la economía campesina sea una tarea inmediata de la política del Partido (v. la resolución “Sobre el trabajo en el campo”47). Tercero. El Congreso ha ratificado la creación del Comisariado del Pueblo del Comercio Interior y ha planteado a todos nuestros organismos comerciales y a las cooperativas la tarea fundamental de luchar contra el capital privado, la tarea de dominar el mercado, la tarea de desalojar al capital privado del comercio con medidas económicas, rebajando los precios de las mercancías y mejorando su calidad, maniobrando con masas de mercancías, utilizando los créditos en condiciones ventajosas, etc., etc. (v. las resoluciones ”Sobre el comercio interior” y “Sobre las cooperativas”48).

Cuarto. El Congreso ha planteado y resuelto el importante problema del crédito agrícola. No sólo se trata del Banco Agrícola Central y ni siquiera de los comités provinciales del crédito agrícola. Se trata, principalmente, de la organización de una red de cooperativas de crédito en los distritos y en los subdistritos, se trata de democratizar el crédito, de hacer el crédito agrícola asequible para el campesino, de sustituir el crédito esclavizador del usurero por el barato crédito oficial y de desalojar del campo a los usureros. Este es un importantísimo problema de toda nuestra economía, y, sin solucionarlo, es imposible toda alianza sólida entre el proletariado y los campesinos. Por eso, el XIII Congreso prestó a este problema particular atención (v. la resolución “Sobre el trabajo en el campo”). El Comité Central ha conseguido que se asigne al Banco Agrícola 40.000.000 de rublos como capital básico, para que, mediante cierto acuerdo con el Banco del Estado, se pueda elevar estos 40.000.000 de rublos a 80.000.000. Creo que, haciendo cierto esfuerzo, se podría elevar esta suma a 400.000.000. Naturalmente, esto no es mucho en un país tan gigantesco como nuestra Unión, pero, no obstante, algo es para ayudar al campesino a mejorar su hacienda y para quebrantar la opresión ejercida por el usurero. Ya he hablado antes de la importancia de las

cooperativas campesinas de crédito para los campesinos pobres, para ligar a los campesinos al Estado obrero. Pero las cooperativas de crédito no sólo pueden ayudar al campesino. En determinadas condiciones, pueden constituir una gran ayuda, no sólo del Estado al campesino, sino también del campesino al Estado. En efecto, si en los distritos y subdistritos se organiza una amplia red de crédito agrícola y sus instituciones gozan de prestigio entre las masas campesinas, los campesinos no sólo tomarán dinero del Estado, es decir, estas instituciones no sólo efectuaran operaciones activas, sino que los campesinos, además, hacen imposiciones en ellas, es decir, allí se efectuarán también operaciones pasivas. No es difícil imaginarse que, si las cosas toman un giro favorable en las cooperativas de crédito, éstas pueden convertirse en una fuente tan sólida de ayuda de millones y millones de campesinos al Estado, con la que no podrá compararse ningún empréstito exterior. Como veis, el Congreso no se equivocó al prestar particular atención a la organización del crédito barato en el campo. Quinto. El Congreso ha proclamado una vez más la inconmovilidad del monopolio del comercio exterior.

Creo que no es necesario explicar la importancia de esta institución, tanto para la industria y la agricultura como para la ligazón de las mismas. La importancia cardinal del monopolio del comercio exterior no precisa de nuevas demostraciones (v. la resolución sobre el informe del C.C.). Sexto. El Congreso ha confirmado la necesidad de intensificar la exportación en general y, ante todo, la exportación de trigo. Creo que esta decisión tampoco necesita ser comentada (v. la resolución sobre el informe del C.C.). Séptimo. El Congreso ha dispuesto que se tomen todas las medidas necesarias para que la reforma monetaria, que ha facilitado la circulación de mercancías y el establecimiento de lazos sólidos entre la industria y la economía campesina, sea llevada hasta el fin y para que todas las condiciones necesarias sean creadas tanto por los organismos centrales como por los locales (v la resolución sobre el informe del C.C.). Tales son las consignas del XIII Congreso en cuanto a la ligazón económica, consignas encaminadas a dominar el comercio, establecer sólidos lazos entre nuestra industria y la economía campesina y a preparar, de este modo, las condiciones para la victoria de los elementos socialistas de la economía nacional sobre los elementos capitalistas.

Las cuestiones de la educación y la reeducación de las masas trabajadoras. Una de las tareas esenciales del Partido en la época de la dictadura del proletariado es reeducar a las viejas generaciones y educar a las nuevas en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo. Los viejos hábitos y costumbres, las tradiciones y los prejuicios heredados de la vieja sociedad son un enemigo muy peligroso del socialismo. Esas tradiciones y esos hábitos atenazan a millones y millones de trabajadores, dominan a veces a capas enteras del proletariado, suponen en ocasiones un peligro muy grande para la existencia misma de la dictadura del proletariado. Por eso, luchar contra estas tradiciones y hábitos, vencerlos sin falta en todas las esferas de nuestro trabajo y, finalmente, educar a las nuevas generaciones en el espíritu del socialismo proletario son tareas inmediatas de nuestro Partido, sin cuyo cumplimiento es imposible la victoria del socialismo. El trabajo para mejorar el aparato del Estado, el trabajo en el campo, el trabajo entre las mujeres trabajadoras, el trabajo entre la juventud: tales son las esferas fundamentales de la actividad del Partido para cumplir dichas tareas. a) La lucha para mejorar el aparato del Estado. El Congreso ha dedicado poco tiempo a la cuestión del aparato del Estado. El informe de la C.C.C. acerca de la lucha contra los defectos del aparato del Estado fue aprobado sin discusión. La resolución “Sobre el trabajo de las comisiones de control” también fue aprobada sin discusión.

A mi juicio, esto se debió a la falta de tiempo y a las muchas cuestiones planteadas ante el Congreso. Pero sería absolutamente erróneo sacar de ello la conclusión de que el Partido no considera cuestión importantísima la del aparato del Estado. Al contrario, la cuestión del aparato del Estado es una de las cuestiones medulares de toda nuestra edificación. Que el aparato del Estado trabaje con honradez o no; que sea económico en los gastos o despilfarre el patrimonio del pueblo; que trabaje con mala fe o sirva con toda conciencia al Estado; que sea un fardo para los trabajadores o una organización de ayuda a los mismos; que inculque la idea de la legalidad proletaria o corrompa la conciencia de la población imbuyéndole la negación de esta idea; que se desarrolle, para pasar a la sociedad comunista sin Estado, o que tire hacia atrás, hacia el putrefacto burocratismo del habitual Estado burgués; todas éstas son cuestiones cuya acertada solución no puede por menos de tener una importancia decisiva para el Partido y para el socialismo. Que nuestro aparato de Estado está plagado de defectos; que es una máquina excesivamente grande y cara; que en sus nueve décimas partes es burocrático; que el burocratismo del aparato del Estado presiona al Partido y a sus organizaciones, dificultando la lucha por mejorar el aparato del Estado, son cosas que difícilmente pueden ponerse en duda. Pero, al mismo tiempo, es evidente que, si nuestro aparato del Estado se despojara, aunque sólo fuese, de algunos de sus

defectos principales, podría ser, en manos del proletariado, un gran instrumento de educación y reeducación de las amplias masas en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo. Por eso Lenin prestaba una atención particular al mejoramiento del aparato del Estado. Por eso creó el Partido organizaciones especiales de obreros y campesinos (la Inspección Obrera y Campesina reorganizada y la C.C.C. ampliada) para combatir los defectos de nuestro aparato de Estado. La tarea consiste en ayudar a la C.C.C. y a la I.O.C. en su difícil labor de mejorar, simplificar, abaratar y sanear moralmente el aparato del Estado de arriba abajo (v. la resolución del Congreso “Sobre el trabajo de las comisiones de control”). b) El trabajo en el campo. Esta es una de las cuestiones más complejas y difíciles de nuestro trabajo de Partido. El Congreso ha aprobado una magnífica resolución sobre las vías principales de nuestro trabajo en el campo. Basta comparar esta resolución con la resolución del VIII Congreso sobre el trabajo en el campo para comprender cuánto ha avanzado el Partido en esta esfera. Pero sería erróneo suponer que el XIII Congreso ha resuelto o podía resolver totalmente este año el complejísimo problema del campo.

Cuestiones como las formas de organización de los koljoses, la reorganización de los sovjoses, la reglamentación del régimen de explotación de la tierra en el centro y en las regiones periféricas, las nuevas formas de organización del trabajo relacionadas con la labor de las cooperativas agrícolas, el estudio de las particularidades de las diversas regiones de nuestra Unión y la consideración de estas particularidades en nuestro trabajo; todas estas cuestiones, por causas comprensibles, no podían hallar su solución plena en la resolución del Congreso. La resolución del Congreso es importante porque, al trazar las líneas principales del trabajo, facilita el ulterior estudio de estas cuestiones. Sabréis, seguramente, que en el Pleno del C.C.52 ha constituido una comisión permanente de trabajo en el campo, para estudiar con detalle estas cuestiones. La resolución gira en torno a la consigna de la cooperación de las masas campesinas. La cooperación debe seguir tres caminos: el de las cooperativas de consumo, el de las cooperativas agrícolas y el de las cooperativas de crédito. Esta es una de las mejores vías para inculcar a los campesinos, a los campesinos pobres y medios, las ideas y los métodos del colectivismo (v la resolución del Congreso “Sobre el trabajo en el campo”). c) El trabajo entre las mujeres trabajadoras. Ya dije en mi informe ante el Congreso que esta esfera del trabajo está abandonada, que este trabajo es para el Partido de extraordinaria importancia y en algunos casos decisivo para la educación de las nuevas generaciones en el espíritu del socialismo.

Claro ésta que no vale la pena repetir lo que ya se ha dicho en el Congreso. Sólo quisiera centrar vuestra atención en lo siguiente: si bien el Congreso no pudo, por desgracia, discutir especialmente el trabajo entre las mujeres trabajadoras, tomó sin embargo, una resolución particular, señalando que “el Congreso llama especialmente la atención de todo el Partido sobre la necesidad de reforzar su labor entre las obreras y las campesinas y de llevar a unas y a otras a todos los organismos electivos del Partido y de los Soviets” (v. La resolución sobre el informe del C.C.) Creo que en el siguiente Congreso tendremos que ocuparnos especialmente de esta cuestión. De acuerdo con la resolución del Congreso, inmediatamente después de la clausura de este, el Pleno del C.C. acordó encomendar al Buró de Organización del C.C. que tomase medidas especiales para elevar a la altura debida la labor entre las mujeres trabajadoras. d) El trabajo entre la juventud. El Congreso prestó particular atención al trabajo entre la juventud. La correspondiente resolución del Congreso es, a mi juicio, la más meditada y completa de todas sus resoluciones. Por eso tiene gran valor para el Partido y para la juventud. La importancia de la juventud -me refiero a la juventud obrera y campesina- consiste en que es un terreno abonadísimo para la construcción del futuro, en que es, y entraña, el futuro de nuestro país.

Si nuestro trabajo en el aparato del Estado, entre los campesinos y entre las mujeres trabajadoras tiene una importancia inmensa para vencer las viejas costumbres y tradiciones, para reeducar a las viejas generaciones de las masas trabajadoras, el trabajo entre la juventud, que está más o menos libre de esas tradiciones y de esas costumbres, adquiere una importancia inapreciable para educar a nuevos cuadros trabajadores en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo, porque la juventud es - huelga demostrarlo- un terreno extraordinariamente abonado para ello. De aquí la enorme importancia de la Unión de la Juventud y de sus ramificaciones entre los pioneros. La Unión de la Juventud es una organización voluntaria de los jóvenes obreros y campesinos. Su centro, su núcleo, es la juventud obrera. Su apoyo es la juventud campesina. La unión de la juventud obrera y de la juventud campesina constituye la base de la organización de los jóvenes. Agrupar en torno al núcleo proletario a todo lo honrado y todo lo revolucionario de la juventud campesina; incorporar a sus afiliados a todas las ramas del trabajo, al trabajo económico y al trabajo cultural, al trabajo militar y al trabajo administrativo; hacer de ellos luchadores y constructores, trabajadores y dirigentes de nuestro país; tales son las tareas de la Unión de la Juventud (v. la resolución “Sobre el trabajo entre la juventud”53).

El partido.

Aquí hay cuatro cuestiones: la oposición, la promoción leninista, la democratización de la dirección del Partido, la teoría, en general, y la propaganda del leninismo, en particular. a) La oposición. Ahora, cuando el problema de la oposición ha sido resuelto por el Congreso y el asunto, por tanto, ha quedado liquidado, se podría preguntar qué es la oposición y por qué, hablando en rigor, se luchaba en el período de la discusión. Creo, camaradas, que en aquella lucha se decidía la vida o la muerte del Partido. Quizá la propia oposición no tuviera conciencia de ello. Pero lo importante no es eso. Lo importante no es qué fines se plantea este o aquel camarada, este o aquel grupo oposicionista. Lo importante son los resultados objetivos que se derivan inevitablemente de las acciones del grupo en cuestión. Pues, ¿qué significa declarar la guerra al aparato del Partido? Significa destruir el Partido. ¿Qué significa enfrentar a la juventud con los cuadros? Significa descomponer el Partido. ¿Qué significa luchar por la libertad de grupos? Significa querer destrozar el Partido, querer destrozar su unidad. ¿Qué significa desacreditar a los cuadros del Partido charlando de degeneración? Significa querer derribar al Partido, querer partirle el espinazo. Sí, camaradas, se decidía la vida o la muerte del Partido.

Ello, precisamente, explica el apasionamiento de la discusión Ello explica también el hecho, inusitado en la historia de nuestro Partido, de que el Congreso haya condenado unánimemente la plataforma de la oposición. La gravedad del peligro unió al Partido en un monolítico bloque de hierro. Tienen interés algunos datos históricos acerca de la oposición. Empecemos, aunque sea, por el VII Congreso de nuestro Partido. Fue el primer Congreso después del nacimiento del Poder Soviético (a comienzos de 1918). Allí tuvimos una oposición, encabezada por las mismas personas que han encabezado la oposición en el XIII Congreso. Se trataba entonces de la guerra y de la paz, de la paz de Brest-Litovsk. Entonces la oposición tenía a su lado a una cuarta parte del Congreso. Eso, dígase lo que se diga, no es poco. Por algo hablaban entonces de escisión. Dos años más tarde, en el X Congreso, de nuevo se encendía la lucha en el Partido, en torno a la cuestión de los sindicatos, con la misma gente encabezando la oposición. Esta tenía entonces a su lado a una octava parte del Congreso. Eso, naturalmente, es menos que la cuarta parte. Otros dos años después, en el XIII Congreso, que acaba de terminar, se enciende una nueva lucha. Aquí también había oposición, pero en el Congreso no obtuvo ni un solo voto. Como veis, las cosas para la oposición no pueden ir peor. Así, pues, por tres veces ha tratado la oposición de hacer la guerra a los cuadros fundamentales del Partido.

La primera vez en el VII Congreso, la segunda en el X y la tercera en el XIII, y siempre ha salido derrotada, cada vez ha perdido gente, viendo reducidos, paso a paso, los efectivos de su ejército. ¿Qué evidencian todos estos hechos? Evidencian, en primer lugar, que la historia de nuestro Partido en los últimos seis años es la historia de la cohesión progresiva de la mayoría de nuestro Partido en torno a los cuadros fundamentales del mismo. Evidencia, en segundo lugar, que de la oposición se han ido desgajando, paso a paso, unos elementos tras otros, para sumarse al núcleo fundamental del Partido y engrosarlo. De aquí una conclusión: no está excluido que de la oposición, que en el XIII Congreso no tenía delegados (nosotros no tenemos representación proporcional), pero que en el Partido tiene indudablemente sus adeptos, se desgaje cierto número de camaradas que se irán sumando, como ha ocurrido también en el pasado, al núcleo fundamental del Partido. ¿Cuál debe ser nuestra política con relación a esos oposicionistas o, dicho más exactamente, ex- oposicionistas? Debe ser extraordinariamente camaraderil. Deben ser tomadas todas las medidas para facilitar a esos camaradas la incorporación al núcleo fundamental del Partido y el trabajo en común y de acuerdo con este núcleo. b) La promoción leninista.

No voy a extenderme señalando que la promoción leninista, es decir, el ingreso en nuestro Partido de 200.000 nuevos militantes obreros, evidencia la profunda democracia de nuestro Partido, evidencia que nuestro Partido constituye, en esencia, un organismo electo de la clase obrera. En este sentido, la importancia de la promoción leninista es, sin duda, inmensa. Pero no es de eso de lo que quería hablar hoy. Quería fijar vuestra atención en las peligrosas tendencias que han aparecido en el Partido en los últimos tiempos, en relación con la promoción leninista. Unos dicen que hay que ir más lejos, elevando a un millón el número de militantes. Otros quieren ir aun más allá y afirman que sería mejor llegar a los dos millones. No dudo de que habrá otros a quienes todavía esto les parecerá poco. Esa, camaradas, es una tendencia peligrosa. Los mayores ejércitos del mundo perecieron porque se dejaban arrastrar por el entusiasmo, se apoderaban de mucho, y después, incapaces de digerir el botín, se descomponían. Los mayores partidos pueden perecer si se dan a un entusiasmo exagerado, si quieren abarcar mucho y luego son incapaces de sujetar lo abarcado, de digerirlo. Juzgad vosotros mismos. En el Partido había un 60% de camaradas sin preparación política. Eso era antes de la promoción leninista, y me temo que después de ésta el porcentaje llegue al 80%. ¿No es ya hora de que nos detengamos, camaradas? ¿No es hora de que nos limitemos a 800.000 militantes y planteemos de manera tajante y concreta la cuestión de mejorar cualitativamente las filas del Partido, de instruir a la

promoción leninista en los fundamentos del leninismo y hacer de los nuevos militantes leninistas conscientes? Creo que ya es hora. c) La democratización de la dirección del Partido. La promoción leninista evidencia la profunda democracia de nuestro Partido, evidencia la composición proletaria de sus células fundamentales, evidencia la confianza indudable de millones y millones de sin-partido en nuestro Partido. Pero no termina aquí la democracia de nuestro Partido. Este es sólo un aspecto de la democracia. El otro aspecto consiste en que, paso a paso, se democratiza la dirección misma del Partido. En el Congreso se dijo ya que el centro de gravedad de la dirección del Partido se va desplazando más y más de los estrechos grupos superiores y de los burós a organizaciones amplias, a los Plenos de las organizaciones locales y centrales, Plenos que, a su vez, se amplían y mejoran de composición. Sabréis, seguramente, que esta tendencia en el desarrollo de nuestros organismos de dirección ha sido aprobada enteramente por el Congreso. ¿Qué demuestra todo ello? Demuestra que, en todos los aspectos de su existencia, nuestros organismos de dirección empiezan a tener sus raíces en lo más espeso de las masas proletarias. Es interesante seguir el desarrollo del Comité Central de nuestro Partido en los últimos seis años, desde el punto de vista de su composición numérica y social. En el período del VII Congreso (1918), nuestro C.C. tenía 15 miembros, de los cuales uno (el 7%) era obrero y 14 (el 93%) intelectuales.

Eso era en el VII Congreso. Ahora, después del XIII Congreso, el C.C. tiene ya 54 miembros, de los cuales 29 son obreros (el 53%) y 25 intelectuales (el 47%). Este es un síntoma indudable de la democratización del núcleo fundamental de dirección del Partido. d) La teoría, en general, y la propaganda del leninismo, en particular. Uno de los peligrosos defectos de nuestro Partido consiste en el descenso del nivel teórico de los militantes. La causa es el infernal trabajo práctico, que quita las ganas de estudiar la teoría y cultiva una peligrosa despreocupación -por no decir algo más fuerte- hacia los problemas teóricos. Algunos ejemplos. Hace poco he leído en un periódico el informe de un camarada (de Kámenev, si mal no recuerdo) sobre el XIII Congreso, diciendo, en letras de molde, que la tarea inmediata de nuestro Partido es la conversión de “la Rusia de los nepmanes” en la Rusia socialista. Además -y eso es lo peor-, esa extraña consigna no se atribuye a cualquiera, sino al mismo Lenin. ¡Ni más ni menos! Sin embargo, es sabido que Lenin no dijo ni podía decir tal cosa, porque, como sabéis, la Rusia “de los nepmanes” no existe bajo la capa del cielo. Verdad es que Lenin habló de la Rusia “de la Nep”. Pero una cosa es la Rusia “de la Nep” (es decir, la Rusia Soviética, que practica la nueva política económica) y otra cosa, completamente distinta, es la Rusia “de los nepmanes” (es decir, una Rusia encabezada por los nepmanes).

¿Comprende Kámenev esta diferencia de principio? Claro que la comprende. ¿Por qué, pues, ha soltado esa extraña consigna? Por esa habitual despreocupación respecto a las cuestiones teóricas, respecto a la precisión en las definiciones teóricas. Sin embargo, es muy probable que esa extraña consigna pueda suscitar en el Partido un montón de malentendidos, si el error no se corrige. Otro ejemplo. Con frecuencia dicen que en nuestro país existe “la dictadura del Partido”. Nosotros, dicen, estamos por la dictadura del Partido. Recuerdo que en una resolución de uno de nuestros Congresos, me parece que hasta fue en la resolución del XII Congreso, se dejó pasar esa expresión, naturalmente, por descuido. Por lo visto, algunos camaradas suponen que en el país existe la dictadura del Partido, y no la dictadura de la clase obrera. Pero eso es una tontería, camaradas. Si eso fuera cierto, no tendría razón Lenin, que nos enseñaba que los Soviets ejercen la dictadura y el Partido dirige los Soviets. Entonces, no tendría razón Lenin, que hablaba de la dictadura del proletariado, y no de la dictadura del Partido. Si eso fuera cierto, no harían falta los Soviets, y Lenin no hubiera tenido que hablar en el XI Congreso de la necesidad de “deslindar la esfera de acción de los organismos del Partido y de los organismos soviéticos”. Pero ¿de dónde y cómo ha penetrado en los medios del Partido esa necedad?

Del apasionamiento por el “principio del Partido”, que perjudica más que nada al principio del Partido sin comillas; de la despreocupación por las cuestiones teóricas; de la falta de costumbre de meditar las consignas antes de lanzarlas, porque hasta con reflexionar un instante para comprender lo absurdo de la suplantación de la dictadura de clase por la dictadura del Partido. ¿Es necesario demostrar que esa incongruencia puede suscitar en el Partido confusión y desconcierto? Otro ejemplo más. Todos sabéis que, durante la discusión, parte de nuestros militantes se dejó influir por la agitación anti-partido de los oposicionistas contra los principios de organización del leninismo. Cualquier bolchevique que hubiese pasado por el más breve cursillo de teoría del leninismo, habría advertido inmediatamente que la prédica de la oposición no tiene nada de común con el leninismo. Sin embargo, parte de los militantes, como es sabido, no percibió inmediatamente la verdadera fisonomía de la oposición. ¿A qué se debe este hecho? A esa despreocupación por la teoría, al bajo nivel teórico de los miembros de nuestro Partido. La discusión puso a la orden del día la cuestión del estudio del leninismo. La muerte de Lenin planteó con más fuerza el problema, aumentando el interés por la teoría entre los miembros del Partido. El XIII Congreso se ha limitado a reflejar este espíritu, confirmando en varias resoluciones la necesidad del estudio y la propaganda del leninismo.

La tarea del Partido consiste en aprovechar el creciente interés por las cuestiones teóricas y en tomar todas las medidas necesarias para elevar, por fin, a la altura debida el nivel teórico del Partido. No hay que olvidar las palabras de Lenin de que sin una teoría clara y acertada no puede haber una práctica acertada.

Las tareas de los funcionarios de los organismos de distrito. Camaradas: No es casual que haya venido a haceros precisamente a vosotros un informe sobre el Congreso. No sólo he venido porque ése ha sido vuestro deseo, sino también porque en la actual etapa de desarrollo, los organismos de distrito, en general, y sus funcionarios, en particular, son el principal eslabón entre el Partido y el campesinado, entre la ciudad y el campo. Y vosotros sabéis bien que la ligazón entre la ciudad y el campo es hoy el problema principal de la labor práctica del Partido y del Estado. Ya he dicho antes que la ligazón de la industria del Estado y la economía campesina debe realizarse siguiendo tres vías fundamentales: las cooperativas de consumo, las cooperativas agrícolas y las cooperativas de crédito. He dicho que estos tres canales son los más importantes para organizar la ligazón. Pero sería excesivamente optimista pensar que podremos ligar ahora mismo la industria a la economía campesina directamente a través de los organismos de subdistrito, saltándonos los de distrito. Huelga demostrar que para ello no tenemos ni fuerzas, ni habilidad, ni medios. Por eso, el punto modular de la ligazón entre la ciudad y el campo, en el momento actual, siguen siendo los organismos de distrito, comarcales.

Para afianzarse en el comercio no es necesario, ni mucho menos, desalojar al último tendero del último subdistrito; para ello basta con convertir el distrito en una base del comercio soviético, con el fin de que todos y cada uno de los tenderos se vean obligados a gravitar en torno a la tienda cooperativa soviética del distrito, como los planetas alrededor del sol. Para dominar el crédito, no hay necesidad, ni mucho menos, de cubrir ahora mismo de una red de cooperativas de crédito los subdistritos y las aldeas; basta con crear una base en el distrito para que los campesinos empiecen, en el acto, a apartarse del kulak y del usurero. Y así sucesivamente. En pocas palabras: el distrito (la comarca) debe convertirse para el período próximo en la base principal para organizar la ligazón económica entre la ciudad y el campo, entre el proletariado y el campesinado. La prontitud con que logremos esa transformación es cosa que depende de vosotros, camaradas de los comités de distrito. Ahora sois unos trescientos. Eso es todo un ejército. De vosotros y de vuestros camaradas de los distritos de nuestro país depende conseguir que el distrito se convierta cuanto antes en el punto modular del trabajo del Partido y del Estado para ligar la industria y la economía campesina. Yo no dudo que los camaradas de los comités de distrito cumplirán su deber ante el Partido y ante el país.

Publicado el 19 y 20 de junio de 1924 en los núms. 136 y 137 de “Pravda”.