Discurso pronunciado en la reunión de la Comisión Polaca de la Internacional Comunista 3 de julio de 1924. Camaradas: No dispongo de suficientes datos para hablar con la seguridad con que lo han hecho algunos camaradas. Sin embargo, basándome en los datos que, a pesar de todo, he logrado reunir y en los debates que se han desarrollado aquí, me he formado una opinión concreta, que quisiera daros a conocer. Es indudable que el Partido Comunista Polaco no se encuentra en estado normal. En el seno del Partido Polaco hay crisis; eso es un hecho. Eso lo ha reconocido Walecki, eso lo habéis reconocido todos, eso se ha revelado, con toda evidencia, por cuanto aquí se ha comprobado que en el seno del C.C. del Partido Polaco están en desacuerdo los miembros dedicados al trabajo práctico y los líderes. Es más, el propio C.C. del Partido Polaco, en sus Plenos de diciembre del año pasado y de marzo de este año, ha reconocido en sus resoluciones el carácter oportunista de muchas de sus acciones y las ha condenado sin rodeos. Parece que la cosa está ya bien clara. Todo eso evidencia, repito una crisis indudable del Partido Comunista de Polonia. ¿Cuál es la causa de esta crisis? La causa reside en algunos pecados oportunistas en la labor práctica de los líderes oficiales del Partido Comunista de Polonia.

Permitidme que mencione algunos ejemplos que confirman este aserto. La cuestión “rusa”. Algunos camaradas polacos dicen que esta cuestión, por ser una cuestión de política exterior, no tiene gran importancia para el Partido Polaco. Eso no es cierto. La cuestión “rusa” tiene una importancia decisiva para todo el movimiento revolucionario, tanto en el Occidente como en el Oriente. ¿Por qué? Porque el Poder Soviético en Rusia, es la base, el bastión, el amparo del movimiento revolucionario de todo el mundo. Y si en esta base, es decir, en Rusia, el Partido y el Poder empiezan a vacilar, quiere decir que el movimiento revolucionario en todo el mundo sufrirá un grave daño. En nuestro Partido, en el P.C.(b) de Rusia, durante la discusión empezaron a producirse algunas vacilaciones. La oposición, oportunista por su esencia, con su lucha contra el Partido quebrantaba y debilitaba el Partido; debilitaba, por consiguiente, el propio Poder Soviético, porque nuestro Partido es un partido gobernante y el fundamental principio rector del Poder del Estado. Naturalmente, las vacilaciones en el seno del P.C.(b) de Rusia podían conducir más adelante a vacilaciones y al debilitamiento del propio Poder Soviético.

Ahora bien, las vacilaciones del Poder Soviético significan un daño para el movimiento revolucionario en todo el mundo. Precisamente por ello, las divergencias en el seno del P.C.(b) de Rusia y, en general, la suerte del P.C.(b) de Rusia no pueden por menos de estar directamente relacionadas con los destinos del movimiento revolucionario de otros países. Por ello, la cuestión “rusa”, aunque sea para Polonia una cuestión de política exterior, tiene una importancia primordial para todos los Partidos Comunistas, comprendido el Partido Comunista Polaco. Ahora bien, ¿qué actitud han mantenido los jefes del Partido ante la cuestión “rusa”? ¿A quién han apoyado, a la oposición oportunista o a la mayoría revolucionaria del P.C.(b) de Rusia? Para mí es evidente que los jefes del Partido Polaco, en el primer período de la lucha en el seno del P.C.(b) de Rusia, de la lucha contra la oposición oportunista, apoyaron de un modo inequívoco a esta oposición. No voy a escarbar en el alma de Warski o de Walecki; no me interesa que pensaba Warski cuando escribió la conocida resolución del C.C. del Partido Comunista de Polonia en favor de la oposición en el P.C.(b) de Rusia. Lo más importante para mí no son las intenciones de algunas personas, sino los resultados objetivos de esta resolución.

Y los resultados objetivos de esta resolución se reducen a que lleva el agua al molino de la oposición. La resolución de que hablamos fue un apoyo al ala oportunista del P.C.(b) de Rusia. Ahí está el quid de la cuestión. El C.C. del Partido Polaco, en el período en que adoptó esta resolución y la envió al C.C. del P.C.(b) de Rusia, venía a ser la sucursal polaca de la oposición oportunista en el P.C.(b) de Rusia. Si consideramos a la oposición en el P.C.(b) de Rusia como una empresa con sucursales en distintos países, el Partido Comunista de Polonia era entonces su sucursal polaca. Esta es la esencia del pecado oportunista de los líderes del Partido Polaco en la cuestión “rusa”. Hay que lamentarlo, pero, desgraciadamente, es un hecho. La cuestión alemana. Después de la cuestión “rusa”, la cuestión alemana es la más importante, en primer lugar, porque Alemania es el país más preñado de revolución entre todos los países europeos, y, en segundo lugar, porque la victoria de la revolución en Alemania es la victoria en toda Europa. Si la sacudida revolucionaria comienza en algún lugar de Europa, ese lugar será Alemania. Sólo Alemania puede tomar la iniciativa a este respecto, y

la victoria de la revolución en Alemania es la garantía de la victoria de la revolución internacional. Sabéis que el año último se encendió la lucha en el Partido Comunista de Alemania entre su mayoría revolucionaria y la minoría oportunista. Sabéis qué importancia tan grande tiene la victoria del ala izquierda o del ala derecha del Partido Comunista de Alemania para todo el desarrollo de la revolución internacional. Pues bien, ¿a quién apoyaron en esta lucha los líderes del C.C. del Partido Comunista Polaco? Apoyaron al grupo de Brandler, contra la mayoría revolucionaria del Partido Comunista Alemán. Esto lo reconocen ahora todos, los amigos y los enemigos. Resultó lo mismo que en la cuestión “rusa”. Si suponemos que la oposición oportunista del Partido Comunista de Alemania es una empresa, los líderes polacos han sido su sucursal polaca. Esto es también lamentable, pero contra los hechos nada se puede hacer: los hechos hay que reconocerlo. Sobre el método de lucha contra la oposición oportunista. Kostrzewa dice que ellos, es decir, los líderes del C.C. polaco, son partidarios, en el fondo, del C.C. ruso y, quizás también, del actual C.C. alemán, pero difieren de estas instituciones en cuanto a los métodos de lucha contra la oposición. Ellos, nótese bien, exigen métodos suaves de lucha contra la oposición. Son partidarios de la guerra contra la oposición, pero de una guerra que no cause víctimas.

Walecki ha llegado incluso a exclamar: ¡Pero si nosotros somos partidarios, de “los tres”! Debo decir que nadie exige de Walecki que asienta a todo lo que dice el C.C. ruso. Además, no sé qué “tres” son esos de quienes habla Walecki con tanto entusiasmo. Walecki ha olvidado que nadie viene obligado a asentir a todo lo que dice el C.C. ruso. (Walecki: “No estoy obligado, pero puedo hacerlo”.) Naturalmente, puede usted hacerlo, pero hay que comprender que esa actitud pone en situación embarazosa a Walecki y al C.C. ruso. No se trata de asentir a todo, sino de que en Rusia, en las condiciones de la Nep, ha surgido una nueva burguesía, que, al no poder actuar abiertamente en la arena política, trata de romper el frente del comunismo desde dentro, buscando sus héroes entre los líderes del P.C.(b) de Rusia. Y esta circunstancia hace que nazcan tendencias oposicionistas en el P.C.(b) de Rusia, abonando el terreno para una desviación oportunista. Y lo importante, por consiguiente, es que los partidos hermanos definan su actitud ante esta circunstancia y ocupen una posición clara. Esto, repito, es lo importante, y no el asentir a todo lo que diga el C.C. de Rusia. En cuanto al método suavizado de Kostrzewa, debo decir que no resiste la menor crítica. Kostrzewa es partidaria de la lucha contra la oposición oportunista, pero de una lucha que no desacredite a los líderes de la oposición. Ahora bien, en primer lugar, la historia no conoce ninguna lucha que no ocasione víctimas.

En segundo lugar, no se puede vencer a la oposición si no se cuenta con que la victoria mine el prestigio de los líderes de la oposición; de otro modo, habría que desistir de toda lucha contra la oposición. En tercer lugar, la victoria completa sobre la oposición es la única garantía contra la escisión. La práctica del Partido no conoce otras garantías. Así lo evidencia toda la historia del P.C.(b) de Rusia. Antes de la guerra, cuando aún era ortodoxa, la socialdemocracia alemana luchaba contra el oportunismo utilizando el método suavizado del que Kostrzewa ha hablado aquí. Pero lo que consiguió con ello fue que el oportunismo saliera victorioso y que la escisión se hiciese inevitable. El P.C.(b) de Rusia ha luchado contra el oportunismo aplicando el probado método de aislar resueltamente a los líderes oportunistas. Y ha conseguido que venciese el marxismo revolucionario y que el Partido adquiriera una cohesión extraordinaria. Creo que las enseñanzas del P.C.(b) de Rusia deben ser aleccionadoras para nosotros. El método de lucha recomendado por Kostrzewa es una supervivencia del oportunismo socialdemócrata y encierra el peligro de escisión del Partido. Finalmente, la cuestión de la labor de dirección del Partido. ¿En qué consiste el rasgo característico del desarrollo de los Partidos Comunistas del Occidente en el momento actual? Consiste en que los Partidos han abordado de lleno la cuestión de reorganizar su trabajo práctico sobre una base nueva, revolucionaria.

No se trata de adoptar un programa comunista y de proclamar consignas revolucionarias; se trata de reorganizar el trabajo cotidiano del Partido, su trabajo práctico, de manera que cada paso y cada acción del Partido lleven, de modo natural, a la educación revolucionaria de las masas, a la preparación de la revolución. Hoy la esencia del asunto reside en esto, y no en la aprobación de directivas revolucionarias. Ayer, Pruchniak dio lectura aquí a todo un sartal de resoluciones revolucionarias adoptadas por los líderes del C.C. de Polonia. Leyó estas resoluciones con aire triunfal, suponiendo que la labor de dirección del Partido queda limitada a redactar resoluciones. No se le ocurre siquiera que la redacción de resoluciones es sólo el primer paso, el comienzo de la labor de dirección del Partido. No comprende que la base de esa labor no consiste en la redacción de resoluciones, sino en su aplicación, en su puesta en práctica. Por esa causa, se olvidó en su extenso discurso de decirnos cuál ha sido la suerte de estas resoluciones, no ha creído necesario explicar si han sido cumplidas por el Partido Comunista de Polonia y en qué medida, precisamente, lo han sido. Sin embargo, la esencia de la labor de dirección del Partido consiste, precisamente, en el cumplimiento de las resoluciones y las directivas. Mirándole, recordaba yo a un funcionario soviético corriente

“rindiendo cuentas” ante una comisión revisora. “¿Se ha aplicado la directiva tal?”, pregunta la comisión revisora. “Se han tomado medidas”, responde el funcionario. “¿Qué medidas, concretamente, se han tomado?”, pregunta la comisión revisora. “Se ha dado una disposición”, responde el funcionario. La comisión pide que se le presente el documento. El funcionario, con aire triunfal, exhibe una copia de la disposición. La comisión revisora pregunta: “¿Y cuál ha sido la suerte de la disposición?, ¿ha sido cumplida?, ¿cuándo lo ha sido?”. El funcionario pone cara de asombro y declara que “no se tienen datos”. La comisión revisora, como es natural, exige responsabilidades al funcionario. Precisamente a ese tipo de funcionarios soviéticos me recordaba Pruchniak cuando daba lectura aquí, con aire triunfal, a resoluciones revolucionarias de cuyo cumplimiento “no tiene datos”. Eso no es dirigir el Partido, eso es burlarse de toda labor de dirección. ¿Cuáles son las conclusiones? Las conclusiones son las siguientes. Primera. Estoy categóricamente en contra de que en la discusión que se va a desarrollar en el Partido de Polonia se trace una divisoria entre el ex Partido Socialista Polaco y la ex Socialdemocracia Polaca. Eso sería peligroso para el Partido. El ex Partido Socialista Polaco y la ex Socialdemocracia Polaca hace tiempo que se han fundido en un solo partido. Luchan juntos contra los terratenientes polacos y la burguesía polaca, y divididos ahora, retrospectivamente, en dos partes, sería un profundísimo error. La lucha no debe seguir ahora la vieja línea del P.S.P. y de la S.D.P., sino una nueva línea, la línea de aislar al ala oportunista del Partido Comunista de Polonia.

La victoria completa sobre el ala oportunista: ésa es la garantía contra la escisión y la garantía de la unidad del Partido. Segunda. Estoy categóricamente en contra de lo que se llama amputar, es decir, contra que se saque del C.C. a algunos de sus miembros. Estoy, en general, contra la reestructuración del C.C. por arriba. En general, hay que tener presente que las medidas quirúrgicas, aplicadas sin particular necesidad, dejan en el Partido mal sabor de boca. Que el propio Partido Comunista Polaco reestructure su C.C. en el próximo Congreso o Conferencia. Es inconcebible que un partido en desarrollo no promueva a nuevos dirigentes. Tercera. Estimo que las propuestas prácticas hechas por Unszlicht son del todo acertadas. Sería muy conveniente que, en lugar del actual Buró de Organización y del actual Buró Político, que se han divorciado el uno del otro, se formase un centro político y práctico único, constituido por miembros del presente C.C. de Polonia. Aquí se ha expresado dudas respecto a los conocimientos teóricos y la experiencia de trabajo de Partido de los nuevos líderes promovidos por la lucha revolucionaria en Polonia. Creo que esa circunstancia no puede tener una importancia decisiva. En la vida del P.C.(b) de Rusia ha habido casos en que al frente de inmensas organizaciones regionales se ponía a obreros con insuficiente bagaje teórico y político. Sin embargo, esos obreros resultaban mejores líderes que muchos intelectuales carentes de instinto revolucionario. Es muy posible que a los nuevos líderes no todo les salga bien al principio, pero eso no debe asustarnos: tropezarán una, dos veces, y luego aprenderán a dirigir el movimiento revolucionario. Los líderes nunca caen hechos del cielo. Se forman únicamente en el proceso de la lucha.

Publicado el 20 de septiembre de 1924 en el núm. 11 de “Bolshevik”.