Discurso en la reunión de secretarios de células rurales, celebrada en el C.C. del P.C.(b) de Rusia 22 de octubre de 1924. Defectos de los informes de las organizaciones. Camaradas: Ante todo, quisiera detenerme en los defectos de los informes que se han hecho aquí. Creo que los defectos fundamentales han sido dos. El primer defecto consiste en que los delegados han hablado todo el tiempo de los éxitos del trabajo; y de los defectos de nuestra labor en el campo, que son muchos, casi no han dicho nada. Han hecho la cuenta de la antigüedad en el Partido, han comunicado cuándo ha nacido éste o aquél, cuántos miembros tienen las células, etc., pero de los defectos de nuestro trabajo apenas han dicho palabra. Sin embargo, la cuestión de los defectos de nuestro trabajo en el campo es la fundamental de nuestra labor práctica. Por eso se ha notado en los informes - perdonadme la expresión- cierto tufillo burocrático. Cualquier extraño hubiera podido pensar que la gente había venido para rendir cuentas de su labor al C.C. y decir: “el trabajo marcha satisfactoriamente” o “todo anda como es debido”. Eso no está bien, camaradas, porque todos sabemos -tanto vosotros como nosotros- que no todo marcha en nuestro trabajo como es debido, ni entre vosotros, en las organizaciones, ni entre nosotros, en el C.C.

El segundo defecto de los informes consiste en que en ellos se habla, principalmente, de las propias células, de su estado de ánimo, perdiendo de vista, no sé por qué, el estado de ánimo de millones de campesinos sin-partido. Resulta que los comunistas se preocupan, ante todo, de ellos mismos: de cómo se desarrolla su vida interna, de cuantas conferencias se han dado, de que propaganda se hace, etc., etc. Resulta que los comunistas se ocupan, sobre todo, de sí mismos y olvidan que están rodeados de un océano de gente sin-partido, sin cuya ayuda todo el trabajo de las células corre el peligro de convertirse en agua de borrajas. ¿Cuáles son las relaciones entre las organizaciones del partido y la masa sin-partido? De eso no habéis dicho nada, o casi nada. No hay que ocuparse solamente de la propia persona. Hay que fijarse, ante todo, en los millones de campesino sin- partido, estudiar sus necesidades y sus deseos, tomar en consideración sus intereses y su estado de ánimo. De aquí la aridez y cierto carácter burocrático de los informes. Esos son los dos defectos fundamentales que quería señalar, para que los camaradas los tengan en cuenta. Pido perdón otra vez, camaradas, por la verdad que os he dicho, pero os ruego encarecidamente que vosotros también nos digáis a nosotros la verdad sobre los defectos y los errores en el trabajo del C.C. Y ahora, al grano.

El principal defecto del partido es la debilidad del trabajo de partido en el campo. ¿En qué consiste el principal defecto de nuestro Partido en el momento actual, en las condiciones de la Nep, cuando la actividad política del campesinado se ha elevado y cuando del Partido se exige mucho más que, por ejemplo, hace dos años? El principal defecto de nuestro Partido consiste en la debilidad de su labor en el campo, en la mala organización y el mal estado de esta labor. ¿De dónde procede esa debilidad? ¿A qué se debe que el trabajo de Partido en las ciudades avance a todo vapor y que en el campo cojee de los dos pies? ¿Acaso la agricultura no se desarrolla? ¿Acaso la situación de los campesinos no ha mejorado en los dos años transcurridos después de la abolición del sistema de contingentación? ¿Acaso el desarrollo de la industria y el suministro de artículos de la ciudad no alivia la situación de los campesinos? ¿Acaso la moneda firme no ha aliviado la situación de los campesinos? ¿De dónde procede, pues, esta debilidad de nuestro trabajo de Partido en el campo? Para responder a esta cuestión, hay que contestar antes a otra: ¿de dónde procede la fuerza de nuestro Partido en las ciudades?

¿En qué consiste la fuerza de nuestro partido en las ciudades? Así, pues, ¿en qué consiste la fuerza de nuestro Partido en las ciudades? La fuerza principal de nuestro Partido consiste en que en las ciudades tiene en torno suyo a un amplio activo de obreros sin- partido, compuesto por varios centenares de miles de personas, un activo que es un puente entre el Partido y los millones y millones de hombres de la clase obrera. La fuerza de nuestro Partido en las ciudades consiste en que entre el Partido y los millones y millones de obreros no hay un muro, sino un puente de unión: el activo de centellares de miles de obreros sin-partido. El Partido saca fuerzas de ese activo. Forja la confianza que las masas tienen en él a través de ese activo. Sabéis que hace medio año afluyeron a nuestro Partido más de 200.000 obreros. ¿De dónde proceden? Del activo de obreros sin-partido, que rodea a nuestro Partido de una atmósfera de confianza y lo liga al resto de la masa sin-partido. Por tanto, el activo de los sin-partido no sólo es un

puente de unión, sino una rica arca de la que nuestro Partido saca nuevas fuerzas. Sin ese activo, el desarrollo de nuestro Partido sería imposible. El Partido se desarrolla y se fortalece si en torno a él se desarrolla y se fortalece una amplia capa de activistas sin-partido. El Partido se debilita y se mustia si ese activo no existe.

¿En qué consiste la debilidad de nuestro trabajo en el campo? Así, pues, ¿en qué consiste la debilidad de nuestro trabajo de Partido en el campo? En que el Partido no tiene en el campo una amplia capa de activistas campesinos sin-partido que pueda ligarlo a los millones y millones de campesinos trabajadores de nuestro país. ¿Cómo está organizado el trabajo en las aldeas? Hay el fino hilillo de las células del Partido en las aldeas. Después viene otro hilillo, igualmente delgado, de campesinos sin-partido que simpatizan con el Partido. Tras ellos viene el océano de los sin- partido, millones y millones de campesinos a los que no une ni puede unir al Partido el sutil hilillo de los activistas sin-partido. Esto, precisamente, explica que el hilillo no aguante, se rompa con frecuencia y que, en vez de un puente de unión, se forme a veces un muro impenetrable entre el Partido y las masas sin- partido del campo.

La tarea principal es crear en torno al partido un activo de campesinos. Por eso, la tarea fundamental de nuestro Partido en el campo consiste en crear un numeroso activo de varios centenares de miles de campesinos sin-partido, que pueda ligar el Partido a los millones y millones de campesinos trabajadores. Camaradas, o creamos ese activo, nivelando así la situación del Partido en el campo con su situación en la ciudad, y entonces no podrán causarnos temor ningún problema ni ninguna dificultad, o no creamos ese activo, y entonces todo nuestro trabajo en el campo cojeará de los dos pies. Este es hoy el centro de gravedad de todo nuestro trabajo. Sin ese activo, que debe ser obligatoriamente numeroso y estar compuesto obligatoriamente de auténticos campesinos, nuestro Partido se verá condenado en el campo a sufrir una dolencia crónica. Naturalmente, la cosa es difícil, y en un año no se puede crear tal activo. Pero hay que crearlo, y cuanto antes pongamos manos a la obra, tanto mejor.

Hay que vivificar los soviets. Pero ¿cómo crear ese activo? ¿Cómo dar solución a esa tarea? Suponer que puede ser solucionada con la propaganda oral, con el libro en las manos, es engañarse profundamente. Crear en torno al Partido una amplia capa de activistas campesinos sin-partido sólo es posible en el proceso del trabajo de masas en torno a las necesidades prácticas del campo, en el proceso de una amplia labor de edificación soviética en el campo, atrayendo a los campesinos a la administración de los subdistritos, los distritos y las provincias. Vivificar los soviets, ponerlos en pie, incorporar a los Soviets a todos los mejores elementos del campesinado: ése es el camino que permitirá forjar un amplio activo de campesinos sin- partido. Lenin decía que los Soviets son un organismo de la alianza de los obreros y los campesinos, un organismo de dirección de los campesinos por los obreros. Pues bien, si queremos lograr que la actividad política de los campesinos trabajadores no escape a la dirección de los obreros, debemos tomar todas las medidas necesarias para que los campesinos sean atraídos a los Soviets, para que los Soviet, sean vivificados y puestos en pie, para que la actividad política de las masas campesinas encuentre una salida participando inexcusablemente en la gobernación del país. Sólo en el proceso de ese trabajo pueden destacarse del campesinado numerosos cuadros del activo de los sin-partido. Sólo de ese activo puede escoger el Partido miles y miles de afiliados en el campo.

Hay que cambiar de actitud hacia los campesinos. Ahora bien, para vivificar los Soviets, es necesaria, además de otras, la siguiente condición. Para ello es necesario cambiar de raíz la propia actitud hacia los campesinos. ¿En qué consiste ese cambio? En que cada comunista aprenda a tratar a los sin-partido como a iguales; en que, en vez de darles órdenes, preste oído atento a la voz de los sin- partido. En que no sólo se enseñe a los sin-partido, sino también se aprenda de ellos. Y nosotros tenemos que aprender de los sin-partido. La cuestión de las relaciones entre los militantes del Partido y los sin- partido es una cuestión muy importante de nuestro trabajo práctico de Partido. Lenin define estas relaciones con dos palabras: confianza mutua. Pero no puede haber confianza por parte del campesino sin-partido donde no se sabe tratarle como a un igual. En esos casos, en vez de confianza, se crea desconfianza, y a veces la cosa termina con que entre el Partido y los sin-partido se levanta un muro impenetrable, el Partido se aparta de las masas y la alianza de los obreros y los campesinos se convierte en divorcio.

Las enseñanzas de la insurrección de Georgia. Un ejemplo vivo de ese giro de las cosas es la reciente insurrección en Georgia. Nuestros periódicos escriben que los sucesos de Georgia han tenido un carácter bambalinesco. Eso es cierto, porque, en general, la insurrección en Georgia ha sido artificial, no popular. Sin embargo, debido a la falta de ligazón entre el Partido Comunista y la masa,

los mencheviques consiguieron en algunos lugares atraer a la insurrección a una parte de la masa campesina. Es significativo que sea en esos lugares donde más abundan los comunistas. En esos lugares hay relativamente muchos más comunistas que en los otros. Y precisamente aquí la gente no percibió, no advirtió, no llegó a captar que entre los campesinos había efervescencia, que los campesinos se estaban preparando para algo, que estaban descontentos y que su descontento iba acentuándose día tras día; pero el Partido no sabía nada de ello. En los lugares con mayor número de comunistas resultó que se conocía peor que en los otros el estado de ánimo, los pensamientos y los deseos de los campesinos sin- partido. Ese es el quid de la cuestión. ¿Por qué ha podido ocurrir esa incongruencia? Pues, porque los comunistas no han sabido acercarse a los campesinos a lo leninista; en lugar de una atmósfera de confianza, crearon una atmósfera de desconfianza recíproca y, por ello, aislaron al Partido de los campesinos sin-partido. Es interesante que uno de los funcionarios más responsables de Georgia explique esta incongruencia por la debilidad de los Soviets locales y por el aislamiento del Partido respecto a los sin-partido. “Es indudable -dice- que la causa primordial de que no advirtiésemos que maduraba la insurrección debe buscarse en la debilidad de los Soviets en las localidades”.

Lenin dice que los Soviets son el más fiel barómetro, el mejor exponente del estado de ánimo de los campesinos. Y precisamente ese barómetro es lo que le faltó al Partido Comunista en algunos distritos de Georgia. Camaradas, los acontecimientos de Georgia deben considerarse sintomáticos. Lo que ha ocurrido en Georgia puede repetirse en cualquier lugar de Rusia, si no cambiamos de raíz la actitud hacia los campesinos, si no creamos una atmósfera de plena confianza entre el Partido y los sin-partido, si no prestamos oído a la voz de los sin-partido, si, finalmente, no vivificamos los Soviets para dar una salida a la actividad política de las masas trabajadoras campesinas. Una de dos: o sabemos establecer una acertada actitud leninista hacia los campesinos sin-partido, para llevar la creciente actividad política del campesinado al cauce de la edificación soviética y asegurar así la dirección de los campesinos por los obreros; o no sabemos hacerlo, y entonces la actividad política de las masas marchará al margen de los Soviets, por encima de los Soviets, desembocando en acciones bandidescas como la insurrección de Georgia. Así están las cosas, camaradas.

Hay que tratar con tacto a los campesinos. Para caracterizar con qué poco tacto se trata a veces a los campesinos, hay que decir unas palabras acerca de la propaganda antirreligiosa. A veces, algunos camaradas consideran a los campesinos como a filósofos materialistas, suponiendo que basta dar una conferencia de ciencias naturales para convencer al mujik de la inexistencia de Dios. No comprenden a menudo que el mujik mira a Dios con los ojos de un buen amo, es decir, el mujik a veces no está en contra de volver la espalda a Dios, pero con frecuencia le saltan las dudas: “¿quién sabe?, a lo mejor, Dios existe; ¿no será más conveniente tener contentos a los comunistas y a Dios, para que la hacienda esté más segura?”. Quien no toma en consideración esta particularidad de la psicología del campesino, no ha comprendido nada en cuanto a las relaciones entre los comunistas y los sin-partido, no ha comprendido que en la propaganda antirreligiosa se impone una actitud prudente incluso hacia los prejuicios del campesino.

Las tareas fundamentales del partido. Así, pues, llegamos a las siguientes conclusiones: 1) El defecto fundamental del trabajo del Partido en el campo consiste en la ausencia de un amplio activo de campesinos sin-partido que vincule el Partido a los millones y millones de campesinos sin- partido. 2) La tarea inmediata del Partido consiste en crear a su alrededor en el campo ese activo, del cual pueda sacar nuevas fuerzas. 3) Ese activo únicamente puede crearse mediante la vivificación de los Soviets y la incorporación de los campesinos a la gobernación del país. 4) Para vivificar los Soviets es necesario cambiar radicalmente de actitud hacia los campesinos sin- partido, renunciar al ordeno y mando y crear un ambiente de mutua confianza entre los comunistas y los sin-partido. Tales son las tareas del Partido.

Las condiciones de trabajo. ¿Existen condiciones favorables para la realización de esas tareas? Sí, indiscutiblemente. Esas condiciones -me refiero a las fundamentales- son tres. Primera. La creciente actividad política de los campesinos pobres. Hay que fijarse en ciertas peculiaridades del desarrollo de la agricultura. Mientras que el desarrollo de la industria agrupa a los obreros, impide que se desclasen y reconstituye a la clase obrera como un todo único, en el campo, por el contrario, el desarrollo de la agricultura lleva a la descomposición, a la diferenciación del campesinado, a la formación de dos bandos: el bando de los kulaks, que tratan de ocupar las posiciones dominantes en el campo, y el bando de los campesinos pobres, que buscan aliados contra el kulak. Es indudable que la vivificación de los Soviets dará una salida a la creciente actividad de los campesinos pobres para formar un frente único, con los obreros a la cabeza, contra la preponderancia del

kulak, el especulador y el usurero. Segundo. La formación del presupuesto local, como base material de la vivificación de los Soviets. Huelga decir que la cuestión del presupuesto, la recaudación de impuestos y la distribución de los gastos tienen para los campesinos una importancia primordial. Por eso, la participación de los campesinos en la edificación soviética adquiere ahora una importancia más actual que nunca. Tercera. La ayuda oportuna prestada por el Poder Soviético a las regiones del país afectadas por el hambre. Es indudable que esta ayuda ha creado entre los campesinos una atmósfera de confianza hacia el Poder Soviético. No creo que sea necesario demostrar que esa atmósfera facilitará la vivificación de los Soviets.

Lo principales mantener los lazos con los millones de sin-partido. Así, pues, tenemos ante nosotros no sólo determinadas tareas inmediatas de nuestro Partido en el campo, sino también diversas condiciones favorables, que facilitan el cumplimiento de esas tareas. De lo que se trata ahora es de aplicarse con energía a su cumplimiento. Hay que recordar aquí las inmortales palabras de Lenin de que la fuerza de nuestro Partido está en mantener un contacto vivo entre el Partido y los millones y millones de sin-partido; de que cuanto más efectivo sea este contacto, más firmes serán nuestros éxitos. Lenin dijo estas palabras en el XI Congreso de nuestro Partido. Yo las repito: “A pesar de todo, nosotros (los comunistas. J. St.) somos en la masa del pueblo como una gota en el mar, y sólo podemos gobernar cuando expresamos acertadamente lo que el pueblo piensa. De otra manera, el Partido Comunista no conduciría al proletariado, ni el proletariado conduciría a las masas, y toda la máquina se desecuadernaria”*68.

Publicado el 23 de octubre de 1924 en el núm. 242 de “Pravda”.

* Subrayado por mí. J. St.