Ya he dicho en el informe que no quisiera abordar la historia de la cuestión, no quisiera porque esto introduce elementos de riña, como yo lo he expresado, y de acusaciones mutuas. Pero ya que lo desea Preobrazhenski, ya que él lo exige, estoy dispuesto a hacer concesiones y decir dos palabras sobre la historia de la cuestión de la democracia interna del partido.

¿Cómo surgió la cuestión de la democracia interna del partido en el CC? Surgió por primera vez en el pleno del CC del mes de septiembre, surgió en relación con aquellos conflictos que se desencadenaron en las empresas, y en relación con aquel alejamiento de las masas de algunas organizaciones del partido y sindicales, que entonces pusimos al descubierto. El CC llegó entonces a la idea de que el asunto era grave, de que en el partido se habían acumulado deficiencias, de que era necesario crear una comisión especial autorizada que estudiara este asunto, examinara los hechos y presentara propuestas concretas para mejorar la situación del partido. Lo mismo hay que decir respecto a la cuestión de la crisis de ventas, de la "desproporción". Tanto el planteamiento de las cuestiones como la elección de la comisión sobre la situación interna del partido y sobre la "desproporción" transcurrieron sin participación alguna de la oposición. ¿Dónde estaba entonces la oposición? Si no me equivoco, Preobrazhenski estaba entonces en Crimea, Saprónov en Kislovodsk, Trotski terminaba en Kislovodsk sus artículos sobre el arte y se disponía a viajar a Moscú. Incluso antes de su llegada, el CC planteó esta cuestión en su sesión. Ellos, al llegar a lo ya hecho, no intervinieron ni con una sola palabra, no presentaron ni una sola objeción contra el plan del CC. Sobre la cuestión de la situación del partido fue leído en septiembre el informe del camarada Dzerzhinski en la reunión de secretarios de los comités de gubernia. Yo afirmo que ni en el pleno de septiembre, ni en la reunión de secretarios, los actuales miembros de la oposición dieron ni una sola palabra de insinuación sobre la "grave crisis económica" ni sobre la "crisis en el partido" ni sobre la "democracia".

Como ven, las cuestiones sobre la democracia y las "tijeras" fueron planteadas por el propio Comité Central, la iniciativa se hallaba enteramente en manos del CC, y los miembros de la oposición guardaban silencio, pues se encontraban ausentes.

Es, por así decirlo, el primer acto, la primera etapa de la historia de la cuestión.

El segundo acto comenzó con el pleno del CC y de la CCC en octubre. La oposición, encabezada por Trotski, viendo que el asunto olía a la existencia de deficiencias dentro del partido, que el CC ya se había ocupado de este asunto, creó comisiones y —no lo quiera dios, la iniciativa quedará en manos del CC— intentó, se propuso arrebatar la iniciativa al CC y montarse en el caballito de la democracia, pues este caballito, como se sabe, es ágil, y se puede intentar adelantar en él al CC. Sobre esta base surgieron aquellos documentos de los que aquí Preobrazhenski se explayó: el documento de los 46 [3] y la carta de Trotski. El mismo Trotski, que en septiembre, pocos días antes de su intervención fraccional, calló en el pleno y, en todo caso, no objetó las decisiones del CC, dos semanas después de esto, de repente descubrió que el país y el partido se hundían, y que él, Trotski, ese patriarca de los burócratas, no puede vivir sin democracia.

Nos resultó un tanto risible escuchar discursos sobre democracia de labios de Trotski, del mismo Trotski que en el X Congreso del partido exigía sacudir a los sindicatos desde arriba. Pero sabíamos que entre el Trotski del periodo del X Congreso y el Trotski de nuestros días no hay gran diferencia, pues tanto entonces como ahora está a favor de sacudir a los cuadros leninistas. La única diferencia es que en el X Congreso sacudía a los cuadros leninistas desde arriba en el ámbito de los sindicatos, y ahora sacude a esos mismos cuadros leninistas desde abajo en el ámbito del partido. La democracia la necesita como caballito de batalla, como maniobra estratégica. Ahí está toda la música.

Pues si la oposición realmente hubiera querido ayudar a la causa, abordar la cuestión de manera práctica y camaraderil, habría debido presentar su declaración, ante todo, a las comisiones del pleno de septiembre y decir aproximadamente: “Consideramos que su trabajo es insatisfactorio, exigimos que se informe al Buró Político sobre los resultados de sus trabajos, que se convoque un pleno del CC, al cual tenemos que comunicar nuestras nuevas propuestas”, etc. Y si las comisiones no les hubieran escuchado, o si el Buró Político no hubiera escuchado, si hubiera ignorado la opinión de la oposición o se hubiera negado a convocar el pleno para examinar las propuestas de Trotski y de la oposición en general, entonces la oposición habría tenido —y solo entonces— pleno derecho a pronunciarse abiertamente, por encima del CC, dirigiéndose a los miembros del partido y diciéndole al partido: “El país está al borde de la ruina, se está desplegando la crisis económica, el partido perece, propusimos a las comisiones del CC examinar estas cuestiones, y se negaron a escucharnos, intentamos acudir al Buró Político, y no resultó nada, nos vemos obligados ahora a apelar al partido para que el partido mismo se ocupe de la causa”. No dudo que el partido, en respuesta a esto, habría dicho:

"Sí, estos son asuntos de revolucionarios, pues ellos sitúan la esencia del asunto por encima de su forma".

¿Pero acaso la oposición actuó así? ¿Acaso intentó siquiera una vez asomarse a las comisiones del CC con sus propuestas? ¿Acaso reflexionó, acaso intentó plantear y agotar las cuestiones en el marco del CC o de sus órganos? No, la oposición no hizo tal intento. Evidentemente, a la oposición no le interesaba mejorar la situación interna del partido, ayudar al partido a mejorar la situación económica, sino adelantarse al trabajo de la comisión y del pleno del CC, arrebatarle la iniciativa al CC, montarse en el caballo de la democracia y, antes de que fuera tarde, armar ruido para intentar socavar la confianza en el CC. La oposición, al parecer, se apresuró a crear "documentos" contra el CC en forma de la carta de Trotski y la declaración de los 46, para poder llevarlos a los sverdlovistas, a los distritos, y decir que ellos, la oposición, están por la democracia, por la mejora de la economía, ¿y el CC lo impide?, que se necesita ayuda contra el CC, etc.

Tales son los hechos.

Exijo que Preobrazhenski refute estas afirmaciones mías. Exijo que las refute al menos en la prensa. Que Preobrazhenski refute el hecho de que las comisiones fueron creadas en septiembre por el pleno del CC sin la oposición, antes de las intervenciones de la oposición. Que Preobrazhenski refute el hecho de que ni Trotski ni los demás opositores intentaron entrar en esas comisiones con sus propuestas. Que refute Preobrazhenski el hecho de que la oposición sabía de la existencia de esas comisiones, que ignoró su trabajo, que no intentó agotar el asunto dentro del marco del CC.

He aquí por qué, cuando Preobrazhenski y Trotski declararon en octubre, en el pleno, que querían salvar al partido mediante la democracia, y que el CC estaba ciego y no veía nada, el CC se rió de ellos y dijo: no, camaradas, nosotros, el CC, estamos enteramente por la democracia, pero en vuestra democracia no creemos, pues consideramos que vuestra “democracia” es una maniobra estratégica contra el CC, dictada por vuestra actitud fraccional.

¿Qué resolvieron entonces los plenos del CC y de la CCC sobre la cuestión de la democracia interna del partido? Pues lo siguiente:

Los plenos aprueban plenamente el rumbo hacia la democracia interna del partido, trazado oportunamente por el Buró Político, así como la intensificación de la lucha contra los excesos y la influencia corruptora de la NEP sobre elementos aislados del partido, propuesta por el Buró Político.

Los Plenos encargan al Buró Político hacer todo lo necesario para acelerar los trabajos de las comisiones designadas por el Buró Político y el pleno de septiembre: 1) la comisión sobre las “tijeras”, 2) sobre los salarios, 3) sobre la situación interna del partido.

El Buró Político debe, en cuanto a la elaboración de las medidas necesarias sobre estas cuestiones, comenzar a aplicarlas de inmediato en la práctica y presentar un informe al respecto en el próximo pleno del CC.

Trotski en una de sus cartas al CC escribe que el pleno de octubre fue «la máxima expresión del rumbo aparatista-burocrático». ¿Acaso no está claro que esta declaración de Trotski es una calumnia contra el CC? Solo un hombre que ha perdido la cabeza y está cegado por el fraccionalismo puede decir, después del documento dado a conocer, que el pleno de octubre fue la máxima expresión del burocratismo.

¿Y qué decidieron entonces los plenos del CC y de la CCC sobre las maniobras “democráticas” de Trotski y los 46? Pues lo siguiente:

Los Plenos del CC y de la CCC con representantes de 10 organizaciones del partido reconocen la intervención de Trotski en el momento de máxima responsabilidad que viven la revolución internacional y el partido como un profundo error político, en particular porque el ataque de Trotski, dirigido contra el Buró Político, adquirió objetivamente el carácter de una intervención fraccional, que amenaza con asestar un golpe a la unidad del partido y crea una crisis del partido. Los Plenos constatan con pesar que Trotski, para plantear las cuestiones por él abordadas, eligió el camino de dirigirse a miembros individuales del partido en lugar del único camino admisible: el planteamiento previo de dichas cuestiones a discusión de los colegios de los que Trotski es miembro.

El camino elegido por Trotski sirvió de señal para la formación de un grupo fraccional (la declaración de los 46).

Los Plenos del CC y de la CCC y los representantes de 10 organizaciones del partido condenan enérgicamente la declaración de los 46, como un paso de política fraccional y escisionista, que ha adquirido tal carácter aunque sea contra la voluntad de los firmantes de esta declaración. Esta declaración amenaza con colocar toda la vida del partido en los próximos meses bajo el signo de la lucha interna del partido y, con ello, debilitar al partido en el momento más crucial para los destinos de la revolución internacional”.

Como ven, camaradas, los hechos expuestos más arriba refutan de manera decisiva el cuadro de la situación que aquí pintaba Preobrazhenski.

El tercer acto o la tercera etapa de la historia de la cuestión es el período posterior al pleno de octubre. El pleno de octubre decidió proponer al Buró Político tomar todas las medidas necesarias para asegurar un trabajo conjunto y amistoso. Debo declarar, camaradas, que en el período posterior a octubre tomamos todas las medidas para que se estableciera un trabajo amistoso con Trotski, aunque debo decir que este asunto está lejos de ser fácil. Tuvimos dos reuniones privadas con Trotski, examinamos todas las cuestiones del orden económico y partidario, y llegamos a ciertas opiniones que no provocaron ninguna discrepancia. La continuación de estas reuniones privadas y de estos intentos de organizar un trabajo amistoso dentro del Buró Político fue, como ya informé ayer, la creación de una subcomisión de tres. Esta subcomisión elaboró el proyecto de resolución que se convirtió posteriormente en la resolución del CC y de la CCC sobre la democracia.

Así fue el asunto.

Nos parecía que, después de que la resolución fue aprobada por unanimidad, ya no había más motivos para disputas, no había motivos para la lucha interna del partido. Y así fue en la práctica hasta la nueva intervención de Trotski con su llamamiento a los distritos. Pero la intervención de Trotski al día siguiente de la publicación de la resolución del CC, realizada al margen del CC y por encima del CC, desbarató todo el asunto, modificó la situación de manera radical y echó al partido hacia atrás, a nuevas disputas, a una nueva lucha, más aguda que antes. Dicen que el CC debió prohibir la impresión del artículo de Trotski. Eso es falso, camaradas. Habría sido un paso peligrosísimo por parte del CC. ¡Intenten prohibir el artículo de Trotski, ya leído en los distritos de Moscú! El CC no podía dar un paso tan precipitado.

Tal es la historia de la cuestión.

De lo dicho se desprende que para la oposición no se trataba tanto de la democracia, sino de utilizar la idea de la democracia para socavar al Comité Central, que en la persona de la oposición tenemos que vérnoslas no con personas que desean ayudar al partido, sino con una fracción que acechaba al Comité Central: "a ver si, como quien dice, se equivoca, se descuida, y entonces le asestamos un golpe". Esto es precisamente una fracción, cuando un grupo de miembros del partido aguarda a las instituciones centrales del partido en un callejón, para jugar la carta de la mala cosecha, o de la caída del chervónets, o de otras dificultades del partido, con el fin de saltar luego desde la esquina, desde la emboscada, y asestar al partido un golpe en la cabeza. Sí, tenía razón el Comité Central en octubre al deciros, camaradas oposicionistas, que una cosa es la democracia, y otra muy distinta es el acecho solapado al partido; una cosa es la democracia, y otra muy distinta es la utilización del alboroto sobre la democracia contra la mayoría del partido.

Así es, Preobrazhenski, la historia de la cuestión, de la que no quería hablar aquí, pero sobre la que sin embargo me he visto obligado a relatar, cediendo a su insistente deseo.

La oposición ha tomado por costumbre ensalzar al camarada Lenin como el más genial de los hombres geniales. Temo que este elogio no sea sincero, y también aquí se oculta una astucia estratégica: quieren, con el ruido sobre la genialidad del camarada Lenin, encubrir su alejamiento de Lenin y subrayar al mismo tiempo la debilidad de sus discípulos. Por supuesto, ¿cómo no vamos a comprender nosotros, los discípulos del camarada Lenin, que el camarada Lenin es el más genial de los geniales, y que tales hombres nacen solo cada siglos? Pero permítame preguntarle a usted, Preobrazhenski, ¿por qué discrepó usted con este hombre genialísimo en la cuestión de la paz de Brest? ¿Por qué abandonó usted a este hombre genialísimo en un momento difícil y no le hizo caso? ¿Dónde, en qué campo se encontraba usted entonces?

¿Y Saprónov, que ahora elogia falsa y farisaicamente al camarada Lenin, ese mismo Saprónov que tuvo el descaro de llamar al camarada Lenin “ignorante” y “oligarca” en uno de los congresos! ¿Por qué no apoyó al genial Lenin, digamos, en el X Congreso, por qué en los momentos difíciles invariablemente se encontraba en el campo opuesto, si realmente piensa que el camarada Lenin es el más genial de los geniales? ¿Sabe Saprónov que el camarada Lenin, al presentar en el X Congreso la resolución sobre la unidad, que exigía la expulsión de los fraccionalistas del partido, tenía en mente, entre otros, a Saprónov?

O también: ¿por qué Preobrazhenski no solo durante el período de la paz de Brest, sino también posteriormente, en el período de la discusión sindical, se encontró en el campo de los adversarios del genialísimo Lenin? ¿Es todo esto casual? ¿No hay aquí cierta regularidad? (Preobrazhenski: "Con mi propio entendimiento intentaba trabajar".)

Es muy loable, Preobrazhenski, que usted haya querido trabajar con su propia inteligencia. Pero mire lo que resulta: en la cuestión de Brest trabajó usted con su propia inteligencia y se equivocó; luego, durante la discusión sobre los sindicatos, intentó de nuevo trabajar con su propia inteligencia y volvió a equivocarse; ahora no sé si trabaja usted con su propia inteligencia o con la ajena, pero parece que otra vez se ha equivocado. (Risas.) Yo, de todos modos, pienso que si Preobrazhenski trabajara ahora más con su propia inteligencia que con la inteligencia de Trotski —la inteligencia que encontró su expresión en su carta del 8 de octubre—, estaría más cerca de nosotros que de Trotski.

Preobrazhenski reprochaba al CC, diciendo que, mientras Ilich estuvo al frente de nosotros, las cuestiones se resolvían a su debido tiempo y sin demoras, pues Ilich sabía captar en su germen los nuevos acontecimientos y dar consignas que los prevenían, mientras que ahora, después de Ilich, el CC ha empezado a quedarse a la zaga de los acontecimientos. ¿Qué quiere decir con esto Preobrazhenski? ¿Que Ilich está por encima de sus discípulos? Pero ¿acaso alguien lo pone en duda? ¿Acaso alguien duda de que Ilich, en comparación con sus discípulos, parece un Goliat? Si se trata del líder del partido, no de un líder de periódico con un montón de saludos, sino de un auténtico líder, el líder es uno solo entre nosotros: el camarada Lenin. Precisamente por eso se ha dicho entre nosotros más de una vez que, en las actuales condiciones de ausencia temporal del camarada Lenin, hay que mantener el rumbo hacia la dirección colegiada. En cuanto a los discípulos del camarada Lenin, se podría señalar, por ejemplo, los acontecimientos relacionados con el ultimátum de Curzon [4], que constituyeron una muestra de prueba, de examen para ellos. El hecho de que saliéramos entonces de las dificultades sin perjuicio para la causa indica indudablemente que los discípulos del camarada Lenin ya han aprendido algo de su maestro.

No tiene razón Preobrazhenski al afirmar que nuestro Partido no se quedó a la zaga de los acontecimientos en los años anteriores. No tiene razón, pues esa afirmación es de hecho inexacta y teóricamente incorrecta. Se puede aducir una serie de ejemplos. Tomemos, aunque solo sea, la paz de Brest. ¿Acaso no nos retrasamos con Brest? ¿Acaso no hicieron falta hechos como la ofensiva de los alemanes y la desbandada general de nuestros soldados para que comprendiésemos, por fin, la necesidad de la paz? El desmoronamiento del frente, la ofensiva de Hoffmann [5], su aproximación a Petrogrado, la presión de los campesinos sobre nosotros, ¿acaso no hicieron falta todos estos hechos para que comprendiésemos que el ritmo de la revolución internacional no es tan rápido como nosotros queríamos, que nuestro ejército no es tan fuerte como pensábamos y que los campesinos no son tan pacientes como algunos de nosotros creían, que quieren la paz y que la tomarán por la fuerza?

O tomemos el ejemplo de la abolición de la requisa de alimentos. ¿Acaso no nos retrasamos con la abolición de la requisa de alimentos? ¿Acaso no hicieron falta hechos como Kronstadt y Tambov [6] para que comprendiéramos que era imposible seguir viviendo en las condiciones del comunismo de guerra? ¿Acaso no reconoció el propio Ilich que en ese frente sufrimos una derrota más grave que cualquier derrota en los frentes de Denikin y Kolchak?

¿Es casual el hecho de que en todos estos casos el partido se haya quedado rezagado respecto a los acontecimientos, se haya retrasado un tanto? No, no es casual. Nos encontramos aquí ante una regularidad. Es evidente que, dado que no se trata aquí de previsiones teóricas generales, sino de la dirección práctica directa, el partido gobernante, que está al timón e involucrado en los acontecimientos del día, no tiene la posibilidad de advertir y captar de inmediato los procesos que se gestan en las profundidades de la vida, y es necesario un impulso desde fuera y un cierto grado de desarrollo de los nuevos procesos para que el partido advierta estos procesos y se oriente hacia ellos. Precisamente por eso nuestro partido en el pasado se retrasó un tanto respecto a los acontecimientos y se retrasará en el futuro. Y la cuestión no radica en absoluto en el retraso, sino en comprender el sentido de los acontecimientos, el sentido de los nuevos procesos y luego saber dirigirlos hábilmente de acuerdo con la tendencia general del desarrollo. Así es exactamente como están las cosas, si se miran con ojos de marxista, y no con ojos de fraccionalista que busca por todas partes culpables.

Preobrazhenski se indigna de que los representantes del CC hablen de las desviaciones de Trotski del leninismo. Se indigna, pero no objetó nada en esencia y, en general, no intentó fundamentar su indignación, olvidando que la indignación no es un argumento. Sí, es cierto que Trotski se desvía del leninismo en las cuestiones organizativas. Nosotros lo afirmamos y seguimos afirmándolo. Los conocidos artículos en "Pravda" titulados "Abajo el faccionalismo", de la pluma de Bujarin, están dedicados por entero a la cuestión de las desviaciones de Trotski del leninismo. ¿Por qué Preobrazhenski no presentó objeciones en esencia contra las ideas fundamentales de esos artículos? ¿Por qué Preobrazhenski no intentó respaldar su indignación con argumentos o con algo parecido a argumentos? Ayer dije y debo repetir hoy que pasos de Trotski como contraponerse al Comité Central, ignorar la voluntad de una serie de organizaciones que exigen una respuesta clara de Trotski, contraponer el partido al aparato del partido, contraponer la juventud a los cuadros del partido, orientar al partido hacia la juventud estudiantil y proclamar la libertad de agrupaciones, que tales pasos son incompatibles con los principios organizativos del leninismo. ¿Por qué, entonces, Preobrazhenski no intentó refutar esta afirmación mía?

Hablan de la persecución contra Trotski. Hablaron de esto Preobrazhenski, Rádek. Camaradas, debo declarar que las afirmaciones de estos camaradas sobre la persecución no corresponden en absoluto a la realidad. Les recordaré dos hechos para que puedan juzgar. El primer hecho es el incidente ocurrido en el Pleno de septiembre del CC, cuando Trotski, en respuesta a la declaración del miembro del CC Komarov de que los miembros del CC no pueden negarse a cumplir las decisiones del CC, se descontroló y abandonó la sesión del Pleno. Recuerdan que el Pleno del CC envió entonces a Trotski una "delegación" con la petición de que regresara a la sesión del Pleno. Recuerdan que Trotski se negó a cumplir la petición del Pleno, mostrando con ello una falta de la mínima dosis de respeto hacia su CC.

O también la historia con otro hecho, consistente en que Trotski se niega rotundamente a trabajar en los órganos centrales soviéticos, en el Consejo de Trabajo y Defensa y en el Sovnarcom, a pesar de la decisión del CC, adoptada en dos ocasiones, de que Trotski se incorporara, por fin, al trabajo en los órganos soviéticos. Ustedes saben que Trotski no movió un dedo para cumplir la resolución del CC. ¿Por qué, en realidad, no trabajaría Trotski en el Consejo de Trabajo y Defensa, en el Sovnarcom? ¿Por qué Trotski, a quien tanto le gusta hablar del plan, por qué no echaría un vistazo una vez a nuestro Gosplán? ¿Se puede considerar normal la situación cuando un miembro del CC ignora la decisión del CC? ¿No dicen todos estos hechos que las habladurías sobre el hostigamiento son un chisme vacío, que si hay que culpar a alguien, hay que culpar al propio Trotski, cuyo comportamiento no puede ser considerado de otro modo que como una burla al CC?

Son completamente erróneos los razonamientos de Preobrazhenski sobre la democracia. Preobrazhenski plantea la cuestión así: o tenemos agrupaciones y entonces hay democracia, o ustedes prohíben las agrupaciones y entonces no hay democracia. La libertad de agrupaciones y la democracia están en él indisolublemente ligadas entre sí. Nosotros no entendemos así la democracia. Nosotros entendemos la democracia como elevación de la actividad y la conciencia de la masa del partido, como incorporación sistemática de la masa del partido no solo a la discusión de los problemas, sino también a la dirección del trabajo. La libertad de agrupaciones, es decir, la libertad de fracciones —que es lo mismo—, es un mal que amenaza con escindir al partido y convertirlo en un club de discusión. Usted se ha desenmascarado, Preobrazhenski, porque defiende la libertad de fracciones. La masa del partido entiende la democracia como la creación de condiciones que aseguren la participación activa de los miembros del partido en la dirección de nuestro país, mientras que un par de intelectuales de la oposición entienden la cosa de modo que se les dé la posibilidad de crear una fracción. Usted se ha desenmascarado, Preobrazhenski.

¿Y de dónde les viene ese temor con respecto al séptimo punto sobre la unidad del partido? ¿Qué hay que temer aquí? El séptimo punto dice: "Para llevar a cabo una disciplina estricta dentro del partido y en todo el trabajo soviético y lograr la mayor unidad eliminando todo fraccionalismo"... Pero ¿acaso están ustedes en contra de "una disciplina estricta dentro del partido y en el trabajo soviético", camaradas oposicionistas, acaso están en contra de todo esto? Pues no sabía, camaradas, que están en contra de esto. ¿Y acaso ustedes, Saprónov y Preobrazhenski, están en contra de lograr la máxima unidad y "eliminar el fraccionalismo"? Díganlo directamente, y quizá introduzcamos algunas enmienditas. (Risas.)

A continuación: "El Congreso otorga al CC la facultad de aplicar, en caso de infracción de la disciplina del partido o de resurgimiento del faccionalismo, medidas de sanción partidaria"... ¿Acaso también le temen a esto? ¿Acaso piensan ustedes, Preobrazhenski, Rádek, Saprónov, que van a infringir la disciplina del partido, que van a resucitar el faccionalismo? Pues, si no lo piensan, ¿a qué tenerle miedo? Ustedes se desenmascaran, camaradas, con el pánico que los ha invadido. Es evidente que, si temen al séptimo punto de la resolución sobre la unidad, ustedes están a favor del faccionalismo, a favor de la infracción de la disciplina, en contra de la unidad. Y si no están en contra de todo esto, ¿para qué caer en pánico? Si tienen la conciencia limpia, si están por la unidad en contra del faccionalismo y en contra de la infracción de la disciplina, ¿acaso no está claro que la mano sancionadora del partido no les alcanzará? ¿A qué temer? (Una voz desde la sala: "¿Y para qué lo proponen, si no da miedo?").

Y nosotros os lo recordamos. (Risas, aplausos. Preobrazhenski: “Estáis asustando al partido”.)

Nosotros asustamos a los fraccionalistas, no al partido. ¿Acaso piensa usted, Preobrazhenski, que el partido y los fraccionalistas son una misma cosa? Por lo visto, aquí al ladrón le quema el gorro. (Risas.)

Además: «Y en relación a los miembros del CC, el pase a candidatos e incluso, como medida extrema, la expulsión del partido. La condición para aplicar a los miembros del CC, a los candidatos al CC y a los miembros de la CCC tal medida extrema debe ser la convocatoria de un pleno del CC».

¿Qué hay de terrible aquí? Si ustedes no son fraccionistas, si están en contra de la libertad de agrupaciones, si están por la unidad, entonces ustedes, camaradas oposicionistas, deben votar a favor del séptimo punto de la resolución del X Congreso, pues está dirigido exclusivamente contra los fraccionistas, exclusivamente contra los infractores de la unidad del partido, de su potencia, de su disciplina. ¿Acaso no está claro?

Paso a Radek. Hay personas que tienen la lengua para dominarla y gobernarla. Estas son personas corrientes. Y hay personas que están sometidas a su propia lengua y son gobernadas por ella. Estas son personas extraordinarias. A este tipo de personas extraordinarias pertenece Radek. Un hombre a quien se le ha dado la lengua no para gobernarla, sino para someterse él mismo a su propia lengua, no estará en condiciones de saber cuándo y qué soltará su lengua. Si hubieran tenido la posibilidad de escuchar los discursos de Radek en diversas reuniones, se habrían asombrado con su intervención de hoy. En una de las reuniones de discusión, Radek afirmaba que la cuestión de la democracia interna del partido es una cuestión baladí, que él, Radek, en rigor, está contra la democracia, que ahora no se trata, en esencia, de la democracia, sino de lo que piensa hacer el CC con Trotski. En otra reunión de discusión, el mismo Radek declaró que la democracia dentro del partido no es un asunto serio, mientras que la democracia dentro del CC es el asunto más importante, pues en el CC, en su opinión, se ha formado un directorio. Y hoy, el mismo Radek declara con la frente despejada que la democracia interna del partido es tan necesaria como el aire y el agua, pues sin democracia resulta que no hay posibilidad de gobernar el partido. ¿A cuál de estos tres Radek ordenan creer: al primero, al segundo o al tercero? ¿Dónde está la garantía de que Radek, o su lengua, no hará en el futuro más próximo nuevas declaraciones inesperadas que refuten todas las declaraciones anteriores? ¿Se puede confiar en un hombre como Radek? ¿Se puede, después de esto, dar valor a la declaración de Radek, por ejemplo, sobre la destitución de Boguslavski y Antónov de ciertos cargos por “consideraciones fraccionales”?

Sobre Boguslavski ya he hablado, camaradas... En lo que respecta a Antónov-Ovséyenko, permitidme comunicaros lo siguiente. Antónov ha sido destituido de la Dirección Política por decisión del Buró Organizativo del CC, ratificada por el pleno del CC. Ha sido destituido, ante todo, por haber enviado una circular sobre la conferencia de las células de las escuelas militares y de la flota aérea con el siguiente orden del día: sobre la situación internacional, sobre la construcción del partido, etc., sin conocimiento ni consulta con el CC, a pesar de que Antónov sabía que la Dirección Política funciona con los derechos de un departamento del CC. Ha sido destituido de la Dirección Política, además, por haber enviado a todas las células militares una circular sobre las formas de aplicación de la democracia interna del partido, contrariando la voluntad del CC y a pesar de la advertencia del CC de que consultara dicha circular con los planes del CC. Ha sido destituido, por último, por haber enviado al CC y a la CCC una carta de tono absolutamente indecente y de contenido totalmente inadmisible, con una amenaza dirigida al CC y a la CCC de llamar al orden a los "dirigentes envalentonados".

¡Camaradas! Se puede y se debe admitir a los opositores en los cargos. Se puede y se debe admitir la crítica al trabajo del CC por parte de los jefes de los departamentos del CC. Pero no se puede admitir que el jefe de la Dirección Política, que actúa con los derechos de un departamento del CC, se niegue sistemáticamente a establecer contacto de trabajo con su CC, no se puede admitir que un trabajador responsable pueda pisotear las reglas elementales de la decencia. No se puede confiar a tal camarada la educación del Ejército Rojo. Así están las cosas con Antónov.

Por último, debo decir algunas palabras sobre la cuestión de qué estado de ánimo expresan en sus intervenciones los camaradas de la oposición. Debo volver al "caso" de los camaradas Kazarián y Martínov de los cursos del NKPS. Este "caso" indica que en una parte de los estudiantes de los centros de enseñanza superior no todo marcha bien, que lo partidario dentro de ellos ya ha tenido tiempo de pudrirse, que internamente ya han roto con el partido, y precisamente por eso votan con gusto por la oposición. Pido disculpas, camaradas, pero tales personas, podridas hasta la médula en el aspecto partidario, no existen ni pueden existir entre quienes votaron por la resolución del CC. Entre nosotros no hay tales, camaradas. Entre nosotros, en nuestras filas, no hay personas que dijeran: "¿Y qué tenemos nosotros: dictadura del proletariado o dictadura del partido comunista sobre el proletariado?". Esta es una frase de Mártov y Dan. Esta es una frase de "Dni" [7] de los eseristas, y si entre ustedes, en sus filas, hay tales defensores, ¿qué valor tiene su posición, camaradas de la oposición? O, por ejemplo, otro camarada, el camarada Martínov, que piensa que el CC debe callarse, y que las células deciden. Ustedes, el CC, pueden, dizque, ejecutar lo que nosotros, las células, hemos decidido. Pero nosotros tenemos 50 mil células. Si ellas se pusieran a decidir, por ejemplo, la cuestión del ultimátum de Curzon, no lograríamos resolverla en dos años. Esto es puro anarco-menchevismo. Si estas personas, que han perdido la cabeza y están podridas hasta la médula en el aspecto partidario, están sentadas en su fracción, ¿qué valor tiene su fracción? (Voz: "¿Ellos son miembros del partido?").

Sí, por desgracia, son miembros del partido, pero estoy dispuesto a tomar todas las medidas para que tales personas dejen de ser miembros de nuestro partido. (Aplausos.) Dije que la oposición expresa los estados de ánimo y las aspiraciones de los elementos no proletarios dentro del partido y fuera del partido. La oposición, sin ser consciente de ello, desata la espontaneidad pequeñoburguesa. La labor fraccional de la oposición es agua para el molino de los enemigos de nuestro partido, para el molino de aquellos que quieren debilitar, derrocar la dictadura del proletariado. Lo dije ayer y lo confirmo hoy.

Pero, ¿quizás quisieran escuchar a otros, nuevos testigos? Bien, puedo proporcionarles ese placer, remitiéndome, por ejemplo, a las declaraciones del conocido de ustedes, St. Ivanóvich. ¿Quién es St. Ivanóvich? Es menchevique, antiguo miembro del partido cuando nosotros y los mencheviques formábamos un solo partido. Tras apartarse luego del CC de los mencheviques, se convirtió en menchevique de derecha. Los mencheviques de derecha son un grupo de mencheviques intervencionistas, cuya tarea inmediata consiste en derrocar el poder soviético, aunque sea con ayuda de bayonetas extranjeras. Su órgano es “Zariá” [8]. El redactor de ese órgano es St. Ivanóvich. ¿Cómo se refiere este menchevique de derecha a nuestra oposición, cómo la califica? Escuchen.

"Agradezcamos a la oposición por haber pintado de manera tan colorida el cuadro de la cloaca moral aterradora que se denomina PCR. Agradezcámosle por haber asestado a la PCR un serio golpe moral y organizativo. Agradezcámosle por el hecho de que su labor facilita la tarea de todos aquellos que ven en el derrocamiento del poder soviético la misión de los partidos socialistas".

He aquí vuestra certificación, camaradas de la oposición. Al concluir mi discurso, quisiera sin embargo expresar a los camaradas de la oposición el deseo de que este beso de St. Ivánovich no se os quede demasiado pegado. (Aplausos prolongados.)

Decimotercera Conferencia

Al Partido Comunista Ruso (bolcheviques).

Boletín. Moscú, 1924.