Cuestiones de educación y reeducación de las masas trabajadoras

Una de las tareas esenciales del partido en la época de la dictadura del proletariado consiste en desarrollar la labor de reeducación de las viejas generaciones y de educación de las nuevas en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo. Las viejas costumbres y hábitos, tradiciones y prejuicios heredados de la vieja sociedad son el enemigo más peligroso del socialismo. Ellos, estas tradiciones y costumbres, tienen en sus manos a las masas de millones de trabajadores, a veces envuelven a capas enteras del proletariado, a veces crean el mayor peligro para la existencia misma de la dictadura del proletariado. Por eso, la lucha contra estas tradiciones y costumbres, su superación obligatoria en todas las esferas de nuestro trabajo y, por último, la educación de las nuevas generaciones en el espíritu del socialismo proletario son las tareas inmediatas de nuestro partido, sin cuya realización es imposible la victoria del socialismo. La labor de mejora del aparato estatal, la labor en el campo, la labor entre las mujeres trabajadoras, la labor entre la juventud: tales son las esferas fundamentales de la actividad del partido para la realización de estas tareas.

a) La lucha por el mejoramiento del aparato estatal. El congreso dedicó poco tiempo a la cuestión del aparato estatal. El informe de la CCC sobre la lucha contra los defectos del aparato estatal fue aprobado sin debates. La resolución "Sobre el trabajo de las comisiones de control" [50] fue adoptada también sin debates. Esto ocurrió, en mi opinión, debido a la falta de tiempo y a la gran abundancia de cuestiones planteadas en el congreso. Pero sería absolutamente incorrecto sacar de esto la conclusión de que el partido no considera la cuestión del aparato estatal como una cuestión de suma importancia. Por el contrario, la cuestión del aparato estatal es una de las cuestiones más esenciales de toda nuestra construcción. Si el aparato estatal trabaja honestamente o comete abusos; si practica la economía en los gastos o dilapida el patrimonio del pueblo; si falsea en su trabajo o sirve al Estado con fe y verdad; si es una carga para los trabajadores o una organización de ayuda a los trabajadores; si implanta la idea de la legalidad proletaria o corrompe la conciencia de la población en el espíritu de la negación de esta idea; si se desarrolla hacia adelante, en dirección al paso a la sociedad comunista sin Estado, o tira hacia atrás, hacia el burocratismo rancio de un Estado burgués corriente, todas estas son cuestiones cuya correcta solución no puede dejar de tener una importancia decisiva para el partido y para el socialismo. Que nuestro aparato estatal está lleno de defectos, que es voluminoso y costoso, que es burocrático en sus 9/10 partes, que el burocratismo del aparato estatal presiona al partido y a sus organizaciones, dificultando la lucha por el mejoramiento del aparato estatal, de esto difícilmente puede haber duda. Y sin embargo, está claro que si nuestro aparato estatal se liberara aunque solo fuera de algunos de sus defectos fundamentales, podría servir en manos del proletariado como el más grandioso medio de educación y reeducación de las amplias capas de la población en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo.

He ahí por qué Lenin prestaba especial atención a la mejora del aparato estatal.

He aquí por qué fueron creadas por el partido organizaciones especiales de obreros y campesinos (la reorganizada Inspección Obrera y Campesina y la ampliada Comisión Central de Control) para luchar contra las deficiencias de nuestro aparato estatal.

La tarea consiste en ayudar a la CCC y a la ICI en su difícil labor de mejorar, simplificar, abaratar y sanear moralmente el aparato estatal de arriba abajo (véase la resolución del congreso “Sobre la labor de las comisiones de control”).

b) Sobre el trabajo en el campo. Esta cuestión es una de las más complejas y difíciles de nuestra práctica partidaria. El congreso adoptó una excelente resolución sobre las líneas fundamentales de nuestro trabajo en el campo. Basta comparar esta resolución con la resolución del VIII Congreso sobre el trabajo en el campo [51] para comprender cuánto ha avanzado el partido en esta esfera. Pero sería un error pensar que el XIII Congreso agotó o pudo agotar este año la complejísima cuestión del campo. Cuestiones tales como las formas de organización de los koljoses, la transformación de los sovjoses, la regulación de la ordenación territorial en el centro y en las periferias, las nuevas formas de organización del trabajo en relación con la labor de la cooperación agrícola, la cobertura de las particularidades de las diversas regiones de nuestra Unión y la consideración de estas particularidades en nuestro trabajo: todas estas cuestiones, por razones comprensibles, no pudieron recibir una solución exhaustiva en la resolución del congreso. La resolución del congreso es importante en el sentido de que, al trazar las líneas fundamentales del trabajo, facilita la ulterior elaboración de estas cuestiones. Ustedes sabrán, probablemente, que el pleno del CC [52] creó una comisión permanente para el trabajo en el campo, destinada a la elaboración detallada de estas cuestiones.

El centro de la resolución es la consigna de la cooperativización de las masas campesinas. La cooperativización debe avanzar por tres líneas: por la línea de la cooperación de consumo, por la línea de la cooperación agrícola y por la línea de la cooperación de crédito. Este es uno de los caminos más seguros para implantar entre el campesinado, entre sus capas de escasos recursos y de campesinos medios, las ideas y los métodos del colectivismo (véase la resolución del congreso “Sobre el trabajo en el campo”).

c) Sobre el trabajo entre las mujeres trabajadoras. Ya en mi informe en el congreso dije que esta esfera de trabajo se encuentra entre nosotros en un estado de abandono, que este trabajo es sumamente importante para el partido y, en algunos casos, una esfera de trabajo decisiva en la causa de la educación de las nuevas generaciones en el espíritu del socialismo. Repetir lo que ya se ha dicho en el congreso, por supuesto, no vale la pena. Quisiera solamente llamar la atención sobre el hecho de que el congreso, al no tener, lamentablemente, la posibilidad de discutir especialmente la cuestión del trabajo entre las mujeres trabajadoras, adoptó sin embargo una decisión especial sobre que "el congreso llama la atención especial de todo el partido sobre la necesidad de intensificar el trabajo entre las obreras y campesinas y de promoverlas a todos los órganos electivos del partido y de los soviets" (véase la resolución sobre el informe del CC). Pienso que en el próximo congreso habrá que ocuparse especialmente de esta cuestión. De acuerdo con la decisión del congreso, el pleno del CC, inmediatamente después de la clausura del congreso, acordó encomendar al Buró de Organización de nuestro CC que tomara medidas especiales para que el trabajo entre las mujeres trabajadoras fuera elevado a la altura debida.

г) Sobre el trabajo entre la juventud. El congreso prestó especial atención a la cuestión del trabajo entre la juventud. La correspondiente resolución del congreso es, en mi opinión, la más elaborada y exhaustiva de todas las resoluciones del congreso. Representa por ello un gran valor para el partido y la juventud.

El significado de la juventud –hablo de la juventud obrera y campesina– consiste en que ella representa el terreno más agradecido para la construcción del futuro, en que ella es y lleva en sí el porvenir de nuestro país. Si nuestro trabajo en el aparato estatal, entre los campesinos, entre las mujeres trabajadoras, tiene una importancia enorme en la tarea de superar los viejos hábitos y tradiciones, en la tarea de reeducar a las viejas generaciones de las masas trabajadoras, el trabajo entre la juventud, más o menos libre de esas tradiciones y de esos hábitos, adquiere un valor inestimable en la tarea de educar a los nuevos cuadros de trabajadores en el espíritu de la dictadura del proletariado y del socialismo, pues aquí el terreno –esto se entiende por sí mismo– es excepcionalmente favorable.

De aquí la importantísima significación de la unión de la juventud y de sus ramificaciones entre los pioneros.

La Unión de Juventudes es una organización voluntaria de la juventud obrera y campesina. Su centro, su núcleo, es la juventud obrera. Su apoyo es la juventud campesina. La unión de la juventud obrera y campesina: he ahí la base de la organización juvenil. Reunir alrededor del núcleo proletario todo lo honesto y revolucionario de la juventud campesina; atraer a sus miembros a todas las esferas de trabajo, económico y cultural, militar y administrativo; preparar de entre ellos luchadores y constructores, trabajadores y dirigentes de nuestro país: tales son las tareas de la unión de juventudes (véase la resolución "Sobre el trabajo entre la juventud" [53]).

El Partido

Aquí hay cuatro preguntas: sobre la oposición, sobre la llamada leninista, sobre la democratización de la dirección del partido, sobre la teoría en general y la propaganda del leninismo en particular.

a) Sobre la oposición. Ahora, cuando la cuestión de la oposición ha sido resuelta por el congreso y el asunto, por consiguiente, está liquidado, cabría plantear la pregunta: ¿qué representa la oposición y sobre qué, en realidad, se libró la lucha durante el período de la discusión? Creo, camaradas, que la lucha se libró sobre la vida o la muerte del partido. La oposición, tal vez, no era consciente de ello. Pero no se trata de eso. No se trata de los objetivos que se plantea tal o cual camarada, o tal o cual grupo opositor. Se trata de los resultados objetivos que inevitablemente se derivan de las acciones de dicho grupo. Pues, ¿qué significa declarar la guerra al aparato del partido? Significa destruir el partido. ¿Qué significa azuzar a la juventud contra los cuadros? Significa descomponer el partido. ¿Qué significa luchar por la libertad de fracciones? Significa intentar quebrar el partido, su unidad. ¿Qué significa desacreditar a los cuadros del partido con habladurías sobre la degeneración? Significa intentar volcar el partido, romperle la columna vertebral. Sí, camaradas, se trataba de la vida o la muerte del partido. Esto, en realidad, explica la pasión con la que se llevó a cabo nuestra discusión. Esto explica también el hecho sin precedentes en la historia de nuestro partido de que el congreso condenara unánimemente la plataforma de la oposición. El gravísimo peligro cohesionó al partido en un sólido anillo de hierro.

He aquí una interesante referencia histórica sobre la oposición. Empecemos al menos por el VII Congreso de nuestro partido. Fue el primer congreso tras el surgimiento del poder soviético (a principios de 1918). Allí tuvimos una oposición encabezada por las mismas personas que encabezaron la oposición en el XIII Congreso. Se trataba de la guerra y la paz, de la paz de Brest. Entonces la oposición tenía a su favor una cuarta parte de todo el congreso. Esto, de todos modos, no es poco. No en vano se hablaba entonces de escisión.

Dos años después, la lucha en el partido por la cuestión de los sindicatos se reavivó en el X Congreso, con las mismas personas al frente de la oposición. En aquella ocasión, la oposición contaba con una octava parte del congreso. Esto es, por supuesto, menos que una cuarta parte.

Dos años más tarde estalla una nueva lucha en el XIII Congreso, el que acaba de terminar. También aquí hubo oposición, pero en el congreso ya no obtuvo ni un solo voto. Esto ya, como ven, es completamente malo para la oposición.

Así pues, tres veces intentó la oposición emprender la guerra contra los cuadros fundamentales del partido. La primera vez en el VII Congreso, la segunda en el X, la tercera en el XIII, y ella, sufriendo derrotas todo el tiempo, perdía gente cada vez, reduciendo paso a paso el número de su ejército.

¿De qué hablan todos estos hechos? Hablan, en primer lugar, de que la historia de nuestro partido en los últimos seis años es la historia de la cohesión progresiva en torno a los cuadros fundamentales del partido de la mayoría de nuestro partido. Hablan, en segundo lugar, de que de la oposición se fueron desprendiendo, paso a paso, unos elementos tras otros, adhiriéndose al núcleo fundamental del partido y engrosando sus filas. De aquí la conclusión: no está descartado que de la oposición, que en el XIII Congreso no tuvo delegados (no tenemos elecciones proporcionales), pero que indudablemente tiene sus partidarios en el partido, se desgaje una serie de camaradas y se adhiera al núcleo fundamental del partido, como ya ha ocurrido en el pasado.

¿Cuál debe ser entonces nuestra política respecto a tales opositores, o – más exactamente – ex opositores? Debe ser exclusivamente camaraderil. Deben adoptarse todas las medidas para facilitar a estos camaradas el paso al núcleo fundamental del partido, el trabajo conjunto y amistoso con este núcleo.

b) Sobre la llamada leninista. No voy a extenderme sobre el hecho de que la llamada leninista, es decir, el ingreso en nuestro partido de 250 mil nuevos miembros procedentes de los obreros, habla de la profunda democracia de nuestro partido, de que nuestro partido es, en esencia, un órgano electivo de la clase obrera. En este sentido, la importancia de la llamada leninista es, sin duda, colosal. Pero no es de esto de lo que quería hablar hoy. Quería llamar su atención sobre las peligrosas desviaciones que han aparecido en nuestro partido últimamente en relación con la llamada leninista. Unos dicen que hay que ir aún más lejos, elevar el número de miembros hasta un millón. Otros quieren ir todavía más lejos, afirmando que sería mejor llegar a dos millones. No dudo de que aparecerán terceros que querrán ir aún más lejos. Esto, camaradas, es una desviación peligrosa. Los mayores ejércitos del mundo perecieron por dejarse llevar demasiado, por abarcar demasiado y luego, al no ser capaces de digerir lo ocupado, se descompusieron. Los partidos más grandes pueden perecer si se dejan llevar, abarcan demasiado y luego resultan incapaces de asimilar, de digerir lo abarcado. Juzguen ustedes mismos. En nuestro partido, el analfabetismo político alcanza hasta el 60 por ciento. El 60 por ciento de analfabetismo político, eso era antes de la llamada leninista, y después de la llamada temo que este porcentaje llegue al 80. ¿No es hora, camaradas, de detenerse? ¿No es hora de limitarse a ochocientos mil y plantear la cuestión, de manera tajante y definida, de mejorar la composición cualitativa del partido, de instruir a los incorporados por la llamada leninista en los fundamentos del leninismo, de convertirlos en leninistas conscientes? Creo que ya es hora.

в) Sobre la democratización de la dirección del partido. La convocatoria leninista habla del profundo democratismo de nuestro partido, de la composición proletaria de sus células básicas, de la indudable confianza de millones de masas sin partido hacia nuestro partido. Pero con esto no se agota el democratismo de nuestro partido. Esto es solo una faceta del democratismo. La otra faceta consiste en que la propia dirección del partido se democratiza paso a paso. En el congreso ya se dijo que el centro de gravedad de la dirección del partido se desplaza cada vez más desde las estrechas cúpulas y burós hacia las amplias organizaciones, hacia los plenos de las organizaciones locales y centrales, y que estos propios plenos se amplían y mejoran en su composición. Ustedes saben, seguramente, que el congreso aprobó plenamente esta tendencia en el desarrollo de nuestras organizaciones dirigentes. ¿De qué habla todo esto? De que nuestras organizaciones dirigentes empiezan a hundir todas las raíces de su existencia en lo más profundo de las masas proletarias. Es interesante seguir el desarrollo del Comité Central de nuestro partido en los últimos seis años desde el punto de vista de su composición numérica y social. Durante el VII congreso (1918), nuestro CC constaba de 15 miembros, de los cuales obreros – uno (7 por ciento), e intelectuales 14 (93 por ciento). Esto fue en el VII congreso. Y ahora, después del XIII congreso, el CC consta ya de 54 miembros, de los cuales 29 obreros (53 por ciento) y 25 intelectuales (47 por ciento). Este es un signo indudable de la democratización de la dirección fundamental del partido.

c) Sobre la teoría en general y la propaganda del leninismo en particular. Una de las peligrosas deficiencias de nuestro partido consiste en la disminución del nivel teórico de sus miembros. La causa es el trabajo práctico infernal, que quita las ganas de dedicarse a los estudios teóricos y cultiva una peligrosa despreocupación —por no decir más— hacia las cuestiones de la teoría. Algunos ejemplos.

Recientemente leí en el periódico el informe de un camarada sobre el XIII Congreso (parece que de Kámenev), donde está escrito negro sobre blanco que la próxima consigna de nuestro partido es, al parecer, transformar la "Rusia de los nepmanes" en una Rusia socialista. Y, lo que es aún peor, esta extraña consigna se atribuye nada menos que al propio Lenin. ¡Ni más ni menos! Mientras tanto, se sabe que Lenin no dijo ni pudo decir nada semejante, pues la Rusia "de los nepmanes", como es sabido, no existe en la naturaleza. Es cierto que Lenin habló de la Rusia "de la NEP". Pero una cosa es la Rusia "de la NEP" (es decir, la Rusia soviética que practica la nueva política económica) y otra completamente distinta la Rusia "de los nepmanes" (es decir, una Rusia encabezada por los nepmanes). ¿Comprende Kámenev esta diferencia de principio? Por supuesto que la comprende. ¿Por qué, entonces, lanzó aquella extraña consigna? Por la habitual despreocupación respecto a las cuestiones de teoría, respecto a las definiciones teóricas precisas. Y, sin embargo, es muy probable que esta extraña consigna pueda generar un montón de malentendidos en el partido si el error no se corrige.

Otro ejemplo. Con frecuencia se dice que entre nosotros existe la “dictadura del partido”. Yo, dicen, estoy por la dictadura del partido. Recuerdo que en una de las resoluciones de nuestro congreso, parece que incluso en la resolución del XII Congreso, se lanzó esa expresión, por supuesto, por descuido. Al parecer, algunos camaradas creen que entre nosotros existe la dictadura del partido y no de la clase obrera. Pero eso es un disparate, camaradas. Si eso fuera cierto, entonces no tendría razón Lenin, que nos enseñó que los Soviets ejercen la dictadura y el partido dirige a los Soviets. Entonces no tendría razón Lenin, que hablaba de la dictadura del proletariado y no de la dictadura del partido. Si eso fuera cierto, entonces no harían falta los Soviets, entonces no habría tenido sentido que Lenin hablara en el XI Congreso sobre la necesidad de “deslindar los órganos del partido y los órganos soviéticos”. Pero, ¿de dónde y cómo penetró este disparate en el seno del partido? Del entusiasmo por el “espíritu de partido”, que causa el mayor daño precisamente al espíritu de partido sin comillas, de la despreocupación por las cuestiones de teoría, de la falta de costumbre de meditar las consignas antes de lanzarlas, pues basta con pensar un minuto para comprender todo el absurdo de sustituir la dictadura de clase por la dictadura del partido. ¿Acaso hace falta demostrar que este absurdo es capaz de engendrar en el partido confusión y desorden?

O también. Es de todos sabido que durante la discusión una parte de nuestro partido sucumbió a la agitación antipartido de los oposicionistas contra las bases organizativas del leninismo. Cualquier bolchevique que hubiese pasado por la más breve escuela de teoría del leninismo habría adivinado de inmediato que la prédica de la oposición no tiene nada en común con el leninismo. Sin embargo, una parte del partido, como se sabe, no supo discernir de inmediato la verdadera fisonomía de la oposición. ¿A qué se debe esto? Se debe a esa misma despreocupación respecto a la teoría, al bajo nivel teórico de los miembros de nuestro partido.

La discusión puso a la orden del día la cuestión del estudio del leninismo. La muerte de Lenin agudizó esta cuestión, intensificando entre los miembros del partido el interés por la teoría. El XIII Congreso no hizo más que reflejar estos estados de ánimo, confirmando en toda una serie de resoluciones la necesidad del estudio y la propaganda del leninismo. La tarea del partido consiste en aprovechar el acrecentado interés por las cuestiones de la teoría y tomar todas las medidas para elevar, por fin, el nivel teórico del partido a la altura debida. No hay que olvidar las palabras de Lenin de que sin una teoría clara y correcta no puede haber una práctica correcta.