Lecciones de la insurrección en Georgia

Un ejemplo vivo de tal curso de los acontecimientos es la reciente insurrección georgiana. En nuestros periódicos se escribe sobre alzamientos de cartón piedra en Georgia. Esto es cierto, pues en general la insurrección en Georgia fue artificial, no popular. Sin embargo, en algunos lugares los mencheviques lograron, gracias a la mala conexión del Partido Comunista con la masa, arrastrar a una parte de la masa campesina a la insurrección. Lo característico es que esas localidades son las más saturadas de fuerzas comunistas. En esas localidades hay relativamente muchos más comunistas que en las demás. Y he aquí que precisamente allí la gente no estuvo atenta, no advirtió que entre los campesinos había agitación, que los campesinos se preparaban para algo, que había descontento entre ellos, que se acumulaba día a día, y el Partido no sabía nada de esto. Los lugares más saturados de comunistas resultaron ser los más desconectados de los estados de ánimo, de los pensamientos y anhelos del campesinado sin partido. He aquí la esencia de la cuestión.

¿Cómo pudo ocurrir esta incongruencia? Pues así: los comunistas no supieron acercarse a los campesinos a la manera leninista, en vez de una atmósfera de confianza crearon una atmósfera de desconfianza mutua y separaron así al Partido de los campesinos sin partido. Es interesante que uno de los trabajadores más activos de Georgia explica esta incongruencia por la debilidad de los Soviets en los lugares y la separación del Partido de los sin partido. "Es indudable", dice, "que la causa de importancia primordial por la que pudimos no ver la insurrección que iba creciendo, hay que buscarla en la debilidad de los Soviets en los lugares". Lenin dice que los Soviets son el barómetro más fiel, el indicador más fiel de los estados de ánimo del campesinado. Y he aquí que este barómetro precisamente no se encontraba en manos del Partido Comunista en algunos distritos de Georgia.

Camaradas, los acontecimientos en Georgia deben considerarse indicativos. Lo que ocurrió en Georgia puede repetirse en toda Rusia si no cambiamos de raíz el modo mismo de acercarse al campesinado, si no creamos una atmósfera de plena confianza entre el Partido y los sin partido, si no nos ponemos a escuchar la voz de los sin partido, si, en fin, no reanimamos los Soviets para dar salida a la actividad política de las masas trabajadoras del campesinado.

Una de dos: o bien logramos establecer un correcto acercamiento leninista a los campesinos sin partido para encauzar la creciente actividad política del campesinado por la vía de la construcción soviética y asegurar así la dirección de los campesinos por parte de los obreros; o bien no lo lograremos, y entonces la actividad política de las masas irá al margen de los Soviets, por encima de los Soviets, desembocando en alzamientos bandidistas como la insurrección en Georgia.

Así está planteada la cuestión, camaradas.